Una noche.
Un error que no recuerdo.
Y ahora… estoy embarazada.
No sé quién es el padre.
Pero él sí sabe quién soy yo...
Espero te guste.📌💢
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Protección o posesión
...CAPÍTULO 13...
Aylin no supo en qué momento dejó de mirar la ventana.
Solo se dio cuenta cuando la voz de Kael volvió a sacarla de sus pensamientos.
—Deberías comer algo.
Ella frunció ligeramente el ceño.
—No tengo hambre.
—No es una opción.
Su tono no fue brusco.
Pero tampoco dejaba espacio para discutir.
Aylin lo miró, incómoda.
—No tienes por qué decirme qué hacer.
Kael sostuvo su mirada sin inmutarse.
—Y tú no tienes por qué sentirte mal y fingir que todo está bien.
Silencio.
Directo.
Incómodo.
Aylin desvió la mirada.
—No estoy fingiendo.
—Sí lo estás.
Otra vez.
Sin rodeos.
Como siempre.
Aylin apretó los labios.
No le gustaba que la leyera tan fácil.
—Solo es cansancio.
—Aylin.
Su nombre, otra vez.
Más bajo.
Más serio.
—Te ves pálida. No comiste. Saliste corriendo hace un rato.
El corazón le dio un pequeño golpe.
—¿Me estabas mirando?
—Estaba pasando.
Respuesta simple.
Pero no convincente.
Aylin soltó una pequeña exhalación.
—No es nada grave.
Kael no respondió de inmediato.
La observó unos segundos más.
Como si estuviera armando algo en su cabeza.
—Aun así.
Se levantó ligeramente de la silla.
—Vamos.
Aylin parpadeó.
—¿A dónde?
—A comer.
—Ya te dije que no—
—No te pregunté.
Silencio.
Ahí estaba otra vez.
Ese lado suyo.
Firme.
Dominante.
Pero no agresivo.
Solo… seguro.
Demasiado.
Aylin dudó.
Sabía que podía negarse.
Pero por alguna razón… no lo hizo.
—Solo algo pequeño.
—Está bien.
Pidieron algo sencillo.
Nada pesado.
Aylin apenas probó la comida al inicio.
Pero poco a poco, su cuerpo reaccionó.
Y comió.
Despacio.
En silencio.
Kael no hablaba.
Solo la observaba de vez en cuando.
Como si se asegurara de que realmente lo hiciera.
—¿Siempre eres así? —preguntó Aylin de repente.
Él levantó la mirada.
—¿Así cómo?
—Como si… tuvieras que controlar todo.
Kael apoyó el brazo sobre la mesa.
—No es control.
—¿Entonces qué es?
Pequeña pausa.
—Costumbre.
Aylin lo miró, sin entender del todo.
—¿Costumbre de qué?
—De no dejar que las cosas se arruinen cuando puedo evitarlo.
—Yo no soy un problema.
—No dije eso.
Silencio.
—Pero tampoco estás bien.
Directo.
Otra vez.
Aylin bajó la mirada.
—No tienes que preocuparte por mí.
—Ya lo estoy haciendo.
Sin dudar.
Sin pensar.
Y eso… la dejó sin respuesta por un segundo.
El ambiente se volvió más tranquilo.
Más… normal.
Casi.
Cuando terminaron, Aylin se levantó primero.
—Gracias.
Kael asintió apenas.
—Vas a volver a la oficina.
No fue pregunta.
Aylin lo miró.
—Sí.
—No deberías.
—Tengo trabajo.
—Y yo soy tu jefe.
Silencio.
Aylin suspiró.
—No puedo irme así como así.
Kael la observó unos segundos.
Luego sacó su teléfono.
—Entonces no es “así como así”.
—¿Qué haces?
—Solucionándolo.
—Kael—
—Hoy trabajas desde casa.
Aylin frunció el ceño.
—No puedes decidir eso sin—
—Ya lo hice.
Silencio.
Otra vez.
Pero esta vez… más tenso.
—No me gusta esto.
Lo dijo en voz baja.
Pero clara.
Kael la miró.
—¿Qué cosa?
—Que tomes decisiones por mí.
Pequeña pausa.
—No soy una niña.
Kael sostuvo su mirada.
Y esta vez… no respondió de inmediato.
—Lo sé.
Su tono bajó un poco.
—Pero tampoco eres alguien que deba ignorar lo que le pasa.
Aylin apretó ligeramente los labios.
—Puedo cuidarme sola.
—No lo estás haciendo.
Silencio.
Dolió un poco.
Porque era verdad.
Aylin desvió la mirada.
—No tienes que hacer esto.
—No lo hago por obligación.
Otra vez esa respuesta.
Directa.
Sin adornos.
Aylin lo miró.
De verdad.
Intentando entender.
—Entonces… ¿por qué?
Kael la sostuvo con la mirada.
Más tiempo del normal.
—Porque quiero.
Nada más.
Nada menos.
El corazón de Aylin se aceleró.
Otra vez.
Pero esta vez no fue por nervios.
Fue diferente.
Se hizo un pequeño silencio entre ellos.
Pero ya no era incómodo.
Era… confuso.
—Te llevo a casa —dijo él finalmente.
Aylin dudó.
Sabía que debía decir que no.
Pero no lo hizo.
—Está bien.
El camino fue silencioso.
Pero no pesado.
Solo tranquilo.
Aylin miraba por la ventana.
Pensando.
En todo.
En nada.
De vez en cuando, sentía la mirada de Kael.
Pero no decía nada.
Cuando llegaron, el auto se detuvo suavemente.
Aylin soltó el cinturón.
—Gracias.
—Descansa.
Ella asintió.
Pero antes de bajar—
—Kael.
Él la miró.
—No tienes que hacer todo esto.
Pequeña pausa.
—En serio.
Kael no respondió de inmediato.
Solo la observó.
Como si estuviera pensando algo.
—Lo sé —dijo al final.
—Pero igual lo hago.
Aylin no supo qué decir.
Así que simplemente bajó del auto.
Subió a su casa.
Más cansada que antes.
Pero también… más tranquila.
Se dejó caer en la cama sin cambiarse.
Cerró los ojos.
Solo un momento.
Su mano volvió a su vientre.
Como ya era costumbre.
—Seis semanas… —susurró.
Todo seguía siendo demasiado.
Demasiado rápido.
Demasiado confuso.
Pero había algo nuevo.
Algo que no estaba antes.
Esa sensación de no estar completamente sola en esto.
Y eso… la asustaba un poco.
Pero no tanto como debería.