Amanda, hija adoptiva de Tania y el señor Li. Es la heredera de un imperio de la mafia, se ha entrenado por años para llevar una doble vida siendo una abogada exitosa y una mujer del mundo oscuro que sin dudas dará de qué hablar. Sin embargo, el hijo de un líder de otra organización está compitiendo por el mismo puesto que ella. Destinados a ser enemigos comienza una batalla entre ambos jóvenes prometedores. Nadie creer que puedan llevarse bien, pero si del amor al odio hay solo un paso. ¿Cuantos puede haber entre el odio y el amor?
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Capítulo veintidós
Zack quiere poder
Regresé del gimnasio del edificio y escuché la discusión de Amanda y Alex. Ella me había defendido y a nuestra supuesta relación. Una parte de mí deseaba que sus palabras fueran reales. Ya que me hicieron sentir que alguien podría quererme por mí mismo y no por ser un Sergey.
—¿Viniste a torturar a mi novia? —le pregunté a mi hermano y este me miró asustado—. Alex, ocúpate de tus asuntos.
Amanda vino a donde yo estaba y me abrazó con fuerza. Me pidió que fuéramos a desayunar a fuera y aunque aún tenía que ducharme tomé su mano y salimos. Estuvo muy callada hasta que llegamos al coche. Una vez que entramos me preguntó si podíamos conversar sobre algunas cosas que había dicho mi hermano.
—Claro, es lo menos que puedo hacer. ¿Qué deseas saber? —pregunté sabiendo que había temas que no podría mencionar.
—Anoche tu hermano supuso que yo fingía no estar con nadie por lo que te ocurrió con esa chica. Al parecer pensó que me contaste algo. ¿Puedes decirme a qué se refería? —preguntó y suspiré—. Si te resulta molesto no es necesario que lo hagas.
—Una vez estuve preso por abusar de una chica —dije y Amanda me miró, pero no se inmutó. Por lo que proseguí—. Estuvimos juntos en casa de Matías cuando estábamos haciendo el doctorado, al parecer ella no sabía que tenía un problema en el que su cuerpo sangraba mucho. Y me mintió diciéndome que ya había estado con otro. Sus lesiones parecían las de un abuso cuando la revisaron en el hospital, por lo que me dieron prisión preventiva. Ella después explicó que en su familia había personas con el mismo trastorno en la sangre y junto con el testimonio de su amiga y Matías pude salir en libertad.
—Supuse que había sido una confusión. Si fueras de los que abusan de mujeres ya me habría dado cuenta —dijo mientras miraba por la ventana.
—¿Tienes miedo de mí? —le pregunté y se volteó para verme.
—¿Por qué debería temerte? —preguntó mientras lucía una bella sonrisa. Yo quería creer que eso podía ser cierto y frente a ella parecía factible, aunque en el fondo entendía que era imposible. Estar con el heredero de un imperio mafioso no era para cualquier mujer—. Tu hermano dice que nuestra relación no tiene futuro. ¿Es porque debes casarte con esa mujer?
—Mi hermano está un poco celoso de ti —reconocí.
—¿Por qué estaría celoso? —preguntó con claras dudas.
—Porque no le conté de tu existencia. Siempre hablamos de todo y esta vez se siente excluido —le expliqué.
Cuando detuve el coche, le pregunté si estaba bien que siguiéramos saliendo y sonrió. No pude evitarlo, no podía olvidar lo bien que se había sentido besarla. Por lo que sin su permiso rocé sus labios con los míos. Esperé un golpe o una negativa y, sin embargo, ella me atrajo hacia sí. ¿Había empezado a gustarle? Ella me había dicho que quería seguir conmigo pese a saber que debía casarme con otra mujer. ¿Por qué yo también quería hacerlo?
—¿Por eso no quieres estar conmigo? —preguntó cuándo me aparté de ella.
—¿A qué te refieres? —pregunté tratando de calmarme, ese beso me daba ganas de más.
—Dijiste que te gusto más cómo soy, pero te gusto menos por saber que no tengo experiencia —me recordó.
—Amanda, yo no sé qué es lo que me ocurre. Desearía poder ser claro contigo, pero no puedo —le aseguré, ella pareció sonrojarse.
—Hagamos un pacto —dijo y me recordó a mi infancia—. No hablaremos sobre si esta relación es real o solo es para convencer a nuestros padres de que nos dejen vivir nuestras vidas. No cuestionemos nuestros sentimientos y nuestras acciones. Solo seamos nosotros mismos.
¿Qué era lo que Amanda me proponía? Hablaba de una manera que comprendía, pero que a la vez no estaba seguro de entender. ¿Era eso posible?
—Solo tratemos de estar de acuerdo en lo que decidamos hacer —dijo y se acercó a mí para besarme.
Hacía menos de un mes que nos conocíamos y ya la sentía tan cercana. ¿Cuánto tiempo era necesario para entendernos por completo?
—Está bien. Sin embargo, si eres mi novia debemos hacer algunos cambios para que suene más creíble —le dije y ella me miró sorprendida—. Envía tu móvil a arreglar si lo deseas, pero debes dejar que te compre algunas cosas. Mi novia no puede andar por la vida como si yo no me preocupara por ella.
—¿De qué estás hablando? —preguntó y la llevé a comprarse un teléfono nuevo y un portátil.
—Es mucho dinero —dijo al ver lo que salía el teléfono que quería comprarle.
—Nada es mucho para mi linda novia —dije frente a la vendedora, ya que me había estado mirando toda la mañana y no me interesaba alguien que no fuera Amanda.
Al volver a casa me di una ducha mientras que Amanda me preguntaba desde el dormitorio que era lo que debía decirles a sus padres para justificar su ausencia en las fiestas. Era gracioso porque estaba en la puerta del baño, pero mirando hacia el dormitorio, al parecer no quería verme desnudo. Sin embargo, a la mañana temprano cuando desperté la vi llevando ese conjunto que parecía estar en su cuerpo solo para molestarla, ya que no cubría nada.
—Dile que te llevaré a conocer a mis padres y yo le diré a mi papá lo mismo. Podemos irnos esa semana a descansar a algún lugar donde no tengamos señal en el móvil y así no puedan preguntarnos qué hacemos —dije y le toqué el hombro. Ya me había colocado la toalla por lo que solo podía ver mis bellos pectorales.
—Entraré a ducharme —dijo sin mirarme y me quedé en la puerta—. Sola.
Su aclaración me hizo gracia. Aunque me llamaron mis hombres y tuve que cerrar la puerta. Al parecer no había rastros del hacker que se había metido en la computadora del decano. Por lo que preferí seguir con lo planeado. Aunque primero necesitaba tener una buena coartada. Tal vez podría aprovechar cuando llevara a Amanda de vacaciones para ir al mismo paraje donde estaría mi segundo objetivo.
Autora: Osaku
gracias
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