Segundo libro de la Dinastía Lobo.
⚠️ CONTENIDO (+18)⚠️
Phillips Lobo es el Sottocapo de la mafia italiana, él lleva el dolor de haber perdido a su gran amor después de que diera a luz a su primer hijo, se siente herido y jura no volverse a enamorar jamás.
Fátima Martini, es una chica a la cual le mataron al novio y fue vendida por su propio hermano a un proxeneta, es rescatada por el mafioso líder de la mafia italiana quién es el marido de su mejor amiga y el primo de Phillips,y en su afán de querer olvidar todo el daño que le han causado decide convertiste en la niñera del hijo del sottocapo, ella se siente herida, quiere olvidar su pasado y todo el dolor que lleva en el alma.
¿Podrá Fátima olvidar y sanar todo su dolor?
¿En verdad Phillips no volverá a enamorarse más?
¡Ven y acompáñame en esta nueva aventura y averigüemos juntos que pasará entre el Sottocapo y la Niñera!
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La llamada.
Fátima.
...
Después de la linda gracia que le hizo Efraín a la odiosa de la tía, me lo llevé a su habitación para darle un baño; estaba todo sucio de vómito, y luego lo saqué a pasear por los lugares sombreados de la mansión. Es un bebé muy despierto y se interesa por muchas cosas.
—Mmm, brrr, brrr —balbucea Efraín.
—Estuvo muy bueno lo del vómito —le digo bajito, como si él fuera a entender lo que le digo—. No voy a dejar de besarte, aunque a la odiosa de tu tía no le guste; el único que tiene derecho a decirme algo es tu papá.
Paseo con el niño en su carriola y hablo con él como si lo hiciera con alguien grande que me respondiera.
Iba de regreso al interior de la casa cuando me encuentro al señor Juan. Se detiene frente a la carriola y se agacha para hablarle al nieto.
—Disculpe a mi hija, es un poco grosera a veces, pero es buena persona; solo quiere crear un vínculo con el hijo de su difunta hermana —me dice el señor.
—Yo entiendo que quieran compartir con el niño, pero debe ser paso a paso; él no los conoce y por eso no se siente cómodo con ustedes —le explico, y él asiente.
—Sí, tienes razón, por eso nos quedaremos algunas semanas aquí; él es lo único que nos queda de Lara y queremos estar presentes en su vida.
—Ya debo llevarlo adentro, el clima ha cambiado y no quiero que se vaya a enfermar.
—Te acompaño.
Caminamos un poco cuando él comienza a hacerme preguntas.
—¿Cuántos años tienes, Fátima?
—20, señor.
—¿Vives aquí o vas y vienes a diario?
—Vivo aquí en la mansión.
—¿Y tu familia?
—Mi única familia es Angélica, la esposa del líder —contesto orgullosa; ella, más que mi mejor amiga, es mi hermana.
—Oh, ya veo. Eres muy bonita, Fátima, ¿te lo han dicho?
—No tienen que decirme lo que ya sé, y con permiso, el niño tiene hambre; iré a prepararle el biberón.
—¿Te ayudo?
—No, gracias, no es necesario.
Qué hombre más cansón, pregunta lo mínimo; él cree que no noto su forma perversa de mirarme. Tomo a Efraín en mis brazos, dejando la carriola en el pasillo, y subo con él a su habitación. Le doy de comer y, después de un rato de juegos, se duerme. Mientras él descansa, yo organizo mis cosas para ir a la universidad más tarde.
A las cinco y media llega Helen a recibir su turno.
—Hola, ¿cómo estás?
—Lista para cuidar al futuro Sottocapo —responde con una sonrisa.
—Están aquí el abuelo y la tía del niño; por favor, ten mucho cuidado. Ellos quieren pasar tiempo con él, pero la mujer se nota que no tiene idea sobre niños. Deseo que el señor Phillips vuelva pronto.
—Me asustas, Fátima.
—Haces bien en asustarte, porque la mujer es un dolor de cabeza.
Le resumo a Helen lo sucedido durante el día, luego me despido y me voy a mi habitación a cambiarme para irme a la universidad; debo estar allá a las seis y media de la tarde.
Al buscar mi neceser de maquillaje, me topo con la caja en donde está el vibrador que compré y no he usado. Creo que lo usaré esta noche al volver de mis clases; está por venirme mi periodo y me siento sensible y con ganas de tener acción.
Voy en busca de uno de los choferes para que me lleve a la universidad, porque desde que pasó lo que pasó con Raúl no he querido volver a salir con él; no quiero que haya más malos entendidos entre los dos. Me distraigo con mi celular; es mi mejor amiga quien me ha enviado un correo para contarme que está bien y me manda una foto adjunta del avance de su embarazo. Nadie sabe que yo sé dónde está ella, pues tuvo que irse de Italia al descubrir que su esposo fue el causante del asesinato de su familia, que ahora resultó estar viva; solo su padre murió.
—¿Y a dónde vas tú tan arreglada? —escucho que me pregunta la voz de la señorita Rubí mientras le respondo a mi amiga.
—A la universidad.
Ella arquea una ceja ante mi respuesta.
—Ah, ahora también los empleados estudian, y dime algo, ¿quién paga tus estudios?
—Yo, con mi sueldo, señorita, y si no es más, adiós; debo irme o llegaré tarde a clases.
Me marcho y la dejo de pie en el pasillo. Esta mujer es muy molesta. Consigo a uno de los otros choferes en el comedor de los empleados y le pido el favor de que me lleve; él asiente y me lleva.
Al salir de clases recibo la llamada de mi jefe. Su voz es grave y profunda; mis bragas se humedecen en un dos por tres, mi vientre se contrae y mi pecho toma un latir muy raro.
—Buenas noches, señorita Martini —saluda del otro lado de la línea, e imagino como si lo tuviera en frente.
—Buenas noches, señor Phillips. ¿Cómo está?
—Bien —se aclara la garganta—. ¿Y usted? —«Con ganas de f0llar», responde mi subconsciente, y esta vez soy yo quien debe aclararse la garganta—. ¿Y mi hijo?
—Todos estamos bien, señor. ¿Cuándo vuelve? —me atrevo a preguntar.
—¿Me extraña? —me pregunta, y no sé qué responderle—. Efraín —aclara de inmediato.
—Creo que sí... bueno, todos los hijos deben extrañar a sus padres después de no verlos durante tantos días. Le pregunté cuándo vuelve porque, como bien sabe, el padre y la hermana de su esposa están en la mansión y, bueno, no quiero que lo tome a mal, señor, pero son un completo dolor de cabeza. La señorita Rubí no sabe nada de niños, y Efraín se pone muy incómodo y llora cuando ellos se le acercan. Me gustaría que usted estuviera presente porque, como ya sabe, yo solo soy una empleada y no puedo hacer mucho.
Le resumo lo sucedido el día de hoy.
—Mañana estaré de regreso —es su respuesta—. Necesito hablar con usted.
Sus palabras me hacen sentir como cuando eres pequeño y sabes que hiciste algo que no debías y tus padres te llaman para reprenderte.
—Tengo un trato para tí.
—¿Un trato?
—Sí, un trato. Hablaremos mañana después de sus clases. Márqueme ante cualquier cosa que ocurra con Juan y Rubí. Cuide muy bien a mi hijo y cuídese usted también, señorita Martini.
La llamada se detiene y yo quedo con la mente hecha un ocho.
¿Me irá a reprender por hablarle de sus familiares como lo hice? ¿Me irá a despedir? ¿De qué querrá hablar conmigo?