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La Menor De Los Sergeyev

La Menor De Los Sergeyev

Status: En proceso
Genre:Mafia / Omegaverse / Romance
Popularitas:328
Nilai: 5
nombre de autor: milu carrera

Isabella Sergeyev huyó de Rusia después de la muerte de su abuela, cargando una culpa que la convirtió en una alfa fría y despiadada. Tres años después, un problema relacionado con la explotación de omegas la obliga a regresar al mundo que abandonó. Pero entre enemigos ocultos, secretos y una guerra que crece en silencio, Sasha se convierte en la única persona capaz de romper las murallas que Isabella construyó alrededor de sí misma.

NovelToon tiene autorización de milu carrera para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.

capitulo 21

El regreso fue en silencio.

 No porque no hubiera nada que decir, sino porque todo lo importante ya había sido entendido sin palabras. El auto avanzaba por las calles de Moscú con una calma que contrastaba demasiado con lo que acababa de ocurrir.

 Sasha miraba por la ventana, pero no estaba viendo la ciudad. Seguía procesando cada palabra, cada gesto, cada pausa de ese encuentro. Había algo en Orlov que no se parecía a nada que hubiera conocido antes.

 No era violencia.

 Era control absoluto.

 Y eso era peor.

 Isabella, en cambio, no miraba nada. Tenía la mirada fija hacia adelante, pero su mente estaba reconstruyendo la conversación una y otra vez, analizando cada detalle como si fuera una ecuación que debía resolverse.

 No había sido una reunión.

 Había sido una evaluación.

 Y ambas lo sabían.

 Cuando el auto se detuvo frente a la mansión, la seguridad ya estaba reforzada. Los cambios se notaban incluso antes de bajar: más hombres, más controles, más silencio.

 Aleksander los esperaba en la entrada.

 No preguntó nada al verlas.

 Solo observó el rostro de Isabella.

 —Entonces es él —dijo finalmente.

 Isabella asintió.

 —Sí.

 Aleksander desvió la mirada un segundo, como si acomodara la información en su cabeza.

 —¿Qué quiere?

 Isabella comenzó a caminar hacia el interior sin detenerse.

 —Lo mismo que todos.

 —¿Poder?

 —Control.

 Entraron al despacho sin más palabras. Sasha se sentó despacio, todavía sintiendo el esfuerzo del día, pero sin apartarse de la conversación. Nadie la excluía ya. Nadie la trataba como alguien externo.

 Era parte de esto.

 Y eso ya no estaba en discusión.

 Isabella apoyó las manos sobre el escritorio.

 —Volkov no importa.

 Aleksander frunció el ceño.

 —Sigue siendo un problema.

 —Es un síntoma.

 La corrección fue inmediata.

 —Orlov lo usó para medirnos. Para ver cómo respondíamos. Qué tan rápido reaccionábamos. Qué tan lejos llegábamos.

 Sasha apoyó los codos sobre las rodillas, inclinándose un poco.

 —Y ahora ya lo sabe.

 Isabella la miró.

 —Ahora sabe que no voy a retroceder.

 El silencio que siguió fue breve, pero cargado.

 Aleksander cruzó los brazos.

 —Eso no necesariamente es bueno.

 Isabella sostuvo su mirada.

 —No necesito que sea bueno.

 Necesitaba que fuera claro.

 Sasha respiró hondo.

 —Dijo que la próxima vez no sería una invitación.

 Isabella asintió.

 —Y no lo será.

 Se enderezó lentamente.

 —Por eso no vamos a esperar.

 Aleksander arqueó levemente una ceja.

 —¿Quieres adelantarte a Orlov?

 Isabella negó.

 —Quiero sacarlo de su ritmo.

 Eso sí llamó su atención.

 —Explícate.

 Isabella caminó hacia la ventana. La nieve había vuelto a caer ligeramente, cubriendo otra vez las huellas del día.

 —Orlov controla porque todo pasa cuando él decide —dijo—. Si seguimos reaccionando, siempre vamos a ir detrás.

 Sasha la observó con atención.

 —Entonces tenemos que obligarlo a reaccionar.

 Isabella giró levemente el rostro.

 —Exacto.

 Aleksander la miró en silencio unos segundos.

 —Eso es peligroso.

 Isabella esbozó una sonrisa leve.

 —También lo es dejar que marque el ritmo.

 No había arrogancia en su tono.

 Había certeza.

 Esa noche, Isabella no durmió.

 No porque no pudiera, sino porque no lo necesitaba.

 Había algo nuevo moviéndose en su mente. Algo más claro que antes. Ya no estaba reaccionando al miedo, ni siquiera a la amenaza.

 Estaba entendiendo el juego.

 Y eso cambiaba todo.

 En el despacho, las pantallas mostraban datos, rutas, conexiones. Pero ya no buscaba solo información. Buscaba patrones de comportamiento.

 Orlov no era impulsivo.

 No respondía a provocaciones simples.

 No se exponía sin motivo.

 Entonces no podía atacarlo directamente.

 Tenía que hacerlo moverse.

 Sasha apareció en la puerta sin hacer ruido.

 —Sabía que ibas a estar acá.

 Isabella no se giró.

 —Deberías estar descansando.

 Sasha avanzó lentamente hasta quedar a su lado.

 —Deberías estar durmiendo.

 Isabella dejó escapar una exhalación leve.

 —No es lo mismo.

 Sasha apoyó una mano sobre la mesa.

 —¿Qué estás pensando?

 Isabella tardó unos segundos en responder.

 —En cómo hacer que alguien como Orlov cometa un error.

 Sasha inclinó ligeramente la cabeza.

 —¿Y?

 Isabella la miró.

 —Quitándole el control.

 Sasha sostuvo su mirada.

 —¿Cómo haces eso con alguien que controla todo?

 Isabella esbozó una leve sonrisa.

 —Haciendo algo que no espera.

 El silencio se instaló entre ellas.

 Sasha lo entendió antes de que lo dijera.

 —Eso suena a que vas a arriesgar algo importante.

 Isabella no respondió de inmediato.

 Pero no negó.

 —Todo lo importante ya está en riesgo.

 Sasha bajó la mirada un instante.

 —Incluyéndome.

 Isabella dio un paso hacia ella.

 —Tú no eres una pieza.

 Sasha levantó la vista.

 —Entonces no me dejes afuera.

 El aire cambió ligeramente.

 No era una discusión.

 Era una línea que se estaba trazando.

 Isabella la observó largo rato.

 Y finalmente asintió.

 —No lo haré.

 Fue una promesa.

 Y ambas lo sabían.

 La primera jugada llegó al amanecer.

 No fue violenta.

 No fue visible.

 Pero fue directa.

 Isabella ordenó intervenir una de las rutas financieras más estables asociadas indirectamente a la red de Orlov. No una importante. No una crítica.

 Una que parecía… intocable.

 No para destruirla.

 Para alterarla.

 Pequeños errores en transferencias.

 Retrasos inexplicables.

 Inconsistencias mínimas.

 Nada que generara alarma inmediata.

 Pero suficiente para romper la perfección.

 Aleksander la observó mientras daba la orden.

 —Esto no va a hacer daño real.

 Isabella asintió.

 —No es para hacer daño.

 —Entonces ¿para qué?

 Isabella lo miró.

 —Para que lo note.

 Horas después, en una oficina lejos de la vista pública, Mikhail Orlov observaba un informe.

 No era grave.

 No era crítico.

 Pero no debía pasar.

 Y eso era lo importante.

 Dejó el documento sobre la mesa.

 Y sonrió.

 No una sonrisa amable.

 Una de interés.

 —Así que decides moverte —murmuró.

 No levantó el teléfono.

 No dio órdenes inmediatas.

 Solo observó.

 Y pensó.

 Porque ahora ya no estaba evaluando a Isabella.

 Ahora estaba jugando con ella.

 Esa noche, de regreso en la mansión, Isabella sintió el cambio.

 No fue un mensaje.

 No fue una llamada.

 Fue algo más sutil.

 La sensación de ser observada.

 No físicamente.

 Sino estratégicamente.

 Se apoyó en la baranda del jardín, el mismo lugar donde todo había cambiado días atrás. La nieve cubría cualquier rastro de sangre, pero la memoria seguía ahí.

 Sasha apareció a su lado.

 —Lo sintió, ¿no?

 Isabella asintió.

 —Sí.

 Sasha cruzó los brazos.

 —¿Y ahora?

 Isabella miró el cielo gris.

 —Ahora ya no somos una incógnita.

 Giró levemente el rostro hacia ella.

 —Ahora somos un desafío.

 Sasha sostuvo su mirada.

 —¿Eso es bueno?

 Isabella no sonrió.

 Pero sus ojos se endurecieron apenas.

 —Eso es inevitable.

 El silencio volvió a caer sobre el jardín.

 Pero ya no era el mismo silencio.

 Era más denso.

 Más consciente.

 Más peligroso.

 Porque el primer movimiento ya había sido respondido.

 Y ahora…

 ya no había vuelta atrás.

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