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Mi Esposo de Mentira era el Dueño de Todo

Mi Esposo de Mentira era el Dueño de Todo

Status: En proceso
Genre:Amor tras matrimonio / Casada con el millonario / Pretendiendo ser otra persona / Tú no me amas / Amante arrepentido
Popularitas:98.3k
Nilai: 5
nombre de autor: Ruby_Blair

Lola Quintana llegó vestida de novia al salón donde todos esperaban verla casarse con Bruno Gatti.

Pero el novio no apareció.

Estaba en Rosario, cuidando a Martina, su primer amor.

Humillada delante de dos familias, traicionada por el hombre al que cuidó durante años y acorralada por una familia que solo quería usarla, Lola tomó una decisión impulsiva: llamó a Thiago Sáenz, un pibe lindo, pobre y descarado al que apenas conocía, y le pidió que fuera su novio por una noche.

El trato era simple.

Él la ayudaba a salvar la cara.

Ella le pagaba.

Después, cada uno seguía con su vida.

Pero Thiago no era tan pobre como parecía.

Y ese casamiento improvisado, que Lola creyó una salida desesperada, terminó metiéndola en una guerra de familias, secretos, herencias robadas y un marido demasiado peligroso para ser solo un capricho.

Lola no buscaba amor.

Thiago tampoco pensaba dejarla ir.

NovelToon tiene autorización de Ruby_Blair para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.

Capítulo 21

Capítulo 21

En la comisaría, Lola estaba sentada frente al escritorio, con las manos sobre las rodillas y una calma que a la señora Ferreyra le sacaba todavía más rabia.

La mujer, con la frente vendada, no paraba de gritar.

—Oficial, ¿usted entiende lo que hizo esta mina? Yo fui a la escuela a decir la verdad, a contar que maltrataba a mi hijo, y ella me atacó. Mire cómo me dejó. Mire esta herida. Perdí sangre delante de todos. Es violenta, soberbia, peligrosa. Tienen que encerrarla. No pueden dejarla suelta para que siga dañando gente.

Lola la miró sin moverse.

—Señora Ferreyra, en mi celular todavía tengo la grabación de su llamada con Martina Ibarra.

La mujer se atragantó con su propio discurso.

El policía que tomaba nota levantó la vista.

Ferreyra apretó los dientes.

—Aunque no hayas tocado a mi hijo, me lastimaste a mí. Eso es un hecho. Voy a pedir el informe médico y te voy a hundir, nena.

Lola soltó una risa corta.

Después giró hacia el oficial.

—Antes de declarar, quiero que escuche esto.

Sacó el celular.

Ferreyra se levantó de golpe.

—¿Qué hacés, desgraciada?

—Cuidado —dijo Lola—. Si se tira encima otra vez y se abre más la frente, después no me culpe.

La mujer se quedó dura.

Lola subió el volumen y reprodujo la grabación.

La voz de Ferreyra llenó la oficina: primero los reclamos, después la amenaza a Martina, después el pedido de más plata para resolver el problema.

Los policías se miraron entre ellos.

La señora Ferreyra perdió color.

Cuando terminó el audio, Lola habló claro.

—Hoy esta señora fue a mi escuela por encargo de Martina Ibarra. Me acusó delante de mis compañeras de recibir regalos y de golpear a su hijo. El objetivo era destruir mi nombre y sacarme del aula. Tuve la mala suerte, o la buena, de escucharla hablar con Martina. La grabé. Cuando se dio cuenta, se me tiró encima para sacarme el teléfono. Yo la empujé por reflejo. No hubo intención de lastimarla.

—¡Mentira! —gritó Ferreyra—. Me empujaste porque querías vengarte.

Lola ladeó la cabeza.

—Entonces admite que fue a la escuela a mentir sobre mí.

—Sí, ¿y qué? Pero ahora estamos hablando de que me atacaste.

Lola miró al policía.

—Ya la escuchó. Reconoció que cobró para difamarme. También pido que investiguen a Martina Ibarra.

El oficial asintió.

—Se va a dejar constancia y se va a seguir la investigación.

Ferreyra recién entonces entendió.

Cuando dos agentes se acercaron para llevarla a iniciar el trámite de detención contravencional, empezó a patalear.

—¿A mí? ¿Me van a llevar a mí? ¡La herida la tengo yo! ¡Ella es la que tienen que meter presa! ¿Les pagó? ¿Les pagó esa mocosa? Yo conozco gente, eh. Tengo contactos arriba.

Los policías ni se inmutaron.

Habían escuchado la frase de "tengo contactos" demasiadas veces.

Cuando por fin se la llevaron, la comisaría quedó en silencio.

El oficial golpeó la mesa con los nudillos.

—Lo de ella queda por un lado. Pero si después reclama gastos médicos por la herida, puede que tenga que responder.

Lola hizo una mueca.

Pagarle a esa mujer le daba bronca.

—Ahora llame a un familiar para que venga a firmar y retirarla.

Lola parpadeó.

—¿También tengo que llamar a alguien?

—Sí.

No tenía muchas opciones.

Sacó el celular y llamó a Thiago.

Él atendió con voz ronca, de recién despertado.

—¿Hola?

Lola sintió una injusticia enorme.

Ella ya había dado clases, había recibido una acusación falsa, casi se había peleado, había terminado en una comisaría, y él recién se despertaba.

Qué vida bárbara.

—Ya que estás despierto, vení a la comisaría.

—¿Para qué?

—A sacarme.

Silencio.

—¿Te detuvieron?

—Algo así. No preguntes tanto y vení. Ah, y ni se te ocurra decirles a mis abuelos.

—Entendido.

Thiago se levantó, se cambió y bajó.

Los abuelos miraban una novela en el living.

La abuela lo vio con ropa de calle.

—¿A dónde vas, Thiago?

A rescatar a su nieta de la comisaría.

Sonrió.

—Está lindo para caminar un rato.

La abuela lo dejó ir.

El abuelo, cuando Thiago salió, miró por la ventana.

—Está nublado. Lindo, dice. Este pibe no es sincero.

—Comé uvas y dejá de buscarle defectos —dijo la abuela, metiéndole una en la boca.

Lola jugó dos partidas en el celular antes de verlo entrar.

Thiago llevaba ropa simple, pero igual parecía alumbrado por una luz propia. Hasta los policías lo miraron.

Lola levantó la mano.

—Thiago, acá.

Él se acercó y la miró de arriba abajo.

—¿Qué hiciste?

Antes de que ella respondiera, el oficial preguntó:

—¿Usted es familiar?

Lola abrazó el brazo de Thiago.

—Es mi marido.

Thiago la miró de costado, pero no la contradijo.

El policía dudó.

—¿De verdad?

Thiago sacó el acta del Registro Civil.

—Puede revisarla.

Lola abrió los ojos.

—Pibe, ¿por qué llevás nuestra acta de matrimonio encima?

Thiago se puso apenas incómodo.

—Es un documento importante. Si lo pierdo, después no podemos divorciarnos.

Lola lo miró fijo.

—Qué atrasado estás.

—¿Perdón?

—Si se pierde, se pide otra copia. No impide ningún divorcio.

Thiago guardó silencio.

No debía esperar lógica normal de ella.

—Me da fiaca el trámite.

—Claro. Para alguien que duerme hasta que le pega el sol en la cara, pedir una copia debe ser casi trabajo forzado.

El policía tosió.

Seguía ahí.

La pareja, al parecer, lo había olvidado.

Firmado todo, salieron de la comisaría.

Lola agarró el brazo de Thiago.

—No les dijiste nada a mis abuelos, ¿no?

—No.

—Bien.

—Ahora contame.

Lola le resumió lo ocurrido: la acusación en la escuela, Benja, la llamada de Martina, la pelea con Ferreyra y la grabación.

Lo decía liviana, pero los ojos todavía le ardían de bronca.

—Martina está enferma —dijo—. Yo ya salí de la vida de Bruno. Le dejé el escenario libre. ¿Qué más quiere? ¿Que me siente en primera fila a aplaudirles el romance?

Thiago frunció el ceño.

—¿Vas a meterte otra vez en su historia?

—Ni loca. La basura no se recicla. Solo quiero que Martina pague por lo de hoy.

—¿Cómo?

Lola sonrió.

—Ya vas a ver.

—¿Querés ayuda?

—No hace falta. Con que hoy hayas venido ya hiciste bastante.

Además, él era un estudiante pobre y vago.

No iba a pedirle imposibles.

Thiago leyó la desconfianza en su cara.

Esa noche, todavía molesto por esa mirada, llamó a Damián.

—¿Cuñado?

Damián sonó sorprendido.

—¿Me llamás a mí o a Milo?

—Pasame a Milo.

Damián se quedó callado.

Qué cuñado más práctico.

Después de cortar, Thiago salió al balcón. Al volver, vio a Lola en el jardín delantero, sentada sola en la hamaca que su abuelo le había armado.

La luz del patio le dejaba la espalda chica.

Él bajó.

—¿Seguís pensando en lo de hoy?

Lola levantó la vista.

—¿Y vos por qué no dormís?

Antes de que él contestara, ella se respondió sola.

—Claro. Si te levantás al mediodía, a esta hora ni sueño tenés.

Thiago respiró hondo.

Qué obsesión tenía con sus horarios.

Lola se paró y se sacudió las manos.

—Ya que nadie duerme, vamos.

—¿A dónde?

—Te invito a comer parrilla.

—¿Hay algo abierto por acá?

—No subestimes este barrio cerrado. Acá hay de todo. Gente con plata y antojos de madrugada, combinación perfecta.

Caminaron unas cuadras y llegaron a una calle llena de luces, parrillitas, bodegones chicos y puestos de comida.

Thiago miró alrededor.

—Tenías razón.

—Obvio.

Entraron a una parrilla de barrio.

Mientras miraba la carta, Lola recordó algo viejo.

—La primera parrillada de mi vida la pagué yo. Tenía siete años. Invité a un pibe que acababa de conocer y el muy descarado se comió todos mis ahorros.

Thiago dejó la carta.

—¿Todos tus ahorros?

—De los cuatro a los siete junté monedas. Tres años. Eso cuenta como ahorro de largo plazo.

Thiago se quedó serio.

Él era ese pibe.

Recordó a la nena con la cara hinchada de golpes, llevándolo por pasillos y calles que parecían un laberinto hasta encontrar una salida. Recordó el olor de la parrilla, el hambre de los dos, el estómago sonando al mismo tiempo.

Ella había señalado su panza.

"Pibe, te suena re fuerte. ¿Está cantando?"

Y luego, con la cara destrozada y una dignidad absurda:

"Como tenés hambre, la hermana te invita."

Él había pedido sin saber. Brochettes, chorizo, alitas, todo lo que le parecía rico.

Cuando notó que la sonrisa de la nena empezaba a romperse, quiso echarse atrás.

"No tengo hambre."

Pero ella, muy seria, había dicho:

"Pedí. Una hermana mayor cumple."

Al pagar, la nena entregó monedas de dos, de cinco, de diez centavos, y casi lloró cuando le quedó una sola moneda en la mano.

Thiago soltó una risa baja.

Lola levantó la vista.

—¿De qué te reís?

—De nada. Hoy pago yo.

—¿Seguro? Habíamos quedado en que yo te mantenía.

—Puedo invitar una cena de vez en cuando.

Sonrió apenas.

—Todavía no gasté los ciento diez mil que me diste.

Lola perdió toda la ternura.

—Eso dolió.

Pidió de todo.

Tira, provoleta, mollejas, achuras, papas, ensalada, y una botella de vino cara.

Thiago frunció el ceño.

—¿Vas a tomar?

—Un poquito.

—Después no te cargo.

Lola recordó la vez que le había vomitado encima y se puso seria.

—Un poquito de verdad.

Thiago la dejó.

Tenía claro que un borracho prometiendo moderación era un contrato sin validez.

1
Mary Ney
Thiago no puedo contigo 😂😂😂😂😂
Mary Ney
🤣🤣🤣🤣Thiago eres único 🤣🤣🤣😂😂
Cliente anónimo
No se tarden en terminarla para seguirle el hilo y no olvidarse donde quedo y de que se trata
Darquiz Bonilla
y no fue en la pierna q le dispararon
Flor R
hay no pobre mi Tiago 🍷🍷🍷
Flor R
ya ven leo si sabe eso es bueno es un buen muchacho 🙈🙈🙈🙈
Cliente anónimo
Me encanta pero por favor no tarde en escribir antes que uno se olvide del trama
Flor R
o no espero que se salve el anulo se merecen salvarse
Mercedes Pereira
no están cumpliendo con los capítulos hoy es 28 -7-26
Maria del pilar Quinto
ese es el final???? que paso con Thiago y Lola???? y el negocio???
Maria del pilar Quinto
me gusta que las cosas vayan fluyendo sin tanto drama, no que luego están por saber la verdad, e inventan otro drama
Cliente anónimo
No por favor no hagan eso cuando uno esta más metido en el drama
Zaylys Coromoto Peña Rodriguez
se puso muy mala la novela demasiada fantasía que no se sabe si es una fantasía moderna o urbana de época antigua ya no se que pensar ya estamos en el capitulo 60 pura fantasía y nada que demuestre que es un ceo o un duque vampiro lobo o que??????
Andreina Fernandez
creo k a la escritora se le fue la fecha es k el país k ella es no ah pasado el mes 6 todavía
Miraval 💃🇨🇴❤️🇨🇴❤️
😂😂😂😂😂🤭🇨🇴❤️❤️❤️
Miraval 💃🇨🇴❤️🇨🇴❤️
Que busquen a Ynua. 😉🤭🇨🇴❤️
Miraval 💃🇨🇴❤️🇨🇴❤️
Ay no, que ironía....la "mejor amiga", gatogordo . 😂😂😂😂😂🇨🇴🇨🇴❤️❤️
Miraval 💃🇨🇴❤️🇨🇴❤️
Se me chorriaron las babas, de solo imaginar. 😉🤤🤤😋😋😋❤️❤️🇨🇴🇨🇴
Miraval 💃🇨🇴❤️🇨🇴❤️
Cómo así? Qué sabe Lola, de la verdadera identidad de Thiago ? 🤔🤔🇨🇴🇨🇴❤️
Karen Solange Quintana Monardes
muy bueno te deja intrigado
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