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BAJO TU SOMBRA

BAJO TU SOMBRA

Status: En proceso
Genre:Amor-odio / Posesivo / Mafia
Popularitas:2.1k
Nilai: 5
nombre de autor: Delenis Valdés Cabrera

Ella era la única testigo. Él, la sentencia de muerte que terminó convirtiéndose en su dueño.
Elena Thomas vivía entre archivos y sombras, convencida de que su invisibilidad era su mayor escudo. Pero una noche, en un callejón donde el aire sabía a hierro y pólvora, vio lo que nadie debía ver: a Viktor Volkov, el heredero más despiadado de la Bratva, ejecutando a sangre fría.
Ella esperaba una bala. En su lugar, recibió unas manos de acero que la arrancaron del suelo y una voz que le prometió un infierno personal. "No te mataré, pequeña", le susurró él al oído, mientras el calor de su cuerpo la envolvía como una trampa de seda. "Pero a partir de hoy, tu nombre, tu cuerpo y hasta tu último suspiro me pertenecen".
Ahora, Elena es la prisionera de oro en una fortaleza de cristal. Viktor es un monstruo que no sabe amar, solo poseer; un hombre que la mira con una mezcla de odio y un deseo que amenaza con quemarlos a ambos.

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capítulo 13

La Mansión Castelli brillaba bajo el peso de la decadencia y el oro. Carruajes y autos de lujo vomitaban figuras envueltas en encaje y terciopelo. Elena bajó del vehículo blindado sintiendo el frío de la seda negra sobre su piel. El vestido, de un corte impecable, acentuaba cada curva de su figura, haciéndola lucir como una joya prohibida. Su pelo castaño y lacio caía como una cascada oscura sobre sus hombros desnudos.

A su lado, Viktor era la encarnación del peligro. Llevaba un esmoquin a medida que apenas contenía la potencia de sus hombros y una máscara de cuervo que le daba un aire de deidad antigua y sangrienta.

— No te separes de mi vista —le advirtió él, su mano firme en la base de su espalda, una caricia que era, en realidad, una marca de propiedad—. Si alguien intenta algo, no esperaré a que uses tus "técnicas de seducción". Lo mataré ahí mismo.

— Hoy no soy tuya para proteger, Viktor. Hoy tengo un trabajo que hacer —respondió ella, ajustándose su máscara de encaje negro con una mirada desafiante.

Al entrar al gran salón, la música de la orquesta llenó el aire. Elena sabía que Viktor la estaba vigilando desde las sombras del balcón superior, con sus hombres estratégicamente posicionados. Ella se movió entre la multitud con una gracia que sorprendió incluso a Viktor.

Para provocarlo, para demostrarle que no era un objeto bajo su control, Elena se detuvo frente a un hombre de mediana edad, un conde italiano que servía de enlace con los Castelli.

— ¿Me concede esta pieza, señorita? —preguntó el hombre, cautivado por la belleza diminuta y feroz de Elena.

Elena miró hacia el balcón. Allí, entre las sombras de las columnas de mármol, vio los ojos de acero de Viktor brillando con una furia fría. Él apretó la barandilla con tanta fuerza que los nudillos de su mano enguantada crujieron.

— Será un placer —dijo Elena con una sonrisa triunfal.

En la pista de baile, el hombre puso su mano en la cintura de Elena. En ese instante, en el balcón, Viktor llevó la mano a la culata de su arma oculta. Sus celos eran una bestia encadenada que tiraba de los eslabones con cada giro que ella daba en los brazos de otro.

— Es usted una criatura fascinante —susurró el conde, acercándola más de lo necesario—. Demasiado pequeña para estar en un lugar tan peligroso.

— Las cosas pequeñas suelen ser las más letales, conde —respondió ella, mientras sus dedos, rápidos como el rayo, buscaban el bolsillo del chaleco del hombre donde brillaba la llave dorada de la bóveda.

Pero el hombre no era un tonto. Sintió el movimiento y atrapó la mano de Elena, apretándola con fuerza.

— Oh, una ladrona además de una belleza. Creo que tendremos que discutir esto en privado...

Antes de que el conde pudiera arrastrarla fuera de la pista, una presencia masiva eclipsó la luz de las lámparas de araña. Viktor ya no estaba en el balcón. Había bajado las escaleras como un espectro de muerte y ahora estaba detrás del hombre, su sombra cubriéndolos a ambos.

— Suéltala. —La voz de Viktor no fue un grito; fue un susurro cargado de tal violencia que la orquesta pareció desafinar por un segundo.

El conde se giró, palideciendo al ver la máscara del cuervo y la estatura imponente de Viktor.

— Yo... solo estábamos bailando, señor...

Viktor tomó la mano del conde y la apartó de Elena con un movimiento que casi le disloca la muñeca. Luego, atrajo a Elena hacia su pecho, rodeándola con un brazo que se sentía como una barra de hierro.

— Este baile ha terminado —sentenció Viktor, mirando al hombre con una promesa de entierro en los ojos—. Y si vuelves a ponerle una mano encima, no necesitarás una llave para entrar en el infierno. Yo mismo te abriré la puerta.

Viktor arrastró a Elena hacia un rincón apartado, fuera de la vista de los invitados. Su respiración era pesada, sus ojos inyectados en sangre por la rabia y el deseo contenido.

— ¡Casi nos arruinas la misión por tus estúpidos celos! —le siseó ella, aunque su corazón latía con fuerza por la cercanía.

— ¡Me importa un bledo la misión si ese cerdo te toca! —rugió él, acorralándola contra la pared de terciopelo—. No juegues conmigo, Elena. Te dije quién era el hombre aquí. Si vuelves a desafiarme de esa manera, te sacaré de aquí al hombro delante de todos.

La tensión entre ellos era eléctrica, una mezcla de furia y una atracción que ninguno de los dos podía negar.

— Entonces bésame de una vez o déjame terminar el trabajo —lo retó ella, con los ojos café desafiantes.

Viktor no esperó a que ella lo dijera dos veces. La reticencia de sus celos se transformó en una necesidad física arrolladora. Agarró el rostro de Elena con ambas manos y la besó con una intensidad que sabía a posesión, a peligro y a un alivio desesperado. Fue un beso que reclamaba cada centímetro de su alma, dejando claro que, aunque ella quisiera ser su socia, para él seguía siendo su mundo entero.

Elena se aferró a las solapas de su esmoquin, respondiendo con la misma fuerza. Por un instante, el salón de baile, la misión y el peligro desaparecieron. Solo existía el calor de Viktor y la forma en que su cuerpo inmenso la envolvía por completo.

¡BOOM!

Una explosión masiva sacudió los cimientos de la mansión Castelli. El suelo tembló y el gran candelabro de cristal del centro del salón se desplomó, estallando en millones de fragmentos. Los gritos de pánico reemplazaron al vals.

Viktor, con reflejos de acero, cubrió a Elena con su cuerpo, protegiéndola de la lluvia de cristales.

- ¡Quédate abajo! -ordenó, desenfundando su arma en un solo movimiento fluido.

A través del humo y el polvo que llenaba el salón, una figura emergió desde las sombras del pasillo lateral. No llevaba máscara, pero su rostro estaba parcialmente cubierto por cicatrices de quemaduras antiguas. Era un hombre delgado, de mirada fría y analítica: Mateo.

- Un reencuentro explosivo, ¿no crees, Elena? -dijo Mateo, su voz sonando como papel de lija. No miraba a Viktor; sus ojos estaban fijos en su antigua alumna-. Te enseñé a buscar la verdad, no a acostarte con el enemigo que la oculta.

Viktor se tensó, sus ojos de acero inyectados en furia. Al ver al hombre que había "moldeado" a Elena, sus celos estallaron de nuevo, pero esta vez con una intención letal.

- Así que tú eres el fantasma -gruñó Viktor, dando un paso al frente, ocultando a Elena tras su espalda-. Deberías haberte quedado muerto.

- El sobre rojo, Viktor -dijo Mateo, ignorando la amenaza-. Lo tengo yo. Y si quieres que Elena viva para ver el amanecer, vas a soltar esa arma y dejar que se venga conmigo. Ella no pertenece a tu mundo de sangre; pertenece al mundo del conocimiento.

Elena salió de detrás de Viktor, con sus ojos café llenos de una mezcla de horror y decepción.

- Tú provocaste el incendio en la biblioteca, Mateo. No moriste... escapaste con los archivos. Me usaste para llegar a los Volkov.

- Te preparé para esto, Elena -respondió Mateo con una sonrisa torcida-. Eres mi mejor obra. Ven conmigo ahora, o este lugar se convertirá en tu tumba.

Viktor soltó una carcajada oscura y posesiva. Rodeó la cintura de Elena con un brazo, pegándola a él.

- Ella no va a ninguna parte con un cadáver viviente. Voy a enseñarte lo que pasa cuando intentas reclamar lo más valioso de mi vida.

Mateo levantó un detonador.

- La mansión está llena de cargas, Viktor. Tú eliges: si la quieres viva o muerta.

La tensión entre los tres era insoportable. Viktor apretaba a Elena contra su costado, debatiéndose entre su instinto de matar al hombre que la pretendía y la necesidad de sacarla de allí con vida.

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Carmen Ramos
Esta bonita su novela pero cuando la termine comienzo a leer estaré al pendiente ☺️🥰
Delenis: Por supuesto mi corazón 🤭, no te preocupes yo actualizo seguido , la otra que estoy escribiendo "La contadora del mafioso" también, por si le apetece leer . Besos 😘
total 1 replies
Marbe Majano
más capitulos
Delenis: A la orden 👌
total 1 replies
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