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La Esposa Del Ceo Ciego

La Esposa Del Ceo Ciego

Status: Terminada
Genre:Enfermizo / Amor-odio / Romance / Completas
Popularitas:58.8k
Nilai: 4.9
nombre de autor: Lobelia

Francisco Valois, un magnate que perdió la vista y su imperio tras un atentado, acepta un matrimonio de conveniencia con Andrea, quien promete ser sus ojos y devolverle el poder. Mientras Francisco la desprecia creyéndola una oportunista, Andrea oculta una verdad devastadora: padece una enfermedad terminal y ha planeado su muerte para donarle sus córneas y asegurar el futuro del hombre que ama en secreto.

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capitulo 13

​La mansión Valdivia, en su inmensidad de piedra y eco, se había transformado en un mapa de texturas para Francisco. Sus dedos, ahora más sabios que sus ojos, recorrían las superficies buscando no solo orientación, sino verdades ocultas. El triunfo en la oficina central contra los Moore había dejado una estela de poder, pero en la intimidad de los pasillos, el aire se sentía enrarecido, cargado de una melancolía que el dinero no podía silenciar.

​Era tarde. El silencio de la casa solo era interrumpido por el siseo del sistema de calefacción. Francisco se encontraba en el vestidor de la suite de invitados, donde Andrea se había instalado oficialmente tras su colapso. Ella estaba en la planta baja, terminando de revisar unos contratos, y él, movido por un impulso que oscilaba entre la protección y la paranoia, decidió explorar ese santuario personal.

​Sus manos se deslizaron por las estanterías de madera de cedro. Encontró la suavidad de las blusas de seda de Andrea, el peso de sus chaquetas de lana, y el aroma a vainilla y antiséptico que parecía seguirla a todas partes. Pero sus dedos buscaban algo más. Buscaban el "ruido" de lo que no encajaba.

​Al tantear el fondo de un cajón de accesorios, tras una hilera de bufandas, sus yemas rozaron algo frío y cilíndrico. Un frasco. Luego otro, oculto dentro de un zapato de tacón que ella rara vez usaba. Y un tercero, pegado con cinta adhesiva bajo el estante de los perfumes.

​Francisco sintió un escalofrío. No era solo un frasco de "vitaminas fuerte". Era un arsenal de supervivencia distribuido estratégicamente, como si ella temiera quedarse sin aliento en cualquier rincón de la casa y necesitara una salida de emergencia a mano.

​—¿Por qué juegas al escondite con la muerte, Andrea? —susurró él a la oscuridad, apretando uno de los frascos hasta que el plástico crujió.

​Escuchó sus pasos. Eran ligeros, casi etéreos, como si ella tuviera miedo de molestar al suelo que pisaba. Andrea entró en el vestidor y se detuvo al verlo allí, de pie entre sus vestidos, con la mano aún oculta en el cajón.

​—¿Francisco? ¿Buscas algo? —su voz sonaba pequeña, despojada de la armadura de la oficina.

​Él no retiró la mano de inmediato. Se giró hacia el sonido de su voz.

—Buscaba tu aroma. Pero he encontrado demasiado silencio, Andrea.

​Él caminó hacia ella. Ya no necesitaba el bastón en este espacio cerrado. Extendió sus brazos y la atrajo hacia sí. Fue un gesto que pretendía ser un refugio, pero que terminó convirtiéndose en una revelación devastadora. Al rodearla con sus brazos, Francisco sintió que sus manos se encontraban demasiado pronto.

​Donde antes había una curva suave, ahora había ángulos rectos. Las costillas de Andrea se sentían bajo la fina tela de su suéter como los peldaños de una escalera hacia el vacío. Su cintura, que él recordaba firme durante el vals en la gala, parecía haberse reducido a la nada.

​—Estás desapareciendo entre mis manos —dijo él, y su voz se quebró, cargada de una inquietud que rozaba el pánico.

​Francisco no la soltó. Al contrario, empezó a recorrer su espalda, sus hombros, sus brazos. Sus dedos actuaban como escáneres implacables. Notó la prominencia de sus omóplatos, como alas rotas intentando abrirse paso a través de la piel. Notó que el anillo que ella solía llevar en el dedo anular bailaba ahora con una holgura alarmante.

​—Solo es el ritmo de estas semanas, Francisco —intentó ella, tratando de apartarse suavemente—. No he tenido mucho apetito con tanto trabajo.

​—No me mientas. Ya no. —Él la sujetó por los hombros, obligándola a enfrentarlo—. He encontrado los frascos. En tus zapatos, tras tus bufandas, bajo los estantes. No son vitaminas. Nadie esconde vitaminas como si fueran contrabando.

​Andrea bajó la cabeza. El contacto de la frente de Francisco contra la suya era ardiente, un contraste violento con el frío que ella sentía en las entrañas.

​—Te estás consumiendo, Andrea. Cada día que pasas ayudándome a recuperar mi imperio, entregas un trozo de tu propia vida. Siento tus huesos, siento cómo tu carne se rinde. —Él deslizó una mano hacia su mejilla, hundiendo el pulgar en el hueco del pómulo—. Eres como un dibujo que alguien está borrando lentamente.

​Andrea se aferró a las solapas de la bata de Francisco. Ya no podía sostener el peso de su propio secreto. La melancolía de la habitación se volvió espesa, casi tangible.

​—No quiero que me veas así —sollozó ella, dejando que las lágrimas mojaran las manos de él—. No quería que este fuera el recuerdo que te quedara de mí. Un cuerpo que falla, una máquina que se detiene.

​—¿Y qué crees que veo yo? —rugió él, aunque su volumen era bajo, contenido por el dolor—. ¿Crees que veo una máquina? Veo a la mujer que me dio ojos cuando yo solo quería morirme en un rincón. Veo a la única persona que no me miró con lástima. Si te estás desvaneciendo, Andrea, yo me desvanezco contigo.

​Francisco la levantó en brazos. Se asustó de lo poco que pesaba; era como cargar un fajo de papeles importantes, nada más. La llevó hasta la cama y se sentó con ella, manteniéndola en su regazo, envolviéndola con su cuerpo como si pudiera transferirle su propia vitalidad mediante el calor de su piel.

​—Dime qué dice el doctor Méndez —ordenó él, su barbilla apoyada en el cabello de ella—. Dime la verdad cruda. Sin adornos de asistente, sin eufemismos de socia.

​—Dice que el tiempo de los bloqueadores se acabó —susurró ella contra su pecho—. Dice que mi corazón es un motor que ha trabajado demasiado bajo presión y que las piezas ya no encajan. Necesito un trasplante, Francisco. Pero mi tipo de sangre es raro, y la lista es infinita.

​Francisco cerró los ojos con fuerza. La oscuridad de su ceguera se sintió, por primera vez, como una bendición; no quería ver la fragilidad que sus manos le describían con tanta crueldad. Pero al mismo tiempo, sintió que el león que llevaba dentro despertaba con una furia renovada. Si el dinero podía comprar empresas, si el poder podía humillar a los Moore, tendría que servir para comprar vida.

​—No vas a desaparecer —sentenció él, besando su frente—. Voy a mover cielo y tierra. Voy a comprar cada hospital, cada laboratorio, cada lista de espera si es necesario. No te permito que te rindas.

​—A veces la voluntad no basta, Francisco —dijo ella, cerrando los ojos, disfrutando de la seguridad de sus brazos por un momento que sabía efímero.

​—Para mí, siempre ha bastado —replicó él.

​Se quedaron así, en el vestidor rodeado de sombras y medicinas ocultas. Francisco la mecía lentamente, sintiendo cada latido errático de ella contra su propio pecho, como el tic-tac de un reloj que se quedaba sin cuerda. La melancolía de la noche era total. Él la sostenía con una fuerza desesperada, como si al soltarla, Andrea pudiera simplemente convertirse en humo y subir hacia el techo, dejándolo solo en la mansión de mármol, de nuevo ciego, de nuevo vacío, pero esta vez con el corazón roto por una mujer que le había enseñado a ver antes de decidir marcharse.

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Haidee Uray
Francusco no es mas idiota pirque no es mas grande. Andrea no planeo su muerte desde que nacio ya traia esa sentencia con ella, no iva a morir pir el, le regalaría sus corneas para devolverle la vista por el amor que le tiene
Haidee Uray
Como pudo verla bajando las escalera? escrirora debes cuidar esos pequeños detalles que chocan e interrumpen la lectura
kely johana gonzalez gaitan
somos dos las q no entendemos 🤣
Carla Carvajal
a esta historia le falta coherencia en muchas partes, cuando fueron a la gala dice, él la vio bajar con el vestido y siendo un empresario de renombre, no tiene asistente de confianza, un amigo, un abogado, no tiene servidumbre en esa casa, un mayor domo, no sé, nadie en la vida está tan solo, más si es un empresario importante
Carla Carvajal
mmm le daré una oportunidad a esta novela, aunque ya hay cosas contradictorias
Carla Carvajal
se llama, Andrea o marina???, o marina es otra
Gloria Grijalba
exelente
Susana Macedo
Excelente, excelente trabajo autora, me llore todo ,muy buena trama, muy atrapante de principio a fin felicitaciones autora vamos x mas 👏👏👏
ocalani
tanto dinero y poder y no tiene gente investigando cuidándolo se le acercan así como así y en el hospital están igual cualquiera llega a alterar a los pacientes
ocalani
no se supone que Francisco ya sabía el mismo ellas se lo dijo días antes
Mirta Bernaccki
no entiendo bien el sabe del transplante de córnea sabiendo q Andrea va a morir. no entiendo nada
Mirta Bernaccki
espero que Andrea no muera. tiene q vivir. q encuentren un corazón ❤️ para ella
MARTITA
MUCHAS GRACIAS POR TANTAS EMOCIONES, POR UNA EXCELENTE ESCRITURA Y POR SOBRE TODO Y LO MÁS IMPORTANTE SIN BASURA PORNOGRÁFICA.
HERMOSA HISTORIA PLAGADA DE DOLOR, SUFRIMIENTO Y AMOR PURO, SANO Y LIMPIO. GRACIAS. GRACIAS. GRACIAS
MARTITA
FRANCISCO ESTÁ TORTURADO POR LO QUE CASI FUE.
NO SE DA CUENTA QUE AMBOS DEBEN AGRADECER LO QUE RECIBIERON.
MARTITA
ES INDECIBLE QUE UNA NOVELA ME DE TANTA ANGUSTIA!😭
SALVADA POR LA CAMPANA! JAMÁS HE LARGADO UNA LÁGRIMA, PERO ESTUVE A PUNTO.
ESCRITORA! NO TIENES DERECHO DE CAUSARNOS TANTO DOLOR
Veronica Flores: excelente giro me encanta muchas felicidades
total 1 replies
MARTITA
FRANCISCO SABÍA HACE RATO! ¿CÓMO NO TUVO TIEMPO DE CONSEGUIRLE UN CORAZÓN YA QUE TANTO LA AMABA?❓️❓️❓️❓️
MARTITA
FRANCISCO YA SABÍA! PENSÉ QUE IBA A HACER ALGO PARA CONSEGUIRLE UN CORAZÓN A ANDREA!
ESTO ES UN ERROR DE QUIEN ESCRIBE🤬
MARTITA
NOOOO! NO PUEDO CREER QUE LAS COSAS SEAN ASÍ. ELLA DEBE VIVIR. ALGUIEN TAN NOBLE NO PUEDE MORIR TAN PRONTO😭😭😭😭😭
MARTITA
NO PUEDO CREER QUE FRANCISCO NO ENCONTRARA UN CORAZÓN A TIEMPO. CUÁNTA ANGUSTIA!
MARTITA
GRACIAS ELIAS! CON ÉSTA REALIDAD FRANCISCO PUEDE REVERTIR CUALQUIER PRONÓSTICO DE SACRIFICIO LETAL.
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