🌙 CASADA CON EL ERROR PERFECTO
Es una novela romántica intensa que mezcla drama, pasión, traición y segundas oportunidades, donde el amor no nace de lo correcto… sino de lo inevitable.
La historia sigue a Yzzi, una brillante doctora que ha construido una vida aparentemente perfecta: una carrera sólida, estabilidad emocional y un prometido ideal, Gerald, un hombre exitoso y respetado que encaja perfectamente en el futuro que todos esperan de ella. Todo parece estar bajo control… hasta el día de su boda.
“Casada con el Error Perfecto” no es solo una historia de amor,
es una historia de identidad, elección… y del valor de enfrentarse a lo que el corazón nunca olvidó. 💔🔥
NovelToon tiene autorización de Yas Pino para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.
CAPÍTULO 21 Líneas que no se pueden borrar
La noche cayó sobre la ciudad como un manto pesado.
No trajo calma.
Trajo incertidumbre.
En el Hospital San Gabriel, las luces blancas no descansaban. El pasillo donde Yssi y su madre permanecían parecía suspendido en un tiempo distinto, uno donde los minutos no avanzaban… se arrastraban, crueles, interminables.
Dentro de la habitación, el padre de Yssi seguía conectado a máquinas que hacían por él lo que su cuerpo ya no podía sostener por sí solo. El monitor emitía ese sonido constante que, para cualquiera, era solo un pitido… pero para Yssi era una conversación.
Una que entendía demasiado bien.
Irregularidades.
Microcaídas.
Respuestas débiles.
Su formación médica no le daba consuelo.
Le daba claridad.
Y la claridad… dolía más.
Sentada a su lado, con la mano de su padre entre las suyas, Yssi mantenía la mirada fija en la pantalla como si pudiera negociar con ella, como si pudiera exigirle que no bajara, que no fallara, que no la dejara sola.
—No te puedes rendir ahora… —susurró, apenas audible—. No después de todo…
Su madre dormía a ratos en la silla, vencida por el llanto, despertando de golpe cada vez que el sonido del monitor cambiaba, como si su corazón estuviera atado al de él.
Afuera, Ethan permanecía de pie.
Inmóvil.
Pero no en calma.
Su mente trabajaba a una velocidad distinta.
Fría.
Precisa.
El teléfono vibró en su mano.
Bret.
—Ya tengo algo —dijo sin rodeos—. Valmont no se está cayendo… la están tirando.
Ethan no se sorprendió.
—Habla.
—Bloqueo de líneas de crédito, cancelación coordinada de contratos, presión bancaria… esto está orquestado. Y lo peor… es interno también.
Ethan entrecerró los ojos.
—¿Interno?
—Alguien está filtrando información clave. Movimientos financieros, puntos débiles… alguien abrió la puerta desde adentro.
El silencio que siguió no fue duda.
Fue cálculo.
—Quiero nombres.
—Estoy en eso. Pero te digo algo… quien sea, sabe exactamente cómo destruirlos.
Ethan miró hacia la habitación donde estaba Yssi.
Y su expresión se endureció.
—Entonces vamos a destruirlo primero.
Colgó.
Porque esto ya no era una jugada.
Era una respuesta.
Y en ese mismo momento, en otro punto de la ciudad, Gerald observaba la ciudad desde su oficina, con una copa en la mano que no había tocado.
No estaba preocupado.
Estaba atento.
La noticia del infarto no lo había sacudido.
Lo había interesado.
Porque en su mundo… nada era casualidad.
Y esto…
Era una oportunidad.
Tomó su teléfono.
Marcó.
Esperó.
Cuando Yssi vio su nombre en la pantalla, su cuerpo se tensó.
No quería contestar.
Pero lo hizo.
—¿Qué quieres?
—Yssi… —su voz fue suave, perfectamente medida—. Me acabo de enterar de lo de tu padre.
Silencio.
—Lo siento.
Pero no lo sentía.
Se notaba.
En la pausa calculada.
En el tono que parecía más actuación que emoción.
—No necesito tu lástima.
—No es lástima —respondió él, con esa calma que irritaba—. Es preocupación.
Yssi apretó el teléfono.
—Ve al punto.
Gerald sonrió levemente, aunque ella no podía verlo.
—Tráelo a mi hospital.
Silencio.
Pesado.
—Tengo a los mejores especialistas… tecnología que San Gabriel no tiene… —continuó—. Si alguien puede sacarlo de esto… somos nosotros.
Yssi cerró los ojos un segundo.
Porque entendía perfectamente lo que estaba haciendo.
No era ayuda.
Era control.
—No.
La respuesta fue firme.
Sin titubeos.
—No seas impulsiva —insistió Gerald—. Esto no es sobre nosotros… es tu padre.
—Todo contigo es sobre control —respondió ella, con una frialdad que escondía una rabia profunda—. Y no te voy a dar eso.
—Estás dejando que el orgullo—
—Estoy evitando que te metas en algo que no te pertenece.
Silencio.
Pero esta vez, el de Gerald no fue vacío.
Fue más oscuro.
—Piénsalo bien —dijo finalmente, bajando el tono—. Porque si algo le pasa… vas a saber que pudiste haber hecho más.
La frase fue un golpe.
Directo.
Cruel.
Calculado.
Yssi sintió cómo el aire se le atoraba en el pecho.
Pero no cedió.
—No vuelvas a llamarme.
Colgó.
Y se quedó inmóvil unos segundos.
Respirando.
Conteniéndose.
Porque esa duda… esa maldita duda que él había sembrado… empezó a moverse dentro de ella.
¿Y si…?
No.
No podía permitirse eso.
Cuando salió de la habitación, Ethan la miró.
Y supo.
—¿Gerald?
Ella asintió.
—Quiere trasladarlo… a su hospital… con “los mejores médicos”.
Ethan no respondió de inmediato.
Pero su mandíbula se tensó.
—No lo va a tocar —dijo finalmente, con una seguridad que no admitía discusión.
Yssi lo miró.
Buscando algo.
—¿Y si tiene razón?
La pregunta quedó en el aire.
Dolorosa.
Real.
Ethan dio un paso hacia ella.
—No lo tiene.
—Pero si hay una posibilidad—
—No es ayuda —interrumpió él—. Es movimiento.
Silencio.
—Y no vamos a jugar en su tablero.
Las palabras no eran suaves.
Pero eran firmes.
Y eso… le dio algo a Yssi.
No calma.
Pero sí dirección.
Antes de que pudiera responder, el monitor dentro de la habitación emitió un sonido distinto.
Agudo.
Inestable.
Peligroso.
Yssi reaccionó de inmediato.
Ya no como hija.
Como doctora.
—¡Médico! —gritó, entrando de golpe.
Las enfermeras llegaron.
El equipo se activó.
—¡Está entrando en paro!
El mundo se redujo a ese instante.
A ese sonido.
A ese miedo.
—¡Carga!
—¡Descarga!
El cuerpo de su padre se elevó.
—¡Otra vez!
Yssi se quedó paralizada un segundo.
Solo uno.
Porque esa escena…
La conocía.
Pero nunca desde este lado.
—¡No te vayas! —gritó, rompiéndose por completo—. ¡No te vayas!
El monitor marcó una línea irregular.
Luego otra.
Luego…
Un latido.
Débil.
Pero ahí.
—Tenemos pulso —dijo el médico.
Pero no era victoria.
Era una prórroga.
Afuera, Ethan cerró los ojos un segundo.
Solo uno.
Pero suficiente.
Cuando los abrió…
Ya no había duda.
Sacó el teléfono.
—Bret.
—Dime.
—Acelera todo. Quiero Valmont bajo nuestro control antes de que termine el día.
—Eso es agresivo.
—Es necesario.
Pausa.
—Y encuentra quién está detrás.
Su mirada se dirigió hacia la puerta.
—Porque esto ya es personal.
Dentro de la habitación, Yssi seguía sosteniendo la mano de su padre, llorando en silencio ahora, con un miedo que ya no podía esconder.
Y por primera vez…
Entendió algo que la cambió por completo.
No podía salvarlo todo.
Tendría que elegir.
Y en esa elección…
Iba a perder algo.
Atente a pan y no comas cabe pues, como decimos aquí en mi país VENEZUELA 🥰