Morí atragantándome con unos tacos al pastor mientras leía una novela de reencarnación.
Renací como la villana.
Y ahora… voy a conquistar a mi prometido, a mi papucho villano.
—ACTUALIZACIÓN DIARIA—
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CAPÍTULO 16
Me encerré en mi habitación.
Apenas un segundo después, los pasos apresurados de Lisa se detuvieron al otro lado de la puerta.
—Señorita…
—Lisa —la interrumpí, apoyando mi espalda contra la madera—. No saldré hasta mañana.
Hubo un breve silencio, como si dudara.
—…Sí, mi señorita.
Sus pasos se alejaron lentamente por el pasillo.
No me moví de inmediato. Permanecí ahí, con la frente apoyada en la puerta, sintiendo cómo mi corazón seguía latiendo con fuerza, desordenado… como si aún estuviera en el comedor, como si ese nombre todavía flotara en el aire.
Ramsés.
Tragué saliva.
Me dejé caer sobre la cama y, casi sin darme cuenta, mis dedos buscaron el sobre.
Temblaron apenas al sostenerlo.
Lo abrí un poco… lo suficiente para ver el papel en su interior.
La emoción subió de golpe.
—¡No, no! —murmuré, cerrándolo de inmediato.
Lo lancé a un lado, como si quemara.
—A mí me gusta el villano… —susurré, cubriéndome el rostro, completamente roja—. Mi villano es muy guapo…
El silencio de la habitación me envolvió.
Pesado.
Incómodo.
Peligroso.
Giré el rostro hacia el sobre, ahí, intacto… esperándome.
No lo tomé.
No todavía.
Me levanté con rapidez, como si alejarme físicamente fuera suficiente para ignorarlo, y lo dejé sobre el mueble junto a la cama con un gesto casi brusco. Luego caminé hasta el escritorio y me senté, obligándome a mirar otra cosa, a pensar en otra cosa…
Y entonces, sin aviso, mi mente se desvió.
A otra vida.
A otro tiempo.
A lo que dejé atrás.
Arquitectura.
La palabra dolió más de lo que esperaba.
Cerré los ojos, respiré profundo y lento.
—…ya no importa.
Pero en el fondo sabía que sí.
Abrí los ojos.
Y algo en mí se ajustó.
No desapareció el dolor… pero fue desplazado.
Mi mirada se endureció, se volvió más fría, más enfocada.
—No ahora.
Extendí el papel frente a mí, tomé la pluma… y dejé que mi mano se moviera.
—Voy a diseñar un sistema de alcantarillado.
La tinta fluyó con una seguridad casi inquietante, como si mi cuerpo recordara incluso lo que mi vida había perdido.
Líneas que se cruzaban.
Conexiones que nacían con sentido.
Estructuras invisibles tomando forma.
—Primero… el drenaje pluvial —murmuré, trazando rutas—. Recolectar el agua de lluvia desde calles y techos…
Las ideas llegaron una tras otra, claras, precisas.
—Luego el drenaje sanitario… baños, cocinas… todo debe alejarse de la ciudad.
No dudé.
—Un sistema combinado sería más simple… pero demasiado riesgoso.
Fruncí el ceño.
—No. Separados. Más limpio. Más eficiente.
Anotaciones rápidas llenaron los márgenes.
—Sumideros en puntos bajos… coladeras estratégicas…
—Atarjeas… colectores principales…
—Un drenaje profundo en zonas críticas…
Mi respiración se estabilizó.
Mi mente… también.
—Y sistemas sostenibles…
La pluma se detuvo apenas.
Una idea tomó forma.
—Jardines de infiltración…
Una pequeña sonrisa apareció en mis labios.
—Así reducimos la carga… y evitamos inundaciones.
Me recargué en la silla, observando el caos ordenado de líneas y notas.
—Ya no tendrán que tirar sus desechos por la ventana…
Una mueca cruzó mi rostro.
—De solo pensarlo…
Solté un suspiro.
Pero esta vez no era de frustración.
Era de control.
De decisión.
Mi mirada, inevitablemente, volvió al sobre.
Seguía ahí.
Cerrado.
Paciente.
—No lo abriré… —murmuré, aunque mi voz ya no sonaba tan convencida.
Y aun así…
los días pasaron.
Encerrada.
Sumergida en planos, ideas y soluciones que este mundo ni siquiera sabía que necesitaba.
La comida llegaba a mi habitación. Apenas hablaba. Apenas salía.
Mi familia se preocupó… y yo los tranquilicé con palabras que ni yo misma creía.
—Estoy bien.
No lo estaba.
Pero tampoco estaba mal.
Estaba enfocada.
Mandé a buscar personas capaces: alquimistas, artesanos, cualquiera que pudiera seguir mis instrucciones para desarrollar productos básicos de maquillaje.
Funcionales.
Seguros.
Si iba a cambiar este mundo… no lo haría a medias.
Y por las noches…
estaba ese lugar.
Ese baño imposible.
Ese lujo que no debería existir aquí… pero que me esperaba como si siempre hubiera sido mío.
Volvía una y otra vez.
Me sumergía en el agua caliente, dejando que cubriera mi cuerpo, que arrastrara el cansancio, la presión… incluso los pensamientos.
El agua recorría mi piel…
y por un instante…
todo se detenía.
El mundo.
Las decisiones.
El destino.
Pero siempre terminaba igual.
Regresando.
A mi habitación.
Al silencio.
Y a la carta…
que aún no abría.
......................
Tomé el sobre y me dejé caer sobre el sofá, sosteniéndolo entre mis manos como si pesara más de lo que debería.
Lo observé en silencio.
Recorrí el sello con la yema de mis dedos… firme, elegante… inconfundible.
Tragué saliva.
—…bien —murmuré.
Un leve movimiento de mi mano bastó.
Pequeñas luces surgieron a mi alrededor, flotando con suavidad, como luciérnagas obedientes.
No iluminaban demasiado… solo lo suficiente.
Lo justo.
El aire cambió.
Se volvió más denso… más privado… como si el mundo entero hubiera quedado fuera de esa habitación.
Respiré hondo.
Y entonces… abrí el sobre.
Saqué la carta.
La desdoblé con cuidado.
Mis dedos estaban tensos.
Cerré los ojos al mismo tiempo… como si así pudiera prepararme.
Un segundo.
Dos.
Mi corazón golpeaba con fuerza.
—…ya —susurré.
Abrí los ojos lentamente.
Las pequeñas luces iluminaron las palabras.
Y entonces…
me quedé completamente inmóvil.
Tres palabras.
Solo tres.
Tres malditas palabras… que habían puesto el marquesado entero de cabeza.
Volví a leer.
Despacio.
Como si no lo hubiera entendido.
..."Piensa en mí"....
El aire se me quedó atrapado en la garganta.
Mi mente… traicionera…
recordó.
Ese día.
Ese momento.
Ese beso.
La cercanía.
El calor.
La forma en que su cuerpo había reaccionado contra el mío—
—¡AH…! —me tapé la boca, completamente roja—.
—¡Ese idiota! —murmuré, temblando—. ¡¿Cómo se atreve a escribir algo así?!
Pero mi cuerpo…
no lo negaba.
—Eso se había sentido… —tragué saliva— demasiado grande en su pantalón…
Demasiado presente.
Demasiado—
Cerré los ojos con fuerza.
Fué mi gran error.
Porque lo pensé.
Lo pensé de verdad.
En él.
En su voz.
En su cercanía.
En su paquete que bien podría decir...
¿Te parece bien 47 cm?
En la forma en que me miraba… como si yo fuera su mujer.
Y entonces—
todo desapareció.
No hubo transición.
No hubo advertencia.
El sofá.
La habitación.
La luz.
Todo se desvaneció como si nunca hubiera existido.
Y en el siguiente instante—
aparecí.
En el aire.
Me había teletransportardo.
El viento me golpeó con violencia.
El frío me atravesó.
Abrí los ojos de golpe.
La luna estaba frente a mí.
Gigante.
—¿¡QUÉ—?!
Miré hacia abajo.
Y mi corazón sintió que me iba con San Pedro.
y el general está lindo y la busca hayyyy 😭