Después de amar obsesivamente y morir, Elijah Grant despierta con una segunda oportunidad y un juramento: esta vez no permitirá que el amor lo destruya. Decidido a huir del hombre al que amó unilateralmente durante años, planea una nueva vida lejos de él.
Pero el pasado no se olvida tan fácilmente.
El hombre que lo marcó se niega a dejarlo ir, y una amenaza inesperada vuelve a poner su vida en peligro.
Cuando el amor se confunde con posesión y el destino insiste en repetirse…
¿podrá Elijah escapar de su final o está condenado a revivirlo?
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Capítulo 04. Aparente armonía.
Regresé a la sala después de diez minutos. El bullicio se había instalado cómodamente entre ellos; las risas y murmullos llenaban el aire, como si el pasado nunca hubiera existido. Axel parecía completamente relajado, su falsa modestia se había transformado en una familiaridad irritante. Se había sentado —cómo no— justo al lado de Robert. Una punzada fría me atravesó el estómago al verlos tan cerca. Disimulé mi fastidio con una sonrisa forzada y caminé hasta mi lugar, procurando pasar desapercibido. Quería que aquella reunión terminara lo antes posible.
—¿Quién era? —preguntó mi padre apenas me vio entrar, su voz cortando el murmullo general.
—De la oficina —mentí con naturalidad. Mentir era casi un reflejo para mí; lo había hecho toda mi vida. Una más no iba a condenarme más de lo que ya estaba—. Me llamaron por el proyecto de Manhattan.
Los ojos de Robert se posaron sobre mí al instante, escrutadores, desconfiados. Pude ver el leve arqueo de su ceja, esa mezcla de sorpresa e incredulidad que conocía tan bien.
—Elijah, me alegra saber que te estás tomando en serio el proyecto —comentó mi padre, con una sonrisa de satisfacción.
Asentí, devolviéndole una expresión neutra. En el fondo, me reía de la ironía.
Estudié ingeniería civil solo para trabajar junto a Robert, no por vocación, ni por amor a los números, sino por amor a él. Y sin embargo, resulté ser brillante en ello. Era uno de los mejores ingenieros civiles de ARKEN Group, la empresa conjunta entre los Grant y los Ashford. A mis veinticuatro años había logrado más que muchos otros en el doble de tiempo. Pero de nada servía el talento cuando el corazón era un desastre. En mi vida anterior, había desperdiciado todo mi potencial arrastrándome tras Robert, rogando por migajas de afecto.
—Por cierto, Axel —intervino mi primo Mark, con su habitual tono rudo y el rostro rojo por el calor del whisky o por su falta de educación, nunca lo supe—, ¿te graduaste de algo?
Fingió curiosidad, pero el desprecio en su voz era evidente.
—Soy diseñador gráfico —respondió Axel, con una sonrisa modesta que ocultaba muy bien su orgullo.
Varios asintieron, impresionados, y yo tuve que resistirme a resoplar. Claro que lo era. Era bueno en lo que hacía, lo recordaba perfectamente. En mi vida pasada habíamos coincidido en más de un proyecto, y aunque su trabajo era pulcro, Axel siempre encontraba la forma de quitarles los créditos a los demás, incluso de manipular los resultados para quedar como el genio del equipo.
—Qué coincidencia —interrumpió Robert. Su voz me sobresaltó, más de lo que habría querido admitir. Lo miré, apenas un segundo, aunque bastó para notar la chispa de interés en su rostro—. La empresa está buscando un diseñador junior. ¿Por qué no te unes a nosotros? Serías un excelente elemento.
Sentí cómo mi cuerpo se tensaba. Exactamente igual que la vez anterior. Aquella escena ya la había vivido, palabra por palabra. En mi vida pasada, Axel también había entrado a ARKEN como diseñador junior. Siempre creí que había sido idea de mi padre o un gesto de caridad de Robert, pero ahora sabía la verdad: fue Robert quien le ofreció el puesto, con esa misma sonrisa.
En aquel entonces, yo me había consumido por celos, porque Axel entró directamente al equipo de diseño bajo la supervisión de Robert. Yo, en cambio, dirigía otro departamento, apartado de él, viéndolos compartir tiempo, risas, complicidad... mientras yo me quedaba con la nada.
—No quiero ser una molestia —murmuró Axel, bajando la mirada con falsa modestia.
Casi solté una carcajada. El teatro era perfecto, y lo peor es que todos caían una vez más.
—No es ninguna molestia —intervino mi padre con entusiasmo, posando su mano sobre la de Axel—. Si estás buscando trabajo, hijo, ese puesto podría ser tuyo. —Se giró hacia mí con expectación—. ¿Qué opinas, Elijah?
El aire pareció espesarse de golpe. Por dentro, mi cuerpo ardía. Claro que no lo quería cerca. Axel era el recordatorio viviente de mi derrota, del futuro que juré evitar. Pero sabía que, dijera lo que dijera, el resultado sería el mismo. Robert y Axel terminarían juntos, atraídos como dos imanes enfermos.
—Sería un buen elemento —respondí, procurando sonar sincero—. Si cumple con las expectativas de la empresa y del señor Ashford, no veo problema alguno.
Mi voz no tembló, pero por dentro hervía. Robert me miró, frunciendo el ceño. No parecía complacido; más bien irritado, como si no entendiera de dónde venía mi serenidad. No la entendía porque no la tenía. Todo era un acto. Una máscara de control sobre un volcán de furia.
«Da igual lo que piense o diga», pensé con amargura. «Al final, terminarán juntos. Casados, felices… con un maldito perro, quizá. Viviendo la vida que yo soñé y que nunca tuve.»
Aquella idea me revolvió el estómago. Esa vida fue mi sueño, mi obsesión, y también mi condena. Robert nunca me amó, ni siquiera lo intentó. Fingió afecto por lástima, por conveniencia, y trató de ser un buen esposo solo para mantener las apariencias frente a nuestro hijo.
—Vaya, sobrino —dijo Frank, el hermano del medio, soltando una carcajada ronca—, creí que ibas a hacer un escándalo.
Algunos rieron, y él continuó, mirando a Robert con sorna.
—Parece que Elijah ya superó su obsesión por ti, Robert. Tienes el camino libre.
Mi sonrisa se mantuvo en su lugar, imperturbable, aunque mis uñas se clavaron en las palmas. No podía decidir si dolía más su burla o la verdad implícita en ella.
Robert no respondió. Solo arrugó el ceño con incomodidad y desvió la mirada. No lo defendió. Nunca lo hacía.
—Bien —intervino mi padre, restándole importancia—, entonces, Axel, puedes comenzar el lunes.
La conversación continuó entre risas y comentarios superficiales. Le hablaban a Axel de la empresa, de los proyectos, de los beneficios, y él respondía con esa voz suave que tanto detestaba, compartiendo pequeñas anécdotas de trabajos pasados. Cada palabra suya me resultaba un zumbido molesto, una espina.
Yo asentía de vez en cuando, respondiendo solo cuando se me pedía opinión. Aparentemente tranquilo, aunque por dentro una tormenta se gestaba. Esta reunión era una farsa. Una de esas escenas de aparente armonía familiar que siempre precedían al caos.
Miré el reloj. Las agujas apenas avanzaban. Solo quería que todo terminara ya.
Gracias por la actualización
yo si quisiera que quedarán juntos claro después que el sufriera bastante y cambiará completamente para poder recuperar a Eli, o por lo menos que fuera un trío para que el papucho de Dominick no quede por fuera
I hate you
Bastard