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Rojo Destino: El Último Nudo De Estefi Sterling

Rojo Destino: El Último Nudo De Estefi Sterling

Status: En proceso
Genre:Amor eterno / Autosuperación / Romance
Popularitas:475
Nilai: 5
nombre de autor: Estefi Sterling

¿Qué harías si la única persona que puede salvarte es un "fantasma" que solo tú puedes ver?
Hades está en coma, pero su espíritu está atrapado en el mundo de los vivos, atado a Ela por un hilo rojo incandescente. Él busca una salida; ella busca una razón para seguir adelante. Están anclados el uno al otro en una lucha desesperada contra el destino. Juntos deberán enfrentar los nudos de dolor que los unen antes de que sea demasiado tarde. Una historia sobre la vida, la muerte y el poder de una conexión que no se puede romper.
Descubre "Rojo destino: El último nudo", una novela donde el amor es la única luz en la oscuridad del vacío.

NovelToon tiene autorización de Estefi Sterling para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.

El juego del depredador.

El miércoles por la mañana, el aire del instituto se sentía viciado. Isela llegó con el cuaderno en la mochila y el frasco de pastillas bien oculto. Hades estaba inusualmente silencioso, concentrado en lo que había logrado interceptar al conectarse a la red de la casa de Isela durante la madrugada.

—Es hoy, Ela —le susurró Hades mientras caminaban por el pasillo—. Logré entrar en un registro de envíos programados. Van a vaciar el depósito esta noche. Si no actuamos hoy, la evidencia desaparece para siempre.

—Mía está en la biblioteca —le sopló Hades al oído—. Pero no está sola. Miller mandó a un oficial de "enlace escolar". Está sentado en la mesa de la entrada, fingiendo que lee un informe.

Isela asintió casi imperceptiblemente y se dirigió a la biblioteca. Allí vio a Mía, sola en una mesa, pero con un oficial de policía sentado en la entrada del salón, simulando leer un diario. Era vigilancia pura. Isela se sentó frente a ella, fingiendo abrir un libro de texto.

—No me mires —dijo Isela en voz baja—. Escuchame bien. Sé que Miller está en tu casa y que las cosas están mal. Pero tengo forma de entrar al sistema del depósito donde llevan la mercancía. Necesito que a la hora del almuerzo generes una distracción. Lo que sea, pero que mantenga a ese oficial y a la dirección ocupados por diez minutos.

Mía levantó la vista, aterrada. Sintió un frío repentino en el hombro, una presencia que ya había experimentado antes y que, extrañamente, la hacía sentir protegida en lugar de asustada.

—¿Cómo vas a entrar? Es imposible, tienen claves...

—Tengo ayuda —cortó Isela—. Solo haz tu parte. Si logramos entrar al servidor hoy, Miller no va a poder tocarte nunca más.

Isela se levantó antes de que el oficial sospechara. Pero al salir al pasillo principal, se encontró de frente con la figura que más temía. Miller estaba allí, impecable, con un traje que costaba más que el sueldo de tres maestros y un perfume amaderado, intenso y caro, que inundó el pasillo.

—Iselita —dijo Miller con esa voz paternalista que ahora le revolvía el estómago. Le puso una mano en el hombro, un gesto que parecía afectuoso para cualquier testigo, pero que para ella era una prensa—. Qué cara de cansancio. Tu mamá me dijo que no estás durmiendo bien.

Isela se tensó, pero recordó que Miller seguía intentando jugar al "tío protector".

—Estoy bien, oficial Miller —respondió ella, marcando una distancia fría con el título.

Miller entornó los ojos, captando el cambio de tono. Su sonrisa no flaqueó, pero su presión en el hombro aumentó un milímetro.

—"Oficial"... qué formal te pusiste. Sabés que me preocupo como si fueras mi propia hija. Tu padre era mi mejor amigo, y lo último que querría es que te metas en problemas por andar husmeando en cosas peligrosas o juntándote con gente que no te conviene. Mía está pasando un mal momento y no quiero que tu influencia la confunda más, ¿Se entiende?

Hades se materializó justo detrás de Miller. Isela vio cómo la figura de Hades se oscurecía, sus ojos brillando con un odio azulado, deseando poder atravesar la carne del hombre que le arrebató todo.

—Solo somos compañeras de estudio, Miller —dijo Isela, sosteniéndole la mirada—. No tiene de qué preocuparse.

—Eso espero, Iselita. Porque el mundo es un lugar muy incierto, y a veces a la gente buena le pasan cosas malas por no saber cuándo detenerse. Dale mis saludos a tu mamá, hoy paso por tu casa a ver cómo están.

Miller le dio dos palmaditas suaves en la cabeza y se alejó por el pasillo con una seguridad absoluta. Isela se quedó inmóvil hasta que el olor de su perfume se disipó.

—Me amenazó en mi cara, Hades —pensó ella, apretando las correas de su mochila.

—Él cree que todavía sos la nena que necesita protección —respondió la voz de Hades en su mente, vibrando con una furia gélida—. No tiene idea de que ya estamos dentro de su red. Que Mía dé la señal. Vamos a hundirlo con sus propios secretos.

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