Casarse no estaba en los planes de Renata.
Y menos si habían cambiado a el que sería su esposo.
Ahora comparte casa con un hombre que poco a poco está dejando de sentirse como un completo desconocido...
Espero les guste.. cualquier opinión se los agradecería. 🤍
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Capítulo 21
Renata llevaba casi una hora caminando de un lado a otro por la casa.
Abrió el refrigerador.
Lo cerró.
Encendió el televisor.
Lo apagó.
Intentó leer.
Abandonó el libro después de tres páginas.
Finalmente soltó un suspiro.
—Renata dijo: —Me estoy volviendo loca.
Sin pensarlo demasiado, tomó el teléfono.
Y llamó a la única persona capaz de convertir una tarde aburrida en un desastre.
Camila.
La llamada apenas sonó una vez.
—Camila respondió: —¿Qué hiciste?
—Renata preguntó: —¿Por qué asumes que hice algo?
—Camila respondió: —Porque nunca llamas tan temprano.
—Renata dijo: —Estoy aburrida.
Hubo un silencio.
Luego un grito.
—Camila gritó: —¡COMPRAS!
—Renata respondió: —Sabía que dirías eso.
—Camila dijo: —Te recojo en treinta minutos.
Y colgó.
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Cuarenta minutos después, ambas caminaban por uno de los centros comerciales más exclusivos de la ciudad.
Renata ya se estaba arrepintiendo.
No por salir.
Sino por Camila.
Porque parecía haber tomado una dosis exagerada de energía.
—Camila dijo: —Necesitas ropa nueva.
—Renata respondió: —Tengo ropa.
—Camila respondió: —Necesitas ropa divertida.
—Renata preguntó: —¿Hay diferencia?
—Camila respondió: —Muchísima.
Y la arrastró hacia una tienda.
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Una hora más tarde, Renata tenía varias bolsas en las manos.
Y Camila todavía no estaba satisfecha.
Habían comprado blusas, pantalones, zapatos, sandalias y accesorios.
Pero eso no era suficiente.
Al parecer.
—Renata dijo: —No necesito nada más.
—Camila respondió: —Eso lo decides tú.
—Renata respondió: —Exactamente.
—Camila dijo: —Y yo decidí ignorarte.
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Entraron en otra boutique.
Mucho más elegante.
Los vestidos ocupaban casi toda la tienda.
Renata apenas los observó.
Hasta que uno llamó su atención.
Era largo.
Color vino oscuro.
Elegante.
Con una abertura discreta en una pierna.
Y un diseño que resaltaba su figura sin verse exagerado.
Camila sonrió inmediatamente.
Esa sonrisa peligrosa.
—Camila dijo: —Ese.
—Renata respondió: —Ni lo sueñes.
—Camila dijo: —Ese.
—Renata respondió: —Camila.
—Camila respondió: —Ese.
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Veinte minutos después, Renata salió del probador usando el vestido.
Y se arrepintió de haberle hecho caso.
Porque era hermoso.
Demasiado hermoso.
El tejido caía perfectamente.
Los hombros quedaban descubiertos.
Y combinado con unos tacones color negro que Camila había elegido...
el resultado era impresionante.
Renata se observó en el espejo.
Sin decir nada.
—Camila preguntó: —¿Lo ves?
—Renata respondió: —Sí.
—Camila preguntó: —¿Lo compras?
—Renata respondió: —Sí.
—Camila gritó: —¡VICTORIA!
Varias personas voltearon a mirarlas.
Renata fingió no conocerla.
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Después de seguir recorriendo tiendas, terminaron cargadas de bolsas.
Y con hambre.
Mucha hambre.
Por eso ocuparon una mesa en un restaurante dentro del centro comercial.
—Camila dijo: —Fue un día productivo.
—Renata respondió: —Gastaste mi dinero.
—Camila respondió: —Te ayudé a invertir.
—Renata dijo: —Eres increíble.
—Camila respondió: —Lo sé.
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Mientras esperaban la comida, Camila apoyó los codos sobre la mesa.
Y sonrió.
Renata conocía esa expresión.
Nunca significaba nada bueno.
—Camila preguntó: —¿Y Gael?
—Renata respondió: —¿Qué pasa con Gael?
—Camila respondió: —Que llevas diez minutos sin mencionarlo.
—Renata respondió: —Porque no estaba pensando en él.
—Camila respondió: —Mentira.
—Renata dijo: —No.
—Camila respondió: —Sí.
—Renata dijo: —No.
—Camila respondió: —Sí.
—Renata respondió: —Tienes doce años mentales.
—Camila respondió: —Y tú estás enamorada.
Renata tomó un pedazo de pan.
Consideró seriamente lanzárselo.
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La comida llegó justo a tiempo para salvar a Camila.
Y durante varios minutos hablaron de otras cosas.
Películas.
Series.
Personas extrañas que habían visto durante las compras.
Y un señor que intentó convencer a Camila de comprar un sombrero ridículo.
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Cuando terminaron de comer, salieron nuevamente al pasillo principal del centro comercial.
Fue entonces cuando Renata se quedó quieta.
—Camila preguntó: —¿Qué pasa?
Renata señaló discretamente hacia adelante.
—Renata respondió: —Nada.
—Camila respondió: —Eso nunca significa nada bueno.
Camila siguió la dirección de su mirada.
Y sonrió inmediatamente.
—Camila dijo: —Ah.
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A varios metros de distancia estaba Gael.
Hablando con un hombre de traje.
Parecía haber salido de una reunión.
Todavía sostenía una carpeta en una mano.
Y no parecía haberse dado cuenta de que ellas estaban allí.
—Camila preguntó: —¿Lo saludamos?
—Renata respondió: —No.
—Camila preguntó: —¿Por qué?
—Renata respondió: —Porque está ocupado.
—Camila respondió: —Cobarde.
—Renata respondió: —No soy cobarde.
—Camila respondió: —Claro.
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Justo en ese momento, Gael levantó la vista.
Y las vio.
Directamente.
Renata cerró los ojos.
Porque ya era demasiado tarde para escapar.
Gael terminó la conversación rápidamente.
Luego caminó hacia ellas.
—Gael dijo: —No esperaba encontrarlas aquí.
—Camila respondió: —Nosotras tampoco.
—Renata preguntó: —¿Qué haces aquí?
—Gael respondió: —Trabajo.
—Camila dijo: —Qué sorpresa.
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Gael observó las bolsas.
Luego otra vez las bolsas.
Y finalmente volvió a mirar a Renata.
—Gael preguntó: —¿Compraste todo el centro comercial?
—Renata respondió: —Tal vez.
—Camila respondió: —Definitivamente.
—Renata dijo: —No te pedí opinión.
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Gael soltó una pequeña risa.
Después tomó varias de las bolsas sin preguntar.
Como si fuera lo más normal del mundo.
—Renata preguntó: —¿Qué haces?
—Gael respondió: —Ayudando.
—Renata respondió: —Puedo cargarlas.
—Gael respondió: —Lo sé.
Pero no las devolvió.
Y por alguna razón...
ese pequeño gesto hizo sonreír a Renata durante el resto de la tarde.
que pongas los nombres y después lo que dicen ejemplo.
Gael: maña irás conmigo a una cena- le dijo de forma sería mirándola a los ojos