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El Rumbo De Las Estrellas

El Rumbo De Las Estrellas

Status: En proceso
Genre:Romance / Romance de oficina / Amor eterno
Popularitas:141
Nilai: 5
nombre de autor: Elizabeth Renovales

de una casualidad paso a una historia completa

NovelToon tiene autorización de Elizabeth Renovales para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.

capítulo 21

Un mes después, se llevó a cabo una celebración de la Red Estrella Mundial en Asunción. Gente de todas las reservas del mundo vino —comunidades indígenas, voluntarios, ambientalistas y políticos.

El evento se llevó a cabo en el parque de Luque, donde Camila y Martín se habían casado. La zona estaba decorada con banderas de todos los países y con imágenes de la estrella.

Sol, como embajador juvenil, fue el primero en hablar. Llevaba su juguete de orangután y su árbol de cumpleaños. Se subió a la plataforma con ayuda de Mateo y dijo:

—Hola, mundo! —dijo él, con una sonrisa. —Estrella unir. Selva proteger. Todos amigos.

La gente aplaudió con fuerza y gritó de alegría. Muchos lloraron de emoción —el mensaje del pequeño embajador era el más poderoso de todos.

Luego, Camila se subió a la plataforma y habló:

—La Red Estrella empezó con un amor en medio de la lluvia en Luque —dijo ella. —Hoy, es una red mundial que une a todas las culturas y todas las selvas. Todo gracias a la estrella que nos guía, y a nuestro hijo Sol —que nos recuerda que el futuro de la Tierra está en las manos de los niños.

Martín se subió a la plataforma y se unió a ella:

—Juntos, hemos hecho lo imposible —dijo él. —Protegido selvas, unido comunidades, creado un legado de amor y esperanza. Y esto es solo el comienzo.

Luna y Mateo se subieron a la plataforma con Sol, y todos se abrazaron. La gente aplaudió con más fuerza, y música tradicional de todos los países empezó a sonar.

 

Al final de la celebración, la familia se fue al parque y se sentó en la estatua de un árbol, donde Sol había dado su primer paso solo. El sol se estaba poniendo, y la estrella empezaba a brillar en el cielo.

Sol cogió la mano de Luna y de Mateo, y miró a sus abuelos. —Familia —dijo él. —Estrella. Mundo.

Todos se abrazaron, formando una sola familia unida por la estrella. Camila miró a Martín y dijo:

—Recuerdas cuando te encontré en la lluvia? —dijo ella. —Nunca imaginé que llegaríamos hasta aquí.

—Sí —dijo Martín. —Y todo gracias a la estrella que nos unió.

Luna miró a Sol y dijo:

—Tu camino es largo, mi amor —dijo ella. —Pero la estrella te guiará siempre. Y tu legado será proteger la Tierra para las generaciones venideras.

Mateo cogió la mano de Luna y dijo:

—Juntos, todos los de la Red Estrella Mundial, seguiremos trabajando —dijo él. —Para que la selva crezca, los animales vivan libres y los niños del mundo tengan un futuro mejor.

Sol miró hacia el cielo, donde la estrella brillaba más clara que nunca. Se acurrucó en los brazos de su madre y dijo:

—Estrella... brillar... siempre.

Todos miraron hacia el cielo y sonrieron. Sabían que la estrella nunca dejaría de brillar, que el amor nunca se acabaría y que el legado de la Red Estrella Mundial duraría por siempre y para siempre.

Y así, en el parque donde empezó todo, con el sol poniéndose y la estrella brillando en el cielo, la familia Sosa miró hacia el futuro —un futuro lleno de amor, esperanza, selvas protegidas y una luz eterna que unía a todo el mundo.

Dieciséis años habían pasado desde la celebración de la Red Estrella Mundial. Sol tenía dieciocho años —era un joven alto y delgado, con los ojos color avellana de su abuelo Martín y el pelo castaño claro que se le caía hasta los hombros. Había terminado el bachillerato con notas excelentes y había sido nombrado director juvenil de la Red Estrella Mundial —un cargo que le permitía liderar proyectos en todo el mundo.

Ese día, volvía a Paraguay después de un viaje de seis meses por Oceanía, donde había ayudado a crear una reserva para los delfines de la Great Barrier Reef. El avión aterrizó en Asunción al atardecer, y Sol bajó con una mochila en la espalda y una expresión seria en el rostro. No era un regreso normal —traía con él una noticia que podría cambiar todo.

En el aeropuerto, le esperaban Camila, Martín, Luna y Mateo. Camila tenía cincuenta y cinco años, pero seguía con la misma energía y creatividad que siempre. Martín tenía cincuenta y ocho, y seguía liderando la Red Estrella con pasión. Luna tenía cuarenta y tres, y había publicado más de diez libros sobre la naturaleza y la Red Estrella. Mateo tenía cuarenta y cuatro, y era uno de los principales biólogos ambientales del mundo.

—Mi amor! —gritó Luna, abrazando a Sol con fuerza. —Cuánto te extrañamos!

—Hijo —dijo Martín, estrechándole la mano y luego abrazándolo. —Cómo te ha ido en Oceanía?

Sol sonrió, pero su mirada seguía siendo seria. —Muy bien —dijo él. —La reserva está lista, y los delfines están empezando a regresar. Pero... tengo algo que decirles. Algo importante.

Todos notaron su tono y se quedaron en silencio. Camila tocó su brazo con ternura. —Vamos a casa —dijo ella. —Habla allí, con calma.

El viaje al apartamento de Luque fue silencioso. Sol miraba por la ventana, observando la ciudad que había crecido mucho en estos años. Cuando llegaron, Doña Ana —que ahora tenía noventa y dos años, pero seguía con la misma lucidez— les esperaba con una cesta de empanadas.

—Mi nieto! —dijo ella, abrazándolo. —Te has vuelto un hombre tan guapo.

Sol besó su mejilla y se sentó en el sofá. Todos se sentaron a su alrededor, esperando con anticipación.

—Lo que voy a decirles no es fácil —empezó Sol. —Mientras estaba en Oceanía, conocí a un ex voluntario de la Red Estrella. Se llamaba Roberto. Era el coordinador de una reserva en Australia, pero fue despedido hace un año por problemas con el dinero. Me dijo algo que me dejó helado.

Se detuvo y tomó una respiración honda. Todos se inclinaron hacia adelante, intrigados y preocupados.

—Me dijo que hay un grupo secreto que se está infiltrando en las reservas de la Red Estrella en todo el mundo —continuó Sol. —No sabemos quiénes son, ni cuál es su objetivo exacto, pero Roberto me dijo que han estado robando materiales, destruyendo registros y haciendo daño a la naturaleza en forma discreta. Dijo que no es un problema aislado —está pasando en América Latina, África, Asia... en todas partes.

Todos se quedaron mudos. La Red Estrella había sido un refugio seguro durante años —nunca habían enfrentado algo así.

—¿Tienes pruebas? —preguntó Mateo, con voz seria.

Sol sacó un pendrive de su mochila y se lo dio. —Roberto me dio esto —dijo él. —Hay fotos, videos y correos electrónicos que muestran el daño. Pero lo peor es que... parece que alguien dentro de la Red Estrella les está ayudando. Alguien que conoce nuestros planes, nuestras reservas, nuestros horarios.

La preocupación se volvió en miedo. Si había un traidor dentro de la organización, todo lo que habían construido estaba en peligro.

—¿Quién puede ser? —preguntó Luna, con lágrimas en los ojos.

Sol miró a todos con una expresión sombría. —No lo sé —dijo él. —Pero voy a averiguarlo. Porque si no, la Red Estrella y todas las selvas que protegemos se destruirán.

Mientras hablaban, miraron hacia la ventana. La estrella brillaba en el cielo, pero esta vez, parecía tener una sombra sobre ella. Algo malo se estaba acercando —y el guardián tenía que pararlo.

 

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