Una chica de la era moderna reencarna en el cuerpo de Madeline, la prometida del frío Duque Elías. Tras quedar embarazada y decidida a proteger el futuro de su hijo, ella empaca sus maletas y huye lejos, escondiendo su rastro.
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Capítulo 22
Una vez la anciana y Nathan desaparecieron entre la multitud, Madeline se quedó sola en medio de la plaza.
El ruido de los comerciantes.
Las voces de los viajeros.
Los carros cargados de mercancías.
Todo parecía avanzar mientras ella permanecía inmóvil.
Apretó con fuerza la maleta.
Ahora sí estaba sola.
No tenía una mansión a la que regresar.
No tenía una habitación esperándola.
Ni siquiera sabía con certeza qué haría al día siguiente.
Sacó la carta que la anciana le había entregado.
La observó durante unos segundos.
Quizá debía intentar arreglárselas sola.
Buscar una habitación.
Encontrar trabajo por su cuenta.
Comenzar desde cero.
Pero apenas pensó en ello sintió un pequeño nudo en el estómago.
Era una desconocida en una ciudad desconocida.
No tenía experiencia trabajando.
Y aunque llevaba dinero, tampoco era infinito.
Suspiró.
Lo más sensato era aprovechar la ayuda que le habían ofrecido.
Preguntó a varias personas por la región indicada en la carta.
Un comerciante le explicó el camino mientras señalaba una calle más alejada.
—Está un poco lejos para ir caminando.
—¿Muy lejos? —preguntó Madeline.
—Unas tres horas.
La joven abrió ligeramente los ojos.
Tres horas eran demasiadas.
—Pero puede tomar uno de los carruajes públicos.
Llegará mucho más rápido.
Después de agradecerle, siguió las indicaciones.
Poco después consiguió un asiento en uno de los carruajes que viajaban hacia aquella zona.
El trayecto transcurrió sin demasiados incidentes.
Madeline pasó gran parte del camino observando el paisaje por la ventana.
Intentando ignorar los nervios.
¿Qué ocurriría si aquella mujer se negaba a ayudarla?
¿Qué haría entonces?
Por más que intentaba tranquilizarse, el corazón seguía latiéndole con fuerza.
Afortunadamente, el viaje terminó antes de que pudiera pensar demasiado.
Cuando descendió del carruaje, se encontró en una zona mucho más tranquila.
Las calles eran limpias.
Las casas tenían pequeños jardines.
Y el ambiente resultaba acogedor.
Parecía el tipo de lugar donde la gente realmente se conocía entre sí.
Sacó nuevamente la carta.
El nombre estaba escrito con claridad.
Elena Whitmore.
Después de preguntar varias veces, una mujer que vendía flores señaló una calle cercana.
—La tienda de la señora Elena está al final.
No tiene pérdida.
Madeline agradeció la ayuda y continuó caminando.
No tardó en encontrarla.
Era una pequeña casa de té.
El edificio tenía amplios ventanales adornados con flores.
Macetas coloridas descansaban junto a la entrada.
Y un delicado cartel de madera balanceándose suavemente con la brisa.
Desde fuera se percibía el aroma dulce de pan recién horneado.
Madeline parpadeó.
Era incluso más bonita de lo que había imaginado.
Tomó aire.
Y empujó la puerta.
Una pequeña campanilla sonó sobre su cabeza.
El interior era cálido y acogedor.
Varias mesas ocupaban el salón principal.
Algunas personas tomaban té mientras conversaban.
Otras disfrutaban de pequeños postres.
Por un momento, Madeline olvidó por completo el motivo por el que había ido.
Sus ojos recorrieron el lugar.
Los estantes.
Las tazas decoradas.
Los pasteles expuestos detrás del mostrador.
Todo era precioso.
—¿Puedo ayudarte?
La voz femenina la hizo sobresaltarse.
Detrás del mostrador se encontraba una mujer de cabello castaño recogido en un moño sencillo.
Parecía varios años más joven que la anciana.
Sin embargo, compartían la misma sonrisa amable.
Madeline tragó saliva.
De repente volvió a sentirse nerviosa.
—Yo...
La mujer la observó con curiosidad.
—¿Sí?
Madeline sacó rápidamente la carta.
—Su hermana me pidió que le entregara esto —dijo Madeline, extendiendo la carta.
La mujer tomó el sobre con curiosidad.
—¿Mi hermana?
—Sí.
—¿Mi hermana escribió esto?
Abrió la carta mientras Madeline esperaba nerviosa frente al mostrador.
"Querida Elena:
Si esta carta llega a tus manos, significa que la joven que la porta logró llegar sana y salva.
No te preocupes, no la adopté ni estoy enviándote otra de mis ocurrencias. Aunque probablemente pienses lo contrario.
La conocí durante un viaje. No sé toda su historia y tampoco quise preguntarla. Sin embargo, me pareció una muchacha educada y trabajadora que atraviesa un momento difícil.
Si tienes espacio en la tienda y necesitas ayuda, quizá podrías darle una oportunidad.
Y si no sirve para nada, siempre puedes devolverla.
Aunque algo me dice que no será necesario.
Cuídate.
Y deja de comer tantos dulces.
Tu hermana."
Después de leerla, soltó una pequeña risa.
—Increíble. Me manda personas igual que antes me mandaba gatos abandonados.
Madeline abrió los ojos.
—¿Qué?
—Nada importante —respondió la mujer guardando la carta—. Mi hermana tiene la costumbre de recoger todo lo que le da lástima.
—...
—No te ofendas. Lo digo con cariño.
—Dice que estás buscando trabajo.
Madeline asintió.
—Sí.
—¿Y tienes experiencia en algo?
La mujer la observó durante unos segundos.
No de forma desagradable.
Más bien parecía estar evaluándola.
Finalmente dejó la carta sobre el mostrador.
—¿Sabes servir té?
Madeline parpadeó.
—No.
—¿Atender clientes?
—Tampoco.
—¿Hornear?
Madeline negó otra vez.
La mujer soltó una carcajada.
Y por primera vez desde que había llegado, la tensión se rompió un poco.
—Bueno.
Eso complica las cosas.
Madeline sintió que el corazón se hundía.
Pero entonces la mujer sonrió.
—Por suerte, siempre se puede aprender.
La joven abrió ligeramente los ojos.
—¿Eso significa...?
—Que podemos intentarlo.
Si no te asustan las largas jornadas de trabajo.
El alivio fue tan grande que casi le temblaron las piernas.
Por primera vez desde que escapó de la mansión Fairchild, sintió que quizá...
Solo quizá...
Las cosas podían empezar a mejorar.
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es sabía como ese Nathan que estuvo ahí espero que veamos pronto llegue lejos como también a ese tonto que le perdió
de irse más lejos y espero
que su madre la ayude a que no la
molesten temprano para darle tiempo
descubrirá que se escapó embarazada