de una casualidad paso a una historia completa
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capítulo 13
Los días pasaron volando, y pronto llegaron las vacaciones de invierno. Camila, Martín, Luna y Mateo se dirigieron a la selva de Alto Paraná. Juan les esperaba en el poblado con los brazos abiertos, y la gente le dio la bienvenida con música y flores.
—Luna, mi niña! —dijo Juan, abrazándola. —Has crecido tanto. Y este debe ser Mateo —miró a Mateo con una sonrisa. —Encantado de conocerte. He escuchado mucho de ti.
—Encantado de conocerte también, tío Juan —dijo Mateo.
Durante los primeros días, visitaron el centro de educación —los niños estaban estudiando sobre la protección ambiental, y le dieron a Luna y Mateo dibujos que habían hecho. Luego visitaron el campamento local, donde estaban preparando el próximo campamento de verano.
Una tarde, Martín les dijo a Luna y Mateo:
—Hoy vamos a ir a la cascada. Quiero mostrarles el lugar donde empezó todo.
Se dirigieron a la cascada en barco por el río Paraná. Cuando llegaron, Luna se maravilló —había visto fotos, pero nunca había estado ahí. La agua era clara y fría, y la roca donde sus padres se habían comprometido estaba en el centro de la cascada.
—Ven —dijo Martín a Luna y Mateo. —Quiero mostrarles algo.
Se acercaron a la roca, y Martín señaló una pequeña inscripción que estaba tallada en la madera: "M y C — Unidos por la estrella, por siempre".
—Lo hice el día después de pedirle matrimonio a tu mamá —dijo Martín, mirando a Camila. —Quería dejar un recuerdo de ese momento.
Luna se emocionó y abrazó a sus padres. Mateo tomó su mano y le dijo:
—Quiero hacer lo mismo —dijo él. —Quiero dejar un recuerdo de nosotros aquí.
Juan, que había venido con ellos, le dio a Mateo un cuchillo pequeño para tallar. Mateo se acercó a la roca y talló: "L y M — Unidos por la misma estrella".
Luna miró la inscripción y se abrazó a Mateo. —Te quiero mucho —dijo ella.
—Yo también te quiero, Luna —dijo él.
Mientras se abrazaban, Camila y Martín se quedaron atrás, mirándolos.
—Mira lo que hemos creado, amor —dijo Camila. —Una familia, una fundación, un legado de amor y protección.
—Todo gracias a ti —dijo Martín, besándola en la frente. —Y a la estrella que nos unió.
Después de la cascada, volvieron al poblado. Juan les contó sobre un nuevo problema —la sequía había llegado a la zona, y el río estaba bajando mucho. Las plantas estaban secándose, y los animales estaban teniendo dificultades para encontrar agua.
—Necesitamos construir pozos para recoger agua de lluvia —dijo Juan. —Y plantar árboles que resistan la sequía. Pero no tenemos dinero ni materiales.
—La fundación se encarga —dijo Martín, con determinación. —Vamos a reunir fondos y materiales, y construiremos los pozos y plantaremos los árboles.
—Yo puedo escribir un artículo sobre la sequía para la página web y las revistas —dijo Luna. —Para pedir apoyo.
—Y yo puedo hacer un estudio sobre las plantas que resisten la sequía —dijo Mateo. —Para saber qué plantar.
—Perfecto —dijo Juan. —Juntos, podemos solucionar esto.
Los siguientes días, trabajaron en el proyecto. Luna escribió el artículo —lo llenó de historias de los niños del poblado y fotos de la sequía. Mateo hizo el estudio —investigó sobre las plantas nativas que resisten la sequía y seleccionó las mejores. Martín empezó a reunir fondos y materiales con la ayuda de la fundación.
Una semana después, llegaron los materiales —tubos, cemento, herramientas y semillas de plantas. La gente del poblado se reunió para ayudar a construir los pozos. Luna y Mateo trabajaron con los niños, enseñándoles cómo plantar las semillas y cómo cuidar las plantas.
Mientras trabajaban, Luna recibió un mensaje de su profesora de literatura. Le dijo que su poema sobre la selva había sido seleccionado para participar en un concurso nacional de poesía.
—¡Qué bueno! —dijo Mateo, abrazándola. —Te lo mereces. Eres una excelente escritora.
—Gracias —dijo Luna, con emoción. —Quiero ir al concurso, pero también quiero quedarme aquí para ayudar con los pozos.
—Puedes hacer los dos —dijo Camila. —El concurso es en dos semanas. Vamos a ir todos contigo a Asunción, y luego volvemos aquí para terminar los pozos.
Luna sonrió. Sabía que tenía la familia más maravillosa del mundo.
Dos semanas después, los cuatro volvieron a la capital para el concurso de poesía. El evento se llevó a cabo en el centro cultural de la ciudad, con muchos poetas y escritores importantes.
Luna se sintió nerviosa cuando llegó, pero sus padres y Mateo le dieron fuerzas.
—Tú puedes, mi amor —dijo Martín. —Tu poema es hermoso, y habla de algo que amas.
Cuando llegó su turno, Luna se subió al escenario y miró a la audiencia. Vio a sus padres y a Mateo en la primera fila, sonriendo. Tomó una respiración honda y empezó a leer su poema:
"En la selva, donde el sol se esconde entre los árboles,
Hay una estrella que brilla en el cielo oscuro.
Unirá a los corazones, guiará los caminos,
Y protegerá la naturaleza, para siempre y para siempre.
Los niños juegan en el río, las plantas crecen en la tierra,
Los animales corren libremente, sin miedo ni dolor.
La estrella nos mira, nos cuida, nos ama,
Y nos recuerda que la vida es un regalo, un tesoro."
Cuando terminó de leer, la audiencia aplaudió con fuerza. Luna se bajó del escenario y se abrazó a sus padres y a Mateo.
—Lo hiciste genial —dijo Mateo, besándola.
Después de todos los participantes, los jueces anunciaron los ganadores. Luna ganó el segundo premio —un cheque de dinero y la oportunidad de publicar su poema en una revista nacional de literatura.
—Estoy tan orgullosa de ti, mi amor —dijo Camila, con lágrimas en los ojos. —Tu poema ha tocado el corazón de mucha gente.
—Gracias, mamá —dijo Luna. —Quiero usar el dinero del premio para el proyecto de los pozos en la selva.
—Esa es mi hija —dijo Martín, abrazándola.
Esa noche, celebraron en un pequeño restaurante de la ciudad. Comieron, bebieron y se rieron, celebrando la victoria de Luna y el progreso del proyecto en la selva.
—Tus abuelos estarían tan orgullosos de ti —dijo Camila a Luna. —Tu abuela amaba la poesía, y tu abuelo amaba la selva. Has unido lo mejor de los dos.
Luna sonrió. Sabía que sus abuelos le estaban mirando desde el cielo, junto a la estrella que los unía a todos.
Al día siguiente, volvieron a la selva. La gente del poblado les esperaba con música y comida, para celebrar la victoria de Luna.
—Mi niña, eres una estrella —dijo Juan, abrazándola. —Has hecho sentir orgullosos a todos nosotros.
Los siguientes días, trabajaron con más fuerzas en los pozos y las plantas. El dinero del premio de Luna les ayudó a comprar más materiales y semillas. Mateo enseñó a la gente cómo cuidar las plantas, y Luna enseñó a los niños a escribir poemas sobre la naturaleza.
Una semana después, los pozos estaban terminados y las plantas estaban plantadas. La lluvia llegó ese mismo día —caía suavemente, llenando los pozos y regando las plantas. La gente del poblado se reunió para celebrar, bailando y cantando alrededor de los pozos.
—La lluvia es un regalo de la naturaleza —dijo Juan. —Y ustedes son los guardianes de ese regalo.
Luna se subió a una plataforma y habló con la gente:
—Amigos, hemos construido estos pozos y hemos plantado estas plantas juntos —dijo ella. —Y la lluvia ha llegado para ayudarnos. Esto muestra que cuando trabajamos juntos, podemos superar cualquier desafío. Y la estrella que nos une siempre nos guiará.
La gente aplaudió y gritó de alegría. Mateo se acercó a Luna y le dio un beso, y Camila y Martín se sintieron orgullosos de todo lo que habían logrado.
Mientras celebraban, Luna vio a un niño pequeño con un dibujo en la mano. Se acercó a él y le preguntó qué era.
—Es la estrella —dijo el niño. —Y tú, y tu papá, y tu mamá, y Mateo, y todos nosotros. Estamos todos juntos.
Luna se emocionó y abrazó al niño. Sabía que el legado de la estrella seguiría viviendo en los corazones de la gente, por generaciones y generaciones.