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Donde Florece El Barro

Donde Florece El Barro

Status: En proceso
Genre:Romance / Amor-odio / Amor Campestre
Popularitas:779
Nilai: 5
nombre de autor: nezhaN

Noah tenía todo: 24 años, Milán, su regreso a la pasarela. Hasta que su hermana Lila murió mientras él se probaba un abrigo. Dejó todo botado, recayó y lo echaron de Europa.

Sin nada, vuelve al sur, a la casa chueca de su abuela cerca de Traiguén. Al lado vive Tomás, 32, agricultor, callado, conservador. Lo odia a primera vista.

Tres meses es el trato. Tomás le enseña a trabajar la tierra. Noah le enseña a no tenerle miedo a sentir.

Entre gallinas metidas, un tractor chocado, un invernadero saboteado y un desfile en un granero, se enamoran lento. Con barro en las manos y miedo de volver a caer.

NovelToon tiene autorización de nezhaN para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.

Capítulo 11: La bodega de la abuela

La bodega de mi abuela olía a manzana podrida y a tierra mojada. No había entrado antes porque la puerta estaba trancada con un candado oxidado y porque me daba cosa. Me daba cosa meterme en cosas de mi abuela que capaz no quería que viera.

Pero esa mañana llovía tanto que no podía salir ni al invernadero. Era de esas lluvias del sur que suenan como si alguien tirara piedras al zinc. Pum pum pum sin parar. Y me aburrí. Me aburrí de estar en mi casa mirando el techo que se llueve en una esquina.

Me puse la chaqueta de mi abuelo y salí. La bodega quedaba detrás de la casa, chica, de madera, con techo de zinc también. Tenía una ventana chica que estaba rota y por ahí entraba luz gris.

El candado estaba oxidado pero no cerrado. Lo toqué y se abrió solo. Como si hubiera estado esperando.

Adentro había de todo. Sacos de papas que ya no servían, frascos con cosas que no sabía qué eran, una bicicleta vieja sin ruedas, cajas de cartón mojadas. Y olor. Mucho olor a humedad.

Empecé a mover cajas. No buscaba nada. Solo por aburrimiento. Como cuando chico te metes al closet de tu mamá a mirar.

En la tercera caja encontré algo. Una caja de zapatos. De esas de cartón café de antes. Con tapa. Adentro no había zapatos. Había cartas. Muchas. Amarradas con una pitilla roja.

Las saqué. Eran de mi abuela. Letra chica, apretada, con lápiz azul. Algunas decían Para Noah cuando vuelva. Otras decían Para mi Rosa del futuro. Me dio vergüenza leerlas. Como leer diario ajeno.

Pero abrí una. La primera que decía Para Noah cuando vuelva.

Decía:

Hijito, si estás leyendo esto es porque volviste. Aunque sea por tres meses. Te dejo esta bodega porque acá guardo lo que no quiero que se pierda. No es plata. Es más importante. Son papeles de la tierra. Esta tierra no se vende. Me han ofrecido plata muchas veces. Don Gerardo me ofreció una vez y le dije que no. Me dijo que me iba a arrepentir. Yo le dije que me arrepentiría más si la vendía. Cuídala. No la vendas por miedo.

Me quedé helado. Con la carta en mano, con olor a manzana podrida.

Don Gerardo. El mismo que según 【entity-Sofía¦canonical_name\=Sofía】 andaba diciendo que yo iba a vender.

Seguí revisando la caja de zapatos. Abajo de las cartas había papeles. Papeles municipales, de contribuciones, con timbres. Uno decía DEUDA. Otro decía AVISO DE REMATE POR NO PAGO. De hace dos años. De la casa de mi abuela.

No entendía mucho de papeles pero entendía lo suficiente. Mi abuela debía plata de contribuciones. No mucha, pero debía. Y si no se pagaba, podían rematar.

Y al fondo de la caja, otro papel. Una oferta escrita a mano. De Don Gerardo. Con fecha de hace un año. Decía: Ofrezco 15 millones por terreno de Rosa Jara. Pago al contado.

Quince millones. Por todo. Por casa, por tierra, por invernadero, por limonero.

Me senté en el suelo de la bodega. Con barro en las botas. Con cartas en mano.

¿Mi abuela por eso no vendió? ¿Por dignidad? ¿Por miedo? ¿Por qué sabía que Gerardo quería comprar barato para después vender caro a forestal?

No sé. Pero me sentí con una responsabilidad gigante de repente. Como si la caja me pesara más que yo.

Salí corriendo de la bodega. Con caja en brazos, bajo lluvia que ahora sí mojaba fuerte. Corrí a casa de Tomás. Llegué empapado, con pelo pegado a cara.

¡Tomás! Grité desde afuera.

Salió con toalla en manos, como si se hubiera estado secando.

¿Qué pasó? Dijo al tiro al verme así.

Entra, le dije. Tienes que ver esto.

Entramos a su cocina que estaba calentita por estufa. Le mostré caja. Le mostré cartas. Le mostré papeles de deuda y oferta de Gerardo.

Tomás leyó todo en silencio. Con ceño fruncido. Se demoró.

Mi abuelo también debía, dijo al final. Cuando murió mi abuela, llegó Gerardo con oferta parecida. Dijo que era para ayudar. Mi papá casi vende.

¿Y qué pasó?

No vendimos. Pero tuvimos que pedir plata prestada para pagar contribuciones. Todavía debemos un poco.

¿Y Gerardo qué gana? Pregunté. ¿Por qué quiere tanto esta tierra?

Por agua, dijo Tomás. Esta tierra tiene estero que no se seca nunca. La forestal necesita agua para sus pinos. Si compra tu tierra y la mía, tiene agua todo el año.

Me senté. Entendí.

No era solo mi casa. Era agua. Era negocio.

¿Qué hago? Pregunté. Porque no tengo plata para pagar deuda. Mi abuela debía como dos millones según papel. Yo tengo como cien mil que me quedan de lo que me dio mi mamá.

Tomás me miró. Largo rato.

No vendas, dijo. Como dijo tu abuela. No vendas por miedo.

Pero si no pago me rematan igual.

Buscamos plata, dijo. Como sea. Vendemos tomate, vendemos lechuga, hacemos feria, pero no vendes.

Me gustó cómo dijo buscamos. No busca tú. Buscamos.

Guardamos papeles en bolsa plástica para que no se mojaran. Tomás me pasó toalla seca. Me sequé pelo. Olía a su toalla, a jabón.

¿Sabes qué me da rabia? Dije. Que mi abuela tuvo que guardar esto en caja de zapatos en bodega que huele a manzana podrida. Como si fuera secreto. Como si tuviera vergüenza de deber plata.

No era vergüenza, dijo Tomás. Era miedo. Acá si debes plata todos te miran feo. Como si fueras flojo. Pero tu abuela no era floja. Trabajó hasta que se murió.

Me quedé con carta de mi abuela en mano. La que decía Para Noah cuando vuelva. La doblé con cuidado y me la metí en bolsillo de chaqueta de mi abuelo.

Esa noche no dormí mucho. Puse papeles de deuda sobre mesa de mi abuela. Los miré. Dos millones. Suena poco en Santiago. Acá es mucho. Es como un año de tomates.

Y pensé en Gerardo. En su cara que no conozco pero que ya me cae mal. En su oferta de quince millones escrita a mano como si fuera favor.

Y pensé en mi abuela Rosa que dijo esta tierra no se vende. Y que ahora yo tenía que cumplir eso aunque no tuviera cómo.

Al otro día en mañana, antes de que llegara Marta con pan, fui a bodega de nuevo. Ya no olía a manzana podrida. Olía a papeles viejos y a pitilla roja.

Y entendí que esa bodega no era bodega. Era caja fuerte de mi abuela.

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Michel Yandi
me encanta esta historia 🦆✨
Maria Consuelo Rodriguez Berriz
Muy buena narrativa y, buen contenido.
Maria Consuelo Rodriguez Berriz
Me gusta esta Novela, es diferente tiene un buen contenido urbano.☺️
Brisa Romero
/Sweat/
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