NovelToon NovelToon
"El Código Del Inmortal De Hierro"

"El Código Del Inmortal De Hierro"

Status: En proceso
Genre:Superhombre / Salvando al mundo / Supersistema / Apoyo mutuo
Popularitas:457
Nilai: 5
nombre de autor: Mery Tortolero

En un mundo donde la magia es un privilegio genético, él nació como un error del sistema.

Durante milenios, los Puros —una aristocracia elfa de linaje divino— han gobernado el continente de Aethelgard. Su magia de éter alimenta las ciudades flotantes y otorga una vida eterna, mientras la humanidad sobrevive en las sombras de las mega-ciudades industriales, trabajando como simple combustible para mantener el paraíso de sus amos.

Zane es nadie. Un minero de dieciocho años destinado a morir por la "Peste del Taller" en los niveles más bajos de la Ciudad de Nebulosa. Pero todo cambia cuando, en una fosa de desechos alquímicos, encuentra el Núcleo Zero: un artefacto prohibido de la Era de los Creadores que no debería existir.

Al fusionarse con el núcleo, Zane descubre una verdad aterradora: la realidad no es mística, es código. Y él acaba de convertirse en el primer usuario con permisos de administrador.

"Rescríbela. Devórala. Gobiérnala."

NovelToon tiene autorización de Mery Tortolero para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.

El Ascenso de la Chatarra

El Martillo de Arthur no rugió; gritó. El sonido inicial de la ignición no fue una explosión controlada, sino el lamento de miles de toneladas de hierro viejo siendo obligadas a ignorar la ley de la gravedad. En el momento en que los motores de plasma rojo, alimentados por la Esencia del Éter, cobraron vida, la onda de choque vaporizó la ceniza en un radio de cinco kilómetros, dejando al descubierto los cimientos de hormigón de una ciudad muerta hace milenios.

Dentro de la mole de metal, la realidad se fragmentó. Los nómadas del acero, hombres y mujeres que habían pasado sus vidas pegados al suelo, sintieron cómo sus huesos se volvían de plomo. La fuerza G no era solo una presión; era un verdugo.

—[CONEXIÓN NEURAL AL 95%] —la voz de Zane retumbó por los altavoces de vapor de toda la nave, distorsionada, casi inhumana—. ¡MANTENGAN LA CALMA! EL ACERO ES MI CARNE. EL VAPOR ES MI SANGRE.

Zane no estaba sentado en el trono de mando; estaba encadenado a él por filamentos de luz roja que salían de su brazo de cromo y se hundían en los mamparos de la cabina. A través de la habilidad Bio-Mecánica, Zane sentía cada remache que crujía, cada tubería que amenazaba con estallar bajo la presión del éter líquido.

Cuando una de las orugas traseras se desprendió por la vibración, Zane no envió un equipo de reparación. Envió un pulso de voluntad. Las planchas de metal se retorcieron y se fusionaron, soldándose con un tejido sintético que palpitaba como un músculo. La ciudad móvil estaba mutando en pleno vuelo: las chimeneas se cerraron para convertirse en toberas de empuje, y el casco oxidado se recubrió de una capa de diamante artificial generada por la Forja de Materia.

—Zane, tu ritmo cardíaco es de 190 pulsaciones —advirtió Aurora, cuya imagen flotaba en el centro del puente, parpadeando violentamente—. Estás actuando como el procesador central de cuarenta mil toneladas de hierro. Si no soltamos los lastres térmicos, tu cerebro se freirá antes de salir de la estratosfera.

—¡SOPORTA, AURORA! —rugió Zane, con lágrimas de sangre plateada corriendo por sus mejillas—. ¡NO HEMOS VENIDO A MORIR EN EL BARRO!

A los 30,000 metros, la oscuridad del espacio empezó a asomar tras el velo violeta de la atmósfera superior. El aire, enrarecido y furioso, golpeaba el casco a diez veces la velocidad del sonido. El calor era tan intenso que las ventanas de cuarzo empezaron a burbujear.

Los nómadas, en las cubiertas inferiores, rezaban a dioses antiguos mientras el vapor de las calderas se volvía de un color carmesí brillante. Kaelen, con los ojos inyectados en sangre por la presión, miraba a Zane con una mezcla de horror y devoción. Veía cómo el brazo de cromo de su líder se ponía al rojo vivo, fundiéndose con los controles. Zane ya no era un hombre; era el espíritu de la máquina.

De repente, un impacto sacudió la nave. No fue el viento.

—¡BATERÍAS ORBITALES ELFO ACTIVADAS! —gritó un navegante—. ¡Nos tienen fijados!

Desde el borde del espacio, finos hilos de luz dorada descendieron. Eran los láseres de la Casta de Platino, diseñados para desintegrar satélites. El primer impacto perforó la cubierta de carga, vaporizando instantáneamente toneladas de suministros.

—[PROTOCOLO: CAMPO DE ESTÁTICA TOTAL] —Zane extendió su mano izquierda, la de carne, que ahora brillaba con la luz de la Primera Pieza.

Proyectó un domo de interferencia pura alrededor del Martillo. Los láseres elfo, al tocar la estática, se bifurcaron en mil rayos inofensivos que iluminaron la noche de la Tierra como fuegos artificiales imposibles. Pero el esfuerzo físico fue devastador: el sistema nervioso de Zane emitió un chispazo y él colapsó sobre los controles, manteniendo la conexión solo por pura inercia.

—¡Zane, despierta! —la voz de Aurora resonó en su subconsciente—. ¡Estamos en el límite! ¡El Escudo de Frecuencia está frente a nosotros!

Zane abrió los ojos. Frente a la proa del Martillo, el cielo se plegaba en una red geométrica de oro y zafiro: el firewall físico de Aethelgard. Si no lo atravesaban con suficiente fuerza, la ciudad móvil rebotaría y se desintegraría en la atmósfera como una estrella fugaz de chatarra.

—[COMANDO FINAL: SOBRECARGA DE NÚCLEO]

Zane hundió su mente en las seis piezas de la Corona. Usó la Lógica para encontrar la grieta en el escudo, la Armonía para que la nave no se hiciera pedazos, y la Vida para dar el último empujón.

El Martillo de Arthur impactó contra el escudo. El sonido fue el de un planeta rompiéndose. Una luz blanca, más brillante que el sol, inundó la cabina. Durante tres segundos, el tiempo se detuvo. Los nómadas no sintieron peso, ni dolor, ni miedo. Solo el vacío.

Y entonces, el silencio.

Un silencio tan profundo que se podían oír los latidos del corazón de cada persona a bordo. El fuego de la fricción se apagó. El rugido de los motores se convirtió en un zumbido eléctrico constante.

Zane se soltó de los cables y flotó. Su brazo de cromo estaba negro, humeante, con el metal agrietado mostrando los circuitos internos. Miró por la escotilla. Abajo, la Tierra era una esfera de ceniza envuelta en una red de luces artificiales. Pero arriba, en la negrura infinita, flotaba la Estación Apex.

Era una aguja de cristal blanco y platino, rodeada de anillos rotatorios que procesaban la información de todo el sistema. Era hermosa, fría y letal.

—Lo hemos hecho, Administrador —susurró Kaelen, flotando a su lado, mirando las estrellas con el asombro de un niño que ve el mar por primera vez—. Estamos fuera de su mundo.

—No, Kaelen —dijo Zane, mientras la Séptima Pieza empezaba a vibrar en el corazón de la estación enemiga—. Estamos en el verdadero mundo. Aethelgard es solo el mapa; esto es el territorio.

De los hangares de la Estación Apex, cientos de luces blancas empezaron a desprenderse. Los interceptores de la Casta de Platino. Se movían sin inercia, con una elegancia que hacía que el Martillo pareciera un ladrillo oxidado.

—Preparen los cañones de vapor —ordenó Zane, su voz recuperando la autoridad del Administrador—. Aurora, prepara el vector de salto. No hemos subido hasta aquí para ser espectadores. Hemos venido a reclamar la última pieza.

[NIVEL ALCANZADO: 17] [ESTADO DEL ARMAMENTO: CAÑONES DE PLASMA AL 80%] [NUEVA HABILIDAD PASIVA: ADAPTACIÓN AL VACÍO (El cuerpo de Zane ya no requiere oxígeno mientras el Núcleo Zero esté activo)]

El escenario estaba listo. La batalla más grande de la historia humana estaba a punto de ocurrir en el silencio del espacio, donde no hay aire para oír los gritos, solo datos para registrar la caída de los dioses.

1
b zamitiz
🙂
NovelToon
Step Into A Different WORLD!
Download MangaToon APP on App Store and Google Play