NovelToon NovelToon
Linaje De Sombras: El Pacto Blackwood

Linaje De Sombras: El Pacto Blackwood

Status: En proceso
Genre:Acción / Dominación / Amor-odio
Popularitas:30.9k
Nilai: 5
nombre de autor: EJ CB

​Elena Vargas vive para un solo propósito: destruir a la familia que le arrebató todo. Armada con un odio forjado en cenizas y protegida por la lealtad inquebrantable de sus dos "hermanas", Valeria y Maira, Elena se infiltra en el imperio de los Blackwood para desenterrar un misterio que lleva diez años sangrando.
​Sin embargo, en el centro de la red la espera Samael Blackwood, un hombre cuya dominación es ley y cuya presencia es un abismo. Entre ellos estalla un amor salvaje y prohibido; una guerra de voluntades donde la pasión se confunde con la venganza y cada caricia es un duelo a muerte.

NovelToon tiene autorización de EJ CB para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.

Capítulo 17: El Ritual de la Cascada

El rugido de la Cascada de los Siete Vuelos era una presencia física, una vibración que se sentía en los huesos antes de verla. El agua caía desde una altura vertiginosa, rompiéndose en siete niveles de roca volcánica hasta formar una laguna de color turquesa lechoso, oculta bajo un dosel de orquídeas salvajes y helechos prehistóricos.

Elena Vargas avanzaba con el agua hasta las rodillas, sosteniendo a su madre, Beatriz, cuya mirada parecía recobrar una lucidez aterradora a medida que se acercaban al estruendo. Detrás de ellas, Maira cargaba el equipo tecnológico, aunque en este lugar, rodeadas de una energía que parecía anular las señales de radio, las computadoras se sentían como juguetes inútiles.

Samael Blackwood cerraba la marcha. Su figura se recortaba contra la bruma, con el torso tenso y los ojos gris acero escaneando las alturas. Sabían que Silas no tardaría en rastrear el rastro de calor, pero por ahora, el estruendo de la cascada era su único aliado.

—Es aquí —susurró Beatriz, señalando una pared de roca detrás de la cuarta caída de agua, donde el vapor era tan denso que cegaba—. Antonio decía que la tierra solo entrega sus lágrimas de sangre a quienes llevan la marca del pacto.

Elena atravesó la cortina de agua, sintiendo el golpe frío contra su piel canela. Detrás del velo líquido, se abría una gruta natural tallada con símbolos que no eran indígenas, sino masónicos y geológicos. En el centro, un altar de piedra negra tenía dos hendiduras profundas, con forma de palmas de manos.

—No es una cerradura, Elena —dijo Samael, acercándose y observando los grabados—. Es un mecanismo de peso y ADN. Antonio y tu padre diseñaron esto para que ninguno pudiera traicionar al otro. Solo se abre con la sangre de ambos linajes presente al mismo tiempo.

......................

Elena miró a Samael. El odio por el apellido Blackwood seguía ahí, pero la necesidad de salvar a Valeria y vengar a su padre era superior. Samael sacó una daga de plata, la misma que Elena le había visto usar en la mansión, y se cortó la palma de la mano derecha sin pestañear. La sangre roja y densa empezó a gotear sobre la piedra negra.

Elena hizo lo mismo, sintiendo el ardor del acero cortando su carne. Colocaron sus manos simultáneamente sobre las hendiduras. Un mecanismo hidráulico antiguo, movido por la fuerza de la cascada, empezó a gruñir. La piedra vibró y una puerta masiva de cuarzo empezó a deslizarse, revelando un resplandor verde esmeralda que iluminó la cueva como si fuera mediodía.

Pero antes de entrar, la adrenalina del ritual y el contacto físico de su sangre mezclándose sobre el altar desataron algo primitivo. El peligro de estar acorralados y la intensidad de haber abierto la puerta al destino los golpeó como una ola.

Maira y Beatriz se adelantaron hacia el umbral del yacimiento, deslumbradas por el tesoro, dejándolos a ellos dos en la penumbra de la entrada, protegidos por el muro de agua.

Samael agarró a Elena por la nuca, obligándola a mirarlo. Sus manos heridas se entrelazaron, manchando la ropa de ambos con una mezcla de sus sangres. El beso fue una colisión violenta, un sabor a hierro y a pasión salvaje que buscaba sellar el pacto de forma carnal.

—Nuestros padres nos condenaron a esto, Elena —gruñó Samael, empujándola contra la pared de cuarzo húmedo—. Ahora nuestras sangres son una sola.

Él la alzó, envolviendo las piernas de Elena alrededor de su cintura. Sus manos grandes de dedos largos bajaron el cierre de su traje táctico, que ya estaba empapado por el agua de la cascada. La tela se pegaba a sus curvas atléticas, y Samael la despojó de ella con una impaciencia dominante, dejando sus pechos firmes y de pómulos altos expuestos al frío vapor de la gruta.

Samael bajó su cabeza y comenzó a devorar su cuello, mientras sus manos apretaban sus muslos con una fuerza que buscaba la rendición absoluta. Elena soltó un gemido que se perdió en el rugido del agua. Ella no se sentía una víctima; en ese momento, ella era la que devoraba también, enterrando sus uñas en la espalda ancha de Samael, buscando su piel, su calor, su oscuridad.

Él la penetró de una sola embestida, profunda y rítmica, sobre la piedra vibrante. El contacto fue eléctrico. Cada estocada de Samael parecía sincronizada con el latido de la montaña. Elena arqueó la espalda, sintiendo la dominación de él en cada rincón de su ser, mientras ella lo envolvía con sus piernas, atrayéndolo hacia lo más profundo.

El sudor y el agua de la cascada les cubrían los cuerpos, brillando bajo el resplandor verde que emanaba del yacimiento. Los gemidos de Elena se volvieron súplicas roncas, una mezcla de placer y desafío. Ella lo miraba fijo, con sus ojos negros desafiando el gris acero de él, recordándole que aunque sus cuerpos se fundieran, su voluntad seguía siendo una gema tallada para cortar.

El clímax llegó como una explosión de luz, una entrega total donde el dolor de las heridas en sus manos se transformó en un éxtasis que los dejó sin aliento. Samael se hundió en ella por última vez, sellando el pacto biológico con una descarga de amor salvaje que resonó en toda la gruta. Se quedaron así, unidos y temblando, mientras el eco de la cascada celebraba su unión prohibida.

Minutos después, Elena entró al yacimiento, envuelta en la chaqueta de Samael. Lo que vio la dejó muda. No eran solo piedras; eran vetas enteras de esmeraldas de un verde tan profundo que parecían corazones latiendo en la roca. Era una fortuna capaz de derrocar gobiernos, la misma que causó el incendio y la muerte de su familia.

—Maira, ¿cuánto podemos extraer rápido? —preguntó Elena, su voz recuperando la frialdad táctica.

—Si usamos las cargas de nitrógeno líquido, podemos llevarnos lo suficiente para comprar un ejército en diez minutos —respondió Maira, aunque su voz sonaba extraña, hueca.

Elena se giró y vio a Maira sosteniendo un dispositivo que no era de su equipo. Un rastreador de señal de largo alcance.

—¿Maira? —Elena dio un paso adelante, sintiendo un frío que no venía del agua.

—Lo siento, Leni ... lo siento mucho —sollozó Maira—. Silas tiene a mis padres. Me contactaron cuando atacaron la bodega. Dijeron que si no les daba la ubicación del yacimiento cuando se abriera, los quemarían vivos como a los tuyos.

Samael sacó su arma, pero antes de que pudiera apuntar, un proyectil de gas somnífero estalló en el centro de la gruta. Silas Vane apareció entre la bruma del túnel, con un traje táctico completo y una máscara de gas. Detrás de él, dos mercenarios arrastraban a una Valeria golpeada, encadenada y con el rostro desfigurado por la tortura, pero aún con vida.

—El pacto de sangre —dijo Silas, su voz distorsionada por la máscara—. Gracias por abrir la puerta, Samael. Lady Morgana estará muy complacida. Pero tú ya no eres necesario en esta ecuación.

Silas apuntó directamente al pecho de Samael. Elena se interpuso, su cuerpo atlético cubriendo al hombre que acababa de poseerla. El misterio de las esmeraldas se había convertido en una trampa mortal, y la lealtad de Maira acababa de romperse por la presión del miedo.

—Si disparas, Silas, destruyo las vetas con el nitrógeno —gritó Elena, sosteniendo el detonador que Maira había dejado caer—. Nadie sale rico de aquí hoy si no nos dejan ir a todos.

Silas se detuvo. Valeria levantó la vista, viendo a Elena protegida por Samael, y una chispa de decepción y rabia brilló en sus ojos heridos. El tablero estaba listo para el enfrentamiento final de la primera mitad de la historia.

1
Alma Guentes
más capítulos autora está buenísimo 👏👏👏
Camila Nava
maraton maraton otra vez
♡ Dayana💕
me encantaron los capítulos 🤭 quiero más
♡ Tu y yo bebe 🫦
que forma de traer un recado 🤭 quiero que me den las noticias así 🤣
♡Maye
las capítulos🤭 si no es mucha molestia 🤭
♡ Lau
esta muy buena, espero pronta actualización 🤭
♡ ^Majo^
yo elijo por ti🤣 me quedo en los brazos de él y en lo que no son los brazos también 🤭
♡ ^Majo^
waoooo que entrega ☺️/Awkward/
♡ ^Majo^
/Awkward//Awkward//Awkward/ me sonroje
♡ Tasharen ^_^
quiero más 🤭
Ley Ruiz
MARATON MARATON MARATON
Camila Nava
maraton maraton maraton
Lola Dolores
maraton maraton 👏
Ivonne selva k
más capítulos 😭
Camila Nava
tremenda presentación 👏
NovelToon
Step Into A Different WORLD!
Download MangaToon APP on App Store and Google Play