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La Luna Humana del Alfa

La Luna Humana del Alfa

Status: En proceso
Genre:Romance / Aventura de una noche / Hombre lobo / Embarazo no planeado
Popularitas:18.1k
Nilai: 5
nombre de autor: JaQelinee Valenzuela

Aurora Rivas solo quería sobrevivir aquella noche.
Traicionada por su prometido, drogada por su propia familia y perseguida en un hotel de lujo, terminó en brazos de Damian Montero, el hombre más poderoso de la Ciudad de México… y el Alfa de la manada más antigua.
Para Aurora fue una noche que debía olvidar.
Para Damian, fue el despertar de su lobo.
Ella huyó antes del amanecer sin saber que la mordida que dejó en su hombro no era una simple marca, sino el lugar exacto donde una Luna reclama a su Alfa.
Semanas después, Aurora descubre que está embarazada.
No de un bebé.
De cuatro.
Ahora la familia que quiso destruirla quiere arrebatarle lo único que le queda, mientras la manada Montero empieza a inclinarse ante una humana que jamás pidió ser reina.
Aurora no sabe que nació Luna.
Damian sí.
Y esta vez, el Alfa no va a dejar escapar a su pareja destinada.

NovelToon tiene autorización de JaQelinee Valenzuela para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.

Capítulo 21

# Capítulo 021: Aurora\, estás embarazada

Aurora no cayó al suelo porque Rocío la sostuvo por la cintura.

La enfermera era pequeña, pero el miedo le dio fuerza.

—¡Una camilla! —gritó hacia el pasillo—. ¡Necesito una camilla ahora!

Patricia se levantó con el cabello deshecho y la mejilla roja.

—Está fingiendo.

Rocío la miró con una rabia que no le cabía en la cara.

—Cállese.

—¿Cómo te atreves?

—Se está desangrando, señora. Cállese o la saco yo misma.

Aurora respiraba rápido.

El dolor iba y venía en oleadas bajas, como si algo invisible le apretara el vientre desde dentro.

Aun así, giró la cabeza hacia la cama.

Don Augusto seguía inmóvil.

El pecho subía y bajaba con ayuda del equipo.

—Los papeles —dijo Aurora.

Rocío se inclinó.

—No hable.

—Los papeles.

—Señorita, primero usted.

Aurora agarró la manga de la enfermera con dedos fríos.

—Que nadie... toque... a mi bisabuelo.

Rocío tragó saliva.

—Nadie lo va a tocar. Se lo juro.

La administradora del centro llegó con dos camilleros.

—Hay que trasladarla.

Aurora negó con la cabeza.

—Mi tarjeta.

—¿Qué?

—En mi bolsa. La tarjeta de Damián.

Rocío obedeció. Sacó la tarjeta negra y el sobre con documentos.

Aurora miró a la administradora.

—El pago está hecho. Seis meses. Quiero... bloqueo de cambios.

—Señorita, eso puede esperar.

—No puede.

La voz le salió débil, pero la mirada no.

—Si autorizan algo sin llamarme, demando al centro, a usted y a quien firme.

La administradora palideció.

—Entendido.

Patricia soltó una risa aguda.

—Mírense. Todos obedeciendo a una mocosa porque trae tarjeta de hombre rico.

Aurora giró la cabeza.

La miró desde la camilla.

—Rocío.

—¿Sí?

—Ayúdame a sentarme.

—No debería.

—Ayúdame.

Rocío dudó, pero la incorporó apenas.

Aurora levantó la mano.

Patricia ni siquiera alcanzó a retroceder.

La cachetada sonó seca en la habitación.

—Ésa fue por mi mamá —dijo Aurora.

Patricia se quedó con la boca abierta.

Aurora cerró los ojos un instante, luchando contra el mareo.

—Y si mi bisabuelo muere por culpa tuya, la siguiente no será con la mano.

Los camilleros la sacaron antes de que Patricia pudiera responder.

Rocío caminó junto a ella, sosteniendo la bolsa y los papeles.

—Vamos al Hospital Ángeles. Está más cerca y tiene urgencias ginecológicas.

Aurora abrió los ojos.

—¿Ginecológicas?

Rocío no respondió enseguida.

Ese silencio fue peor que cualquier explicación.

—Rocío.

—Puede ser muchas cosas.

—Dime.

La enfermera apretó la bolsa contra el pecho.

—Puede ser un embarazo... con amenaza de aborto.

Aurora dejó de oír el pasillo.

La camilla siguió avanzando, pero su mente se quedó atrás, en una habitación de hotel, en una noche rota, en la voz de Damián preguntándole si estaba bien. «Embarazo, amenaza, aborto»: las tres palabras se mezclaron hasta convertirse en una sola punzada.

—No sabía —susurró.

Rocío le tomó la mano.

—Todavía no sabemos nada. Respire conmigo.

Aurora intentó respirar.

No pudo.

El mundo se hizo blanco.

En São Paulo, Damián estaba sentado frente a cinco hombres que hablaban de fusiones, contratos y porcentajes.

El traductor terminó una frase.

Damián no contestó.

Se llevó una mano al pecho.

Marco, detrás de él, se enderezó.

—Alfa.

Damián sintió un tirón seco en el centro del cuerpo, tan brutal que la distancia, el idioma y la sala de juntas dejaron de importar.

El lobo dentro de él se lanzó contra sus costillas con un gruñido que casi le subió a la garganta. Le llegó una sensación turbia de dolor, sangre y miedo.

Damián se puso de pie tan rápido que la silla cayó hacia atrás.

Todos los ejecutivos se quedaron helados.

El celular vibró.

Era Doña Lupe.

Contestó antes del segundo tono.

—¿Dónde está?

La voz de la mujer temblaba.

—Señor, Camila llamó. Aurora salió al Centro San Gabriel. Después una enfermera contestó su teléfono. La están llevando al Hospital Ángeles. Hay sangre.

Damián cerró los ojos.

Cuando los abrió, Marco bajó la mirada de inmediato.

El dorado ya estaba ahí.

—Avión.

—Ya lo preparo.

—Ahora.

Uno de los ejecutivos se levantó.

—Señor Montero, la negociación...

Damián volteó.

El hombre se sentó de nuevo sin terminar la frase.

Marco habló por teléfono mientras caminaban hacia el elevador.

—Hangar listo en cuarenta minutos. Ruta directa a la CDMX. Rafael Quiroz ya va al hospital.

Damián no respondió.

Tenía las manos cerradas.

Las uñas le mordían la piel.

La herida se cerraba casi al mismo tiempo que se abría.

En su cabeza solo había una imagen: Aurora pálida, sola, tratando de ser fuerte porque nadie le había enseñado a dejarse caer.

El vuelo duró menos de lo que debía y más de lo que Damián podía soportar.

Cuando llegó al Hospital Ángeles, no esperó escolta.

Entró por urgencias con Marco detrás y dos guardias intentando seguirle el paso.

Rafael Quiroz salió al pasillo con bata blanca y cara seria.

—Damián.

—¿Dónde está?

—En observación. Está estable por ahora.

—«Por ahora» no me sirve.

Rafael bajó la voz.

—Escúchame antes de entrar.

Damián dio un paso más.

Rafael se plantó frente a él.

Era uno de los pocos hombres humanos que se atrevían a hacer eso.

—Si entras así, la vas a asustar.

Damián respiró por la nariz.

El olor del hospital le golpeaba como un insulto: alcohol, látex, sangre, miedo, medicamentos. Debajo de todo, muy débil, estaba ella, con su rastro de rosas, sal y dolor, y algo más, algo pequeño y nuevo que no podía nombrar sin que el mundo cambiara.

—Habla —ordenó.

Rafael miró a Marco, luego volvió a Damián.

—Tiene sangrado y dolor abdominal. La estabilizamos. Ya le pusimos medicamento para detener contracciones leves y reposo absoluto.

Damián se quedó quieto.

—¿Contracciones?

Rafael sostuvo su mirada.

—Damián, parece un embarazo de aproximadamente cuatro semanas.

El pasillo se quedó sin aire.

Marco cerró los ojos.

Damián miró la pared blanca junto a la puerta.

Su mano se movió antes de que pudiera detenerla.

El golpe reventó el yeso.

La pared se hundió alrededor de sus nudillos.

Una enfermera gritó.

Rafael maldijo entre dientes y se puso delante del agujero.

—¡Control!

Damián no sintió dolor.

Sintió terror.

Un terror tan grande que ni siquiera parecía suyo.

—¿Está vivo? —preguntó.

Rafael entendió.

—Hay saco gestacional compatible con la edad. Es pronto para escuchar el latido. Pero sí, por ahora el embarazo sigue.

Damián cerró los ojos.

El lobo dentro de él dejó de golpear y emitió un sonido bajo, roto, casi desconocido, más cerca del miedo de un padre que de la furia de un alfa.

—Quiero verla.

—Lávate la mano primero.

Damián miró sus nudillos. La piel ya estaba cerrándose, manchada de polvo blanco.

Rafael le lanzó una gasa.

—Y esconde eso. Los humanos hacen preguntas cuando alguien perfora paredes.

Aurora despertó con una luz blanca sobre los ojos.

Durante unos segundos no supo dónde estaba.

Después recordó a Patricia.

Don Augusto.

La sangre.

Intentó incorporarse.

Una mano cálida se cerró sobre la suya.

—Despacio.

Aurora giró la cabeza.

Damián estaba sentado junto a la cama.

Tenía la camisa arrugada, el cabello desordenado y una mancha de polvo cerca del puño. Sus ojos estaban oscuros otra vez, pero la cara parecía hecha de piedra rota.

—Volviste —dijo ella.

La voz le salió ronca.

—Sí.

—Mi bisabuelo.

—Seguro. Rocío se quedó con él. El expediente ya está bloqueado a tu nombre. Patricia fue retirada del centro.

Aurora intentó procesar todo.

—¿La golpeé?

—Sí.

—Bien.

Damián soltó una respiración que casi fue una risa.

Aurora lo miró mejor.

—¿Estás enojado?

—Estoy tratando de no destruir un hospital.

—Eso suena a sí.

—No contigo.

Ella tragó saliva.

La memoria volvió en pedazos: Rocío, la camilla y la frase terrible de que podía ser un embarazo.

Aurora llevó la mano libre a su abdomen, todavía plano, igual que siempre.

—Damián.

Él se inclinó.

—Estoy aquí.

—¿Es verdad?

Damián le sostuvo la mano con cuidado, como si pudiera romperse.

—Aurora...

La forma en que dijo su nombre le llenó los ojos de lágrimas.

—Dímelo.

Damián respiró hondo.

—Estás embarazada.

Aurora no lloró de inmediato.

Se quedó mirando el techo.

Una parte de ella esperaba sentir algo enorme, una revelación, una campana dentro del pecho.

Lo que llegó primero fue miedo.

Miedo por la sangre.

Por el dolor.

Por la noche que apenas recordaba.

Por la vida que de pronto existía sin haber pedido permiso.

Después llegó otra cosa.

Una ternura tan frágil que dolía.

—¿Está...? —No pudo terminar.

Damián acercó la silla más.

—Por ahora está con nosotros. Rafael dice que es pronto, que necesitas reposo, medicamentos y cero estrés.

Aurora soltó una risa rota.

—Elegí un pésimo día para pelearme con mi madrastra.

—Elegiste un buen día para salvar a tu bisabuelo.

—Pude perderlo.

—Pero no lo perdiste.

La primera lágrima le cayó hacia la sien.

Damián la limpió con una suavidad que terminó de romperla.

Aurora empezó a llorar.

No como en la escuela, conteniéndose para que nadie usara su dolor contra ella.

Esta vez lloró con el cuerpo entero, agarrada a la mano de Damián, con la otra sobre su vientre.

—No sabía —repitió—. Yo no sabía.

—Lo sé.

—Corrí. La golpeé. Me subí a un taxi. No sabía.

—Aurora, mírame.

Ella negó con la cabeza.

—Le hice daño.

—Mírame.

Aurora abrió los ojos entre lágrimas.

Damián tenía los suyos rojos.

—No le hiciste daño. Lo protegiste sin saber que existía. Igual que protegiste a Don Augusto. Eso eres tú.

—¿Y si no puedo?

—Puedes.

—¿Y si me parezco a mi familia?

La pregunta salió como veneno viejo.

Damián se inclinó hasta apoyar la frente contra la suya.

—Tu familia no sabe amar así.

Aurora cerró los ojos.

—Hay alguien ahí —susurró.

Movió los dedos sobre su vientre.

—Alguien que es mío.

Damián no respiró.

Aurora abrió los ojos y lo miró.

—¿Tuyo y mío?

La mandíbula de Damián tembló apenas.

Él apoyó una mano sobre la de ella, encima de su abdomen.

—Tuyo y mío.

En el fondo de su pecho, su lobo hizo un sonido que Damián nunca le había escuchado.

No reclamó ni exigió. Se inclinó ante esa vida mínima como si ya reconociera a su cachorro.

Damián besó la frente de Aurora.

—Voy a cuidar de ustedes.

Aurora cerró los ojos, agotada.

—No prometas cosas enormes.

—Entonces prometo una cosa pequeña.

—¿Cuál?

Damián rozó su vientre con el pulgar.

—Esta noche nadie vuelve a tocar lo que es tuyo.

Aurora apretó su mano.

Afuera, en el pasillo, Marco hablaba con seguridad, Rafael tapaba el agujero de la pared con una carpeta, y en algún lugar de la ciudad Patricia Soto empezaba a entender que había tocado la puerta equivocada.

1
Josephine 💜
🥰🥰🥰🥰
Primi Mendez
esta por terminar sin pasar casi nada 😕
Eva Domínguez Cobos
estuvo súper espero el final pronto
Primi Mendez
Mariana está pisando arena movedizas. no le conoce al protector de Aurora 🤢
Primi Mendez
esta bueno TÚ novela me encanta está pareja
Primi Mendez
Que hermoso como Damián cuida a su mujer y a su cachorro que viene en camino
Ivana Bollici
m encanta...super atrapante!
JZulay
Aurora no cayó en cuenta , lo de los 400 años 🤔🤭
JZulay
/Facepalm//Facepalm//Facepalm//Facepalm//Facepalm//Facepalm//Facepalm//Facepalm//Facepalm//Facepalm/🤭...muy sensibles.
El único de acero es el abuelo Esteban 😜
JZulay
comparsa.../Facepalm//Facepalm//Facepalm//Facepalm//Joyful//Proud/ mucha gente 🤭
JZulay
comparsa 🤭🥹🥹🥹/Facepalm//Facepalm//Facepalm//Facepalm//Facepalm//Facepalm/
JZulay
por Dios......y se pela con las manos 🤭/Facepalm//Facepalm//Facepalm//Facepalm//Facepalm//Facepalm//Facepalm/
JZulay
/Facepalm//Facepalm//Facepalm//Facepalm//Facepalm//Facepalm//Doubt/...no solo fisgonear
JZulay
no fue mi lejos , no en distancia no en tiempo 🤭/Facepalm//Facepalm//Facepalm//Facepalm/
Emily Morillo ♥️
pero que terca esa pendeja
JZulay
🐺❤️🥰/Kiss//Kiss//Kiss/
JZulay
ay tía Lupe..../Facepalm//Facepalm//Facepalm/
ud es querendona y alborotadora 🤭
JZulay
estás bien ñepra...🤭...hasta el tape /Facepalm//Facepalm//Facepalm/
JZulay
yupiiiiiii .....🥳...estamos avanzando 👏🏼👏🏼
JZulay
los golpes enseñan /Sweat/
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