Olivia Grimaldi lo tiene todo… excepto libertad.
Heredera de una de las familias más poderosas de Estados Unidos, su vida está cuidadosamente diseñada: un matrimonio arreglado, una imagen perfecta y un futuro donde el amor no tiene lugar. Hasta que una noche decide romper una sola regla… y conoce a Alexander Rozanov.
Rico, influyente y peligrosamente seguro de sí mismo, Alex no cree en límites ni en promesas. No persigue mujeres comprometidas, no se involucra y no repite errores.
Hasta que Olivia se convierte en su excepción.
Lo que comienza como una chispa prohibida se transforma en un juego de deseo, poder y control, donde cada encuentro los empuja más cerca de una línea que no deberían cruzar… y que, en el fondo, ambos desean romper.
Porque él no quiere salvarla.
Quiere que sea ella quien elija caer.
NovelToon tiene autorización de Lilith James para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.
Capítulo 22
Alex
Entro al baño con el corazón golpeándome las costillas. Esta mujer logra crecer la emocion y la adrenalina por todo mi cuerpo con solo mirarme.
Se escucha el agua caer y el vapor lo cubre todo. Su silueta se dibuja tras el cristal empañado, difusa, pero inconfundible. Olivia tiene esa cualidad de parecer inalcanzable incluso cuando está a unos pasos de mí. Incluso ahora.
Me quedo un segundo observándola. El agua cae por su espalda en líneas suaves, resbalando hasta perderse en la bruma y trago saliva.
Me quito la ropa despacio. No porque dude… sino porque quiero saborear el momento. El sonido de la tela al caer al suelo parece distante frente al murmullo constante del agua golpeando las baldosas. Corro la puerta de la ducha y el calor me envuelve al instante.
Ella está de espaldas. No se gira, ni se sobresalta.
Me acerco y, sin decir nada, deslizo mis manos sobre sus hombros. Sintiendo la tensión bajo su piel, el calor, el leve estremecimiento que no logra ocultar.
No parece sorprendida y eso me gusta.
—Te tardaste más de lo que creí— Dice, con esa calma peligrosa de alguien que sabe lo que hace y provoca.
Una risa ronca se me escapa antes de poder contenerla.
—Es que quería agregarle algo de drama a la situación, pequeña incitadora.
Ella suelta un suspiro casi imperceptible.
La tomo con suavidad y la giro hasta dejarla frente a mí. Las gotas de agua resbalan entre nosotros, trazando caminos por su clavícula, por mis brazos, por cada espacio donde la piel se roza. El vapor nos envuelve como si el mundo se hubiera reducido a este cubículo de azulejos.
Sus ojos me sostienen la mirada desafiantes.
Mi mano sube hasta su garganta. No aprieto, solo la sostengo allí, el pulgar rozando su piel húmeda, sintiendo su pulso acelerado bajo la yema de mis dedos. No es dominio, es reconocimiento. Es la prueba de que late tan fuerte como el mío.
La acerco hasta que su espalda toca las baldosas frías y la beso.
Nada de dulces niñerías. Es un beso ferviente, lleno de deseo y pasión. De esos que ponen a temblar naciones y que podrían hacer retroceder a cualquiera.
El agua corre sobre nosotros mientras su boca responde a la mía sin titubeos. Sus manos se deslizan por mi cuello, por mis hombros, anclándose como si no quisiera que me apartara.
Mi frente se apoya un segundo contra la suya.
—Dime que pare— Murmuro, deseando que no lo hago.
—Eso no es lo que quiero— Dice y vuelvo a besarla.
Mis labios buscan los suyos con intención, rozándolos primero apenas, como si estuviera probando su temperatura. Son cálidos, suaves, húmedos por la ducha… y por la tensión que vibra entre los dos.
Olivia no retrocede.
Su aliento se mezcla con el mío cuando abro ligeramente la boca y deslizo mi labio inferior contra el suyo, marcando el ritmo. Ella responde. Siempre responde. Sus labios se mueven con firmeza, ya no más sumisos, ni delicados.
Mi lengua roza la comisura de su boca, pidiendo permiso sin palabras. Ella lo concede abriendo apenas los labios, y el beso se profundiza. El contacto es furioso, exploratorio, cargado de electricidad. La lengua de ella se encuentra con la mía en un movimiento de querer decirdir cuánto de sí misma quiere dar.
El sabor del agua y de ella se mezclan. Es adictivo.
Mi mano en su garganta desciende hasta sus pechos, sintiendo cómo su piel se estremece bajo mis dedos.
El beso se vuelve más intenso, mis manos bajan por su cintura, sintiendo cada curva bajo el agua caliente. La piel resbala contra la mía y esa fricción húmeda es una tortura deliciosa.
La tomo por la cintura y la elevo apenas, obligándola a rodearme con las piernas. La espalda de ella vuelve a tocar las baldosas. La sostengo ahí, firme mientras adentro mi miembro en su interior sin contemplaciones.
Su pecho sube y baja con rapidez, y el mío responde al mismo ritmo, como si estuviéramos sincronizados
—No sabes jugar limpio— Susurra.
Sonrío apenas, apoyando mi frente en la suya.
—Contigo nunca he querido hacerlo.
Ella me sujeta del cuello, sus uñas rozando mi piel. No es un gesto suave, es posesivo y eso me arranca un sonido bajo en la garganta.
—Alex…— Mi nombre en su voz suena distinto ahora. Más vulnerable.
—Mírame —le pido en voz baja.
Lo hace. Mandando a volar todo mi razonamiento y autocontrol.
La sujeto más fuerte, marcando el ritmo. No quiero prisas con ella. Quiero sentir cada reacción, cada estremecimiento que provoca el vaivén de mis movimientos, pero me es dificil. La beso otra vez, más profundo, mientras el movimiento se intensifica. Sus caderas responden a las mías con la misma urgencia.
Siento cómo su cuerpo tiembla entre mis brazos, cómo su agarre se vuelve más firme, cómo su respiración se rompe en pequeños sonidos que me recorren entero. La sostengo, la acompaño, dejo que el ritmo nos arrastre hasta ese punto donde ya no hay pensamiento, solo sensación.
—Olivia…— Mi voz sale más grave.
Ella abre los ojos, empañados y brillantes.
—No te detengas— Suplica.
El ritmo se acelera, el calor se vuelve insoportable, como si el vapor se hubiera metido bajo la piel.
—Alexander…— Mi nombre se rompe en su boca.
La sostengo con firmeza, con mi frente contra la suya.
—Liberate para mi Olivia— Le digo, casi como una promesa. —No voy a soltarte.
La siento estremecerse, sentirla perder el control me arrastra con ella. El mundo se reduce a ese instante: calor, presión, su nombre escapándose de mis labios como si fuera lo único que existe.
Exhalo contra su boca mientras la intensidad me atraviesa. El clímax nos golpea casi al mismo tiempo, dejándonos sin aire, aferrados el uno al otro bajo el agua que no deja de caer.
El movimiento se ralentiza poco a poco. Ella apoya la frente en mi pecho, respirando con dificultad. Y yo paso una mano por su espalda, todavía sosteniéndola, negandome a separarla de mí.
—Supongo que el drama valió la pena— Murmura agitada y con una sonrisa débil.
Una risa baja se me escapa, aún intentando recuperar el aliento.
—Contigo siempre vale la pena.