NovelToon NovelToon
El DIARIO DE ALGUIEN MÁS

El DIARIO DE ALGUIEN MÁS

Status: Terminada
Genre:Romance / Reencuentro / Amor-odio / Completas
Popularitas:8.3k
Nilai: 5
nombre de autor: Daniela escalante Jiménez

Israel Martínez creía que su vida por fin estaba cambiando.
Una beca, una nueva ciudad y un futuro prometedor parecían ser el comienzo perfecto. Pero todo cambia cuando encuentra un viejo diario olvidado que perteneció a Lucía Escalante, una mujer cuya historia está llena de secretos, mentiras y heridas que jamás sanaron.
Mientras avanza entre sus páginas, Israel descubre que algunas historias no se quedan en el pasado.
Y mucho menos cuando aparece Mateo Escalante.
El heredero de un imperio.
El hombre que parece tenerlo todo.
Y la última persona de la que debería enamorarse.
Entre secretos familiares, orgullo, ambición y una constante guerra entre el corazón y la razón, Israel descubrirá que a veces el amor más peligroso nace de las personas que juraste odiar.
Porque algunas historias terminan en un diario. Otras apenas comienzan cuando alguien lo abre.

NovelToon tiene autorización de Daniela escalante Jiménez para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.

CAPITULO 11

Pasé la página.

La letra de Lucía se veía diferente.

Más ordenada.

Más firme.

Como si estuviera copiando algo importante.

En la parte superior había un pequeño poema.

---

"Hay hombres que nacen para amar.

Y hay hombres que nacen para conquistar.

Los primeros construyen hogares.

Los segundos construyen imperios.

Pero pocas veces un imperio logra abrazar a un niño cuando tiene miedo."

---

Debajo del poema aparecía un título.

"Las diez reglas de Armando Escalante."

No pude evitar sonreír.

Aquello parecía una mezcla entre un diario y un manual de supervivencia.

Comencé a leer.

---

Nunca pidas perdón. Las disculpas demuestran debilidad.

Siempre lleva algo con lo que puedas defenderte.

Camina con la cabeza en alto aunque tengas miedo.

Nunca muestres tus sentimientos frente a los demás.

El dinero no compra todo, pero resuelve casi todo.

No confíes completamente en nadie.

La disciplina vale más que el talento.

Si quieres respeto, aprende a decir que no.

La familia es importante, pero los negocios nunca esperan.

Sé una bestia en los contratos y un caballero en público.

---

Al final de la lista había una anotación de Lucía.

"Mateo las memorizó a los diez años.

Yo todavía intento enseñarle que también existe la bondad."

Seguí leyendo.

---

"Hoy encontré a Mateo discutiendo con Julieta."

"Fue imposible no reír."

"Julieta es la hija de uno de los socios más importantes de Armando."

"Cabello oscuro.

Ojos miel.

Carácter imposible."

"Y Mateo es igual de terco."

"Los encontré peleando por una tortuga."

"'Yo la encontré primero', decía Julieta."

"'Pero yo la salvé', respondía Mateo."

"Terminaron sentados juntos dándole hojas de lechuga."

"Como siempre."

"Dos minutos peleando.

Dos horas siendo mejores amigos."

Sonreí mientras leía.

Lucía continuó.

---

"Secretamente espero que algún día terminen juntos."

"Lo sé."

"Es una tontería pensar en bodas cuando tienen once años."

"Pero cuando los veo correr por los jardines siento que serían felices."

"Y si algo deseo para mi hijo es precisamente eso."

"Felicidad."

"No éxito."

"No dinero."

"No poder."

"Solo felicidad."

---

La siguiente página tenía anécdotas divertidas.

Mateo cayendo a una fuente mientras intentaba impresionar a Julieta.

Julieta escondiendo los zapatos de Armando.

Los dos soltando un caballo por accidente en uno de los jardines de la mansión.

Por primera vez desde que había comenzado el diario sentí algo diferente.

Aquella familia parecía feliz.

Casi perfecta.

Demasiado perfecta.

Y eso me hizo desconfiar aún más.

Porque los diarios felices no suelen terminar abandonados debajo de un estante.

Cerré el cuaderno.

Miré la hora.

Era tarde.

Muy tarde.

Y terminé quedándome dormida con esa idea en la cabeza.

---

Los días pasaron rápido.

Las clases.

Los trámites.

El trabajo.

Las ventas de mis muebles.

Todo parecía avanzar al mismo tiempo.

Hasta que llegó el día anterior a mi graduación.

Aquella tarde recibí un mensaje.

Cristian.

"¿Entonces sí iremos a cenar para celebrar?"

Sonreí.

La verdad no tenía ningún plan.

No tenía familia que me acompañara.

No había organizado ninguna fiesta.

Así que respondí.

"Claro. Me parece bien."

---

Y finalmente llegó el día.

Mi graduación.

La mañana comenzó con nervios.

Muchos nervios.

Me peinaron.

Me maquillaron.

Y por primera vez en años me permití sentirme bonita.

Cristal incluso me prestó un vestido verde de alta costura.

Todavía no podía creerlo.

Ella misma me ayudó a ajustarlo.

—Te ves hermosa, Israel.

—Gracias.

—No me hagas llorar porque te quito el vestido.

Las dos terminamos riéndonos.

Me puse los tacones.

La toga.

El birrete.

Y me dirigí a la universidad.

Cuando llegué sentí un nudo en el estómago.

Todo el campus estaba lleno.

Familias.

Profesores.

Fotógrafos.

Periodistas.

Empresas patrocinadoras.

Y cientos de estudiantes.

Los mismos con los que había compartido años enteros.

La ceremonia comenzó.

Los nombres fueron pasando uno por uno.

Y entonces escuché el mío.

—Israel Martínez.

Subí al escenario.

Recibí mi reconocimiento.

Y cuando pensé que todo había terminado, escuché nuevamente mi nombre.

—Reconocimiento a la mejor estudiante de la generación.

Por unos segundos me quedé congelada.

Los aplausos comenzaron a llenar el auditorio.

Algunos profesores se pusieron de pie.

Y sentí que el corazón me latía tan fuerte que apenas podía escuchar.

Después vino algo todavía más inesperado.

—La alumna Israel Martínez dará unas palabras en representación de la generación.

Tomé aire.

Subí al estrado.

Y observé a todos.

Cientos de personas.

Cámaras.

Micrófonos.

Luces.

Recordé mi pequeño departamento.

Recordé las noches llorando.

Recordé cada obstáculo.

Y hablé.

—Hola a todos.

Mi nombre es Israel Martínez.

Y si hoy estoy aquí es porque nunca dejé de intentarlo...

El discurso duró varios minutos.

Hablé de esfuerzo.

De los sueños.

De las segundas oportunidades.

De seguir adelante incluso cuando parece imposible.

Cuando terminé, todo el auditorio se puso de pie.

Los aplausos resonaron durante varios segundos.

Y por primera vez en mucho tiempo sentí algo que no había sentido desde niña.

Orgullo.

Orgullo de mí misma.

La ceremonia terminó.

Los estudiantes lanzaron sus birretes al cielo.

Las fotografías comenzaron.

Las entrevistas también.

Me quitaron la toga para tomar algunas imágenes promocionales relacionadas con mis prácticas en Estados Unidos.

Los fotógrafos me rodeaban.

Los profesores sonreían.

Y mientras posaba para una fotografía pensé algo.

La niña que lloraba sola en los baños de la secundaria jamás habría imaginado llegar hasta aquí.

"Los sueños no tienen fecha de caducidad.

No importa cuántas veces la vida te obligue a comenzar de nuevo.

Mientras sigas caminando, sigues llegando."

Aquella noche me acosté tarde después de leer el diario.

Pensé en Lucía.

Pensé en los sobres.

Pensé en Mateo.

Y cuando quise darme cuenta ya estaba dormida.

El jueves me desperté antes de que sonara la alarma.

Miré el reloj.

Cinco cuarenta de la mañana.

—Milagro —murmuré mientras me sentaba en la cama.

Me arreglé con calma.

Me peiné.

Preparé café.

Y por primera vez en mucho tiempo salí de casa sin correr.

Cuando llegué al supermercado todavía faltaban varios minutos para mi hora de entrada.

Me sentí orgullosa.

Tanto que decidí esperar a Cristal en la puerta.

Cuando apareció caminando por el estacionamiento, la vi revisar su reloj.

Venía un poco tarde.

Sonreí.

Cuando estuvo cerca crucé los brazos.

—Cristal, llegas tarde.

Ella levantó una ceja.

—¿Qué?

—¿Sabes qué hora es?

Por unos segundos me observó confundida.

Y después comenzó a reír.

—¿Ahora me estás copiando?

—Solo aplico tus métodos de liderazgo.

—Pues no funcionan.

Las dos nos reímos.

Y por primera vez desde que trabajaba ahí sentí que Cristal me veía como algo más que una empleada.

Las primeras horas del turno pasaron rápido.

Mientras acomodaba mercancía en uno de los pasillos escuché una voz detrás de mí.

—Oye, Israel.

Volteé.

Era Cristian.

Llevaba unas cajas en las manos.

—¿Qué pasó?

—Escuché que ya te vas a graduar.

Sonreí.

—Casi.

—Pensé que todavía te faltaban como dos años.

Me reí.

—Bueno... sí y no.

Cristian frunció el ceño.

—Explícame eso.

Dejé unas cajas sobre el estante.

—La carrera termina oficialmente en dos meses.

Después viene la graduación.

Pero siguen las prácticas profesionales.

Y dependiendo de cómo me vaya, pueden extenderse bastante tiempo.

—Ah...

—Así que técnicamente sí me falta camino por recorrer.

Cristian asintió.

—¿Y dónde harás las prácticas?

No pude evitar sonreír.

Todavía me costaba creerlo.

—Con Saúl Ángulo.

Los ojos de Cristian se abrieron.

—¿El arquitecto famoso?

—Ese mismo.

—No inventes.

—Te lo juro.

—Israel, eso está increíble.

Me encogí de hombros.

Aunque por dentro estaba orgullosa.

Muy orgullosa.

Mientras acomodábamos productos seguimos platicando.

—¿Y después qué?

Me quedé pensativa.

Aquella era una pregunta que me hacía constantemente.

Miré los estantes.

Miré el supermercado.

Y después sonreí.

—Quiero tener mi propia empresa.

—¿De arquitectura?

—Mucho más que eso.

Cristian me observó atento.

—Quiero diseñadores de interiores.

Diseñadores de jardines.

Diseñadores de muebles.

Arquitectos.

Ingenieros.

Todo en un mismo lugar.

Quiero que sea grande.

Quiero crear espacios hermosos.

Quiero construir algo que dure.

Algo mío.

Algo que demuestre que valió la pena luchar todos estos años.

Cristian sonrió.

—Vaya.

—¿Qué?

—Nunca te había escuchado hablar así.

—¿Así cómo?

—Con tanta pasión.

Bajé la mirada.

La verdad era que pocas veces hablaba de mis sueños.

Porque durante mucho tiempo sobrevivir había sido más importante que soñar.

—Supongo que es porque nunca había sentido que pudiera lograrlos.

Cristian guardó silencio unos segundos.

Después dijo algo que me tomó por sorpresa.

—Israel...

Lo miré.

—Eres una de las personas más inteligentes que conozco.

Parpadeé.

—¿Qué?

—Y también una de las más fuertes.

Me reí nerviosamente.

—No exageres.

—No exagero.

Llegas cansada.

Con ojeras.

Trabajas.

Estudias.

Y aun así siempre sigues adelante.

Yo no podría hacer todo eso.

Aquellas palabras me hicieron recordar muchas cosas.

La secundaria.

Las burlas.

Las veces que me dijeron que no lograría nada.

Las veces que me hicieron sentir menos.

Tragué saliva.

Y sonreí.

—Gracias.

—Lo digo en serio.

Te va a ir bien.

Muy bien.

Por primera vez no supe qué responder.

Porque una parte de mí todavía seguía siendo aquella niña insegura que había perdido demasiadas cosas.

Seguimos trabajando unos minutos más.

Hasta que Cristian volvió a hablar.

—¿Y dónde serán las prácticas?

—En Estados Unidos.

—¿En serio?

Asentí.

—Sí.

—¿Y cómo le vas a hacer con los papeles?

—Tengo residencia.

Mi papá hizo algunos trámites cuando era niña.

Nunca pensé que me servirían para algo.

—Entonces podrías trabajar allá cuando termines.

—Tal vez.

Nunca lo había pensado demasiado.

Mi prioridad siempre había sido terminar la universidad.

Nada más.

—¿Sabes qué?

—¿Qué?

—Creo que te irá mejor de lo que imaginas.

Sonreí.

—Ojalá.

Cristian se quedó callado unos segundos.

Como si estuviera pensando algo.

Y entonces tomó aire.

—Israel.

—¿Sí?

—¿Te gustaría salir a cenar algún día?

Parpadeé.

No esperaba esa pregunta.

Lo observé.

Parecía nervioso.

Muy nervioso.

—Cristian...

Él levantó las manos rápidamente.

—Como amigos.

Lo digo en serio.

No quiero incomodarte.

Solo me caes bien.

Y pensé que podríamos celebrar tu graduación o algo así.

Me quedé pensando unos segundos.

La verdad era que no tenía interés en salir con nadie.

Mi corazón seguía lleno de recuerdos.

Y todavía estaba aprendiendo a vivir conmigo misma.

Pero una cena entre amigos no sonaba mal.

Así que sonreí.

—Está bien.

La sonrisa de Cristian apareció inmediatamente.

—¿En serio?

—Sí.

Como amigos.

—Perfecto.

Volvimos al trabajo.

Pero mientras acomodaba mercancía no pude evitar pensar en algo.

Quizás la vida estaba cambiando poco a poco.

Y por primera vez en mucho tiempo...

No parecía un cambio malo.

1
Elizabeth Gárate
te entiendo tanto chica, me pasa lo mismo y cuando me piden que explique no sé como hacerlo😭
Ma Lourdes Arroyo de Anda
Excelente novela pero tengo una duda, cómo fue a parar el diario en el almacén donde trabajaba Israel?
MTZ£: Muchos me preguntaron qué pasó con el diario. La verdad es que nunca tuvo un dueño. Fue un puente entre dos almas rotas. Esperó el momento indicado para llegar a las manos correctas y reunir a una madre con su hijo. Porque algunas cosas no ocurren por casualidad, sino porque el destino sabe exactamente dónde debe ponerlas para que las personas destinadas a encontrarse finalmente lo hagan cada lector le puede dar un lindo significado ese es el mío.........
total 1 replies
Alejandra Sanchez
tremendo excelente autora gracias 🙂
Yolanda Vaca
hRepiten el capítulo para alargar la novela !!!🤮🤮
Yolanda Vaca
Y.....Sol , también estaba en el antro, que pasó???🤭
Dach Chavez
Es una excelente novela me encantó
Dach Chavez
Esta excelente está novela no puedo parar de leerla
Veronica Estrada
Me encantó, Muchas felicidades escritora 🥰
Elizabeth Gárate
voy a comenzar a leer esta historia y darle una oportunidad 🥰, besos para ti escritora 💖
Blanca Estela Morales Vázquez
hasta ahora me parece excelente, me intriga q paso o pasa con Lucia
MTZ£: hola blanca soy la Autora muchas gracias por leer esta novela te lo agradezco
total 1 replies
NovelToon
Step Into A Different WORLD!
Download MangaToon APP on App Store and Google Play