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Una Jugada Del Destino

Una Jugada Del Destino

Status: En proceso
Genre:Triángulo amoroso / Reencuentro / Amor eterno / Romance
Popularitas:1.5k
Nilai: 5
nombre de autor: Abigail Limón

La vida de Ricardo parece estar completa, tiene una novia hermosa y un empleo prometedor pero un día al reencontrarse con un amor del pasado se dará cuenta que su vida había estado vacía todo ese tiempo. Sin dudarlo más tiempo decide recuperar el amor de aquella mujer que alguna vez tiempo atrás lo había sido todo para él, aunque no le será del todo fácil.

NovelToon tiene autorización de Abigail Limón para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.

Nuevo rumbo

—¿Cuánto tiempo más tenemos que estar aquí? — preguntó mi padre casi gritando, al oficial que estaba sentado tras el enorme escritorio de la recepción —al menos dígame porque han mandado a traer a mi hijo, ¿quien lo denunció y por qué?

El hombre lo miró con indiferencia, seguramente acostumbrado a personas con personalidades más volátiles y agresivas que la de mi padre. 

—Señor, tome asiento por favor. Espere a que llegue el oficial a cargo. 

Mi padre retrocedió bufando, retomando su andar impaciente, de un lado de un lado a otro del pasillo de sala de espera, en un claro gesto de rebeldía ante la orden del hombre uniformado, quien solo se limito a mirar su revista. Llevábamos más de una hora esperando a que alguien saliera a decirnos porqué estábamos ahí. Mi madre había puesto la mesa para cenar, mi padre estaba viendo la televisión y yo estaba en mi cuarto cuando llamaron a casa para decirme que debía presentarme en la jefatura de policía porque había una denuncia en mi contra. Aunque yo ya tenía una clara sospecha sobre quién pudo haberme denunciado después de todo ya me había amenazado con hacerlo. No le di tanta importancia, yo no había hecho nada malo, había terminado con Angie solo para no buscarle más problemas, esperaría paciente hasta que cumpliera la mayoría de edad y eso sería el próximo mes. Cualquier cosa que esa mujer planeara no podía tener fundamento.

—Papá, siéntate ya. 

Le dije mostrando tranquilidad pero el me ignoro por completo y continuó con su intento de hacer una zanja en el suelo para molestar al oficial que lo había mandado a sentar. 

La puerta de la oficina del fondo se abrió, el comandante Garza salió de ella al menos su barriga fue lo primero que salió, mi padre tenía amistad con él, no tan estrecha como hubiera convenido en ese momento pero amistad al fin y al cabo, digamos que siendo cliente habitual de la panadería a menudo charlaban sobre trivialidades. Detrás de el comandante salió una mujer hipando incontrolable, era esa mujer, la madre de Angie; sostenía un pañuelo bajo su nariz; estaba desalineada y con un semblante angustiado, parecía que llevaba un buen rato llorando, en cuanto me vio se lanzó hacia mí con renovados ánimos para armar un escándalo. 

—¿¡Donde la tienes!? ¿¡Dime dónde la tienes!? —gritaba y lloraba dando fuertes jalones las mangas de mi chaqueta pero no tardaron en quitarmela de encima. —¡Fue él, señor comandante! ¡Este infeliz se la llevó!

No entendía de qué estaba hablando o a qué se refería, 

—Tranquila, Patricia —dijo el comandante con voz grave, parecía querer consolar a la señora, pero a la vez parecía molesto; yo no tenía mucho trato con él, era mi padre quien lo conocía un poco más, pero esa impresión me daba. 

—Dudo mucho que este muchacho tenga algo que ver con la huida de tu hija. 

Mis ojos se abrieron grandes por la sorpresa, había dicho huida. Angie había escapado de su casa pero ¿por qué? Mire a la señora frente a mí y era obvio, pero por qué yo no sabía nada, tal vez no era cierto, quizás era una treta de su madre para causar más problemas. 

—¿Qué está diciendo? —dije apenas audible —¿Dónde está ella? 

—Todavía lo preguntas ¡Maldito! ¡Tú la escondiste! ¡Devuélveme a mi hija!

Parecía en verdad estar sufriendo. La naturaleza violenta y agresiva de la señora la arrojó de nuevo a intentar golpearme, pero los fuertes brazos del comandante Garza no se lo permitieron. La mamá de Angie se dejó caer al suelo llorando desconsolada. 

—Patricia, deja al muchacho en paz. En esta nota tu hija dice que se fue porque no soporta tus insultos y golpes. 

Cuando el comandante extendió la hoja se la arrebaté de la mano. Era la letra de Angie, no había duda. 

“No me busques madre, no pienso volver y tampoco se te ocurra culpar a nadie; esto es algo que yo decidí. Si quieres un culpable mírate en el espejo”. 

El papel arrugado cayó al suelo, escuché a la madre de Angie que gritaba y lloraba, escuché también la voz de mi padre que hablaba con él comandante Garza, no se que le dijo, se habían vuelto sonidos de fondo en mi vision gris de la realidad, yo solo me dirigí a la salida. Mis pies siguieron el camino hacia ese lugar en el que aveces nos encontrábamos, aquel enorme árbol cerca de la vieja iglesia casi a las afueras del pueblo. Ella no estaba ahí y yo no sabía a dónde buscarla, me recargue del tronco de nuestro árbol y deje que mi cuerpo cayera por su propio peso, esa noche lloré, nadie me vio y a nadie se lo conté pero lloré igual que un niño, ella se había ido sin decirme nada, ella me había abandonado. 

El ladrido lejano de un perro me hizo abrir los ojos con desgano. La habitación estaba oscura, pero me permitía ver su rostro levemente, creo que jamás me cansaré de admirar su rostro, dulce y apacible con un aire infantil. Me removí un poco bajo la sábana, reuní fuerzas tanto física como de voluntad para levantarme de la cama, debía hacerlo despacio pues ella dormía muy cerca de mí, no quería irme, solo quería abrazarla y quedarme dormido mientras acariciaba su desnuda piel, deslizando mis dedos por su espalda y disfrutando del roce de su pierna enredada entre las mías y a la mañana siguiente hacerle el amor otra vez; por primera vez en mi vida me sentía plenamente feliz. Angie cruzó su brazo por mi pecho y se acurrucó más cerca, la tibieza de su cuerpo era envolvente y placentera. 

—Ya es muy tarde. Quédate conmigo —dijo con voz adormilada. En realidad ninguno de los dos sabía a ciencia cierta qué hora era, probablemente sí era muy tarde. Habíamos llegado a su casa aún con la luz del sol, pero cuando los niños fueron a dormir ya eran las nueve de la noche. Nos quedamos dormidos después de hacer el amor. 

—Pero mañana hay que trabajar —dije por lo bajo y con una sonrisa de complacencia; sin darle importancia a mi propio argumento la abracé y nos cubrí bien con la sábana. 

—Podemos levantarnos más temprano para… —un bostezo le interrumpió —poder ir a tu departamento, para que te cambies. 

—Tienes razón, amor —vuelve a dormir. 

No necesité escuchar más, puse un beso en su frente y otro en sus labios. Ella quería que me quedara y eso era lo que yo más quería, quedarme con ella para siempre, no podía sentirme más feliz. No tardé en quedarme dormido, la mujer de mi vida estaba durmiendo a mi lado, no había algo que deseara más en ese momento.

Hola de nuevo hermosuras. Sepan que estoy muy agradecida con el apoyo y cariño con que me tratan, eso me anima a seguir escribiendo y ya saben denle me gusta y dejen algún comentario para que la plataforma recomiende está obra a más personas.

Recuerden que lo que está escrito con letra cursiva no pasa en el momento.

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