En una ciudad donde los crímenes no siempre son humanos, los detectives Lin Yue y Zhao Ren pertenecen a una división secreta de la policía encargada de casos que jamás aparecen en los informes oficiales. Apariciones que matan, cadáveres que regresan caminando y asesinos que no dejan huellas… porque no están vivos.
Mientras resuelven sucesos cada vez más atroces y paranormales, ambos descubren que los monstruos no solo se esconden en la oscuridad, sino también dentro del sistema que juraron proteger.
Y algunos casos… jamás debieron abrirse.
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Capítulo 17 — El Hombre que Olvidó Ser Humano.
El núcleo de la criatura latía.
No como un corazón.
Sino como una memoria intentando reconstruirse.
Después del ataque conjunto, el cuerpo monstruoso se retorcía violentamente. Las sombras que lo componían comenzaron a desprenderse en capas, cayendo al suelo como ceniza húmeda. Las voces atrapadas dentro ya no gritaban; ahora susurraban con alivio, como si algo finalmente estuviera soltando el control.
En el centro… la silueta humana se movió.
Un brazo emergió lentamente desde la masa oscura.
Luego el rostro.
Mateo frunció el ceño.
—No me gusta eso… nada.
La figura cayó de rodillas frente a ellos, respirando con dificultad. Su piel estaba marcada por grietas negras que se abrían y cerraban como pequeñas bocas. Sus ojos tardaron varios segundos en enfocarse.
Lin Yue dio un paso adelante, con cautela.
—¿Puedes escucharnos?
El hombre levantó la mirada.
Por un instante… pareció humano.
Confusión.
Dolor.
Miedo.
Pero entonces sonrió.
Y esa sonrisa no pertenecía a alguien vivo.
Las sombras regresaron hacia él, penetrando su cuerpo como raíces buscando tierra fértil. Sus huesos crujieron mientras se incorporaba lentamente.
—Ah… —dijo con una voz múltiple, superpuesta—. Así se siente… tener forma otra vez.
El aire se volvió pesado.
Aiko inclinó ligeramente la cabeza.
—No es una víctima.
Zhao Ren asintió sin apartar la mirada.
—Nunca lo fue.
La verdad cayó como una piedra.
Ese hombre no estaba siendo controlado.
Había elegido.
La criatura habló nuevamente:
—Ellos sufrían… sus recuerdos los destruían… yo solo los liberé… los hice ligeros…
Detrás de él, las sombras intentaban reconstruir un nuevo cuerpo, absorbiendo los restos del espacio colapsado.
Lin Yue sintió un escalofrío.
—No los liberaste… los vaciaste.
El hombre ladeó la cabeza.
—Los humanos son ruido. Culpa. Dolor. Yo encontré la paz cuando dejé de ser uno.
Su torso se abrió revelando un vacío oscuro infinito.
Intentaba renacer.
Intentaba salir completamente.
Mateo suspiró.
—Sí… definitivamente ya no eres humano.
La entidad extendió su brazo, y el espacio comenzó a fracturarse otra vez. Si terminaba de materializarse, el bucle volvería a empezar.
No podían permitirlo.
Ni un segundo más.
Mateo levantó la mirada.
Y por primera vez desde que empezó todo… no dudó.
La marca en su mano ardió con intensidad absoluta.
El humo negro explotó alrededor de su cuerpo mientras la guadaña aparecía completa, más grande que antes, pesada como un juicio inevitable.
—Hasta aquí llegaste.
La entidad intentó hablar.
Intentó expandirse.
Pero Mateo ya se estaba moviendo.
—Aiko.
Ella sonrió inmediatamente.
—Entendido.
Ambos avanzaron al mismo tiempo.
La criatura reaccionó tarde.
Mateo descendió la guadaña en un arco perfecto mientras Aiko abría sus tijeras gigantes justo frente al núcleo.
El espacio mismo se partió.
Un corte horizontal atravesó al ser.
La guadaña no destruyó carne.
Cortó existencia.
Las tijeras sellaron el corte antes de que pudiera regenerarse.
Un segundo de silencio absoluto siguió.
Luego…
La entidad se dividió en dos mitades perfectas.
Sus múltiples voces intentaron gritar, pero el sonido nunca salió. La oscuridad comenzó a evaporarse, desintegrándose en partículas de luz grisácea.
El hombre miró sus propias manos mientras desaparecían.
Por un instante, su expresión cambió.
Confusión.
Tal vez arrepentimiento.
Tal vez nada.
—Yo… solo… quería… silencio…
Y desapareció.
El peso que oprimía el lugar se rompió de golpe.
El edificio dejó de respirar.
Las paredes volvieron a ser concreto.
El bucle había terminado.
Uno por uno, los cuerpos inconscientes alrededor comenzaron a reaccionar. Personas confundidas despertaban, respirando agitadamente como si salieran de un sueño interminable.
Luces reales atravesaron las ventanas.
Sirenas.
Voces humanas.
El mundo exterior había regresado.
—
Minutos después, el grupo salió del edificio.
La noche estaba llena de movimiento.
Vehículos negros rodeaban la zona. Personal con uniformes especiales acordonaba el área mientras agentes de limpieza dimensional colocaban sellos luminosos sobre la estructura.
Paramédicos corrían entre los sobrevivientes.
Personas envueltas en mantas térmicas eran atendidas y trasladadas a ambulancias.
Mateo observó todo con cansancio.
—Ah… sí… papeleo. Mi peor enemigo final.
Un agente se acercó inmediatamente.
—División de Contención confirmada. Buen trabajo. El colapso fue detenido a tiempo.
Otros equipos entraban al edificio para borrar rastros sobrenaturales, recolectar residuos energéticos y asegurar que nadie recordara demasiado.
Lin Yue observó a las personas rescatadas.
Estaban vivas.
Vacías en algunos casos… pero vivas.
Sus manos aún temblaban por haber usado sus habilidades por primera vez sin contenerse.
Zhao Ren permanecía tranquilo, mirando el cielo nocturno.
—Terminó —dijo simplemente.
Aiko estiró los brazos.
—Fue divertido.
Mateo la miró horrorizado.
—¡CASI ME ARRUINAS FINANCIERAMENTE OTRA VEZ!
Ella sonrió inocentemente.
Un grupo de médicos intentó revisar a Zhao Ren, pero él los tranquilizó con una leve inclinación de cabeza.
Todo parecía… normal.
Demasiado normal después del horror.
Pero mientras los vehículos se llevaban a los sobrevivientes, una sensación persistió en el aire.
El bucle había colapsado.
El caso estaba resuelto.
Sin embargo…
Mateo observó su mano marcada, donde aún salía un leve hilo de humo.
La Muerte nunca daba poder gratis.
Y algo le decía que aquello no había sido un final.
Solo la primera puerta abierta.