Ella es maltratada por su familia hasta que un golpe en la cabeza cambia su personalidad y saca su lado más despiadado
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Capitulo 21
Durante la comida, Kamali se sentó a mi lado.
Yo estaba conversando tranquilamente cuando él tomó un pequeño trozo de comida con los palillos y lo acercó a mi boca.
—Abre.
Lo miré, avergonzada.
—Puedo comer sola.
—Lo sé.
Sonrió.
—Pero quiero darte de comer.
Suspiré y terminé aceptando.
Kamali me dio el bocado y después tomó otro.
—Este también.
—Kamali...
—Vamos, mi princesa.
Volví a abrir la boca.
Mientras lo hacía, noté que alguien nos observaba.
Aisha.
Estaba sentada frente a nosotros con los puños apretados.
Kamali la miró de reojo.
Y entonces hizo algo que me pareció completamente intencional.
Sonrió.
Una sonrisa pequeña, burlona.
Después volvió a mirarme como si ella ni siquiera estuviera allí.
—¿Está rico?
Asentí.
—Sí.
—Me alegra.
Me dio otro bocado.
Aisha apretó los dientes.
—¿Tienen que hacer eso delante de todos? —murmuró.
Kamali levantó la mirada.
—¿Hacer qué?
Ella se quedó sin palabras.
Él tomó otro bocado y volvió a acercármelo.
—Come, esposa.
Sentí que mis mejillas ardían.
—Deja de hacer eso...
Kamali sonrió.
—¿Por qué? Me gusta cuidar de mi esposa.
Y volvió a darle un vistazo a Aisha.
Esta vez su sonrisa fue todavía más evidente.
Aisha apartó la mirada furiosa.
Kamali, satisfecho, continuó dándome de comer como si nada hubiera ocurrido.
Yo solo pude pensar una cosa:
Este hombre lo está haciendo a propósito.
Y, por la expresión de su rostro, estaba claro que sí.
—Mi señora... —dijo Mane mientras miraba a Aisha.
La observó de arriba abajo y luego sonrió.
—Su esposo es tan devoto de usted. Ojalá todas las mujeres de la capital pudieran tener un esposo así.
Aisha apretó los dientes.
Hasta Mane se estaba burlando de ella.
Yo no pude evitar sonreír.
Entonces me levanté lentamente y miré a Aisha.
—Aún nos queda una cosa pendiente.
Su expresión cambió de inmediato.
—¿Qué cosa? —preguntó furiosa.
La miré fijamente.
Yo lo recordaba perfectamente.
El día en que habían robado mi vestido de novia.
El día en que habían golpeado a mi sierva personal por intentar protegerlo.
En aquel momento no había podido vengarme.
Después ocurrieron demasiadas cosas.
Mi familia perdió el control de mi vida.
Me obligaron a casarme.
Y terminé convirtiéndome en la esposa de Kamali.
Pero ahora todo era diferente.
Ya no estaba sola.
Ya no tenía que soportar que los demás hicieran conmigo lo que quisieran.
Y, sobre todo, ahora tenía a mi adorado esposo a mi lado.
Miré a Aisha con tranquilidad.
—¿Ya olvidaste lo que hiciste?
Ella frunció el ceño.
—No sé de qué hablas.
Mane bajó la mirada.
Yo apreté suavemente los dedos.
Recordaba a mi sierva herida.
Recordaba cómo había defendido mi vestido mientras la golpeaban.
Y recordaba que yo había decidido no vengarme porque tenía demasiados problemas encima.
Pero ahora...
Ahora podía hacerlo.
—El vestido de mi madre —dije.
Aisha palideció.
—Y lo que le hiciste a Mane.
Ella retrocedió un paso.
—Eso fue hace mucho tiempo.
—Para ti, quizás.
La miré directamente a los ojos.
—Pero yo no lo he olvidado.
Kamali, que hasta entonces había permanecido sentado observándonos, levantó lentamente la mirada.
Una pequeña sonrisa apareció en sus labios.
Había entendido perfectamente lo que estaba a punto de ocurrir.
Me acerqué un poco más a Aisha.
—Esta vez no voy a dejarlo pasar.
Aisha miró a Kamali.
Después volvió a mirarme.
Por primera vez, comprendió que la Aine que había conocido ya no existía.
Y yo tampoco pensaba permitir que volviera.
Me acerqué a mi hermanastra.
—Ahora me toca a mí.
Ella apenas tuvo tiempo de reaccionar antes de que la abofeteara.
El golpe hizo que girara el rostro.
Todos los presentes quedaron en silencio.
Mi hermanastra me miró con incredulidad.
—¡¿Cómo te atreves?!
La miré con frialdad.
—Después de todo lo que me hiciste, ¿todavía tienes el descaro de preguntar eso?
No esperé su respuesta.
Me giré hacia Mane.
—Ahora te toca a ti.
Los ojos de Mane se abrieron.
—¿A mí, mi señora?
Asentí.
—Mandé llamar a todas las siervas que te maltrataron durante estos años.
Mane se quedó inmóvil.
Yo recordaba cada vez que había sido castigada por mi culpa.
Cada vez que la habían golpeado por defenderme.
Cada vez que había soportado humillaciones simplemente por permanecer a mi lado.
Nunca había podido hacer nada por ella.
Pero ahora sí podía.
—Incluso llegaste a recibir castigos por mí —dije suavemente—. Te lo debo.
Mane comenzó a emocionarse.
—Mi señora...
—Y voy a pagarte esa deuda.
Las puertas se abrieron.
Las siervas fueron llevadas hasta el salón.
Algunas reconocieron inmediatamente a Mane y palidecieron.
Mane las miró en silencio.
Yo me acerqué a ella.
—Solo dime quiénes fueron.
Mane respiró profundamente.
—Ellas...
Comenzó a señalar una por una.
Yo asentí.
—Entonces cada una recibirá cien bofetadas.
Las siervas comenzaron a suplicar.
—¡Mi señora, por favor!
—¡Fue la orden de la señora Elena!
—¡Nosotras solo obedecíamos!
No cambié de expresión.
—También serán expulsadas de esta casa.
Mi madrastra se levantó furiosa.
—¡No puedes hacer eso! ¡Esas siervas son mías!
La miré.
—Ya no.
Su rostro se puso rojo de rabia.
—¡Aine!
—Esta casa ya no está bajo tu control.
Mi voz permaneció tranquila.
—Y la deuda que tienen con Mane se va a saldar.
Mane me miró con los ojos llenos de lágrimas.
Nunca había pedido venganza.
Nunca había exigido nada.
Solo había permanecido a mi lado.
Por eso esta vez quería que fuera ella quien decidiera qué hacer con quienes tanto daño le habían causado.
—Mane —dije—, tú eliges.
Ella tragó saliva.
Luego miró a las siervas.
Por primera vez, ninguna de ellas podía darle órdenes.
Ninguna podía amenazarla.
Ninguna podía tocarla sin consecuencias.
Mane levantó lentamente la cabeza.
Y sonrió.
Era la primera vez que la veía sonreír de aquella manera.
Mi madrastra, en cambio, estaba furiosa.
Había perdido el control de su casa.
Y ahora también estaba perdiendo a las personas que durante años había utilizado para maltratarme.
Yo tomé la mano de Mane.
—Esta vez nadie volverá a castigarte por protegerme.
Y miré a mi madrastra.
—Porque mientras yo sea la esposa de Kamali, nadie volverá a tocar a las personas que están bajo mi protección.