Cuando Valentina Rojas, una joven fotógrafa que intenta reconstruir su vida después de una dolorosa traición, conoce a Alejandro Montenegro, un exitoso arquitecto marcado por secretos familiares, ninguno imagina que sus caminos terminarán unidos por el amor. Entre encuentros inesperados, malentendidos, rivales, sueños y sacrificios, deberán descubrir si el amor verdadero es capaz de superar cualquier obstáculo.
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La decisión más difícil
La noticia del viaje a España cambió el ánimo de los días siguientes.
No de forma inmediata.
Ni evidente.
Valentina y Alejandro continuaron viéndose, riendo y compartiendo momentos juntos.
Pero había algo diferente.
Una sombra silenciosa.
Un pensamiento que aparecía constantemente.
Los seis meses.
Cada vez que hablaban sobre el futuro, aquella cifra parecía surgir entre ellos.
Como un recordatorio de que el tiempo avanzaba.
Y de que una decisión importante se acercaba.
Valentina dedicó gran parte de la semana a revisar los detalles del proyecto.
La exposición recorrería varias ciudades importantes de España.
Madrid.
Barcelona.
Valencia.
Su trabajo sería presentado en galerías, centros culturales y eventos internacionales.
Era exactamente el tipo de oportunidad con la que había soñado desde que tomó una cámara por primera vez.
Y precisamente por eso le resultaba tan difícil.
Porque una parte de ella estaba emocionada.
Pero otra parte tenía miedo.
Aquella tarde visitó a su madre.
Necesitaba consejo.
Necesitaba escuchar una voz que no estuviera influenciada por el amor.
—¿Qué es lo que realmente te preocupa?
Preguntó su madre mientras preparaba té.
—Alejandro.
La respuesta fue inmediata.
—Lo imaginé.
Valentina suspiró.
—Todo estaba saliendo bien.
—Y sigue saliendo bien.
—Pero voy a estar lejos seis meses.
Su madre tomó asiento frente a ella.
—Cariño.
Si una relación no puede sobrevivir seis meses de distancia, tampoco habría sobrevivido otros problemas.
Aquellas palabras la hicieron reflexionar.
Porque eran simples.
Pero también ciertas.
Mientras tanto, Alejandro continuaba visitando a su padre.
Roberto ya podía caminar por los pasillos del hospital y los médicos hablaban de darle el alta pronto.
Aquella tarde ambos conversaban junto a una ventana.
—Pareces preocupado.
Comentó Roberto.
—Valentina recibió una oferta importante.
—Eso debería alegrarte.
—Me alegra.
—Entonces hay algo más.
Alejandro sonrió débilmente.
—Se va a España.
Su padre permaneció en silencio unos segundos.
—¿Y?
—¿Y?
Repitió Alejandro.
—Son seis meses.
Roberto soltó una pequeña risa.
—Hijo.
Pasé años intentando controlar todo.
Y créeme, no funciona.
Aquella respuesta sorprendió a Alejandro.
—¿Ese consejo viene de ti?
—Estoy intentando convertirme en una mejor persona.
Ambos rieron.
Más tarde, mientras regresaba a casa, Alejandro recordó algo que Elena le había dicho unos días atrás.
"El amor no consiste en retener a alguien. Consiste en acompañarlo mientras persigue sus sueños."
En ese momento comprendió algo.
Nunca le pediría a Valentina que renunciara a aquella oportunidad.
Jamás.
Porque amarla significaba apoyarla.
Incluso cuando eso resultara difícil.
Esa noche decidieron cenar juntos.
Un pequeño restaurante cercano al río.
Las luces reflejadas sobre el agua creaban una atmósfera tranquila y romántica.
Sin embargo, ambos sabían que la conversación importante llegaría tarde o temprano.
Y finalmente llegó.
—Todavía no he dado una respuesta.
Dijo Valentina.
Alejandro dejó el cubierto sobre la mesa.
—¿Por qué?
—Porque sigo pensando.
—¿Sobre qué?
Ella sostuvo su mirada.
—Sobre nosotros.
El corazón de Alejandro se encogió ligeramente.
No por miedo.
Sino por la importancia de aquel momento.
—Valentina.
Ella bajó la mirada.
—No quiero perderte.
La sinceridad de aquellas palabras fue imposible de ignorar.
—No me vas a perder.
—¿Cómo puedes estar tan segura?
—Porque te amo.
La respuesta llegó tan rápido que ambos sonrieron.
A veces olvidaban decirlo.
Pero seguían sintiéndolo.
Cada día más.
Alejandro extendió una mano sobre la mesa.
Ella la tomó inmediatamente.
—Escúchame.
Dijo él.
—Si rechazas esta oportunidad por mí, nunca me lo perdonaré.
Valentina sintió que las lágrimas amenazaban con aparecer nuevamente.
—Alejandro...
—No.
Déjame terminar.
Ella asintió.
—Trabajaste toda tu vida para llegar hasta aquí.
No voy a convertirme en la razón por la que renuncies a tus sueños.
El corazón de Valentina se llenó de amor.
Porque aquella era exactamente la razón por la que él era tan importante para ella.
—¿Y si la distancia cambia las cosas?
Preguntó finalmente.
Era el miedo que ambos evitaban mencionar.
La pregunta que llevaba días escondida.
Alejandro guardó silencio unos segundos.
Luego respondió.
—La distancia cambia muchas cosas.
—Eso no ayuda.
Él sonrió.
—Pero también revela cuáles son realmente importantes.
Valentina apretó suavemente su mano.
Y comprendió que ninguno tenía garantías.
Nadie las tenía.
Las relaciones no vienen acompañadas de promesas de éxito.
Solo de decisiones.
Y esfuerzo.
Y confianza.
Después de cenar caminaron junto al río.
El viento era suave.
Las luces de la ciudad brillaban alrededor de ellos.
Y durante algunos minutos permanecieron en silencio.
Disfrutando simplemente de la compañía mutua.
Hasta que finalmente Valentina se detuvo.
Alejandro la observó.
Y entonces ella sonrió.
Una sonrisa nerviosa.
Pero decidida.
—Creo que ya tomé una decisión.
El corazón de Alejandro comenzó a acelerarse.
—¿Sí?
Ella asintió.
—Sí.
Pero antes de que pudiera explicar cuál era esa decisión, su teléfono comenzó a sonar.
Valentina observó la pantalla.
Era la organización de la gira.
Esperaban una respuesta definitiva.
Y mientras respondía la llamada, Alejandro sintió que estaban a punto de entrar en una nueva etapa de sus vidas.
Una etapa que podría fortalecer su amor.
O ponerlo a prueba como nunca antes.