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Amargo Corazón, Dulce Destino":

Amargo Corazón, Dulce Destino":

Status: Terminada
Genre:Traiciones y engaños / Autosuperación / Amor-odio / Completas
Popularitas:3.8k
Nilai: 5
nombre de autor: SherlyBlanco

"Me dijeron que no era nada sin su apellido. Me dijeron que mi talento le pertenecía. Intentaron quebrar mi espíritu, pero olvidaron que vengo de una estirpe de mujeres que saben templar el cacao bajo la tormenta." 🍫🔥
Acompaña a Elena en un viaje desde el cautiverio emocional en Bogotá hasta la conquista de su propio imperio en Venezuela. Una historia de:
✨ Resiliencia: De víctima a empresaria.
❤️ Amor Real: El encuentro con Sebastián, el hombre que no llegó para salvarla, sino para caminar a su lado.
🕊️ Redención: El perdón que libera y el puente entre dos hermanos separados por la distancia.
"Porque la vida, como el buen chocolate, solo encuentra su punto exacto cuando dejas de tener miedo al fuego."

NovelToon tiene autorización de SherlyBlanco para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.

​Capítulo 20: La Trampa de la Memoria

A los 25 años, descubrí que el amor no solo ciega; a veces, te vuelve cómplice de tu propia destrucción. En el lujoso apartamento de Chapinero, el aire se había vuelto irrespirable. Isabella, lidiando con los malestares de un embarazo que ella exhibía como un trofeo de guerra, había desterrado a Julián de su cama. "Hueles a grasa de cocina", le decía con asco, mientras yo, en silencio, fregaba el suelo de la sala.

...ΩΩΩΩΩΩΩΩΩΩΩΩΩΩΩΩ...

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Esa noche, Julián entró al pequeño cuarto de servicio donde me obligaba a dormir. No entró con gritos, sino con esa falsa dulzura que me había enamorado en el congreso. Se sentó en el borde de mi cama y me acarició el cabello.

—Elena, nena... solo tú me entiendes —susurró, buscándome con una urgencia que mi corazón, todavía herido y hambriento de afecto, confundió con arrepentimiento—. Isabella no sabe lo que es el sacrificio. Tú y yo somos los verdaderos socios, ¿recuerdas?

Cedí. Cedí porque el recuerdo del primer amor es una droga potente que te hace olvidar los moretones. Pero en medio del acto, la máscara de Julián se rompió. Lo que empezó como un encuentro furtivo se transformó en una descarga de violencia física; sus manos se cerraron en mi cuello con una fuerza que me dejó sin aire, y sus ojos reflejaban un desprecio que me hizo comprender la verdad: no me estaba amando, estaba usándome para castigar el rechazo de la otra.

—Eres mía, ¿entiendes? —me siseó, dejándome caer contra el colchón como un objeto usado—. Sin mis papeles y sin mi nombre, no eres más que harina en el viento.

Esa fue la última vez. Mientras lloraba en la oscuridad, tocando las marcas frescas en mi cuello, la decisión se fraguó como el caramelo más duro: tenía que salir de allí, aunque fuera lo último que hiciera.

Al día siguiente, llegó el nuevo proveedor de lácteos y grasas vegetales. Era un hombre mayor, de cabellos canos y ojos profundos llamado Román. Mientras descargaba las cajas en la cocina, Julián apareció, envolviéndome por la cintura con una ternura fingida que me dio náuseas.

—Mi reina está un poco cansada hoy, don Román —dijo Julián, dándome un beso en la mejilla mientras apretaba con disimulo uno de los morados de mi brazo—. Se nota que el éxito de JB nos tiene trabajando de más, ¿verdad, amor?

Yo tenía los ojos vidriosos, fijos en un punto en la pared, tratando de que las lágrimas no traicionaran mi miedo. Román no dijo nada en ese momento, pero su mirada se detuvo en las marcas de mis muñecas y en el pañuelo que yo usaba para tapar mi cuello a pesar del calor del horno. Su silencio no era de indiferencia, sino de observación.

—Mañana traigo el resto del pedido, joven Julián —dijo Román con voz ronca, antes de salir.

Unas horas después, Isabella, de un humor insoportable, obligó a Julián a salir con ella. "Necesito ropa de maternidad de diseñador y tú vas a cargar las bolsas", sentenció. Julián, antes de irse, me encerró bajo llave, como se encierra a un electrodoméstico caro que no se quiere perder.

Fue mi oportunidad. Con el corazón galopando en el pecho, corrí a la oficina. Sabía que la clave de la caja fuerte estaba anotada en clave tras un cuadro de paisajes. Logré abrirla. Allí estaban: mi pasaporte venezolano, mis documentos de identidad y, lo peor, el registro de marca de JB en Colombia. Al leerlo, sentí una puñalada de realidad; Julián figuraba como único dueño, y yo solo como "empleada técnica sin derecho a regalías".

Pero no solo encontré papeles. Había un sobre con una suma considerable de dinero en efectivo, las ganancias de las últimas ventas corporativas que él me había ocultado diciendo que "no había dinero". Lo guardé todo en una pequeña maleta junto a mis herramientas de pastelería y un par de mudas de ropa.

De repente, escuché un motor frente a la ventana del taller. Era el camión de Román. El viejo proveedor se bajó y tocó el timbre, pero al ver que nadie abría, se acercó al ventanal.

—¡Se me olvidó la nota de entrega firmada! —gritó, pero cuando me vio a través del vidrio, su expresión cambió—. Hija... ¿qué está pasando aquí?

Me pegué al cristal, con el alma en un hilo.

—Don Román, por favor... —susurré, señalando la puerta cerrada con llave—. Me tiene encerrada. Me quita todo. Me pega. Él no es quien dice ser.

Román miró a ambos lados de la calle. Sus ojos reflejaron una compasión que me recordó a la de Andrés o Mateo.

—Escúchame bien, niña. Mañana a las cinco de la mañana, cuando él salga por el pan o esté dormido, yo voy a estar parqueado en la esquina con el camión encendido. Si logras abrir esa puerta, corre hacia mí. No mires atrás. Yo tengo una hermana en una fundación que sabe cómo lidiar con estos buitres.

—No tengo llaves, don Román —dije desesperada.

—Yo buscaré la forma. Ten listo tu equipaje. Nadie que haga dulces con tanto amor merece vivir con tanta amargura.

El camión se alejó justo antes de que el auto de Julián doblara la esquina. Me senté en el suelo de la cocina, con mi pasaporte apretado contra el pecho y el dinero oculto bajo el delantal. Elena, la mujer de las iniciales JB, estaba a punto de morir para que naciera una nueva mujer. Mañana, el chocolate de Julián e Isabella se quedaría sin alma, porque el alma de la receta estaba por fin lista para escapar de su prisión.

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H. Parra
este Ramón es un mujeriego de quinta que merece que lo castren
H. Parra
muy interesante 👏👏👏👏👏👏👏
H. Parra
muy interesante redacción
Sherly 💜: gracias 🫂 espero y la disfrutes ☺️
total 1 replies
H. Parra
comienzo interesante
Ma Lourdes Arroyo de Anda
Excelente narración y redacción. Muy linda novela. Muchas felicidades a la autora.
Ma Lourdes Arroyo de Anda
❤️
Mercedes Tibisay Marin
yo ya lo hubiera sacado de mi casa un cucaracho asi no merece nada
Marcela Viviana Gamalero
felicitaciones, muy bonita historia.
Sherly 💜: gracias corazón espero y la disfrutes 🥰
total 1 replies
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