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Él Villano Que Organizaba Demasiado Bien

Él Villano Que Organizaba Demasiado Bien

Status: Terminada
Genre:Acción / Comedia / Fantasía épica / Completas
Popularitas:1.2k
Nilai: 5
nombre de autor: Selene Asteria

Comedia fantástica, romance improbable y un dragón con problemas de aterrizaje

NovelToon tiene autorización de Selene Asteria para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.

Capítulo 19. La Paz Tiene Demasiados Formularios

La paz llegó acompañada de carpetas.

Muchas carpetas.

Demasiadas carpetas.

Damián descubrió aquel hecho una mañana cuando abrió la puerta de su despacho y una montaña de documentos se derrumbó sobre él.

El impacto lo lanzó hacia atrás.

Durante unos segundos desapareció bajo una avalancha de papel.

—Mi lord —dijo Basilio con absoluta calma—. Veo que ya ha comenzado el trabajo administrativo.

Desde debajo de los formularios apareció una mano.

—La paz fue un error.

—Esa opinión ha sido registrada.

—Retiro todo lo que hice por este reino.

—Demasiado tarde.

Otra carpeta cayó sobre su cabeza.

—Quiero volver a las conspiraciones.

—Las conspiraciones eran más simples.

—¡Exacto!

Basilio tomó nota.

—"El lord considera que las intrigas ancestrales eran menos estresantes que la burocracia."

—No escribas eso.

—Ya lo hice.

Tres semanas después de la caída de la Corte, Aurelia seguía cambiando.

Las investigaciones continuaban.

Los archivos secretos aparecían por centenares.

Los territorios confiscados comenzaban a devolverse.

Los nombres borrados regresaban poco a poco a los registros públicos.

Y cada uno de esos avances generaba más reuniones.

Damián empezaba a sospechar que las reuniones se reproducían por esporas.

—¿Cuántas tenemos hoy?

Basilio consultó una lista.

—Nueve.

—No.

—Técnicamente diez.

—¡Basilio!

—La décima apareció mientras hacía la cuenta.

Celeste soltó una carcajada desde el otro lado de la mesa.

—No deberías reírte.

—Es imposible no hacerlo.

—Estoy sufriendo.

—Un poco.

—Muchísimo.

La caballera cerró uno de los informes.

—Al menos están dando resultados.

—Eso es lo peor.

—¿Por qué?

—Porque ahora no puedo quejarme con fundamento.

—Puedes intentarlo.

—Lo estoy haciendo.

Una de aquellas reuniones fue distinta.

Mucho más importante.

Y mucho menos aburrida.

La reina había convocado a representantes de todo el reino.

Alcaldes.

Capitanes.

Escribas.

Historiadores.

Custodios.

Personas encargadas de reconstruir no solo ciudades, sino también memoria.

El gran salón permaneció en silencio mientras Basilio desplegaba varios documentos.

—Tras evaluar la situación actual —anunció— hemos llegado a una conclusión.

—Eso suena alarmante —dijo Damián.

—Siempre suena alarmante cuando él habla así —añadió Elena.

—Gracias por la confianza.

Basilio ignoró ambos comentarios.

—La información recuperada no puede volver a quedar bajo el control exclusivo de una corte o una corona.

La reina asintió.

Celeste también.

Incluso Isolde parecía estar de acuerdo.

—Entonces ¿qué propones? —preguntó la reina.

Basilio respiró profundamente.

Se notaba que llevaba días pensando en aquello.

—Una Casa de Memoria.

El salón quedó en silencio.

—¿Una casa? —preguntó Damián.

—Sí.

—¿No una institución poderosa?

—No.

—¿No un ministerio?

—No.

—¿No una Orden Sagrada de la Verdad Eterna?

—Definitivamente no.

Basilio señaló los documentos.

—Una casa.

Un lugar donde los nombres tengan espacio.

Donde las historias puedan conservarse.

Donde nadie decida quién merece ser recordado y quién no.

Elena observó la propuesta.

Y sintió algo extraño.

Esperanza.

Pequeña.

Frágil.

Pero real.

—Me gusta.

Todos giraron hacia ella.

La joven caminó hasta una mesa vacía.

Tomó una pluma.

Y abrió el primer registro.

—Entonces empecemos.

El silencio la acompañó mientras escribía.

Lentamente.

Con cuidado.

Respetando cada letra.

La primera entrada de la nueva Casa de Memoria.

La Umbra sin nombre del Primer Pacto.

Debajo añadió:

No fue cerradura. No fue deuda. No fue herramienta. Fue alguien.

Cuando terminó, nadie habló durante varios segundos.

Porque todos comprendían la importancia de aquel momento.

Aquello era más que un archivo.

Era una promesa.

Esa misma tarde ocurrió algo extraño.

Lo cual, considerando sus vidas recientes, era una afirmación peligrosa.

Fulgor apareció en una sala llevando algo entre los dientes.

—No.

El dragón continuó avanzando.

—Fulgor.

Más pasos.

—No quiero saber qué es.

El dragón dejó el objeto sobre la mesa.

Era un fragmento de cristal negro.

Pequeño.

Irregular.

Cubierto por símbolos antiguos.

Todos quedaron en silencio.

—¿Dónde encontraste eso?

Fulgor movió la cola.

—Eso no responde la pregunta.

Más movimiento.

—Nunca responde preguntas —comentó Celeste.

Basilio tomó el cristal.

Lo observó cuidadosamente.

Las runas comenzaron a iluminarse.

—Oh.

—Siempre me preocupa cuando dices "oh".

—Debería.

La superficie se volvió brillante.

Y una imagen apareció sobre la mesa.

Un corredor.

Después una escalera.

Luego una enorme cámara subterránea.

Finalmente una voz antigua llenó la habitación.

Una sola pregunta.

¿Quién tiene mi nombre?

El silencio regresó de inmediato.

Isolde palideció.

Elena observó la visión.

Damián sintió un escalofrío.

Y Basilio cerró lentamente su libreta.

—Eso parece importante.

—Muchísimo —susurró Isolde.

La imagen cambió.

Mostró una ubicación marcada debajo de Salmor.

Oculta.

Enterrada.

Olvidada.

—¿Qué es ese lugar? —preguntó Celeste.

Isolde tardó varios segundos en responder.

—La Cripta de los Nombres.

Silencio.

—Ese nombre no me gusta.

—A mí tampoco.

—¿Qué hay allí?

La mujer observó el fragmento.

Como si estuviera viendo recuerdos muy antiguos.

—No es una tumba de personas.

La habitación quedó inmóvil.

—Entonces ¿de qué?

La respuesta llegó apenas como un susurro.

—De nombres robados por los pactos.

Nadie tuvo nada que añadir.

Porque todos sabían exactamente lo que aquello significaba.

La paz imperfecta acababa de encontrar un nuevo problema.

Y sospechosamente, parecía estar esperando debajo de la tierra desde hacía siglos.

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