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La Duquesa

La Duquesa

Status: Terminada
Genre:Época / Romance / Matrimonio arreglado / Completas
Popularitas:153.2k
Nilai: 4.9
nombre de autor: Melany. v

Novela +18.

Vivir en un matrimonio político no es tan maravilloso cuando tu marido te desprecia. pero Rosaline tomará las riendas de su vida y al duque también. Porque ella es la duquesa.

NovelToon tiene autorización de Melany. v para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.

Capítulo 6 — Lo que empieza a cambiar

No tardé en notar que Erick comenzó a buscarme, no de una forma evidente ni cómoda, no con gestos suaves ni palabras fáciles, lo hacía como hacía todo, directo, sin adornos, apareciendo en los momentos menos esperados, interrumpiendo mis actividades como si no existiera otra forma de acercarse que no fuera enfrentando; la primera vez fue en la biblioteca, yo estaba revisando cuentas, intentando entender el desorden que sostenía ese ducado, hojas dispersas, números que no coincidían, gastos sin justificación clara, y una sensación incómoda de que aquello no era descuido, era mala administración.

—No esperaba encontrarte aquí —dijo desde la puerta.

No levanté la vista de inmediato.

—Tampoco yo esperaba que este lugar estuviera tan mal organizado.

Entró sin pedir permiso, caminó despacio hasta el escritorio y se apoyó frente a mí, cruzando los brazos.

—¿Ya estás juzgando mi casa?

—Estoy entendiendo en qué me metieron.

Eso lo hizo mirarme con más atención. Hubo un silencio breve, no incómodo, más bien cargado de algo que ninguno dijo en voz alta, Erick tomó una de las hojas y la observó.

—¿Qué ves?

—Deudas mal distribuidas, pagos atrasados, acuerdos que parecen firmados sin estrategia, gastos que no generan retorno, ¿quieres que continúe?

Su expresión no cambió, pero su mirada sí.

—Continúa.

—El problema no es solo dinero, es control, alguien está tomando decisiones sin pensar en el futuro del ducado.

Dejó la hoja en la mesa.

—Eso lo sé.

—Entonces ¿por qué no lo arreglas?

No lo dije con reproche, lo dije directo, y él no lo tomó mal, tampoco lo ignoró.

—Porque no confío en nadie para hacerlo.

—Entonces empieza conmigo.

El silencio que siguió fue más largo, más pesado, Erick inclinó un poco la cabeza, como si analizara cada palabra que había dicho.

—¿Te estás ofreciendo?

—Estoy haciendo lo que nadie más ha hecho.

—¿Que es?

—Decir la verdad sin miedo a incomodarte.

Eso lo hizo sonreír apenas, una de esas sonrisas que no duran pero que cambian el ambiente.

Se quedó mirándome unos segundos más, luego tomó otra hoja.

—Explícame esto.

Me acerqué un poco, señalé las cifras.

—Aquí hay un desbalance, estás pagando más en mantenimiento de tierras improductivas que en inversión de producción, eso no tiene sentido.

—Son tierras antiguas.

—Entonces véndelas o hazlas producir.

—No es tan simple. Es de la familia.

—Dejas de aferrarte a lo que ya no funciona.

No apartó la mirada de mí mientras hablaba, y eso empezó a afectarme más de lo que quería admitir, no era una conversación cualquiera, había algo más, una tensión que no venía del conflicto, sino del interés.

—Hablas como si hubieras manejado un ducado.

—He vivido toda mi vida viendo cómo se negocia el poder.

—¿Tu madre?

—Mi madre no negocia, impone. Pero mi padre me enseñó todo sobre la administración.

Hubo otro silencio, más corto esta vez, pero suficiente para que algo cambiara, Erick dejó los papeles a un lado.

—Ven conmigo.

No pregunté a dónde, lo seguí.

Caminamos por los pasillos hasta llegar a una sala más pequeña, cerrada, privada, donde había más documentos, mapas, registros de propiedades.

—Aquí está todo lo que no muestro a nadie.

Lo miré.

—¿Por qué a mí sí?

—Dijiste que confiara en tí. Te daré esa prioridad. No me decepciones.

Eso me detuvo un segundo, no era un halago, pero lo sentí como uno.

Me acerqué a la mesa, revisé los mapas, señalé algunas zonas.

—Estas tierras tienen potencial, pero están mal gestionadas, necesitas gente nueva, gente que no esté acostumbrada a obedecer sin pensar.

—¿Y quién los va a manejar?

—Yo puedo empezar a organizarlos.

—¿Estás segura?

Lo miré directo.

—Estoy cansada de sentir que no tengo lugar aquí, si voy a quedarme, voy a hacerlo bien y como la duquesa.

Su expresión cambió apenas, algo más serio, más profundo.

Se acercó un poco más.

—Te voy a cuestionar cada decisión.

—Hazlo.

—Te voy a llevar la contraria.

—Estoy acostumbrada.

Hubo una pausa, y luego dijo, más bajo:

—Quiero ver hasta dónde llegas.

Sentí algo en el pecho, no era incomodidad, era otra cosa, algo que me empujaba a sostenerle la mirada.

—Hazlo. Si quieres ver cómo trabajo bajo presión tienes que esforzarte más.

Esa vez la sonrisa fue más clara.

—Eso suena a orden.

—Tal vez lo es. Y empiezo a sospechar que mi esposo no sabe escuchar.

Se quedó mirándome, sin moverse.

—Cuidado con eso.

—¿Con qué?

—Podrías gustarme demasiado cuando hablas así.

Sentí el calor subir, pero no bajé la mirada.

—Aprender a soportarlo.

El silencio se sostuvo entre nosotros, finalmente él se apartó.

—Mañana empezamos.

—Hoy.

—Eres insistente.

Salí de esa sala con una sensación distinta, no había ganado nada aún, pero algo se había movido, no solo en la casa, también entre nosotros.

Los días siguientes cambiaron el ritmo de todo, Erick aparecía en momentos inesperados, no para supervisar, sino para discutir, cuestionar, provocar; yo ya no evitaba esos choques, los buscaba, porque en ellos encontraba algo que no había tenido antes, un espacio donde no tenía que ser cuidadosa, donde podía hablar sin medir cada palabra.

—Estás cambiando demasiado rápido las decisiones —dijo una tarde mientras revisábamos cuentas.

—No. Solo estoy corrigiendo errores.

—Podrías perder apoyo.

—Nunca lo tuve.

Eso lo hizo quedarse en silencio un segundo.

—No te importa caer mal.

—¿Siempre conviertes todo en un desafío?

—Solo lo que vale la pena. Cómo tú.

Podía sentir la cercanía, la forma en que su presencia ocupaba el espacio sin esfuerzo, y aunque no había contacto, era imposible ignorarlo.

—Te gusta provocarme.

—Me gusta sí y ver cómo respondes.

—No soy la mujer sumisa que todo piensan.

Nos quedamos en silencio unos segundos más, luego él se apartó como si nada hubiera pasado.

—Mañana quiero que revises los acuerdos del sur.

—Lo haré.

—Y no tomes decisiones sin consultarme.

—No prometo eso.

—Que difícil eres.

—Tú también.

—Por eso estamos funcionando.

Esa frase se quedó conmigo más tiempo del que debería.

Esa noche, mientras repasaba documentos, entendí algo que no había querido ver antes, no estaba sola en esto, y aunque Erick no ofrecía apoyo de la forma que cualquiera esperaría, había algo en su forma de enfrentarse a mí que me empujaba a ser mejor, a no retroceder, a sostener cada palabra.

Y eso cambiaba todo.

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Dulce Blancas Ruiz
excelente novela. me encantó felicidades autora 👏
Irene Nievecita
Siempre me sorprendes con tus historias, esta estuvo corta pero redondita, no falta ni sobra nada es perfecta, gracias una vez más por tu tiempo y tu inspiración para crear historias entretenidas, que dan la impresión de vivirlas como en las películas, pir lo menos yo me siento parte de la historia y logro imaginar cada detalle de la misma
Irene Nievecita
Me alegro que el se diera cuenta que ella no es una damisela, que no sabe resolver los problemas, también me gusta mucho que le demuestre con palabras que la ama mucho
Irene Nievecita
Eso sí que fue un giro inesperado de los acontecimientos, ella sabe defenderse y muy bien por lo demás. Y se da el lujo de reclamarle por demorarse.👏👏👏👏👏
Irene Nievecita
Esa recompensa si estuvo muy caliente, yo quisiera una recompensa así de abundante☺️☺️☺️☺️
Irene Nievecita
No hay peor ciego que el que no quiere ver
Irene Nievecita
Era lo menos que debía esperarse de parte de Gabriela, sentirse traicionada, por llevar ella la casa, pero de ahí a sentir que ella tenia un peso especifico en la vida de él, no tiene ningún sentido, por más que él hubiera tenido sexo con ella, solo era parte de la servidumbre y nada más
Irene Nievecita
Hasta que al fin vio las estrellas, como debe ser, tiene un hombre joven, fuerte. apasionado y muy bien dotado, mejor suerte imposible.
Irene Nievecita
Así se habla con la verdad, nada de fingir, que el note que también estas interesada por tener un conocimiento más cercano del tamaño y grosor de su virtud como hombre🤭🤭🤭🤭
Irene Nievecita
Que bueno que ella ya no es la muchachita sin personalidad, que crío lady Valmont, ahora es una mujer casada, con responsabilidades y los sirvientes deben tenerlo claro en especial la tal Gabriela, sino debe despedirla así de sencillo.
Irene Nievecita
El no le quiere dar su lugar, el espera que ella saque el carácter que vio en ella el día que se casaron, así que a ganar en contra de la famula que se cree duquesa.
Irene Nievecita
No debe permitir por ningún motivo, que esa famula se crea la dueña de casa, ella es la duquesa y lo debe poner de relieve desde el principio, la obligación de ella es hacerse cargo, de todo lo relativo con la casa y la servidumbre
Irene Nievecita
Por lo menos no es un duque altanero, que impone sus derechos
Irene Nievecita
grasias por esta nueva historia
Sandra Vielmas
mee encantó esta historia. te felicito así me gustan cortas...🙏❤felicidades
Sandra Vielmas
entonces esa zorra se acostaba con el. por eso tanto coraje y altaneria
Sandra Vielmas
sán Francisco de los palos... Que Estrada le dieron😂😂😂/Facepalm//Facepalm//Facepalm//Facepalm/
Aniramairos
Va a agarrar una infección infernal, eso no se hace 🤭
Yajaira Castellanos
porq no la despide
KJ
Me encantó un montón la historia, es corta pero pero muy linda, me gusto muchísimo la personalidad de la protagonista y tu forma de narrar todo, estuvo muy precioso todo, gracias por escribir y compartirnos tan bonito libro 🫶🏻🫶🏻☺️🥰
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