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Deseo Prohibido

Deseo Prohibido

Status: En proceso
Genre:Romance de oficina / CEO
Popularitas:7.3k
Nilai: 5
nombre de autor: Arianna Rose

​"Ella es la inocencia que él no puede tocar. Él es el pecado que ella no puede evitar."
​Lucía Bennet es dulce, romántica y nunca ha conocido el amor. Como asistente de Dante Moretti, sabe que él es un hombre prohibido: está comprometido con una heredera poderosa y una cláusula en su contrato le prohíbe acercarse a él bajo pena de una demanda millonaria.
​Dante es implacable y frío, pero la pureza de Lucía ha despertado en él una obsesión que no puede controlar. Tras la fachada del CEO perfecto, se esconde un deseo insaciable que amenaza con destruirlo todo.
​Atrapados en una suite en Milán, la línea profesional se rompe. Entre una boda por interés, una familia que exige obediencia y un contrato legal implacable, ambos se hunden en una pasión clandestina.

NovelToon tiene autorización de Arianna Rose para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.

Territorios en conflicto

A las ocho en punto, el cielo de Manhattan se tiñó de un azul eléctrico, el tipo de luz que hace que los rascacielos parezcan titanes de cristal. Lucía salió por la puerta trasera de la Fundación, tal como indicaba el correo. Su corazón latía con una mezcla de anticipación y miedo. Se había retocado el labial, un gesto inconsciente que delataba sus nervios, y llevaba su abrigo oscuro ceñido a la cintura.

Sin embargo, antes de ver el coche negro de Dante, vio una figura familiar junto a una farola.

—¿Julian? —preguntó ella, deteniéndose en seco.

Julian se giró con una sonrisa cálida, sosteniendo un ramo de peonías blancas, las favoritas de Lucía.

—Sé que es atrevido aparecer así, Lucía, pero no podía dejar pasar el primer día de tu nuevo trabajo sin desearte suerte. Pensé que podríamos ir a cenar algo tranquilo por aquí cerca.

Lucía sintió que el mundo se detenía. La amabilidad de Julian era genuina, pero en ese momento, era un obstáculo peligroso.

—Julian, es muy amable de tu parte, de verdad, pero...

—Ella ya tiene planes, doctor —una voz de barítono, fría y cortante como un bisturí, interrumpió la frase.

Dante Moretti emergió de las sombras del coche blindado que acababa de estacionarse. Su presencia fue como un eclipse; de repente, Julian parecía pequeño, ordinario. Dante caminaba con una elegancia letal, sus ojos grises fijos en el ramo de flores como si fueran una ofensa personal.

Julian, aunque intimidado por el aura de poder que emanaba de Dante, no retrocedió.

—¿Y usted es...?

—Su jefe —respondió Dante, deteniéndose a centímetros de Lucía y colocando una mano posesiva en la pequeña de su espalda. El calor de su palma atravesó el abrigo de ella, marcando territorio—. Y la señorita Bennet tiene una cena de negocios urgente que no puede posponerse por... flores.

Lucía miró a Julian, sintiendo una punzada de vergüenza.

—Julian, lo siento mucho. Es un asunto de la firma.

Julian asintió lentamente, captando la electricidad violenta que vibraba entre Lucía y el hombre que la sujetaba.

—Entiendo. Quizás en otro momento, Lucía. Suerte con... los negocios.

Cuando Julian se alejó, Dante soltó un suspiro de furia contenida. Sin decir una palabra, guio a Lucía hacia el interior del coche. El silencio dentro del vehículo era asfixiante.

—¿Flores, Lucía? ¿En serio? —soltó él mientras el coche arrancaba—. Te dejo sola una semana y permites que un médico de pueblo te corteje en la puerta de mi propiedad.

—Él es solo un amigo, Dante. Y no es tu propiedad, es la Fundación de tu hermana —replicó ella, aunque su voz carecía de fuerza porque la cercanía de él la estaba desarmando—. Además, tú no tienes derecho a reclamarme nada. Estás comprometido.

Dante golpeó el asiento con el puño, haciendo que Lucía saltara.

—¡Ese compromiso es un pedazo de papel! Lo que pasó en Milán... lo que siento cuando no estás cerca... eso no es un papel, Lucía. Es una maldita enfermedad.

El coche se detuvo frente a un penthouse privado en Gramercy Park, un lugar que Lucía no conocía. Dante la llevó casi a rastras hasta el ascensor y, una vez dentro de la lujosa estancia, cerró la puerta con llave. La luz de la ciudad entraba por los ventanales del piso al techo, iluminando el rostro atormentado de Dante.

—Isabella me dio esto —dijo ella, sacando la foto del niño pequeño que él había sido—. Me contó lo de tu padre. Entiendo por qué eres así, Dante. Entiendo por qué necesitas controlarlo todo. Pero no puedes controlarme a mí como si fuera una acción de tu empresa.

Dante se quedó helado al ver la foto. Se acercó a ella, su respiración volviéndose errática. La armadura de hielo comenzó a agrietarse frente a la única mujer que se atrevía a mirarlo con compasión en lugar de miedo.

—Mi padre me enseñó que si quería algo, debía poseerlo por completo o destruirlo para que nadie más lo tuviera —susurró él, acortando la distancia hasta que sus pechos se rozaron—. Pero contigo... contigo tengo miedo de ambas cosas.

Dante la tomó del rostro con ambas manos. Sus pulgares acariciaron sus pómulos con una ternura desesperada.

—No vuelvas a aceptar flores de nadie. No vuelvas a mirar a otro hombre como si pudiera darte la paz que yo no tengo.

—Tú no me das paz, Dante —respondió ella, rodeando su cuello con los brazos, rindiéndose finalmente al hambre que sentía—. Tú me das fuego.

Dante no esperó más. La besó con una voracidad que hablaba de días de abstinencia y celos enfermizos. La llevó contra el gran ventanal, con las luces de Nueva York como testigos de su pecado. Sus manos bajaron por su cuerpo, reconociendo cada curva que había memorizado en Milán, mientras Lucía gemía contra sus labios, aferrándose a él como si fuera su único anclaje en medio de la tormenta.

En ese ático, lejos de Alessia, de los Van Doren y del fantasma de su padre, Dante y Lucía se entregaron a una danza de caricias y confesiones susurradas que los llevó al borde de un abismo del que ninguno quería regresar. El deseo ya no era una chispa; era un incendio forestal que Manhattan no podría apagar.

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Tere Jimenez
muy interesante el capítulo
Tere Jimenez
muy emocionante el principio gracias por compartir
Isbelia Narvaez
amiga escritora me encanto tu novela....felicidades...
yanetsi izarra: Aaww☺️ Gracias amiga! Me alegra mucho saber que te gustó 🥰
total 2 replies
Tere Jimenez
empieza muy interesante gracias por compartir
yanetsi izarra: Me alegra mucho que te haya gustado! Gracias a ti!
total 1 replies
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