Más allá de la tormenta es la historia de Juan Manuel, un hombre noble y humilde que se enamora de Adela, una joven que trabaja en una casa de placer, Pero la vida no los deja estar juntos. todo cambia cuando nuestro protagonista recibe una herencia de su padre y por vueltas del destino, se casa con Elena, una joven un poco rebelde y de ciudad, que debe adecuarse a la vida en el campo.
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CAPITULO 21: EL BAILE
CAPÍTULO 21: EL BAILE.
Elena se sentía muy incómoda con estas dos jóvenes que no dejaban hablar mal de los demás, hasta que la mujer rubia se acercó a ellas.
-¡Hasta que te conozco!- dijo tomando el brazo de Elena -Disculpen damas, Pero se las robó.- y se la llevó hasta un lugar bastante alejado.
Elena estaba sorprendida, era más bella de cerca, rubia y con ojos negros que le sentaba muy a su piel pálida. No como a ella, que también tenía ojos negros, Pero son su tono bronceado de piel pasaban desaparecido.
-Las personas aquí, pueden llegar a ser muy crueles.- comento muy simpática.
-No se preocupe, en España son iguales.- respondió ella con una sonrisa.
-Soy Laura y asumo que usted es Elena, la esposa de Juan Manuel Chávez... Placeres ahora.-
-Si ¿Le conoce?- pregunto y miro a su esposo que estaba hablando con el de Laura.
-En realidad, lo conocía solo de nombre, en persona apenas ahora. Pero creo que su esposo y el mío tienen mucho en común, sin grandes conocidos.- comento la mujer y ella poso su mirada en el alto caballero, muy moreno y con unos particulares ojos color grises que llamaron su atención.
Quiso ver a su esposo, pero él ya no estaba. Lo busco con la mirada y logro ver a la mujer pelirroja entrar a un pasillo y que Juan Manuel, unos metros más atrás, se dirigía al mismo lugar.
-Disculpe Laura, Pero ¿En dónde está el toilet?- pregunto.
-Creo que por ese pasillo.- respondió Laura.
Le vino como anillo al dedo.
-Bueno, si me disculpa, regreso de inmediato.- dijo con una sonrisa.
-Si, no sé preocupe, yo estaré con mi madre y mi tia, que están allí.- le dijo Laura señalando dos mujeres rubias. Una mayor y delgada, que asumió que era la tía porque la otra era muy parecida a su nueva amiga.
-Esta bien, ya regreso.- respondió nuevamente y se marchó.
Siguió el pasillo y llegó hasta un cuarto, que asumió que era una biblioteca o despacho, por lo que pudo ver con la puerta apenas entreabierta, allí se encontraba su esposo con Adela
-¡No puedo creer que estés vivo, Juan Manuel!- exclamó Adela caminando hacia él.
-Y por eso té casaste con otro.- respondió él en un duro tono.
-Es que hay cosas que no sabes...- agrego ella llorando.
-¿Sabes lo que fue para mí ir a buscarte y encontrarte en la iglesia con tu nuevo esposo?- le reprochó y Adela se tapó el rostro con las manos, llorando con fervor.
Elena no podía ver bien la escena, trato de estirarse para aclarar la imagen, pero sin querer movió la puerta e hizo ruido. Salió corriendo por el pasillo, Pero al tratar de doblar en él, vio que venían Thompson con García Teagle y otros hacia esa dirección. el hombre menciono que algo guardado en el escritorio.
Con total ligereza, Elena, huyó nuevamente hacia la habitación, entro y cerró la puerta apoyándose en ella, muy agitada. Juan Manuel y Adela la miraron sorprendidos.
-¿Elena?- Pregunto su esposo alarmado.
-Le podemos explicar...- decía Adela.
-Shhh.- los callo ella, yendo rápidamente hacia Juan Manuel -¡Tome mi mano! ¡Tome mi mano!- exclamó.
Todos los hombres entraron al cuarto.
-¿Qué haces aquí, Adela?- pregunto García Teagle, con los dientes apretados y dando un paso al frente. La joven reflejaba evidente pánico en la mirada.
-Es que entablamos conversación.- se apresuró en decir Elena -Hemos venido para alejarnos del bullicio, mi esposo se preocupó y nos encontró aquí.- explico y cambio de tema -Qué gran biblioteca tiene aquí, aunque no encontré nada de Eduarda Mansilla.-
-Pero debe de haber.- dijo Thompson -Si lo desea se lo puedo conseguir.-
-Pero sería un placer.- dijo ella y todos quedaron en silencio, con aire de incomodidad en el ambiente -Bueno, mejor nos vamos.-
-Sí.- agrego rápida Adela.
-¿Usted también se marcha?- pregunto Vicente a Juan Manuel.
-Acompaño a mi esposa y regreso.- dijo él y los tres se fueron.
Al salir por el pasillo, Adela se fue por su lado, y ellos dos por el otro. Llegaron hasta una mesa alejada que contenía copas con bebidas servidas.
-¡¿Qué diablos fue eso?!- pregunto exaltado Juan Manuel.
-"Eso", fui yo salvándole el pellejo.- respondió ella de forma hostil.
-¿Salvarme el pellejo? ¡Por favor!- expreso él con sarcasmo.
-Puedo ser joven, pero no crea que no le doy cuenta que entre usted y la señora Adela hay...- estaba respondiendo Elena, justo cuando un rayo de luz iluminó su mente y recordó cuando Alcira, aquel día menciono el nombre de la joven del burdel que su esposo tanto había amado -Adela.- repitió -Ella es Adela.- y lo miro a la cara.
Juan Manuel le devolvió la mirada, con mezcla de sorpresa y enfado a la vez.
-No se atreva a meterse en mi vida.- dijo Juan Manuel apretando los dientes.
-¿Por qué no? Si usted lo hizo con la mía.- reprochó la esposa enfrentándolo con la frente en alto.
-Basta ya ¡Ahora vamos!- ordeno tomándole el brazo.
-¡No!- exclamó soltándose de un tirón.
-Dije vamos.- repitió él.
-¡Quiero estar sola!- elevo la voz Elena, su esposo la miro serio y luego hacia todos lados. Los invitados que estaban cerca los miraron.
-Haga lo que se le plazca.- refunfuño Juan Manuel y se marchó.
Elena tomó una copa y la bebió toda de un solo sorbo mientras su esposo se marchaba.
"¿Pero que se ha creído ese hombre?, darme órdenes a mi. Ni siquiera me ha agradecido lo que he hecho por él", pensaba mientras agarraba la segunda copa de vino y la bebió del mismo modo que la anterior. Había bebido alguna copa de vino en algún evento, de forma moderada, pero en ese momento se sentía muy enfadada. "¿Esa es Adela?", prosiguió encontrándola entre la multitud de gente "¡Es hermosa!, pelirroja y de ojos claros". De repente se sintió insegura, aunque su figura se había redondeado y su pecho había crecido, pero era morena y bajita ""¿Y si Juan Manuel seguía enamorado de ella?, se preguntó. "¿Qué le importaba a ella si su esposo seguía enamorado de esa mujer?", se reprochó mientras Bebía la tercera copa.
-¿Se encuentra usted bien?- pregunto una voz grave y masculina.
-¡¿Qué?!- pregunto ella de muy mala manera, cuando levanto la mirada ¡Era el presidente!. Se tapó la boca con la mano, muy avergonzada y con las mejillas ardiendo de calor -Perdone, señor, lo lamento.-
-Estaba por retirarme cuando la Vi y me pregunté ¿Qué hace una joven tan sola y no baila como las demás?- respondió el hombre sin darme importancia a la reacción de Elena.
-No he tenido el honor de una invitación.- contesto ella un poco más tranquila.
-¡Qué vergüenza! Pensará que nuestro país es muy descortés.- agrego Roca ofreciéndole la mano en forma de invitación, ella lo miró con una sonrisa y acepto la propuesta.
Juan Manuel estaba entretenido con su viejo conocido, en una conversación muy apasionada.
-Te entiendo más que nadie y lo sabes Lorenzo. Pero al escuchar su discurso, pensé que sus ideales, tal vez, no están tan mal.- contestaba mientras su compañero lo miraba no con muy buena cara -Tal vez, deberías dejar los rencores a un lago y darle una oportunidad.-
-Darle una oportunidad ¿Eh?- replico el alto caballero con ironía, observando hacia la pista de baile.
Juan Manuel volteó la mirada y de repente su rostro se endureció ¿Qué hacía su esposa bailando con el presidente?
-Ya he vivido esto.- dijo su amigo tomándole el hombro.
Entonces se disculpó y partió hacia la pista de baile. Allí espero a que la pieza termine.
-¿Puedo robarle a mi esposa, señor Presidente?- le pregunto con una sonrisa forzada.
-Esta joven es una joyita.- respondió Roca muy amable.
Se despidió con cortesía y la tomo del brazo para alejarla del centro de la pista.
-Qué hombre tan amable y galante...- decía ella mientras de pasada tomaba una copa de champagne de la bandeja de un mozo.
Llegaron hasta un rincón apartado.
-Creo que dejar de tomar.- dijo Juan Manuel tratando de arrebatarle la copa de la mano.
-¡No! ¡Es mía!- respondió ella amezquindándosela -En fin, como decía, es un nombre muy interesante y elegante.- decía mientras tomaba un sorbo de su champagne.
-Por más que lo halagué, no se esfuerce, escuche que gustan más adultas y rubias.- agrego Juan Manuel de un suspiro de cansancio.
-¡Insolente!- exclamó Elena -Lo que pasa es que está celoso porque él es todo lo que usted jamás será.
Juan Manuel estaba al borde de perder la compostura.
-¡Por suerte!- se ofuscó él tomándole el brazo -¿O no sabe lo que le hizo ese hombre al pueblo de las personas que tanto quiere como Carito y María? ¿Por qué no se informa antes de hablar?-
Ella lo quedó mirando con odio en los ojos.
-¡Vamos! Que nos están viendo.- agrego él tratando de llevarla.
-¡No quiero!- se exaltó ella.
-Y yo no quiero discutir ahí y ahora ¡Vamos!- dijo él por lo bajo, pero muy enojado. volvió a tomarla del brazo y la llevo hacia la salida.