Algunas personas llegan a tu vida para cambiarla.
Liam pensaba que la universidad sería solo un nuevo comienzo.
Nunca imaginó que terminaría encontrando a alguien capaz de cambiar por completo su ritmo.
Entre bailes, competencias, amistades inolvidables, heridas del pasado y sentimientos que nacieron cuando menos lo esperaban, Liam y Kae descubrirán que ciertos encuentros no son coincidencias.
Porque algunas personas están destinadas a encontrarse.
A seguirse.
A perderse.
Y finalmente…
A chocar.
Ritmos Que Nos Chocan es una historia sobre amor, crecimiento, segundas oportunidades y aquellos lazos que permanecen incluso cuando todo parece intentar separarlos.
NovelToon tiene autorización de Leamsi Espinoza para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.
Distancia
Liam despertó antes de que sonara la alarma.
Lo cual era raro.
Muy raro.
Porque normalmente necesitaba tres alarmas, dos amenazas y un milagro para levantarse.
Pero aquella mañana abrió los ojos de inmediato.
Y lo primero que hizo fue buscar su teléfono.
La pantalla estaba vacía.
Ninguna notificación.
Ningún mensaje.
Nada.
—Qué decepción…
murmuró.
Se quedó inmóvil unos segundos.
Y luego frunció el ceño.
—Espera.
¿Por qué estaba decepcionado?
Kae probablemente seguía dormido.
O viajando.
O haciendo cualquier cosa relacionada con la competencia.
No tenía ninguna razón para escribirle.
Ninguna.
Abrió el chat.
Lo observó.
Lo cerró.
Lo volvió a abrir.
Y finalmente escribió:
Que te vaya bien hoy.
Lo leyó.
Lo borró.
Lo escribió otra vez.
Y esta vez lo envió.
Antes de arrepentirse.
⸻
A varios kilómetros de allí…
Kae acababa de bajar del autobús.
El viaje había sido largo.
Y todavía faltaba la parte difícil.
Su teléfono vibró.
Lo sacó por costumbre.
Y entonces vio el mensaje.
Que te vaya bien hoy.
Se quedó observándolo durante unos segundos.
Una sonrisa pequeña apareció en su rostro.
Tan pequeña que probablemente nadie más la habría notado.
Pero estaba ahí.
Y eso ya era extraño.
Porque Kae rara vez sonreía antes de las siete de la mañana.
Finalmente respondió:
Gracias.
Liam leyó el mensaje casi al instante.
Y por alguna razón…
Eso fue suficiente para mejorarle el día.
⸻
Más tarde.
Emma, Noah y Liam estaban sentados en la cafetería.
Aprovechando uno de los pocos momentos de tranquilidad que les permitía la universidad.
—¿Y tu proyecto?
preguntó Liam.
Noah levantó la vista de su tableta.
—¿Qué pasa con él?
—Llevas semanas trabajando en eso.
—Y semanas hablándonos de eso.
añadió Emma.
—Nadie te obliga a escuchar.
—La amistad sí.
—Eso no funciona así.
—Para mí sí.
Noah suspiró.
Acostumbrado.
—Va bien.
—¿Ya encontraste lo que buscabas?
preguntó Liam.
—No exactamente.
—¿Entonces?
Noah dudó unos segundos.
Algo poco común en él.
—Encontré algo raro.
Emma levantó una ceja.
—Eso suena interesante.
—No lo es.
—Cuando dices eso normalmente sí lo es.
—Gracias por la confianza.
—De nada.
Liam sonrió.
—¿Y qué encontraste?
Noah apoyó la tableta sobre la mesa.
—Patrones.
Emma soltó una carcajada.
—Eso es lo más Noah que he escuchado.
—Lo sé.
—Continúa.
—La mayoría de las personas creen que toman decisiones aleatorias.
—Las toman.
—No tantas como crees.
Emma y Liam intercambiaron una mirada.
—Aquí vamos.
murmuró Emma.
—Escuchen.
Noah señaló a ambos.
—La gente suele sentarse en los mismos lugares.
—Normal.
—Caminar por los mismos caminos.
—Normal.
—Buscar a las mismas personas.
Liam permaneció en silencio.
—Y cuando analizas suficientes datos…
continuó Noah.
—Empiezas a notar que muchas coincidencias no son tan coincidencias.
Emma sonrió.
—Eso sonó extrañamente romántico.
—No lo era.
—Sí lo era.
—No.
—Sí.
—No.
—Sí.
—Voy a arrepentirme de haber dicho algo.
Liam soltó una risa.
Pero algo de aquellas palabras se quedó con él.
Porque aunque no quería admitirlo…
Había alguien en quien pensó inmediatamente al escucharlas.
Y eso era un problema.
Uno bastante específico.
⸻
Mientras tanto…
Kae entrenaba.
Y entrenaba.
Y entrenaba.
Como siempre.
Solo que esta vez era diferente.
La presión era mayor.
Las expectativas también.
Era el capitán.
Todos contaban con él.
Y él lo sabía.
Cuando finalmente terminó la práctica, el cansancio le pesaba hasta en los hombros.
Se dejó caer en una de las gradas.
Respirando profundamente.
La cancha estaba casi vacía.
El cielo comenzaba a teñirse de naranja.
Y por primera vez en todo el día tuvo un momento de calma.
Sacó su teléfono.
Tomó una fotografía del atardecer.
Bonito.
Tranquilo.
Diferente.
Miró la imagen.
Y sin pensar demasiado…
Abrió un chat.
El de Liam.
Silencio.
Observó la fotografía.
Luego el chat.
Y después volvió a observar la fotografía.
—¿Qué estoy haciendo?
murmuró.
No tenía ninguna razón para enviarla.
Ninguna.
Y aun así…
Su dedo permanecía sobre el botón.
Como si quisiera compartir aquel momento.
Como si automáticamente hubiera pensado en alguien.
Como si…
Hubiera pensado en Liam.
La fotografía desapareció de la pantalla.
Kae cerró el chat de golpe.
—Definitivamente estoy cansado.
Intentó convencerse.
Pero ni siquiera él creyó la excusa.
Porque por primera vez en mucho tiempo…
Había alguien ocupando sus pensamientos más de lo normal.
Y eso era mucho más peligroso que cualquier competencia.
Y sin embargo la foto se había enviado al chat de Liam ¿Qué casualidad no?