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Una Duquesa Para El Márquez

Una Duquesa Para El Márquez

Status: En proceso
Genre:Amor-odio / Romance / Reencuentro
Popularitas:1.7k
Nilai: 5
nombre de autor: Luisa Galli

La alta sociedad aveces pasa por momentos de locura, al igual que está historia que está llena de momentos locos nuestra historia estará llena de aventuras, dramas y mucha pasión.

NovelToon tiene autorización de Luisa Galli para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.

Celos Ajenos al Baile

La música del salón interpretado por una orquesta impecable, parecía envolver a todos los presentes con la elegancia. Eleonora se movía con gracia natural entre los invitados, atendiendo a saludos, elogios y cumplidos con la serenidad digna. A cada paso, el duque Rowan la acompañaba con cortesía irreprochable, sin apartar la mirada de ella.

Todos coincidían en dos cosas:

que la duquesa se veía radiante, y que el duque extranjero parecía hecho a su medida.

Ambos bailaron un par de piezas bajo la atenta mirada de los presentes. Rowan era diestro, sus movimientos suaves, su mirada respetuosa. Eleonora se permitió sonreír más de una vez, no porque estuviera enamorada de él, sino porque era imposible negar que era agradable, atento y equilibrado.

Pero por más que intentara sentirse plena en aquel vals, había una presencia que no lograba ignorar.

Frederick.

El marqués no dejaba de observarla. Su mirada, profunda y llena de tensión, la buscaba entre la multitud como si fuera incapaz de controlarlo. Por momentos parecía enfadado; en otros, dolorosamente serio; y en otros, simplemente… celoso. Eleonora desviaba la mirada apenas lo notaba, pero era inútil: sus ojos inevitablemente regresaban a él, como si hubiera un hilo invisible tirando de ambos.

El duque Rowan debía haber notado algo, pues en un momento del baile murmuró con una sonrisa tenue:

—¿Le sucede algo, mi lady? Parece distraída.

Eleonora reaccionó de inmediato.

—Estoy perfectamente, duque. Solo un poco cansada, nada más.

Él aceptó la respuesta con gallardía, aunque su mirada pareció analizarla con mayor precisión desde entonces.

Eleonora sintió un leve mareo. Una punzada en el estómago, como si el cuerpo le advirtiera que algo no estaba del todo bien. Respiró hondo, esperando que la sensación pasara. Pero no pasó.

La música se volvió lejana, el airebdemasiado denso, su corazón, algo acelerado.

—Disculpe un momento —murmuró al duque, llevándose una mano al abdomen con discreción—. Solo necesito un poco de aire.

Rowan asintió de inmediato y la dejó ir, confiando en que regresaría cuando se sintiera mejor. La duquesa se abrió paso con elegancia hacia uno de los balcones laterales del gran salón. La noche estaba fresca, y Londres, iluminado con miles de faroles, parecía reposar en un silencio solemne.

Eleonora se apoyó en la baranda, cerró los ojos y respiró profundamente, el mareo persistía, aunque leve.

«Debe ser el cansancio», se dijo, intentando convencer a su propio cuerpo. Fue entonces cuando escuchó pasos detrás de ella.

Firmes, molestos, conocidos.

—¿Así que eso es lo que llaman diversión, duquesa? —la voz de Frederick atravesó el silencio nocturno con una mezcla de ironía y rabia contenida.

Eleonora abrió los ojos, exasperada.

—No estoy de humor para sus comentarios—

Él avanzó hasta quedar a pocos pasos de ella.

—¿No? Porque desde donde yo estaba parecía estar muy entretenida con su duque —escupió la palabra con descaro.

Eleonora apretó los labios.

—No es asunto suyo.

—¿Ah, no? —Frederick dio un paso más—. Curioso.

Ella alzó la barbilla, orgullosa.

—No tiene derecho a hablarme así —dijo con voz firme—. Yo no le debo explicaciones.

—¿No? —sus ojos se encendieron con esa mezcla tan peligrosa de deseo y furia—. Entonces explíqueme por qué pasó lo que pasó entre nosotros. ¿O piensa fingir que no ocurrió?

Eleonora lo miró fijamente, sintiendo otro mareo, esta vez provocado por la mezcla de emociones.

—Fue un error —mintió—. Un error provocado por… circunstancias difíciles. Nada más.

Frederick levantó la voz, hiriéndose a sí mismo con cada palabra.

—¿Un error? ¿Eso soy yo? ¿Un error más en su lista de obligaciones?

—No ponga en mi boca palabras que yo no dije —replicó ella, enfurecida—. Pero tampoco pretenda que mi vida gire en torno a usted. Yo tengo responsabilidades. Tengo un título. Una reputación. ¡Y un deber con mi familia!

—Y aparentemente ahora también tiene un duque que la mira como si ya fuese su esposa —bramó él.

Eleonora estaba a punto de responder cuando otro sonido interrumpió la tensión.

La puerta del salón se abrió.

Y una figura alta apareció en el umbral.

El duque Rowan.

—¿Todo está bien aquí? —preguntó con voz cortés, aunque sus ojos lo decían todo, un agudo interés en protegerla.

El silencio que siguió fue tan incómodo como un cuchillo apoyado en la garganta.

Eleonora respiró hondo, obligándose a recuperar el control.

—Duque Rowan —dijo ella con formalidad—, permítame presentarle al marqués Frederick Ravenshire.

Ambos hombres se inclinaron con cortesía tensa.

La mirada del duque era fría.

La de Frederick, peligrosa.

Antes de que una discusión diplomática explotara entre ellos, Eleonora colocó su mano en el brazo del duque.

—No me siento del todo bien —dijo con sinceridad—. Creo que debo retirarme.

Frederick dio un paso hacia ella, instintivamente.

—Eleonora…

Pero el duque Rowan se adelantó.

—¿Puedo llevarla de regreso a la residencia? —preguntó él ignorando por completo al marqués.

Ella asintió sin dudar. No quería pelear más. No quería ser el centro de una escena.

Y, sobre todo… no quería que Frederick la viera débil.

El duque le ofreció su brazo, y Eleonora lo tomó sin mirar atrás.

Frederick quedó allí, solo en el balcón, con la frustración clavada en los ojos.

Ya en el carruaje, mientras Londres pasaba como un susurro oscuro tras los cristales, el duque Rowan la observaba con sincera preocupación.

—¿Está segura de que no quiere que busque un médico? —preguntó él—. Se ve muy pálida.

Eleonora negó con suavidad.

—Aquí los chismes vuelan —respondió, con diplomacia—. Prefiero esperar al médico real. En la mansión será más discreto.

El duque la miró largo rato, como intentando descifrar lo que callaba.

Finalmente sonrió un poco.

—Como desee, mi lady. Aunque me preocupa su bienestar.

Ella le devolvió una sonrisa suave, aunque cansada.

—Lo aprecio, de verdad.

El duque asintió.

El carruaje avanzó en silencio.

Eleonora apoyó la cabeza contra el respaldo, sintiendo una nueva punzada, breve, como una campanada de advertencia.

Y no quiso reconocerlo… En el fondo sabía que este viaje a Londres cambiaría muchas cosas en la vida de todos.

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inuyasha/ Tomoe🦊
me jode tanto lo q ella hace, elije eso y no lucha no va entra de nada, simplemente deja q todos decidan pro ella es molesto. ni siquiera lucha por su felicidad
Ada Rodriguez
me gusta
Laura Aguado
Está muy interesante ❤️❤️❤️
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