Tras la caida del Rey demonio a manos de "White Harper" una heroína que combatió en la guerra oscura contra Raven, el Rey arcángel.
Una sangrienta guerra en el infierno comenzo por el poder de su antiguo líder, el Rey demonio y la mano derecha de Raven.
Años después de la muerte del antiguo Rey demonio. Cassian, una demonio híbrida se convierte en el Alpha de los demonios y ahora debe emprender un viaje al infierno para ascender al trono y cumplir su destino
¿podra Cassy detener la guerra y salvar el infierno? ¿Y que tanto va a perder en el camino?
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Capitulo #21: Eterno en tu memoria
Habían pasado más de una década desde que la Rey demonio había llegado a la cueva del viejo dragón. Ella se encontraba sentada frente a Odin sin apartar la vista de él. Tratando de entender como derrotar a ese dragón de una vez por todas.
—Pierdes el tiempo. Rey Cassian. Tiempo perdido y uno muy valioso que podrías estar usando con tu hermano.
—No pienso que sea tiempo perdido.
—¿Huh? Vaya ¿Por qué piensas?. No es mejor ir con tu hermano
—No hablo de eso. Si consigo su vida eterna, esta década solo será una jornada. Como cuando sales a trabajar y pierdes tiempo con tu familia.
—Uhm. ¿Y que harás si él ya murió? ¿Vas a arrepentirte de esto?
—Mm… si… si él ya murió. Entonces iré al infierno por él, para disculparme. Por no ser suficiente. Aunque no voy a arrepentirme, porque ese tiempo lo gaste pensando en él
—Los de tu especie son raros.
—¿Huh? ¿Conociste a más demonios?
—No hablo de los demonios. Eres igual a mi maestro. Eres egoísta, manipuladora, terca y tienes una voluntad muy curiosa. Dime, los de afuera recuerdan a los hermanos de Merlin.
—¿Qué? ¿Merlin tuvo hermanos? Yo… yo solo recuerdo a la diosa Elfa.
—Pirnch. Si, tu amada me trae recuerdos de esa mujer. Ella fue la primera en existir de su especie y la creadora de esas regiones pero volviendo a los otros. Sus hermanos eran reencarnados, podían ser Titanes, elfos o un dragón pero seguían pensando como si fueran humanos, eso los hacía peligrosos y muy interesantes.
—Mm… no lo entiendo. ¿Por qué me cuentas eso? ¿Qué tiene que ver conmigo?
—Puedo ver qué llegarás lejos. Mi maestro también lo hizo y fue recordado por miles de años después de su muerte. Eso pasará contigo, vivirás mucho más de lo que piensas pero tú hermano no será recordado por más de dos generaciones si sigues aquí. Igual que pasó con los hermanos de Merlin. Es por eso que considero esto una perdida de tiempo.
—Mm. Ya veo.
—Tu hermana mayor vino a verte hace un mes para llevarte con ella ¿Verdad?.
—Si. Dijo… dijo que… también dijo que era una perdida de tiempo y que fuera a ver a Len o me iba a arrepentir toda mi vida. Eva y las niñas también me han repetido lo mismo todos estos años. Son como unas cotorras que repiten lo mismo. Pero no es tiempo perdido
—Tal vez deberías hacerles caso, volver con tu hermano y buscar otra forma de darle juventud eterna.
—¿Huh? ¿Hay otra forma? Conoces a otra persona que pueda darle esa juventud a mi hermano
—Claro que la conozco. Esa forma se llama "memoria", él ahí no va a envejecer jamás, puede no ser una magia perfecta pero es valiosa y la única persona capaz de dársela, es su hermana mayor llamada, Cassian. No caigas en el mismo error que los de tu especie suelen cometer y dale la juventud eterna que él necesita, no la que tu quieres para él.
—N-no necesito que me des tus sermones, lagartija con alas —gruño Cassian poniéndose de pie—. Pero… —con una sensación de hambre en su estómago volteó a ver la salida de la cueva—. Creo que por más intentos que haga no puedo vencerte.
—Uhm. ¿Ya te vas a ir?
—Si. Ya me dió hambre y Eva se fue hace un mes con las niñas.
—Cassian… —Odin enrollo su cola en un pilar de Jade que sostenía parte de la cueva para arrancarlo—. No voy darte la juventud eterna para tu hermano… —el dragón transformó el pilar en un simple bastón del mismo tamaño que Cassian para así entregárselo a ella en las manos—. Pero considera esto una recompensa por el tiempo que me diste.
—¿Un bastón?
—El Bastón Ruyi, te estaba esperando para tu ciclo. Llévalo contigo
—G-Gracias, aunque… ¿Por qué me das una recompensa por mi tiempo?
—¿Y por qué no? Darle tu tiempo a alguien es lo más preciado que puedes hacer en vida, Rey Cassian.
—Okey… —respondio riendo. Sacando de su bolsillo la semilla de un durazno—. ¿Qué te parece si te doy un hermoso árbol como recompensa?
—Solo vete, anda. Y deja tú semilla con baba en el suelo.
La Rey demonio con un agridulce sabor de boca regreso a la nación de los monstruos. No había derrotado al dragón de negro para salvar a su hermano del tiempo pero había hecho un nuevo amigo escamoso con el cual hablar.
—¿Huh? Parece que mi cuerpo se ha vuelto más rápido y fuerte al estar en pelea constante por quince años consecutivos —murmuro Cassy volando en el cielo. Con su cabello verde limón ahora era castaño por culpa del barro y el polvo que tenía encima. Su ropa en cambio estaba tan rota que parecía haber venido de una sangrienta guerra—.
Hambrienta, la joven demonio voló hacia el castillo de su tía Clara. Llevándose la sorpresa por la cantidad de gente que vio en el hospital del pueblo, en el camino. Parecía que una estrella había llegado de una larga batalla en la guerra contra los Kai.
—¿Será papá? —susurró, deteniéndose en el aire para ver mejor lo que pasaba—.
—Al fin sales de tu cueva, Rinko —le dijo su hermano, desde el interior de una ventana del hospital. Él vestía con una bata celeste, sus ojos tenían algunas arrugas y su cuerpo estaba más delgado de lo normal—.
—¿Qué? ¿Len? ¿Te enfermaste de una infección estomacal, otra vez? ¿Te comiste a un duende, de nuevo? Sabes que esos no se comen, idiota
—Jaja, solo entra dentro y te lo contaré, que no tengo mucho tiempo. Antes de que me hagan mis exámenes
—Por curiosidad. ¿Todas estás personas están aquí por tí?
—Si. Hubieras visto a mis hijos hace unas semanas, estaban aterrados cuando me desmaye en medio del mercado.
—Hijos, Eh. Si que no perdiste el tiempo. Has crecido mucho en estos quince años por lo que veo
—Y tu tampoco perdiste el tiempo con ese dragón de las leyendas. Pareces otra persona, sino fuera porque escuché tu voz, no te hubiera reconocido
—Mm. Si supieras los sermones que me dieron te quedarías calvo —gruño entrando a la habitación de su hermano—. ¿Puedes pedir trescientos platos de comida? No he comido en un mes entero y ya me duele la panza
—S-si, solo dame un momento —le respondió Len riendo—.