Séptimo libro de la Dinastía Lobo.
Alessandro juró no enamorarse jamás. Arabella juró vengarse al precio que sea. Pero cuando sus caminos se cruzan, el odio y el deseo se vuelven imposibles de distinguir. Ella fue entrenada para seducirlo y destruirlo; él, para no caer en las trampas del corazón. Sin embargo, un roce, una mirada y un secreto bastan para encender una pasión tan peligrosa como inevitable. Entre mentiras, fuego y traiciones, Alessandro y Arabella descubrirán que algunos destinos no pueden evitarse... y que hay amores que se sienten como una herida abierta imposible de cerrar.
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Lorenzo.
Arabella🌷
Catorce días.
Catorce largos y malditos días sin ver a Braulio.
Solo un mensaje:
> Estaré fuera de la ciudad. Cuídate. Te quiero, Luce.
Nada más.
Lo releo una y otra vez como si entre las letras hubiera un código oculto. Pero no hay nada. Solo distancia.
Yo tampoco he tomado una decisión.
He jurado ayudarlo. Lo prometí cuando me salvó, cuando me sostuvo mientras yo temblaba después de aquel intento de abuso que casi me marca para siempre. Le prometí que estaría con él en su venganza. Pero ahora que el momento parece acercarse. Tengo miedo.
Sigo yendo a la universidad. Sigo trabajando en el restaurante. Sigo fingiendo normalidad.
Don Ricardo no ha vuelto a meterse conmigo, aunque me mira como esperando que resbale para poder sancionarme. Esta vez no le he dado el gusto. He ganado buenas propinas. He ahorrado.
Como si el dinero pudiera protegerme del destino.
Dency no se despega de mí. Comemos juntas. Estudiamos juntas. Caminamos juntas.
—El moreno del otro día no es nada serio, ¿ok? —me dice una tarde mientras compartimos papas fritas en el sofá—. Ese es pa’ divertirse un ratico. Yo todavía no consigo el hombre que me fleche con una mirada, ¿me entiendes? Ese que me deje temblando las piernas sin tocarme.
Sonrío.
—Tú eres un caso perdido, Den.
—No, mi amor, yo soy selectiva. Y tú ¿cómo vas con el aburrido?
—No sé, no nos hemos visto en lus últimos días.
Esa tarde decidimos jugar póker en la mesa pequeña del apartamento. Cerveza fría. Botanas. Música suave de fondo.
—Te voy a desplumar —le digo mientras reparto cartas.
—Ay por favor, tú no sabes bluffear.
Reímos a carcajadas. Por un momento, todo parece ligero. Hasta que mi teléfono vibra.
Frunzo el ceño.
Es Lorena. La hermana de Lorenzo.
No alcanzo a contestar la primera llamada, pero la segunda entra casi de inmediato.
Contesto.
—¿Hola?
Lo único que escucho son sollozos.
Mi corazón se acelera.
—¿Lorena? ¿Qué pasa?
—Ara… —su voz está rota—. Es Lorenzo… él… está en el hospital… lo apuñalaron… está muy mal… dicen que… que se está muriendo… pregunta por ti…
Siento que el piso se mueve.
No lloro. No puedo hacerlo.
—¿En qué hospital?
Me da el nombre. Cuelgo.
—¿Qué pasó? —pregunta Dency, ya de pie.
—Lorenzo… lo apuñalaron.
No sé cómo logro agarrar mi bolso. Salimos corriendo.
El hospital huele a desinfectante y desesperación.
Las luces blancas son crueles.
Dency y yo vamos directo a urgencias. Estoy por preguntar cuando Lorena aparece. Tiene los ojos hinchados, el maquillaje corrido.
Me abraza.
—Está muy mal… está muy mal… Él quiere verte, quiere decirte algo.
Me guía por un pasillo. Cada paso es una sentencia.
Cuando estamos a unos metros de la sala, escucho un grito desgarrador.
Es la madre de Lorenzo.
Un sonido que no sabía que un ser humano podía emitir. El mundo se detiene.
Un médico sale y niega con la cabeza.
—Lo siento.
Lorena cae al suelo. El padre de Lorenzo se cubre el rostro.
Dency empieza a llorar, pero yo no puedo hacerlo.
Estoy de pie. Inmóvil. Vacía. No me despedí.
No llegué a tiempo. No escuché su última palabra.
Me acerco al cuerpo cubierto con la sábana blanca. Levanto apenas la tela.
Su rostro está pálido. Tranquilo. Como si estuviera dormido.
—Idiota… —susurro—. No me esperaste.
Pero no hay lágrimas. Solo fuego y dolor.
...
El entierro es dos días después.
El cielo venezolano está gris.
Ropa negra. Flores marchitas.
La madre de Lorenzo parece una sombra. El padre no suelta el ataúd hasta el último momento.
Yo estoy firme.
Cuatro años.
Cuatro años de relación.
No éramos perfectos. Últimamente discutíamos y las cosas estaban algo frías. Pero aún así lo quería mucho.
Y ahora está bajo tierra.
La policía no encontró nada.
“Fue un atracador.” Sin rostro. Sin nombre. Sin justicia.
Braulio no aparece.
Solo Dency está conmigo.
—Ara… —me susurra—, estás demasiado callada.
No respondo porque si hablo… exploto.
...
Dos días después del entierro, la puerta se abre.
Es Braulio.
Está de pie en la sala. Y cuando lo veo…corro hacia él. Me lanzo a sus brazos. Mi cuerpo se estremece, pero no lloro. Solo me quejo. Un sonido bajo, doloroso, animal.
Él me sostiene fuerte.
—Lo siento, pequeña… lo siento tanto, Luce.
—No me despedí… —mi voz se quiebra—. No me despedí.
Me acaricia el cabello.
—Yo sé cuánto lo querías.
—Fue un atracador… lo apuñaló… dicen que forcejeó… —lo miro—. Quiero saber quién fue. Quiero verlo a los ojos.
Su mandíbula se tensa.
—Te ayudaré. Te lo juro.
Y le creo.
Porque ahora necesito creer en algo y yo siempre creo en él.
...
Al día siguiente vuelve.
No trae flores. No trae consuelo. Trae información.
Su expresión es distinta. Más dura.
—Ara… lo que te voy a decir no es fácil.
Mi corazón late más fuerte.
—Habla.
—Nuestros enemigos están más cerca de lo que crees.
Frunzo el ceño.
—¿Qué tiene que ver eso con Lorenzo?
—Todo.
El silencio pesa.
—No fue un simple atraco.
El aire desaparece de mis pulmones.
—¿Qué estás diciendo? —le pregunto.
—Fue ordenado —me dice.
—¿Por quién?
Me mira directo a los ojos.
—Por el italiano.
Siento que el mundo se inclina.
—No… no… eso no tiene sentido. ¿Por qué él haría eso?
—No lo sé. Estoy buscando más pistas, más explicaciones, pero no las hallo. Tal vez ellos están moviendo piezas o es otro de sus trucos y no tiene nada que ver con nosotros.
—¿Cómo lo sabes?
Aprieta los dientes.
—No sé cómo… pero pasó. Y mis fuentes no fallan. Parece ser que lo confundieron.
Camino hacia atrás. Mi mente arde.
—Entonces… ¿fue por una maldita confusión?
No responde. Y ese silencio es suficiente.
La rabia sube como veneno.
—Me lo quitaron.
—Sí.
—Lo usaron.
—Sí.
Mi respiración se vuelve pesada.
—¿Dónde está ese maldito?
Braulio se acerca.
—No lo sé, pero la pieza que necesitamos está en Nueva York.
Lo miro.
Y por primera vez, no siento miedo. Solo determinación.
—Voy contigo.
—Ara…
—Voy contigo —repito—. Ahora tengo dos razones. Tu venganza… y Lorenzo.
Me observa en silencio.
—¿Estás segura? —asiento.
Ya no estoy dudando. Estoy ardiendo.
—¿Quién es?
Braulio respira profundo.
—Maximiliano Lobo.
El nombre cae como un disparo.
—Es el patriarca. El hombre que mató a mi padre. Y ahora… el que está detrás de esto.
Aprieto los puños.
—Entonces no solo vamos a herirlo —lo miro fijo —Vamos a destruirlo.
Braulio asiente lentamente.
—Hay que darle donde más le duele.
Y en mi mente, sin saber exactamente cómo... Empiezo a convertirme en arma.
Esta vez no hay dudas.
Solo guerra y sed de venganza.
Me hace acordar a su papá con cabo suelto 🤣🤣🤣
Pero Braulio esto es lo que quería cuando se enteré que lo rechazo su hermanita
Ale que esta acostumbrado a tener todos a sus pies ahora tiene un NO de repuesto pero hasta el nombre lo sabe.
Ale esta 🔥🔥🔥🔥🤣
Estas tan ciega con la venganza que no sabes lo que te espera.
Te va enfrentar en un peligro que no tenes idea, le crees todo lo que te dice.