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Solo Es Mi Guarura

Solo Es Mi Guarura

Status: En proceso
Genre:CEO / Cambio de Imagen
Popularitas:1.1k
Nilai: 5
nombre de autor: Yurle

Isabella Anderson siempre ha tenido el control de su vida: su apellido, su posición y cada decisión que toma. Para ella, Nicolás era solo eso… su guarura. Alguien más en su mundo, alguien que debía mantenerse en su lugar. Nicolás Miller, en cambio, no encajaba en esa etiqueta. Seguro de sí mismo, reservado y con un mundo mucho más grande del que Isabella imaginaba, empezó a romper cada idea que ella tenía sobre él. Entre miradas que dicen más que las palabras, discusiones cargadas de orgullo y una tensión imposible de ignorar, ambos comienzan a cruzar una línea que nunca debió existir. Porque a veces, lo más peligroso no es lo que pasa… sino lo que empiezas a sentir por quien juraste no mirar. Y es ahí donde la verdad pesa más: nunca fue solo su guarura.

NovelToon tiene autorización de Yurle para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.

Capítulo 13 - ¿Qué está pasando?

—¿Qué? Por favor… me eres indiferente, no seas iluso. Mejor síguele el son a Lucía —respondió Isabella con rapidez, quizá demasiada.

Nicolás sonrió apenas.

—Bueno, ya que tengo tu permiso, voy a pescar esa sardina.

Y aunque lo dijo en broma, miró de reojo a Isabella antes de volver la vista al frente. Ella rodó los ojos, fingiendo que no le afectaba, pero algo en su pecho se tensó. No estaba segura de querer que aquello ocurriera realmente; sin embargo, el orgullo y la necesidad de no parecer vulnerable la empujaban a decir lo contrario de lo que sentía.

Poco después llegaron por Lucía y Lucas. Nicolás se bajó para abrirles la puerta, gesto que Lucía aprovechó sin perder tiempo.

—Eh, tío, estabas como demorado —reclamó ella en tono españolete divertido y, antes de que él pudiera reaccionar, le plantó un pico en media luna al saludarlo.

Jay silbó divertido.

—Wow, reina, ¿te dejarás quitar ese hombre?

—¿Qué? ¡No! Digo… sí… digo, ay por favor, Nicolás solo es mi guarura, no me interesa como hombre —respondió Isabella, enredándose sola mientras intentaba sonar convincente.

Jay soltó una carcajada.

—Déjame decirte que es un excelente hombre, como pocos, así que no eches en saco roto al “guarura”. Ah, y por cierto… no le gusta que le digan así.

Isabella fingió indiferencia mientras todos entraban al auto, aunque la palabra se le quedó dando vueltas. Excelente hombre. No era la primera vez que alguien lo insinuaba.

—Nico, pero tienes un hermano muy guapo —comentó Lucía apenas se acomodó, y entonces miró hacia el asiento delantero—. ¿Isabella? ¿Qué haces acá? ¿Aprovechando el dos por uno de la Miller?

—Ay, Lucía, qué atrevida y vulgar eres —respondió Isabella entre risas—. Es sorpresa, voy con ustedes.

—Ay, amiga… recapacitaste. Has vuelto a ser nuestra Isabella —intervino Lucas con una sonrisa amplia que, de pronto, se volvió dramática cuando fingió llorar.

—Ay, Lucas, para, me harás llorar y se me corre el maquillaje —dijo ella inclinándose hacia atrás para abrazarlo por encima del asiento—. Te quiero, amigo. Gracias por ser como eres.

Lucas siempre había sido su refugio. Se conocían desde el colegio y él había estado en cada etapa importante de su vida, incluso en sus momentos más insoportables. Aunque en la tarde le habló fuerte, Isabella sabía que lo hacía porque temía perder la esencia de la amiga que siempre conoció. Y en el fondo, ella también temía eso.

Mientras el auto retomaba la marcha, entre risas y bromas, Isabella sintió por un instante que todo estaba en equilibrio otra vez. Sin embargo, cada tanto, cuando las conversaciones bajaban de intensidad, era consciente de la presencia de Nicolás a su lado, de cómo escuchaba atento, de cómo intervenía justo cuando debía hacerlo.

Llegaron a la discoteca y, apenas cruzaron la entrada, Lucas y Lucía se transformaron. Era uno de esos lugares a los que no iban seguido, pero cada vez que lo hacían terminaban hablando de la experiencia durante semanas. Subieron al área VIP por recomendación de Nicolás, pidieron bebidas y se dejaron llevar por la música, las luces y la euforia del momento. Por un rato, Isabella se permitió olvidar sus dudas y simplemente reír con los suyos.

Cuando la noche empezaba a acercarse al cierre y el ambiente ya estaba más denso por el licor y el cansancio, Isabella decidió ir al baño. Lucía estaba demasiado mareada para acompañarla, así que bajó con Lucas mientras Nicolás caminaba cerca, atento sin parecer invasivo. Ella entró al baño de mujeres y Lucas aprovechó para entrar al de hombres, dejando a Nicolás esperando en el pasillo.

Fue entonces cuando un estruendo rompió la normalidad. No fue el típico sonido de una botella cayendo; fue más seco, más alarmante, seguido de lo que parecían disparos. La música se detuvo abruptamente y los gritos comenzaron a mezclarse con el eco del lugar. Nicolás reaccionó de inmediato y avanzó hacia la puerta justo cuando Isabella salía apresurada. Casi chocaron.

—¿Qué está pasando? —preguntó ella, con el pulso acelerado.

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