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El Rumbo De Las Estrellas

El Rumbo De Las Estrellas

Status: En proceso
Genre:Romance / Romance de oficina / Amor eterno
Popularitas:134
Nilai: 5
nombre de autor: Elizabeth Renovales

de una casualidad paso a una historia completa

NovelToon tiene autorización de Elizabeth Renovales para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.

Capítulo 20

Después de la ceremonia, la familia se quedó en Suiza por unos días para descansar. Visitaron una selva alpine en los Alpes —era muy diferente a las selvas de América Latina y África, pero igual de hermosa.

Sol caminaba por el sendero con ayuda de Mateo, y se encontró a un niño suizo de un año, Leo. Los dos niños se miraron y sonrieron. Leo le dio a Sol un juguete de madera en forma de oso, y Sol le dio su árbol de plástico.

—Son amigos desde el primer momento —dijo la madre de Leo, con una sonrisa.

Luna tomó fotos de los dos niños, y pensó en cómo la Red Estrella estaba uniendo a los niños del mundo.

Por la noche, se sentaron en un balcón con una vista de los Alpes. La estrella brillaba clara en el cielo, y podían ver las montañas nevadas al fondo.

—La estrella está en todas partes —dijo Sol, aunque lo dijo con palabras simples.

Todos se miraron y sonrieron. El pequeño guardián ya entendía el mensaje.

Martín le dijo a Sol: —Sí, mi amor. La estrella está en todas partes, y unió a todos nosotros —a ti y a Leo, a la comunidad masai, a la comunidad de Paraguay. Todos somos una familia.

Esa noche, Luna escribió un nuevo poema sobre la estrella y los niños del mundo. Lo leyó a la familia, y Sol escuchó con atención, mirando hacia la estrella.

 

Después de Suiza, la familia volvió a Paraguay. Sol tenía un año y medio, y estaba hablando más y más —podía decir frases completas sobre la estrella, la selva y sus amigos.

Mientras descansaban, Martín recibió una llamada de la organización internacional. Querían expandir la Red Estrella a Asia —había una selva en Indonesia que estaba en peligro de ser destruida por la deforestación para hacer espacio para las plantaciones de palma de aceite.

—Queremos que ustedes lideren el proyecto —dijo la voz del teléfono. —Ustedes tienen la experiencia y el amor que necesitamos para unir a la comunidad y proteger la selva.

Martín miró a la familia. Sol estaba jugando con su juguete de oso y su árbol, y dijo: —Viajar? Estrella?

Todos se rieron. —Sí, mi amor —dijo Luna. —Vamos a viajar a Asia, y la estrella irá con nosotros.

Al día siguiente, Martín aceptó el proyecto. Se llamó "Red Estrella Asia" —la tercera extensión de la red en el mundo.

Los siguientes meses fueron llenos de trabajo. Empezaron a contactar con organizaciones de Indonesia, a reunir fondos y a preparar el viaje. Luna escribió artículos sobre la selva de Indonesia y la deforestación. Mateo hizo estudios sobre los animales de la zona —los orangutanes, los tigres y los elefantes.

Sol empezó a aprender palabras en indonesio —"selva" (hutan), "estrella" (bintang) y "amigo" (teman). Todos se alegraron mucho —el pequeño guardián estaba aprendiendo nuevas culturas.

 

Un mes después, la familia se dirigió a Indonesia. El viaje fue largo, pero Sol estaba emocionado —jugaba con su juguete de oso y repetía las palabras en indonesio.

Cuando llegaron a Borneo, donde estaba la selva, fueron recibidos por el equipo de la organización local. El paisaje era maravilloso —selvas densas, ríos largos y montañas verdosas. Sol miró alrededor con curiosidad, y cuando vio un orangután en un árbol, gritó: —Mono! Bonito!

Todos se rieron. —Sí, es bonito —dijo Mateo. —Y tenemos que protegerlo.

Los siguientes días, visitaron la selva y se enteraron de que la deforestación era muy grave —muchas zonas habían sido convertidas en plantaciones de palma de aceite, y los orangutanes estaban perdiendo su hábitat.

—Tenemos un plan —dijo Martín. —Vamos a crear una reserva natural para los orangutanes, y a ayudar a la comunidad a desarrollar actividades sostenibles —cultivo de cosechas orgánicas, cría de peces y turismo responsable.

—Nos gusta la idea —dijo el coordinador local, Siti. —Pero la comunidad está asustada —la empresa de palma de aceite le presiona a vender las tierras.

—No tienen miedo —dijo Luna. —Juntos, podemos parar a la empresa. Yo escribiré sobre la situación para difundir el mensaje, y nosotros reuniremos apoyo de todo el mundo.

Siti asintió. —Gracias. Ustedes son nuestra esperanza.

Esa tarde, la familia visitó una comunidad que vivía cerca de la selva. Los niños se acercaron a Sol, y le dieron juguetes de madera en forma de orangutanes. Sol le dio a cada niño un pequeño dibujo que había hecho de la estrella.

—Bintang —dijo Sol, señalando el dibujo.

Los niños sonrieron y repitieron: —Bintang!

 

Los siguientes días fueron difíciles. La empresa de palma de aceite envió hombres a presionar a la comunidad, diciéndoles que vendieran las tierras o sufrirían consecuencias.

—Tenemos que actuar rápido —dijo Martín. —Vamos a contactar con la prensa internacional y con las autoridades para hacer presión sobre la empresa.

Mateo empezó a documentar el daño —tomó fotos y videos de las plantaciones y de los orangutanes que habían perdido su hábitat. Luna escribió un artículo detallado sobre la situación, lo llenó de fotos y lo publicó en revistas y páginas web internacionales.

La noticia se volvió viral en redes sociales, y mucha gente de todo el mundo empezó a firmar peticiones y a boycotear la empresa de palma de aceite. Políticos y ambientalistas de todo el mundo hablaron en apoyo de la comunidad y la Red Estrella.

Una semana después, la empresa anunció que suspendía los planes de expandir las plantaciones. Habían recibido demasiada presión, y se habían dado cuenta del daño que estaban haciendo.

La comunidad y los voluntarios se reunieron para celebrar. Sol se subió a la plataforma con Luna, y gritó: —Bintang! Proteger!

La gente aplaudió con fuerza y gritó de alegría. El pequeño guardián estaba dando su propio mensaje.

Siti se subió a la plataforma y habló:

—Hoy celebramos la victoria de la naturaleza y de la comunidad —dijo ella. —Gracias a la familia Sosa y a la Red Estrella, y al apoyo de todo el mundo, hemos parado a la empresa. Esta selva y sus orangutanes están protegidos.

Martín le dio a Siti una placa con el logo de la Red Estrella. —Juntos, somos invencibles —dijo él.

Esa tarde, la familia ayudó a la comunidad a plantar árboles en la zona donde se había destruido la selva. Sol plantó su propio árbol —un árbol de palmera nativa que Siti le había dado. Mateo le enseñó a cavar el hoyo, y Luna le ayudó a poner la planta.

—Este árbol crecerá con usted, Sol —dijo Mateo. —Y será parte de la selva que protegiste.

Sol sonrió y tocó el árbol con su mano pequeña.

 

Los siguientes meses fueron llenos de trabajo. La familia y la comunidad construyeron la reserva natural para los orangutanes —construyeron refugios, pusieron comederos y crearon senderos para el turismo responsable.

Mateo continuó sus estudios sobre los orangutanes —encontró un bebé orangután abandonado y lo llevó al refugio. La comunidad lo cuidó, y Sol se encariñó mucho con él. Llamaron al orangután "Bintang", en honor a la estrella.

—Bintang es mi amigo —dijo Sol, acariciando su pelaje suave.

Luna escribió un artículo sobre el bebé orangután y la reserva —lo llenó de fotos de Sol y Bintang jugando juntos. El artículo se volvió viral, y mucha gente donó dinero para ayudar al refugio.

Una tarde, mientras Sol jugaba con Bintang en el refugio, vieron a un grupo de orangutanes adultos llegando a la reserva. Eran los padres de Bintang, que habían venido a buscarlo. Todos se emocionaron —era el primer reencuentro de una familia de orangutanes en la reserva.

—Ellos han venido por su bebé —dijo Mateo, con emoción. —Esto significa que la reserva es un hogar seguro.

Sol soltó a Bintang, y el bebé orangután corrió hacia sus padres. Los tres se abrazaron, y luego miraron a Sol y le sonrieron.

—Ellos le agradecen —dijo Siti a Sol.

Sol sonrió y señaló hacia el cielo. —Bintang!

Los orangutanes miraron hacia el cielo, donde la estrella brillaba clara. Todos sabían que la estrella había unido a dos familias —la de Sol y la de Bintang.

 

Después de cuatro meses en Indonesia, la familia volvió a Paraguay. Sol tenía dos años, y Bintang el orangután había vuelto a la selva con sus padres. Sol lloró un poco al irse, pero sabía que Bintang estaba seguro.

—Bintang está con su familia —dijo Luna, abrazándolo. —Y la estrella los une.

Doña Ana y Juan les esperaban en el aeropuerto. Juan le dio a Sol un regalo —un juguete de madera en forma de orangután, con el nombre "Bintang" tallado en él.

—Para que no olvides a tu amigo —dijo Juan.

Esa noche, Martín recibió una llamada de la organización internacional. Le dijeron que la Red Estrella ahora tenía más de cincuenta reservas en todo el mundo —América Latina, África, Asia, Europa y Oceanía. Se había convertido en una red mundial de protección ambiental.

—Queremos nombrar a Sol como el embajador juvenil de la Red Estrella Mundial —dijo la voz del teléfono. —Él es el símbolo del futuro, y su mensaje ha llegado a todo el mundo.

Martín miró a Sol, que estaba jugando con su juguete de orangután. —Claro que sí —dijo él. —Sol estaría encantado.

La familia organizó una pequeña celebración en el apartamento. Sol se puso una camiseta con el logo de la Red Estrella Mundial y gritó: —Mundo! Proteger! Estrella!

Todos se rieron y abrazaron a Sol. El pequeño guardián se había convertido en el embajador del mundo.

 

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