Ella renace decidida a cambiar su futuro, sin perder su sonrisa.
*Esta novela pertenece a un mundo mágico*
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Carruaje
El momento quedó suspendido en el aire.
Baxter la miró con esa nueva intensidad, como si aún estuviera procesando todo lo que había pasado entre ellos.
—Lady Amber…
Comenzó.
Su voz era más baja.
Más cercana.
Pero no alcanzó a continuar.
El carruaje se detuvo con un leve tirón, sacándolos abruptamente de ese pequeño mundo que habían creado.
Ambos se separaron apenas, como si la realidad volviera de golpe.
Desde fuera, se escuchó la voz de un cochero.
—Haremos una parada para almorzar.
Silencio.
Amber parpadeó.
[…perfecto momento… de verdad perfecto]
Se acomodó un poco, alisando su ropa como si eso pudiera ordenar también sus pensamientos.
—Debemos bajar —dijo, recuperando su tono más formal.
Baxter la observó un segundo más.
Como si aún quisiera decir algo.
Pero finalmente asintió.
—Claro.
La posada era sencilla, pero acogedora.
El ambiente estaba lleno de ruido.. conversaciones, platos, risas.
Un contraste total con el silencio cargado del carruaje.
Amber agradeció eso.
[esto ayuda.… mucho]
Durante el almuerzo, todo fue… extraño.
No incómodo exactamente.
Pero distinto.
Ambos estaban ahí.
Cerca.
Pero no juntos.
Hablaron con el posadero.
Con los sirvientes.
Con otras personas del camino.
Amber incluso hizo un par de comentarios ligeros, manteniendo su personalidad habitual.
Sonriente.
Eficiente.
Natural.
Pero…
evitaba mirarlo demasiado.
[…no lo mires… no ahora… no después de eso]
Aun así, lo sentía.
Sabía cuándo él la miraba.
Era imposible no notarlo.
Había cambiado.
Antes era observación tranquila.
Ahora…
era algo más.
Más consciente.
Más directo.
Más… personal.
Amber bajó la mirada hacia su taza.
[…sí… definitivamente cambió]
Por un segundo, casi lo miró.
Casi.
Pero se detuvo.
[…no… no te ilusiones fue un momento… uno muy bueno… pero un momento]
Respiró hondo.
Y sonrió levemente para sí misma.
[…y estuvo bien… muy bien]
Apoyó suavemente los dedos sobre la mesa.
[…me quedo con eso… con el recuerdo]
Levantó la mirada, pero esta vez hacia otro punto del salón.
Como si nada hubiera pasado.
Como si todo siguiera igual.
Pero en el fondo… sabía que no era cierto.
Nada estaba igual.
Y aun así… decidió algo.
Claro.
Firme.
[…no voy a construir algo en mi cabeza… no voy a imaginar más de lo que es… solo… voy a recordarlo]
Una pequeña sonrisa apareció en sus labios.
[…y qué buen recuerdo]
Mientras tanto, al otro lado de la mesa…
Baxter seguía mirándola.
Y esta vez… no parecía dispuesto a dejarlo solo como un recuerdo.
El bullicio de la posada fue quedando atrás, pero Amber seguía con la misma idea girando en su cabeza.
[…esto fue demasiado]
[…demasiado rápido]
[…demasiado intenso]
Se mantuvo en silencio unos minutos más, observando a la gente, fingiendo normalidad.
Pero por dentro ya había tomado una decisión.
[…mejor tomar distancia]
No porque se arrepintiera.
Ni un poco.
Pero precisamente por eso.
[…si me quedo ahí… voy a querer más]
Y eso… eso sí le daba miedo.
Se levantó con naturalidad y buscó a uno de los guardias.
—Disculpe ¿hay algún caballo disponible?
El guardia asintió sin problema.
—Claro, señorita.
—¿Podría cabalgar en lugar de ir en el carruaje?
—Por supuesto.
Amber dudó apenas un segundo… y añadió:
—¿Podría alguien más ocupar mi lugar? Quizás… uno de los guardias mayores.
El hombre sonrió levemente.
—Hay uno que agradecería descansar las piernas.
—Perfecto.. No hay problema.
[…mejor así]
[…más simple]
[…más claro]
Cuando salieron de la posada, todo se organizó rápido.
Caballos preparados.
Equipaje acomodado.
Carruajes listos.
Amber subió al caballo con soltura.
Se veía natural.
Segura.
Como si siempre hubiera sido parte de ese paisaje.
No miró hacia el carruaje.
Ni una vez.
[…no mires]
[…solo sigue]
Y así lo hizo.
Dentro del carruaje… Baxter notó el cambio de inmediato.
Cuando subió, no fue Amber quien lo acompañó.
Sino un hombre mayor, que se acomodó con un suspiro de alivio.
—Ah… esto sí es vida.
Baxter lo miró.
—¿Y lady Amber?
—Ah, la joven decidió cabalgar —respondió el guardia con total naturalidad—. Dijo que necesitaba aire.
Silencio.
Baxter asintió lentamente.
—Entiendo.
Pero no se veía convencido.
Sus ojos se dirigieron hacia la puerta, como si esperara verla aparecer en cualquier momento.
No pasó.
Miró por la ventana.
Buscándola.
Entre los jinetes.
Entre el movimiento del camino.
Pero no la encontró.
[…se fue]
El carruaje avanzó.
Y él se quedó en silencio.
Más quieto que antes.
Más… pensativo.
Las horas pasaron.
El camino siguió.
Y el carruaje finalmente se detuvo otra vez.
Baxter alzó la mirada.
—¿Llegamos a algún punto intermedio?
Pensó que tal vez era una pausa.
Que Amber volvería.
Que retomaría ese espacio compartido.
Pero no.
El guardia abrió la puerta.
—Hemos llegado.
Baxter bajó del carruaje.
Y entonces lo vio.
La mansión.
Elegante.
Amplia.
Con ese aire familiar que hablaba de historia y de hogar.
—La residencia de la tía de lady Amber —añadió el guardia.
Baxter asintió… pero no dijo nada.
Porque su atención ya estaba en otra parte.
A lo lejos.
Entre el movimiento del camino.
La vio.
Amber.
Cabalgando hacia la mansión.
Segura.
Recta.
Sin dudar.
Sin girar.
Sin mirar atrás.
Baxter se quedó quieto.
Observándola.
[…ni siquiera una vez, miro hacia atras]
Ella no se volvió.
No buscó el carruaje.
No buscó su mirada.
Solo siguió adelante.
Como si ya hubiera tomado una decisión.
Como si ese momento en el carruaje… hubiera quedado exactamente donde ella quería dejarlo.
En el pasado.
Baxter exhaló suavemente.
[entiendo]
Pero no se movió de inmediato.
Se quedó ahí un segundo más.
Mirando el camino que ella había tomado.
Y, por primera vez desde que la conoció… no parecía completamente tranquilo.
No del todo.
Porque algo en esa distancia… no le resultaba tan fácil de aceptar como esperaba.