Sandra, una joven diseñadora floral con un pasado que la persigue, se aferra a la idea de reencontrarse con Guillermo, su primer amor. La vida los separó abruptamente años atrás, dejándola con un vacío y preguntas sin respuesta. Ahora, el destino los cruza de nuevo en la vibrante escena artística de la ciudad. Guillermo, un exitoso arquitecto, carga con sus propias cicatrices y la culpa de una partida inesperada. A medida que sus caminos se entrelazan, el deseo de revivir su pasión es innegable.
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Capitulo 6
El martes por la mañana, Sandra llegó a la imponente torre de oficinas de Guillermo con una mezcla de nerviosismo y una determinación férrea. Llevaba su portafolio con bocetos y un cuaderno para notas, un escudo profesional para la batalla personal que sabía que se avecinaba. La asistente de Guillermo, una mujer elegante y eficiente, la condujo a su despacho, un espacio amplio con vistas panorámicas de la ciudad.
Guillermo estaba de pie junto a un ventanal, dándole la espalda. Se giró al sentir su presencia. La misma tensión de la florería volvió a flotar en el aire, mezclada con el aroma a café recién hecho.
"Gracias por venir, Sandra", dijo Guillermo, haciendo un gesto hacia la silla frente a su escritorio. Él se sentó al otro lado, creando una barrera física, pero sus ojos estaban llenos de una vulnerabilidad que desmentía su postura formal.
Comenzaron a hablar del proyecto. Guillermo, con su acostumbrada elocuencia, describió la visión del cliente, mostró maquetas digitales, y escuchó atentamente las ideas de Sandra sobre la integración de la flora con el diseño arquitectónico. Durante unos veinte minutos, fueron dos profesionales discutiendo un trabajo. Pero el elefante en la habitación era demasiado grande para ignorarlo.
"Los planos son muy interesantes", dijo Sandra, cerrando su portafolio. "Tengo algunas ideas. Te enviaré una propuesta formal a finales de semana." Hizo una pausa, su mirada fija en él. "Y ahora, ¿podemos hablar de por qué realmente estoy aquí?"
Guillermo suspiró, recostándose en su silla. Sus ojos se oscurecieron con una sombra de dolor que Sandra notó al instante. "Lo sé, Sandra. Lo siento."
"¿Lo sientes? ¿Sientes el qué, Guillermo?", su voz se alzó con una punzada de amargura. "Sientes el hecho de haberme dejado sin una explicación, de haber desaparecido de mi vida como si nunca hubiéramos existido, o sientes el reencuentro de la otra noche?"
Él pasó una mano por su cabello, una señal de nerviosismo que ella recordaba bien. "Siento el dolor que te causé, Sandra. Y siento el silencio. Créeme, no hubo un solo día en estos años en que no pensara en ti, en el daño que hice."
"Las palabras suenan vacías, Guillermo", dijo Sandra, su voz ahora más tranquila, pero con una furia contenida. "Quiero la verdad. ¿Por qué te fuiste? ¿Por qué me prometiste un futuro y luego me abandonaste sin decir una palabra?"
Guillermo cerró los ojos por un momento, como si reviviera un tormento interno. Cuando los abrió, su mirada era intensa y sombría. "No fue fácil, Sandra. Nada de esto fue fácil. Mi familia... mi padre. Tuvo problemas graves. Una enfermedad repentina que lo dejó... muy delicado. Y la empresa familiar... Estaba al borde de la quiebra. Había deudas enormes, decisiones desesperadas."
Sandra lo escuchó, sintiendo el impacto de sus palabras. La noticia de la enfermedad de su padre era nueva para ella, y la desesperación en su voz era genuina. "Pero, ¿por qué no me lo dijiste? Podríamos haberlo enfrentado juntos, Guillermo. Tú y yo éramos un equipo."
Él negó con la cabeza, una expresión de autodesprecio en su rostro. "No pude. Yo... yo no quería arrastrarte a eso. Era un abismo. Mi familia dependía de mí para salvarlo todo. Me exigían... me exigían que tomara decisiones muy difíciles. Que me comprometiera a un futuro que no había planeado. Un futuro con ciertas... alianzas."
La palabra "alianzas" quedó flotando en el aire, cargada de implicaciones. Sandra sintió un escalofrío. "¿Qué tipo de alianzas? ¿Qué significa eso, Guillermo?"
Guillermo evitó su mirada, su dolor evidente. "Cosas que no entenderías, Sandra. Negocios. Compromisos. Presiones que no me permitían... que no me permitían tener la vida que habíamos soñado. Necesitaba desaparecer. Necesitaba romper todos los lazos para poder cumplir con lo que se me exigía."
La explicación de Guillermo, aunque teñida de un sufrimiento genuino, era dolorosamente vaga. Sandra sentía el peso de su angustia, podía percibir que había algo más, una verdad más oscura que él no quería, o no podía, revelar. La mención de "alianzas" y "compromisos" le dejó un sabor amargo en la boca.
"Así que me abandonaste para salvar tu empresa y a tu familia", dijo Sandra, sus ojos fijos en los de él. "Me sacrificaste, Guillermo. Me borraste de tu vida sin más. ¿Crees que eso es una explicación suficiente para el daño que me hiciste?"
Guillermo se levantó de nuevo, caminando hacia el ventanal, su espalda de nuevo hacia ella. "Sé que no lo es, Sandra. Y no espero tu perdón. Solo quería que supieras que no fue una decisión fácil. Que nunca te olvidé. Que cada día... cada maldito día, he vivido con el remordimiento."
Pero las palabras, aunque sentidas, eran insuficientes. La falta de detalles, la evasión de las "alianzas", la ausencia de un arrepentimiento activo en esos siete años, la herían más que lo que él había dicho. Sandra se sentía frustrada y profundamente herida. Había una verdad a medias en lo que Guillermo le había contado, una parte crucial que él aún se negaba a revelar. Y mientras esa parte permaneciera oculta, el cierre que tanto anhelaba seguiría siendo una ilusión.
"No es suficiente, Guillermo", dijo Sandra, levantándose. Su voz temblaba ligeramente, pero su determinación era inquebrantable. "No es una explicación. Es una evasión. Y hasta que no seas completamente honesto conmigo, no hay nada que hablar."
Dio media vuelta y salió del despacho, dejando a Guillermo solo con sus fantasmas y con el eco de sus verdades a medias. El dolor de él era palpable, sí, pero no era suficiente para justificar siete años de silencio y la herida que había dejado en su alma.