¿Qué pasa cuándo dos personas muy diferentes se encuentran unidos por una venganza?
Manipulada y controlada por su madrastra Karolay Gilli. Samanta Taylor, una muchacha de 20 años se ha propuesto a cumplir una venganza encontra de la familia Palacios, toda su vida a entrenado para ello. En su camino se topa con Leornad Palacios, quien la hace dudar de todo lo que siente por dicha familia.
Leornad tiene 21 años y ha hederado el carácter de su padre. Es egocéntrico, calcudor y frío, muy temerario ante los enemigos, todo esto lo hace para proteger a su familia.
Él quedará hipnotizado por los ojos de Samanta e intentará averiguar más sobre la misteriosa chica que lo a cautivado por completo.
Ambos estarán atrapados entre el amor y la venganza.
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Arcos y espadas
Me levanté temprano y decidí bajar a la sala. Ayer había sido un noche increíble, la mejor noche que he tenido en mi vida. Me acerqué a la entrada y observé la llegada de un coche, no le iba ha tomar mucha importancia, pero cuando vi bajar a Charlie Fletcher el Herrero, me quedé a observarlo. Bajó de su coche con dos baúles muy grandes, llevándolos a la bodega. Aproveché que estaba aquí y que nos encontrábamos solos para charlar, tenia que averiguar quien era y sobretodo porque le teme tanto Katherine.
- Hola - salude
El me miró de pies a cabeza sin pestañar, no dijo nada y continuó cargando los baúles.
- Soy Samanta - le dije - Veo que no hablas mucho, seré breve, solo quería saber si Katherine se encuentra bien.
- Los problemas que ella tenga no le inconviene, señorita Samanta - dijo muy serio, dejando el último baúl dentro.
Se acercó muy lento a mí, a distancia fue corta, sentía como olfateaba mi cabello, sus labios fríos susurraron en mi oído diciéndome.
- Haz tu parte Samanta y todo saldrá bien.
Un escalofrío me invadió por todo mi cuerpo, me quedé helada ¿A caso el sabía todo?
Sonrió apartándose de mí, dio media vuelta y se fue sin quitarme la mirada. Una voz familiar me ha parto de mis pensamientos.
- Sam ¿Qué haces aquí? - dijo Elena.
- Yo, yo, bajé a caminar.
- Entiendo - dijo caminando hacia los baúles - Veo que hoy los han traído temprano.
Tomó un fierro y abrió uno de los baúles. De ahí sacó una espada de hierro puro y decorada con pequeñas piedras.
- ¿Te gusta Sam?
- Si, es muy bella.
- Las mande hacer para ustedes, quiero que mañana se vayan con las herramientas necesarias, con eso estaré tranquila.
Continuó abriendo el otro baúl, este tiene arcos y flechas.
- Son muy bellas - dijo tomando una y apuntando a la madera - y ligeras.
La quedé viendo, era sorprendente ver su puntería.
- Salgamos de aquí Sam.
- De acuerdo.
Salimos de la bodega y entramos juntas a la mansión. Elena tomó una pequeña caja de madera y me la dio.
- Sam, cariño ¿Puedes llevarle esta caja a Leornad? Yo lo haría, pero tengo que ir a la oficina con Sebastián.
- Claro, yo se los llevaré - le respondí tomando la caja.
- También dile que lo esperamos en la oficina - dijo marchándose.
- Por supuesto, se lo diré.
Subí las escalares y me dirigí a la habitación de Leornad, di unos pequeños toques a la puerta, pero nadie respondió, decidí entrar y dejar la caja. Leornad no estaba, se me hizo muy raro ¿Dónde podía ir? todavía era temprano.
Su habitación era muy calidad, decidí darle un vistazo, aprovechando su ausencia. Sus pinturas eran muy encantadoras, toda su familia estaba retratada, tenía un retrato individual, era él, se veía tan apuesto y elegante con esa sonrisa, la tomé y la guarde para mí. Decidí salir de la habitación, cuando estaba por lograrlo, la puerta del baño se abrió, saliendo una persona, tropecé y Leornad cayó encima mío.
Él se había bañado y solo una tualia (toalla) enredada a su cadera lo cubría. Al sentirlo tan cerca me sonrojé y más cuando empecé a sentir un bulto en mi vientre. Me miraba como un depredador observa a su presa muy sonriente.
- Lo, lo..., siento no pensé que estabas aquí - dije nerviosa.
- Estaba tomando un baño Sam - dijo sin quitarme la mira de los ojos.
- ¿Podrías quitarte de encima?
Sonrió muy pícaro, olfateo mi cuello y dijo.
- Hueles a rosas - después dijo - claro.
Se quitó de encima, poniéndose de pie. Me levanté muy rápido, todavía mis mejillas continuaban rojas y se pusieron más rojas cuando vi su tórax totalmente descubierto. Simplemente era perfecto, un abdomen muy bien trabajado.
- ¿Que tanto miras? - sonrió irónico.
- Nada, Nada...
- Dime Sam ¿a que haz venido?
- Yo, yo... Yo viene a dejarte esto - dije algo apenada y caminado hacia la caja.
- Déjala ahí, ya la abriré.
- También tengo un recado de tu madre. Te espera en la oficina, quiere hablar contigo.
- Bajaré en seguida, gracias, si no tienes nada más que decirme, puedes retirarte Sam, necesito cambiarme.
- Claro - mis mejillas ardían - saldré de inmediato.
Leornad sonrió al ver mi nivel de timidez. Salí de la habitación como relámpago. Cuando estuve fuera, di un respiro profundo, necesitaba agua, bajé a la cocina por un poco.
Leornad...
Me encanta ver a Sam ponerse nerviosa. Tropezamos y caímos al suelo, la quedé viendo por uno segundos, ella provocó en mi una erección. Que mujer, como podía lograrlo con tan solo sentir su delicada piel. Salió y me dejo solo, me cambié, tomé la caja, al abrirla había una caja mucho más pequeña, había una nota.
...No la abras hasta estar junto a Sam....
No le había dicho nada a mi madre sobre el gran amor que le tenía a Sam, pero ya lo sabía, siempre lo supo.
Guarde la caja en mi equipaje, mañana cuando Sam y yo estamos a solas lo abriría junto a ella.
Salí de mi habitación y me dirigí a la oficina, ahí estaban mis padres esperándome.
- Toma haciendo hijo - dijo mi padre.
- De acuerdo - respondí - ¿A que se debe mi asistencia aquí?
Mi madre se acercó a unos baúles muy grandes.
- Hemos mandado a construir espadas, arcos y flechas para su gran viaje - dijo abriendo los baúles.
- Son muy hermosas - le dije caminando hacia ella.
- Lo sé, están hechas de un material resistente - dijo mi madre.
Tomé una espada para observarla y sentirla.
- Tu madre insistió tanto en mandarlas hacer. Tómalas como un regalo - dijo mi padre acercándose a mamá y tomándola por la cintura.
- Gracias, están increíbles - respondí, contemplando la espada en mis manos.
- No tienes de que agradecer hijo, yo haría todo por protegerte - habló mi madre - ¿Sam te llevó la caja?
- Claro que sí, ya la he guardado junto con mis cosas que llevaré mañana.
- ¿Leíste la nota?
- Si madre, no la abriré hasta estar junto a Sam.
Mi padre confundió por nuestra conversación preguntó.
- ¿De que hablan?
- Pronto te lo diré cariño, ahora deja que nuestro hijo aclaré sus ideas, sobretodo su corazón.
- Entiendo - dijo Papá
Salimos de la oficina, ya todos nos esperaban para almorzar. Toda la tarde fue tranquila, Sam no habló de lo sucedido, se moría de vergüenza cada vez que la miraba y prefirió hablar de otra cosa. Mañana saldríamos muy temprano. Teníamos que descansar para nuestro largo viaje.