Laura descubre que su prometido Javier la engaña, tiene otra pareja. No es la primera vez que pasa, ella le habia dado otra oportunidad y creyo que cambio, pero tan solo se habia vuelto mas experto en sus mentiras. El tio de Javier, Ricardo, ofrece su ayuda a Laura, no solo para que salga de ese amor posesivo que tenia su sobrino, sino que a la vez él mismo como su pareja predestinada, al confesar sus sentimientos prohibidos que arrastraba por ella al ser la pareja de su sobrino. ¿Laura podra vengarse de Javier? ¿Laura y Ricardo, Tendrán su final feliz?
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14- No era un gato, sino Linda
🔵JAVIER
El calor de la noche se colaba por las ventanas, pesada y húmeda. Laura y yo estábamos en la cocina, yo fingia normalidad, al buscar papel para ir al baño, mientras un ruido rasposo afuera nos sobresaltó.
—¿Qué fue eso?,
Le pregunte a Laura, ella llevo su mano instintivamente a su pecho.
—Debe ser un gato.
Murmuro.
Aunque mi instinto me decía otra cosa. Era un ruido sigiloso, no el arrullo de un felino, sino algo más… Deliberado. Tome una escoba por si era un ladrón, no queria alterar a Laura y fingi molestarme por ello.
Pero un escalofrío me recorrió la espalda, me llego el mensaje de Linda.
"Te tengo un regalito"
Acompañado de una imagen de mi casa.
La idea de que estuviera merodeando por aquí me helaba la sangre.
De repente, sonó el timbre. Laura me miró, extrañada. Nadie nos visitaba a estas horas sin avisar.
—Yo abro.
Dije, girando con una urgencia que intentaba disimular. Sabía que no era un gato. Sabía que era ella.
Al abrir la puerta, me encontré con mi tío Ricardo. Él, con su sonrisa enigmática, estaba a punto de tocar el timbre.
—¡Tío Ricardo!
Exclamé, mi voz sonando más aliviada de lo que pretendía.
—¿Qué haces por aquí?
Él se encogió de hombros con una naturalidad que me pareció ensayada, aunque la luz de la calle no alcanzaba a disimular una punzada de astucia en sus ojos.
—Tu padre me envió. Dijo que necesitaba la lista de invitados para la boda. Pensé en pasar a buscarla, ya que estaba cerca.
La boda. La boda con Laura. Un recordatorio incómodo de la farsa que mantenía. Pero en ese momento, una idea brillante cruzó mi mente. Una oportunidad para sacar a Laura de la casa antes de que Linda apareciera. Mi mirada se desvió un instante hacia la oscuridad de la calle. Allí, disimuladamente, vi la silueta inconfundible de Linda. Mierda.
—¡Qué bueno que viniste, tío!
Dije, con una efusividad que no sentía.
—Justo ahora Laura está... Ocupada con unos arreglos. No podría entregártela. Pero si no te molesta, ¿podrías llevarla? Así, ella no tiene que preocuparse por esto y me liberas para... Bueno, para atender otros asuntos.
" Con otros asuntos" me refería a la bomba de tiempo con rulos que me esperaba en la calle.
Ricardo me miró, y por un instante, vi un destello de algo en sus ojos. ¿Comprensión? ¿Diversión? No lo sabía. Pero asintió.
—Claro, Javier. No hay problema. Iré a buscar a Laura y la lista. Ya sabes, siempre es un placer ayudar a la familia.
Un nudo de tensión se aflojó en mi pecho. Había ganado tiempo. Ahora solo tenía que encontrar a Linda y evitar que se acercara a mi casa. No podía permitir que la vida que había construido, esta fachada de respetabilidad, se derrumbara por un momento de imprudencia. Laura, mi prometida, no podía enterarse. Si Linda exponía todo ahora, adiós a mi plan.
Mientras Ricardo se adentraba en la casa, mi mirada se dirigió nuevamente hacia la oscuridad. Allí, donde Linda se movía, acercándose lentamente. Tenía que actuar rápido.
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🟣RICARDO
El sudor frío me corría por la espalda mientras me adentraba en la casa de Javier. La mentira sobre la lista de invitados para la boda se sentía pesada en mi lengua, pero era necesaria. Lo cierto era que había visto a Linda, con su coche merodeando, y mi cerebro había conectado los puntos con la velocidad de un rayo. Javier, el infiel, estaba a punto de ser descubierto por su propia amante. Y Laura, mi Laura, no merecía ese espectáculo.
La encontré en la cocina, con una expresión de preocupación en el rostro. Observe su embarazo que aún no era evidente, y en su mirada vi el rastro de la discusión que seguro había tenido con Javier.
—Laura
Le dije, intentando sonar lo más natural posible.
—Javier me pidió que viniera a buscarte. Dice que te lleve, su madre necesita la lista de invitados para la boda y que, bueno, que sería mejor que la llevaras tú misma a casa de sus padres.
La noticia la tomó por sorpresa. Sus ojos se abrieron de par en par.
—¿La lista de invitados? ¿Y por qué yo? ¡Él la tiene!
Luego, su mirada se endureció.
—No. No voy a ir. ¡Y menos ahora que su amante está merodeando por aquí! Lo vi. ¡Vi el coche de Linda!
La rabia la consumía.
—¡La osadía de Javier de traer a su amante aquí, a mi casa!
Me acerqué a ella, tomándola suavemente por los brazos.
—Laura, mi amor, tranquilízate. Sé que estás furiosa, y tienes todo el derecho. Pero piénsalo bien. ¿Qué conseguirás con un escándalo ahora? ¿Qué Linda te vea aquí, furiosa, mientras Javier la saca a patadas? Eso es lo que él quiere, una escena, un circo. Quiere que demuestres que estás despechada.
Vi la duda en sus ojos. Mi plan estaba funcionando.
—No es momento de mostrarte alterada. Al contrario. Anda con calma a casa de sus padres. Habla de los invitados, del salón, finge estar comprometida. Solo para cubrir las apariencias, ¿entiendes? Demuéstrale a él, y a todos, que esto no te afecta. Que eres superior. Que no va a conseguir que pierdas la compostura.
Ella me miró, con los ojos llenos de lágrimas, pero asintió. La vi luchar contra sus emociones, contra la necesidad de explotar. Pero la idea de mostrarse fuerte, de no darle el gusto a Javier, parecía más poderosa.
—Y...
Continué, bajando un poco la voz, mi mirada fija en la suya.
—Ya que estamos allí, y es un poco tarde para volver... ¿por qué no te quedas a dormir en la casa? Conmigo. Así evitas el mal trago de ver a Javier llegar tarde, o de que Linda aparezca nuevamente.
Vi una chispa en sus ojos. El cansancio, la rabia, la necesidad de un refugio. Todo se mezcló.
—Está bien, Ricardo
Dijo, su voz apenas un susurro.
—Vamos. Y sí, me quedaré a dormir contigo.
Una oleada de satisfacción me invadió. Otro paso más. Mi Laura, por fin, empezaba a ver la luz. Y Javier... Bueno, Javier estaba cavando su propia tumba. Y yo, su querido tío, estaba feliz de empuñar la pala.
Laura no es la del problema eres tu queridito mira que quedó embarazada de tu tío , tu debes ser estéril