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“Amarte Otra Vez Desde Cero”

“Amarte Otra Vez Desde Cero”

Status: En proceso
Genre:Reencuentro / Matrimonio arreglado / Amor-odio
Popularitas:23.2k
Nilai: 5
nombre de autor: Adri pacheco

Es una historia de un matrimonio por contrato entre un CEO frío y una mujer que acepta casarse por necesidad. Lo que empieza como un acuerdo sin amor se convierte en una relación intensa donde ambos terminan enamorándose, pero deben enfrentar traiciones, separación y pérdida de memoria que ponen a prueba su relación.

NovelToon tiene autorización de Adri pacheco para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.

capitulo 5

🖤 Capítulo 5 — Una casa sin hogar

El primer día en la mansión Volkov fue… silencioso.

Demasiado.

Elena se despertó sin saber exactamente dónde estaba.

Durante unos segundos, su mente intentó aferrarse a lo conocido: el techo pequeño de su antigua habitación, el ruido suave de Luna moviéndose en la cama de al lado, el murmullo de Sofía en la cocina.

Pero nada de eso estaba ahí.

Cuando abrió los ojos…

Solo vio amplitud.

Orden.

Vacío.

Se incorporó lentamente en la cama. Las sábanas eran suaves, perfectas, sin una sola arruga. Todo estaba exactamente como debía estar.

Menos ella.

Se llevó una mano al rostro, intentando despejarse.

No había soñado.

Todo era real.

El contrato.

La boda.

La casa.

Él.

Leonardo Volkov.

Se levantó despacio, sintiendo el frío del suelo bajo sus pies. Caminó hasta el baño, tan grande que parecía de hotel. Todo brillaba. Todo estaba en su lugar.

Pero no había nada suyo.

Ni un detalle.

Ni una marca.

Nada que dijera que alguien vivía ahí de verdad.

Se miró en el espejo.

Y por un segundo…

No se reconoció.

No era la Elena de antes.

No era la hermana mayor que corría de un lado a otro para cuidar a las demás.

No era la chica que hacía cuentas cada noche para ver si alcanzaba.

Ahora era…

Señora Volkov.

Un apellido que no sentía.

Un papel que no había elegido por amor.

Respiró hondo.

Y salió.

El pasillo era largo.

Elegante.

Frío.

Cada paso de Elena parecía perderse en el espacio, como si la casa se tragara los sonidos.

Bajó las escaleras lentamente.

Todo estaba en silencio.

Demasiado.

Ni música.

Ni voces.

Ni vida.

Llegó al comedor.

Una mesa enorme.

Preparada.

Perfecta.

Pero vacía.

—Buenos días, señora Volkov.

Elena giró.

Una mujer mayor, de expresión amable, estaba de pie a unos metros.

—Soy Marta. Me encargo de la casa.

Elena asintió levemente.

—Buenos días.

—El desayuno está listo.

Señaló la mesa.

Todo estaba servido.

Frutas.

Café.

Pan.

Demasiado para una sola persona.

Elena se sentó.

Miró la silla frente a ella.

Vacía.

Y entendió algo.

Él no iba a aparecer.

—El señor Volkov ya salió —dijo Marta, como si hubiera leído su mente—. Tiene una agenda muy ocupada.

Claro.

Trabajo.

Siempre trabajo.

Elena bajó la mirada.

—¿Siempre es así?

Marta dudó apenas.

—El señor Volkov… rara vez desayuna en casa.

No le sorprendió.

Pero igual…

Dolió un poco.

—¿Y cena?

—Depende.

Eso era suficiente respuesta.

Elena tomó la taza de café.

Estaba caliente.

Perfecto.

Pero no tenía sabor.

O tal vez… era ella la que no sentía nada.

Después del desayuno, no sabía qué hacer.

Ese fue el verdadero problema.

No tenía tareas.

No tenía responsabilidades.

No tenía propósito.

La casa funcionaba sola.

Las personas trabajaban para que todo estuviera en orden.

Y ella…

No encajaba en ningún lugar.

Caminó por los pasillos.

Observando.

Aprendiendo.

Todo era grande.

Todo era impecable.

Pero no había fotos.

No había recuerdos.

No había historia.

Era una casa diseñada para impresionar…

No para vivir.

Se detuvo frente a una puerta entreabierta.

Miró dentro.

Una oficina.

Ordenada.

Fría.

El escritorio perfectamente alineado.

Papeles organizados.

Nada fuera de lugar.

Leonardo.

Se notaba.

Incluso sin estar ahí.

Elena no entró.

No le correspondía.

Cerró la puerta suavemente.

Horas después…

Seguía sintiendo lo mismo.

Vacío.

Se sentó en uno de los sillones del living.

Miró el reloj.

El tiempo pasaba lento.

Pesado.

Denso.

Y lo peor…

Era que nadie la necesitaba.

Por primera vez en años…

No tenía a quién cuidar.

No tenía a quién ayudar.

No tenía a quién sostener.

Y eso…

Le dolía más que el cansancio de antes.

Porque el cansancio tenía sentido.

Esto no.

Tomó su teléfono.

Dudó un segundo.

Y llamó.

—¿Elena?

La voz de Sofía sonó del otro lado.

Tensa.

Como siempre.

—Hola…

—¿Estás bien?

Elena miró alrededor.

La casa.

El silencio.

La distancia.

—Sí.

Mentira.

—¿Dónde estás?

—En la casa.

—¿Es grande?

Elena dejó escapar una pequeña exhalación.

—Demasiado.

Luna se escuchó de fondo.

—¡Quiero hablar!

Elena sonrió apenas.

—Pasámela.

—¡Elena! —la voz de la niña llenó el espacio—. ¿Tu casa tiene jardín?

Elena miró hacia afuera.

El jardín perfecto.

Vacío.

—Sí.

—¿Y flores?

—También.

—Cuando vaya quiero verlas.

Elena cerró los ojos un segundo.

—Claro.

Silencio breve.

—Te extraño…

Eso…

Eso la quebró un poco.

Pero no podía llorar.

No ahora.

—Yo también, mi amor.

Sofía volvió al teléfono.

—La casa está bien.

Eso la tranquilizó.

Un poco.

—Gracias.

—No me agradezcas.

Siempre así.

Directa.

Firme.

—Solo… no te olvides de nosotras.

Elena apretó el teléfono con más fuerza.

—Nunca.

—Más te vale.

La llamada terminó.

Y el silencio volvió.

Más fuerte que antes.

La noche llegó lenta.

Elena estaba en su habitación cuando escuchó la puerta principal.

Se tensó.

Pasos.

Firmes.

Seguros.

Él.

Leonardo había vuelto.

No salió.

No bajó.

No fue a verlo.

No era necesario.

Porque ya sabía cómo iba a ser.

Minutos después…

Escuchó otra puerta cerrarse.

Lejana.

Separada.

Su habitación.

No la buscó.

No la llamó.

No la necesitó.

Elena se sentó en la cama.

Miró hacia la puerta.

Esperó.

No sabía qué.

Pero esperó.

Un minuto.

Dos.

Nada.

Entonces entendió.

Esto…

Era su vida ahora.

Dos años de silencio.

Dos años de distancia.

Dos años siendo una presencia…

Que solo existía cuando era conveniente.

Se recostó lentamente.

Miró el techo.

Y por primera vez…

El peso no fue solo triste.

Fue real.

Esa casa…

Nunca iba a ser un hogar.

1
Diana maryuri
todo es muy color de miel muy color de rosa yo solamente estoy esperando en qué momento todo se empieza a complicar y creo que ese viaje va a ser el stock de complicación algo va a pasar no sé si su antigua novia va a ser algo o ese va a accidentar pero creo que estamos a punto de entrar en el punto triste de la historia
wendy cordova
no pues ahora sale cualquier mal entendido y se apaga la chispa
Jesus Castro Montero
Por fin Elena y Leonardo se vuelven a enamorar de nuevo
Nora Garcia
es en cámara lenta la movels
Jesus Castro Montero
Muy buena novela escritora Adri Pacheco te felicito eres lo máximo me fascina lo que escribes
Jesus Castro Montero
Leonardo te atrapó una mujer muy buena como Elena y según tu nunca te ibas a enamorar de ninguna mujer jajaja
Jesus Castro Montero
Leonardo estas enamorado hasta los huesos de Elena que bueno
Diana maryuri
el calor subio
Jesus Castro Montero
Leonardo cambiaste para bien por Elena te llegó el amor si pensarlo y eso es bueno
Jesus Castro Montero
Por que Leonardo se ena
orí de Elena sin querer bueno asi ese amor entra sin que lo llamen te felicito escritora eres grandiosa
Jesus Castro Montero
Por fin consumaron su amor por contrato ahora a ser felices
Jesus Castro Montero
Leonardo ahora sí te toca cuidar de verdad a Elena ambos se aman
Diana maryuri
cómo se conocieron ellos , porque da la inteyvde que ese contrato vino porque de alguna manera ellos se habían relacionado quizás ella trabajó en su empresa
Jesus Castro Montero
Gracias escritora Adri Pacheco todas tus novelas son maravillosas y geniales te felicito
Jesus Castro Montero
Elena ni tengas miedo si lo amas de verdad demuestraselo para qye nunca busque en otra mujer ño que tiene con tigo es real
Jesus Castro Montero
Nada podía ser igual por que estaban entregándose a ese amor que recién estaban descubriendo
Jesus Castro Montero
Te lo dije Elena Leonardo se está enamorando de ti como el también
Jesus Castro Montero
Ya déjense de juegos ambos lo nesecitan suelten todo lo que tienen guardado
Jesus Castro Montero
Elena ya no des marcha atrás tanto tu como el nesecitan una noche de pasión
Jesus Castro Montero
Leonardo que esperas Elena está igual qye tu se enamoró y ya no puede estar lejos de ti
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