Después de seis meses trabajando en la empresa del patriarca de una poderosa familia, Carmen Lobos decide llevar a su hijo a sus primeras vacaciones… hasta que una tragedia lo deja gravemente enfermo. Apenas una semana antes ella descubrió que su nuevo jefe será Federico, uno de los nietos de su jefe, pero un escándalo sacude la empresa y lo aparta del puesto.
El lunes vuelve al trabajo y se encuentra con que su nuevo jefe es Santiago Calderón: arrogante, clasista, prepotente y mujeriego. Desde el primer momento, se detestan.
Cuando Santiago la despide de manera injustificada, la ira y el deseo de venganza llevan a Carmen a cometer una imprudencia que cambiará sus vidas: un matrimonio por contrato donde ella asegura el tratamiento de su hijo y él protege a la empresa que tanto desea.
Pero nada será sencillo. Tras la boda, el patriarca impone una estricta condición que sacude sus vidas.
Los acuerdos pueden tener letra chica, pero muchas veces se firman en una cama grande.
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TERRONCITO
NARRADOR
Cuatro semanas infernales habían transcurrido para Carmen trabajando para Santiago. Cada día la había llevado más al límite de la locura y ella había fantaseado con tirarle el café, ahorcarlo y hasta con arrastrarlo por el cabello por toda la empresa. La tenía harta.
Su hijo hacía apenas una semana había podido ir a casa siguiendo un tratamiento y excesivos cuidados de limpieza en el hogar. Aún debería seguir con diálisis y demás procedimientos para los cuales debería ser hospitalizado. Era extenuante, profundamente agotador tanto física como mentalmente.
La joven madre hacía todo para que Agustín mejorara, aún sabiendo que eso no dependía de ella; sino del cuerpo de su hijo. Verlo tan triste le pesaba, más porque antes era un niño normalmente activo y rebosante de energía. Había días donde él no quería ni recibir visitas y tan solo quería dormir, jamás había sido así antes.
Las deudas en la tarjeta de crédito de Carmen la hacían sentir presionada. Apenas había pagado una cuota y ya tenía medicamentos financiados a tres meses. No sabía cómo haría para sobrevivir en su trabajo sabiendo que su jefe quería despedirla. Si eso llegaba a ocurrir no sabía qué haría. Ella era el único sustento de su hijo.
Santiago, por su parte, sabía que Carmen estaba llegando al límite de la profunda paciencia que había tenido para no enviarlo al demonio, pero extrañamente aún resistía. La necesitaba fuera de la empresa para poder contratar a una secretaria que le alegrara las vistas y que se dejara hacer sobre el escritorio cualquier perversión que le permitiera disminuir su estrés. La abstinencia le pesaba y lo ponía aún más irritable.
Faltando apenas veinte minutos para que Mariano Silver Bonnet llegara a la empresa, Santiago estaba histérico. Carmen aún más furiosa que días anteriores y apenas si había podido sentarse. ¿Para qué él le había pedido ver el diseño del primer electrodoméstico? Eso no le servía de nada.
-Maldito hijo del mismísimo Lucifer- Murmuró llena de rabia cuando se dirigía a la oficina del CEO para entregárselo
-¿No te dije que quería copias? El archivo original podría dañarse- Le dijo con una mirada cargada de desprecio y una sonrisa ladina en signo de diversión
-No, señor. No me lo dijo- La voz de Carmen se había elevado significativamente, estaba al límite del estallido
-¿Qué esperas? No tengo todo el maldito día como tu- Ella salió de la oficina e insultó a su jefe hasta que llegó a la fotocopiadora
Agotada por tener que usar las escaleras llegó a la oficina de su jefe con el absurdo e inútil pedido.
-Déjalas sobre el escritorio y vete- Le dijo sin despegar la vista de su teléfono
Carmen dejó las copias con fuerza y él las tomó y las arrojó al cesto de basura ante su mirada.
-¿Para qué me pidió hacerlas y me prohibió usar el elevador? Vengo aquí a trabajar, no a entretenerlo. Si quisiera entretener gente iría a un circo- Preguntó irritada
-Parece que escapaste de uno- Él se puso de pie y se acercó a ella con las manos en sus bolsillos- Tan simple, poco agraciada, desalineada y encima ciega. No sé cómo pudiste postularte para este puesto y mucho menos como mi abuelo te contrató- Dijo despectivamente y ella ya no pudo controlarse
-Yo no sé cómo alguien como usted puede estar al mando de una empresa como esta. Usted es un grandísimo hijo de...- Antes de poder acabar su frase, él sonrió. Había conseguido lo que quería
-Despedida. Pasa por recursos humanos a buscar tu liquidación- Volvió a su escritorio con una sonrisa triunfal por haber conseguido lo que quería
Carmen salió dando un portazo. Sus ojos amenazaban con derramar lágrimas de tristeza y también de rabia. Quería golpearlo hasta que sus manos sangraran. Estaba tan molesta, frustrada y preocupada.
La joven empezó a guardar sus pertenencias pensando en lo difícil que sería conseguir un empleo teniendo a su hijo enfermo. ¿Cómo ganaría lo suficiente para poder pagar sus cuentas? Iba a enloquecer.
Faltando cinco minutos para que la reunión con Mariano Silver Bonnet comenzara, él llegó acompañado de dos hombres. Carmen actuó profesionalmente así ya no estuviera trabajando activamente y los hizo pasar a la oficina de su ex jefe.
-Aquí sufriremos los dos, ex jefecito...- Sonrió pensando en hacer pasar un momento incómodo a ese desgraciado y dejando pasar no más de tres minutos entró a la oficina
El silencio se instaló allí en cuanto abrió la puerta. Carmen sonrió ampliamente y por primera vez vio el pánico en Santiago Calderón. Lo notaba demasiado tenso.
Carmen se acercó a los tres hombres y continuó avanzando. Santiago la miraba sin entender que hacía allí. Imaginaba que ya se había ido. Si esa reunión salía mal su abuelo lo castigaría y no quería descubrir cómo.
-Terroncito- Carmen se paró a su lado, abrazó su cuello y le dió un beso en la mejilla- Discúlpame por no traerte tu café, ¿Desean algo de beber, caballeros?
Carmen sintió a su jefe apretar la mandíbula de rabia. El tenía ganas de desaparecerla de la faz de la tierra en ese preciso instante. Estaba más que incómodo y ese apodo podría haber logrado que sus oídos sangraran. Odiaba los dulces.
-¿Usted es su novia?- Mariano Silver Bonnet preguntó con evidente curiosidad mientras veía la escena frente a sus ojos
-Oh no, disculpen. Mi nombre es Carmen Lobos y soy su prometida, ¿Verdad, Terroncito?- Los caballeros esperaban una respuesta y él forzó una sonrisa incómoda
-Desde luego, es algo muy reciente
-¿Y su anillo, señorita?- Mariano indagó mostrando tranquilidad
-Debimos enviarlo a la joyería para ajustarlo. Ahora iba a ir a recogerlo, me avisaron que ya estaba listo
Si las miradas mataran, Santiago ya la hubiese asesinado. Había puesto su mano izquierda en la cadera de ella y hacia presión para que se callara de una buena vez, pero ella no lo había hecho y solamente había jodido su apariencia frente a la única persona capaz de resolver el problema que tenía.
Carmen soportaba la presión, aún sabiendo que probablemente los dedos de Santiago le dejarían una marca. Valía la pena para vengarse de tantas humillaciones que había soportado desde que el había tomado el mando.
⬇️⬇️ SANTIAGO CALDERÓN⬇️⬇️