El amor más profundo a menudo nace de la ceniza de la traición más amarga.
Para evitar su ejecución como la villana de la historia, Anya deberá abandonar al príncipe que la odia y forjar un pacto con el verdadero antagonista, reescribiendo su trágico final con magia y pasión.
¿Podrá cambiar su destino?
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Capítulo 21
El Paso de los Lamentos, la única ruta transitable que conectaba las tierras altas del Norte con las llanuras centrales del reino, hacía honor a su nombre. El viento aullaba entre las formaciones rocosas como el llanto de mil almas en pena. Sin embargo, no fue el viento lo que detuvo la pequeña comitiva de Liam y Anya, sino una anomalía climática que hizo que el corazón de Anya diera un vuelco: una lluvia de color ceniciento, pesada y cargada de una electricidad estática que hacía que el vello de los brazos se erizara.
—¡Es lluvia de mana! —gritó Sagan, intentando controlar a los caballos que relinchaban presos del pánico—. ¡Señor, el aire está saturado de magia inestable! Si seguimos avanzando, el carruaje estallará por la presión de los cristales de las ruedas.
Liam Gallagher no esperó. Abrió la puerta del carruaje y extendió su mano hacia Anya.
—Baja. Ahora. Hay una gruta unos metros más arriba. Sagan, lleven a los caballos al saliente inferior. ¡Muévanse!
Anya tomó la mano de Liam y saltó fuera. El frío la golpeó como un muro físico, pero fue la sensación de la lluvia lo que la paralizó. Era idéntica a la atmósfera que recordaba de su última noche en la Tierra, justo antes de que los faros del coche la cegaran. Cada gota que caía sobre su capa de viaje parecía llevar un eco de su pasado.
Corrieron bajo el aguacero plateado hasta que se adentraron en las profundidades de una cueva natural. El silencio que siguió fue absoluto, roto solo por el goteo rítmico del agua en la entrada y el jadeo de ambos. Liam, con un movimiento fluido de su mano, encendió una pequeña llama azul sobre un montón de ramas secas que alguien había dejado allí.
—Estás temblando —observó Liam, su voz baja y despojada de su habitual ironía. Se quitó su pesada capa de piel de oso y la envolvió alrededor de los hombros de Anya—. No es solo el frío, ¿verdad? Es esta lluvia. Sabes algo de ella.
Anya se sentó cerca del fuego, abrazando sus rodillas. La luz azulada de la llama proyectaba sombras danzantes sobre las paredes de la cueva, haciendo que sus ojos rojos parecieran dos ascuas ardientes.
—En la capital la llaman "Lluvia de la Purificación" cuando ocurre cada cien años —susurró ella—. Pero yo sé lo que es en realidad. Es el exceso de magia que el mundo no puede digerir. Es un error en el sistema.
Liam se sentó frente a ella, observándola con una intensidad que la obligó a levantar la vista.
—Desde que llegaste a la Fortaleza Sombría, has hablado de "sistemas", de "trampas" y de "finales escritos". Anya, te lo pregunté una vez y me diste una respuesta de política. Ahora te lo pregunto como el hombre que va a entrar contigo en el nido de víboras de la capital: ¿Quién eres tú y cómo sabes lo que va a pasar?
Anya cerró los ojos. Sabía que este momento llegaría. Si iba a enfrentar a Erick y a Mía, necesitaba que el hombre más peligroso del reino no solo fuera su aliado, sino que entendiera la magnitud de la guerra que estaban librando contra el destino mismo.
—Si te dijera que este mundo, tu vida, tu ducado y hasta tu propia muerte son solo palabras impresas en un libro... ¿me creerías? —preguntó ella, con una sonrisa triste.
Liam no se rió. No se movió. Simplemente esperó.
—Yo no soy la Anya O'Higgins que creció contigo en la corte —continuó ella, su voz ganando firmeza—. Esa mujer murió... o quizás nunca existió de la forma en que crees. Yo vengo de un lugar donde no hay magia de cristales, sino luces artificiales y máquinas de metal. Morí allí, traicionada por las personas en las que más confiaba, leyendo una historia sobre este reino.
—Una historia —repitió Liam, saboreando las palabras—. ¿Y qué decía esa historia sobre mí?
Anya suspiró, el vapor de su aliento mezclándose con el humo del fuego.
—Decía que eras el villano. Decía que, consumido por la envidia y el aislamiento del Norte, intentarías usurpar el trono y que Erick te ejecutaría tras una batalla épica. Decía que yo, la villana despechada, moriría sola y odiada por todos tras intentar envenenar a Mía Roster.
Liam soltó una carcajada amarga, pero sus ojos permanecían fijos en los de ella.
—Vaya final. Parece que el autor de tu libro tenía una imaginación muy limitada para los que no somos "bendecidos por la luz".
—Ese es el punto, Liam —dijo Anya, extendiendo su mano hacia el fuego sin quemarse—. He cambiado el guion. El relicario de Mía debía haberme destruido hoy. Pero estoy aquí. Tú debías ser un monstruo solitario, pero aquí estás, arriesgando tu posición por una mujer que se supone que es tu enemiga natural.
Liam se inclinó hacia adelante, su mano atrapando la de Anya. Sus dedos eran cálidos y ásperos, un anclaje a la realidad en medio de aquella confesión demencial.
—¿Por qué me lo cuentas ahora? Podrías haberme seguido usando como tu escudo sin decirme la verdad.
—Porque la traición duele más cuando viene de alguien en quien confías —respondió Anya, y por primera vez, hubo lágrimas de frustración en sus ojos—. En mi vida pasada, me atropellaron después de descubrir que mi mejor amiga y mi prometido me estaban robando todo. No puedo pasar por eso otra vez. Si vamos a la capital, necesito saber que no estás conmigo porque me deseas o porque me temes, sino porque entiendes que somos los únicos dos seres libres en un mundo de marionetas.
Liam apretó su agarre. En ese momento, la lluvia afuera pareció arreciar, golpeando la piedra con furia, pero dentro de la cueva, el vínculo entre ellos se solidificó de una manera que ninguna magia podría replicar.
—Me importa poco si eres un alma de otro mundo o una sombra de este —declaró Liam con una solemnidad que hizo vibrar el aire—. El hombre que el destino quería que fuera está muerto. El hombre que soy ahora... ese hombre ha elegido a su reina. No me importa el trono de Erick, Anya. Pero quemaré cada página de ese "libro" tuyo si alguien intenta tocarte.
—¿Incluso si eso significa que nunca tendremos un "final feliz" como el de los protagonistas? —preguntó ella, desafiante.
Liam sonrió, y esta vez, la calidez llegó a sus ojos oscuros.
—Los finales felices son aburridos, Anya. Prefiero un final real, donde nosotros seamos los que sostengamos la pluma.
Anya sintió que un peso inmenso se levantaba de sus hombros. La lealtad de Liam Gallagher no era la de un caballero andante; era la de un guerrero que había encontrado una causa por la que valía la pena desafiar al cielo mismo.
—Hay un secreto más —dijo Anya, bajando la voz mientras el fuego comenzaba a morir—. Mía Roster no es tan humana como parece. En el libro, se dice que es la descendiente de la "Luz Primordial", pero hay un capítulo que nunca se terminó de escribir. La Iglesia oculta algo en los sótanos de la Catedral de la Luz. Algo que tiene que ver con la sangre de los O'Higgins y el porqué mi familia fue condenada al ostracismo.
—Lo descubriremos —prometió Liam—. Si ese es el precio para desmantelar la farsa de Erick, excavaremos hasta los cimientos de la capital si es necesario.
La lluvia comenzó a amainar, transformándose en una neblina suave que cubría el paso. Fuera, se oían las voces de Sagan y los guardias llamándolos. Pero antes de levantarse, Liam se acercó al oído de Anya y susurró:
—Bienvenida al mundo real, Anya. No dejaré que nadie te arrebate esta vida.
Anya asintió, sintiendo por primera vez que ya no era una espectadora en un cuerpo ajeno. Era Anya O'Higgins, la mujer que sabía el final, y estaba a punto de escribir un epílogo que nadie en ese reino olvidaría jamás.
qué paso con el papá, el rey y quienes son ceniza y rosa?
🫥 (joder soy gata)