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EL TEMIBLE COMANDANTE ES MIO DESEO INCONTROLABLE

EL TEMIBLE COMANDANTE ES MIO DESEO INCONTROLABLE

Status: En proceso
Genre:Romance / Posesivo / Amor prohibido / Completas
Popularitas:21.3k
Nilai: 5
nombre de autor: Azly colon

Él es peligroso, distante y está rodeado de mujeres que harían lo que fuera por su poder. Sin embargo, Elena ha tomado una decisión: el hombre más temido del ejército será suyo. Aunque deba romper su propia timidez para reclamar el corazón de hielo que nadie ha logrado incendiar.
En la guerra del deseo, la vulnerabilidad es el arma más letal.

NovelToon tiene autorización de Azly colon para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.

capitulo 5

El eco de su advertencia en el despacho debería haber sido suficiente para mantenerme alejada. Cualquier mujer cuerda habría tomado sus documentos y corrido en dirección opuesta, agradecida de conservar su empleo. Pero yo no estaba cuerda; estaba poseída por una fiebre que solo se calmaba con la cercanía de su invierno.

Los días siguientes fueron una tortura de anticipación. El cuartel bullía con los preparativos finales para el despliegue de la caballería hacia el norte. El aire estaba cargado de sudor, acero y la urgencia de la guerra. Yo me sumergí en el trabajo con una ferocidad que dejó al Capitán Vane boquiabierto. Organizaba, clasificaba y redactaba hasta que mis dedos sangraban por el roce del papel, pero mi mente estaba en el piso de arriba.

—Elena, descansa —me dijo Vane una tarde, dejando una taza de café humeante en mi mesa—. Has hecho el trabajo de toda una semana en dos días. El Duque ha preguntado por los registros de suministros de invierno. Dice que son los primeros en diez años que no tienen ni un solo error decimal.

Mi corazón dio un vuelco. Él había preguntado.

—¿Dijo algo más? —pregunté, intentando que mi voz sonara casual mientras mojaba la pluma en el tintero.

—Solo gruñó —Vane se encogió de hombros—. Pero con él, un gruñido que no vaya acompañado de una orden de arresto es prácticamente un cumplido.

Esa noche, el palacio de justicia estaba casi vacío. La mayoría de los oficiales estaban en las tabernas celebrando su última noche antes de partir, o descansando en sus cuarteles. Yo me quedé bajo la excusa de terminar el inventario de las raciones de grano. La verdad era que sabía que Alistair seguía allí. Había visto la luz de su despacho filtrarse por debajo de la puerta mientras bajaba a por agua.

Subí las escaleras lentamente. El silencio del pasillo era denso, interrumpido solo por el crujido de las tablas de madera bajo mis pies. Llevaba una bandeja con café recién hecho y un pequeño plato de panecillos que había conseguido en la cocina. Era una excusa barata, la más antigua del mundo, pero esperaba que su hambre de eficiencia fuera mayor que su desprecio por las interrupciones.

Llegué a su puerta y, antes de que pudiera arrepentirme, llamé dos veces.

—Adelante —su voz sonó más cansada de lo habitual.

Entré. El despacho estaba en penumbra, iluminado solo por unas pocas velas y el resplandor moribundo de la chimenea. Alistair estaba inclinado sobre un mapa gigante, con las mangas de la camisa remangadas hasta los codos, revelando unos antebrazos poderosos cubiertos de vello oscuro y cicatrices de batalla. Al verme, se enderezó, y su mirada gris me recorrió como una ráfaga de viento helado.

—¿Otra vez tú? —preguntó, dejando caer un compás de latón sobre la mesa—. ¿Qué excusa administrativa tienes esta vez, Elena de Valois?

—Ninguna, Excelencia —dejé la bandeja sobre una mesa auxiliar con manos temblorosas—. He pensado que un hombre que planea una guerra hasta las tres de la mañana necesita más cafeína que informes.

Él se quedó inmóvil, observándome con una intensidad que me hizo querer derretirme. No se acercó, pero el espacio entre nosotros parecía vibrar.

—No recuerdo haber solicitado tus servicios como camarera.

—Y yo no recuerdo haber solicitado permiso para ser útil —respondí con una audacia que me sorprendió incluso a mí. La timidez seguía ahí, en el fondo, pero la sensualidad de la noche y el aislamiento del despacho estaban alimentando algo mucho más peligroso.

Alistair soltó un suspiro pesado y se frotó las sienes. Por un breve segundo, el Muro de Invierno mostró una fisura. Parecía humano. Parecía agotado.

—Déjalo ahí y vete a dormir. Es una orden.

—El café se enfriará —insistí, dando un paso hacia él—. Y usted no ha comido nada desde el mediodía. Lo sé porque he revisado las bandejas que salen de la cocina.

Él levantó la vista, y sus ojos se oscurecieron. Se acercó a mí con esa marcha depredadora que me robaba el aliento. Se detuvo a escasos centímetros, obligándome a mirar hacia arriba. El calor que emanaba de él era casi insoportable en la habitación cerrada.

—¿Me estás espiando, Elena? —su voz era un susurro ronco, una caricia peligrosa que erizó cada vello de mi cuerpo.

—Le estoy observando —corregí, mi respiración volviéndose errática—. Hay una diferencia.

Alistair alargó la mano, pero esta vez no me agarró la barbilla. Sus dedos rozaron el mechón de pelo que siempre se escapaba de mi trenza, apartándolo de mi cara. El contacto de su piel contra la mía fue como una descarga eléctrica. Sentí un tirón de deseo tan violento en mi vientre que tuve que apretar los muslos para no tambalearme.

—Eres persistente —murmuró, su mirada bajando hacia mis labios, que estaban entreabiertos por la agitación—. Y la persistencia en alguien tan… pequeña… es una combinación que no sé cómo clasificar.

Su mano bajó por mi mejilla hasta mi cuello, donde su pulgar empezó a trazar círculos sobre mi pulso acelerado. Podía sentir la dureza de sus callos y la fuerza contenida en sus dedos. La atmósfera se volvió densa, cargada de una sensualidad cruda que no entendía de rangos ni de protocolos.

—Clasifíqueme como alguien que no tiene miedo de su frío, Comandante —susurré.

Él soltó una risa seca, desprovista de humor, y se inclinó hacia mí. Su rostro estaba tan cerca que podía sentir su aliento caliente contra mi boca. Por un momento, el mundo desapareció. Solo existía el aroma a tabaco y hombre, el brillo de las velas en sus ojos grises y la promesa de algo prohibido.

—Deberías tenerlo —dijo, su voz vibrando contra mis labios—. El frío quema tanto como el fuego, Elena. Y yo soy puro hielo. Si te acercas demasiado, te romperás.

—Entonces rómpame —el desafío salió de mi boca antes de que pudiera procesarlo.

El control de Alistair pareció tambalearse. Su mano se cerró en mi nuca, atrayéndome hacia él con una fuerza brusca pero extrañamente necesitada. No me besó, pero pegó su frente a la mía, respirando mi aire. En ese momento, la tensión sensual era tan alta que dolía. Podía sentir la erección de su cuerpo presionando contra mi cadera a través de las capas de nuestras ropas, un recordatorio brutal de que, debajo de toda esa disciplina militar, había un hombre con necesidades hambrientas.

—Vete —gruñó contra mis labios, aunque sus dedos se enterraron más en mi cabello—. Vete antes de que olvide que soy un caballero y te demuestre por qué me llaman el Temible Comandante.

Su voz era una súplica disfrazada de amenaza. La lucha interna que estaba teniendo era evidente; su deber y su control luchaban contra el deseo incontrolable que yo había despertado.

Me separé de él, temblando, con las piernas como gelatina y el cuerpo gritando por su contacto. No dije nada. No hacía falta. Sabía que había ganado una batalla, aunque la guerra apenas comenzaba.

Caminé hacia la puerta, deteniéndome un segundo para mirarlo. Él se había girado de nuevo hacia el mapa, pero sus manos temblaban ligeramente mientras sostenía el compás. El Muro de Invierno tenía una grieta, y yo me iba a asegurar de que se derrumbara por completo.

Salí del despacho y cerré la puerta. Me apoyé contra la madera fría, intentando calmar mi corazón. Mañana ellos partirían hacia el norte. Él se iría a la guerra.

Pero yo ya sabía que, no importa cuán lejos fuera, Alistair Thorne no se libraría de mí. Porque ahora, yo no solo era su escribiente. Yo era la distracción que él no podía desterrar de su mente.

1
Brighit Charpentier
hay momentos querida y la verdad no lo estás ayudando mucho que digamos
lo mejor que podrías hacer es concentrarte en el trabajo y cuando todo el lío de la guerra pase dar el paso adelante con el
Brighit Charpentier
ahhhhh eres un soldado caído que se niega a admitir su derrota pero te entiendo
por el momento hay que priorizar después te vas a desahogar 😉
veronica pinto
🥰🥰
veronica pinto
Muchas felicidades
veronica pinto
😠😠 Bueno es que a ese rey le patio el cerebro un burro 🤔 le salvan el reino y todavía culpa a Elena 🤨🤨
veronica pinto
😥😥😥🫢🫢🫢 Dios mío ya me estoy quedando sin uñas 🫣🫣 querida Autora 🫢🫢
veronica pinto
😲😲🫢🫢🫣🫣🫣😥😥😥
veronica pinto
🤔🤔 solo una pregunta xq escribe tanto la palabra sensualidad 🤔🤔
veronica pinto
🤨🤨 ojalá y sean fuertes 💪🏻 y que a esa zorra le llegue el karma pronto 🤔🤔
veronica pinto
😲😲😲🫢🫢🫣🫣🫣
veronica pinto
🤦‍♀️🤦‍♀️🤦‍♀️ al chucha entonces también x eso la va a rechazar también 🤷🏼‍♀️🤷🏼‍♀️🤷🏼‍♀️
veronica pinto
hay quiere te un poco más y no te dejes humillar tanto 🤦‍♀️🤦‍♀️ no haces ver mal como mujeres 🤷🏼‍♀️🤷🏼‍♀️
veronica pinto
🤔🤔 nose si la protagonista es persistente o necia 🤔 o no tiene dignidad que se deja humillar 🤔🤔
veronica pinto
🤔🤔 hay Comandante es mejor quemar 🔥 ése documento que te va alejar más de Elena
veronica pinto
👍🏻👍🏻👍🏻👍🏻
veronica pinto
🤔🤔 como que es un poco mazoquista la niña 🤭
Monica L.C . 🇻🇪 🇦🇷
excelente historia,,,super recomendada ,,,,!
Monica L.C . 🇻🇪 🇦🇷
vamos bien Elena 👏🤭😂
Monica L.C . 🇻🇪 🇦🇷
este duque pronto va a caer
Jipsianay Garcia
gracias autora muy buena
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