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Bajo El Hechizo De La Sirena Bipolar

Bajo El Hechizo De La Sirena Bipolar

Status: En proceso
Genre:Fantasía épica / Amor-odio / Romance
Popularitas:1.6k
Nilai: 5
nombre de autor: Ariane Salvatore Falcó

Sebastián lo tenía todo: un reino próspero, un cabello pelirrojo que era la envidia de la nobleza y una lengua tan afilada que podía humillar a un mago en tres segundos. Pero el exceso de sarcasmo tiene un precio. Tras insultar al hechicero equivocado, Sebastián despierta convertido en un cangrejo y es arrojado a las profundidades del océano.
Su suerte no mejora cuando es capturado por Rubí, la princesa del Reino Marino. Llamada así por sus hipnotizantes ojos rojos, Rubí es una sirena de una belleza letal y una personalidad... impredecible. Un momento es un ángel dulce que acaricia tus pinzas, y al siguiente está picando perejil mientras decide si te prefiere hervido o a la plancha.
Atrapado en una jaula de cristal y bajo la vigilancia de una "loca" con cambios de humor extremos, Sebastián deberá encontrar la forma de romper su hechizo antes de convertirse en el almuerzo real.

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capítulo 15

Habían pasado tres días de un silencio sepulcral que pesaba más que las profundidades del abismo. Tres días en los que **Rubí** había agotado todas sus facetas: la sirena sumisa, la bufona mágica, la proveedora de manjares y la mártir arrepentida. Sebastián, desde su pedestal de mármol en la habitación real, se había mantenido como una estatua de coral rojo. Su mirada, fija en el horizonte, ignoraba cada gesto, cada palabra y cada ofrenda de la sirena con una disciplina de hierro. Su ego, herido por aquel chisguetazo que lo lanzó al borde de la muerte, se alimentaba ahora del castigo psicológico que le imponía a su captora.

Pero la paciencia de Rubí, como las mareas, tenía un límite de retroceso antes de convertirse en un tsunami.

Aquella tarde, el sol de Helios se teñía de un naranja sangriento. Rubí estaba de pie frente a él, sosteniendo una pequeña orquídea marina que brillaba con luz propia. Sus manos temblaban, no de miedo, sino de una furia contenida que empezaba a hervir en su sangre.

—He pasado setenta y dos horas humillándome ante un bicho que apenas llega al tobillo de mi padre —siseó Rubí, su voz perdiendo toda la dulzura fingida—. Te salvé la vida, Sebastián. Te saqué de ese caldero. Y aunque el método no fue de tu agrado aristocrático, ¡estás vivo! Pero prefieres pudrirte en tu propio orgullo que mirarme a la cara.

Sebastián hizo un pequeño chasquido con su pinza derecha, un sonido seco que cortó el aire como un insulto. Ni siquiera giró sus ojos pedunculados hacia ella.

—¡Basta! —rugió Rubí, y esta vez no hubo llanto de teatro. Estrelló la orquídea contra el suelo y se acercó al pedestal, su rostro a centímetros del caparazón del príncipe—. ¡Me cansa tu arrogancia de marisco premium! ¡Vete a la mierda, Sebastián! ¡Quédate con tu silencio, con tu corona de espinas y con tu prometida morada! ¡Ojalá Baltazar te encuentre y te use de amuleto para sus botas, porque yo he terminado contigo!

Rubí se dio la vuelta con un movimiento brusco, sus faldas de seda negra ondeando como aletas furiosas. Caminó hacia el pequeño balcón de piedra que daba a los jardines reales, buscando aire frío para calmar el incendio de su pecho.

Desde la cornisa superior, oculto entre las sombras de las gárgolas, **Malaki** observaba la escena con una sonrisa sardónica. El anciano hechicero acariciaba su barba canosa, disfrutando del espectáculo de dos seres tan poderosos y tan estúpidos a la vez.

—El orgullo es una prisión sin barrotes —susurró el mago—. Pero a veces, hace falta una caída para ver el suelo.

Rubí llegó al balcón y se apoyó en la barandilla de mármol, que estaba húmeda por el rocío de la tarde. En su arrebato de ira, no midió sus fuerzas. Se inclinó demasiado hacia el vacío, gritando maldiciones al mar, cuando su pie resbaló sobre una piedra suelta. El equilibrio de la sirena, diseñado para las corrientes y no para la gravedad terrestre, falló estrepitosamente.

—¡Ah! —el grito de Rubí se cortó cuando su cuerpo se precipitó hacia el vacío.

Sebastián, que la observaba de reojo a pesar de su fingida indiferencia, sintió un vuelco en su pequeño corazón de crustáceo. El pánico que había sentido en el caldero regresó, pero esta vez no era por él. Era por ella. Vio el cabello azabache de Rubí desaparecer por el borde del balcón y, en ese instante, su ego se desmoronó.

—¡MALAKI! —chirrió Sebastián con todas sus fuerzas, su voz resonando en la habitación como un estallido metálico—. ¡DAME MIS MANOS! ¡DAME MI CUERPO! ¡POR FAVOR!

El hechicero, sorprendido por la genuina desesperación en el tono del príncipe, decidió concederle un último deseo efímero.

—Que la carne te devuelva lo que el orgullo te quitó... por un instante —sentenció el mago.

Una luz cegadora envolvió el pedestal. En una fracción de segundo, la quitina roja se convirtió en piel cálida y los músculos de un hombre joven y poderoso regresaron con la fuerza de un vendaval. Sebastián no esperó a mirarse las manos. Corrió hacia el balcón, sus pies humanos golpeando el mármol con una agilidad desesperada.

Se lanzó sobre la barandilla, extendiendo sus largos brazos hacia abajo. Rubí apenas se sostenía de una hiedra que crujía bajo su peso. Sebastián la sujetó de las muñecas con una fuerza posesiva y dominante, tirando de ella hacia arriba con un rugido de esfuerzo que hizo vibrar sus pulmones humanos.

Al jalarla hacia la seguridad del balcón, el impulso fue demasiado fuerte. Rubí salió disparada hacia atrás y cayó pesadamente sobre el pecho de Sebastián, derribándolo sobre el suelo de piedra. Quedaron entrelazados, la respiración agitada de ella mezclándose con el jadeo triunfante de él. Rubí lo miró, sus ojos rojos dilatados por el asombro y el alivio.

—Sebastián... —susurró ella, su mano acariciando instintivamente la mejilla del hombre que acababa de salvarla—. Volviste... lo hiciste por mí...

Sebastián, sintiendo el calor del cuerpo de Rubí sobre el suyo y la suavidad de su piel, recordó de golpe quién era. La vulnerabilidad del momento le resultó insoportable. Su mente, calculadora y egocéntrica, reaccionó de la única forma que sabía para recuperar el control: con grosería.

—¡Quítate de encima, mujer torpe! —exclamó Sebastián, empujándola bruscamente hacia un lado—. ¡Me estás arrugando la camisa que ni siquiera tengo! ¿Es que no puedes dar un paso sin intentar matarte? ¡He tenido que gastar mi única oportunidad de ser humano para evitar que manches el jardín con tu torpeza abisal!

Rubí se quedó sentada en el suelo, helada. La ternura que acababa de florecer en su pecho se marchitó bajo el hielo de sus palabras.

—¿Eso es lo primero que dices? —preguntó ella, su voz temblando de una nueva e intensa furia—. ¿Que te arruino la camisa?

—¡Es que eres una molestia! —siguió Sebastián, poniéndose de pie con una arrogancia que desafiaba a los dioses—. ¡Mírate, despeinada y lloriqueando! Solo serviste para hacerme perder mi dignidad de nuevo. ¡Ojalá te hubieras caído un poco más lento para que pudiera pensar en algo mejor que salvarte!

Desde la sombra, Malaki suspiró con una decepción profunda.

—No tienes remedio, Príncipe de los Necios —dijo la voz del mago, cargada de una magia gélida—. La carne te hace fuerte, pero te vuelve ciego. Regresa a tu verdad.

—¡No! ¡Espera! —gritó Sebastián, pero ya era tarde.

El dolor punzante del encogimiento regresó. Sus hombros se contrajeron, sus piernas desaparecieron y el mundo volvió a agigantarse. En menos de diez segundos, el hombre magnífico y grosero se convirtió de nuevo en el pequeño cangrejo rojo, cayendo de espaldas sobre el mármol frío del balcón.

Rubí se levantó, limpiándose el polvo de su vestido. Miró al crustáceo que ahora agitaba sus pinzas con rabia en el suelo. Ya no había amor en sus ojos, ni culpa, ni arrepentimiento. Solo un desprecio absoluto.

—Tenías razón, Sebastián —dijo Rubí, su voz fría como el fondo de una fosa marina—. Eres mucho mejor como cangrejo. Al menos así, tus insultos suenan a burbujas y no hieren tanto. Quédate ahí, en tu rincón. Ya no me importa si Baltazar te cena o si te secas al sol. Has ganado: estoy oficialmente harta de ti.

Rubí entró en la habitación y cerró las puertas del balcón con un estruendo, dejando a Sebastián solo bajo la luz de la luna, atrapado en su caparazón y en un silencio que, por primera vez, se sentía como una derrota total. El príncipe había recuperado su cuerpo para salvarla, pero lo había perdido por no saber cómo guardarlo.

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🔮✮⃝𝙰𝚕𝚒 𝙳' 𝚂𝚎𝚋𝚒𝚜᭄・🔮
atrévete!! y veras como te va knfeliz /Determined/ te vuelvo a arañar!! no por nada somos animales cazadores desgraciado!!!
🔮✮⃝𝙰𝚕𝚒 𝙳' 𝚂𝚎𝚋𝚒𝚜᭄・🔮
esooo!!! 😭 pinche viejo feo!!! /Smug/ solo yo puedo amenazar la vida de mi dueño infeliz!!!
🔮✮⃝𝙰𝚕𝚒 𝙳' 𝚂𝚎𝚋𝚒𝚜᭄・🔮
siento la frustración de sombra!! /Speechless/
🔮✮⃝𝙰𝚕𝚒 𝙳' 𝚂𝚎𝚋𝚒𝚜᭄・🔮
ya veras tu dominación desgraciado!!! 🙊🤣
🔮✮⃝𝙰𝚕𝚒 𝙳' 𝚂𝚎𝚋𝚒𝚜᭄・🔮
soberano mis polainas desgraciado!!! me dejaste con ese pulpo degenerado!!! 😭
🔮✮⃝𝙰𝚕𝚒 𝙳' 𝚂𝚎𝚋𝚒𝚜᭄・🔮
por fin justicia!!!! 😭 por fin le clave los dientes ese infeliz abandonador de gatas!!!
🔮✮⃝𝙰𝚕𝚒 𝙳' 𝚂𝚎𝚋𝚒𝚜᭄・🔮
el unico que se acuerda de mi!!!! /Smug/ después que todoooossss me dejaron con ese pulpo lujuriento!!! 😭
🔮✮⃝𝙰𝚕𝚒 𝙳' 𝚂𝚎𝚋𝚒𝚜᭄・🔮
hijo de tu!!! /Smug/ me estas dejando que me manosee un pulpo!!! soy un gato por el amor de dios!!! 😭 que mezcla mas extraña 🤣 pero te comere en venganza sebastian!!! te hare pagar por esta maniseada innecesaria!! 😭
🔮✮⃝𝙰𝚕𝚒 𝙳' 𝚂𝚎𝚋𝚒𝚜᭄・🔮
ala madre 😶 eso es acoso!!! me manosean 🤣
🔮✮⃝𝙰𝚕𝚒 𝙳' 𝚂𝚎𝚋𝚒𝚜᭄・🔮
ay 🥺 estoy tan orgullosa de mi misma 🤧
🔮✮⃝𝙰𝚕𝚒 𝙳' 𝚂𝚎𝚋𝚒𝚜᭄・🔮
velda que soy linda? 🥺 ese cangrejo feo que no se deja comer!!! que agradezca que lo quiero de cena!!
🔮✮⃝𝙰𝚕𝚒 𝙳' 𝚂𝚎𝚋𝚒𝚜᭄・🔮
atrévete warro!! y veras como te va!! /Smug/ no sabrás ni quien te atropeyo infeliz!!
🔮✮⃝𝙰𝚕𝚒 𝙳' 𝚂𝚎𝚋𝚒𝚜᭄・🔮
esoooo!! cometelo él lo pidió 🤣/Determined/
🔮✮⃝𝙰𝚕𝚒 𝙳' 𝚂𝚎𝚋𝚒𝚜᭄・🔮
esooo tu unica dueña soy yo!! /Proud/ okno!!! como se te ocurre dejar que maltraten mi pelaje!!!
🔮✮⃝𝙰𝚕𝚒 𝙳' 𝚂𝚎𝚋𝚒𝚜᭄・🔮
no seas chidmoso!!! /Smug/ dejenme comer en paz
scarlet
pobre cangrejo 🤣🤣🤣🤣
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esooo!! prefiere ser comido por mi!! 🤣
🔮✮⃝𝙰𝚕𝚒 𝙳' 𝚂𝚎𝚋𝚒𝚜᭄・🔮
hasta que lo reconoces!!! me amas demasiado cangrejo 🤣🤣
🔮✮⃝𝙰𝚕𝚒 𝙳' 𝚂𝚎𝚋𝚒𝚜᭄・🔮
espero que mientras me llevaban haya arañado las paredes!! 🤣
🔮✮⃝𝙰𝚕𝚒 𝙳' 𝚂𝚎𝚋𝚒𝚜᭄・🔮
te voy a comer sebastian /Curse//Curse/ no huyas!!! 🤣
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