Siempre ha sentido que tiene mala suerte, y ahora renace con muchas posibilidades, intentando cambiar su destino.
* Esta novela pertenece a un mundo mágico*
* Todas las novelas son independientes**
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Beso
Los días habían pasado con relativa calma.. lo cual, en la vida de Eveline Alderwick, significaba que solo tres cosas se habían derramado sobre ella y ningún objeto pesado había intentado asesinarla.
Lord Alderwick y Lady Alderwick seguían de viaje celebrando sus veinte años de matrimonio, enviándole cartas llenas de entusiasmo desde cada ciudad que visitaban. Eveline sonreía al leerlas.. sus padres se amaban con una naturalidad tan sincera que ella siempre había deseado algo parecido.
Una invitación elegante llegó esa mañana.. el duque Cassian Rathborne la esperaba en la mansión Rathborne para revisar unos documentos previos al anuncio formal de ciertos acuerdos familiares.
—Documentos.. Qué romántico.
Pero aun así, su corazón latía con expectativa.
La mansión Rathborne era imponente. Techos altos, pasillos revestidos en madera oscura y ventanales que dejaban entrar la luz con majestuosidad calculada.
Cassian la recibió personalmente en la entrada.
—Lady Eveline Alderwick.. Mi oficina la espera. Y, supongo, también yo.
—¿En ese orden?
—Depende de qué tan bien firme los documentos.
Ella alzó el mentón con falsa dignidad.
—Firmo con excelencia impecable, su gracia.
Él rió y la guió por el pasillo.
La oficina del duque era amplia, elegante y ligeramente menos intimidante de lo que Eveline esperaba. Estantes repletos de libros, un escritorio robusto y, junto a la ventana, un sofá de terciopelo oscuro.
—Aquí —indicó Cassian mientras extendía unos papeles sobre la mesa baja frente al sofá—. Solo son formalidades.
Eveline avanzó con confianza.
Demasiada confianza.
El borde de la alfombra.. enemiga eterna de su equilibrio.. decidió ondularse justo cuando su zapato dio el paso final.
Sintió el tirón.
El vacío.
La certeza absoluta de que, efectivamente, su mala suerte había encontrado un nuevo escenario.
—Oh, no—
Pero no llegó a tocar el suelo.
Un brazo firme la rodeó por la cintura.
Cassian reaccionó con rapidez sorprendente, tirando de ella hacia sí para evitar la caída.
El problema fue que el impulso los desequilibró a ambos.
Y el siguiente segundo transcurrió en cámara lenta.
Ella cayendo hacia él.
Él retrocediendo.
El sofá recibiéndolos con un leve sonido amortiguado.
Cuando el mundo dejó de moverse, Eveline se encontró sobre Cassian, sus manos apoyadas a ambos lados de su pecho, su cabello negro cayendo como un velo alrededor de sus rostros.
Silencio. Muy cercano.
Demasiado cercano.
Cassian parpadeó una vez.
Luego sonrió.
—Debo admitir.. que esta es una forma interesante de firmar documentos.
Eveline lo miró.
Podía sentir el calor de su cuerpo bajo el suyo. El latido firme. La cercanía que hacía que su propio corazón acelerara.
Normalmente, se habría apartado avergonzada.
Normalmente.
Pero esta no era la Eveline que aceptaba pasivamente lo que el destino le lanzaba.
Era la Eveline que aprovechaba.
—Le dije que mi mala suerte era creativa..
—Si todas las caídas terminan así, empiezo a simpatizar con su infortunio.
Ella sonrió, lenta, decidida.
Tenía una segunda vida.
Tenía un prometido encantador, risueño, que jamás la miraba con reproche cuando el desastre la elegía.
Y tenía un momento perfecto.
No lo pensó más.
Se inclinó y lo besó.
Fue un beso suave al inicio, apenas un roce decidido, pero lleno de intención. No fue torpe ni accidental. Fue con energía..
Cassian se quedó inmóvil una fracción de segundo, sorprendido.
Luego respondió.
Su mano se deslizó hasta su cintura, firme pero respetuosa, sosteniéndola con naturalidad mientras profundizaba apenas el beso, lento, cálido… lleno de esa chispa juguetona que siempre compartían.
Cuando finalmente se separaron, la mirada de Cassian ya no era solo divertida.
Era intensa.
—Eveline Alderwick.. ¿Siempre besa a los duques después de tropezar?
Ella apoyó la frente contra la suya.
—Solo a los que me gustan.
Él soltó una risa suave.
—Entonces debería desordenar más alfombras en esta casa.
Ella se incorporó un poco, aunque sin alejarse del todo.
—No crea que esto fue un accidente.
—Oh, estoy seguro de que tropezar sí lo fue.
—El beso no.
Cassian la observó con esa mezcla de fascinación y ternura que últimamente se volvía más frecuente.
—Definitivamente cambió después de aquella maceta.
Ella sonrió.
—No. Solo dejé de desperdiciar oportunidades.
Él acarició suavemente un mechón de su cabello negro.
—Entonces espero que su mala suerte continúe… si los resultados son así.
Eveline finalmente se levantó, tendiéndole la mano con teatral elegancia.
—Ahora, su gracia, firmemos esos documentos antes de que una lámpara decida unirse a la conversación.
Cassian aceptó su mano, levantándose con una sonrisa amplia.
—Si algo cae, prometo atraparla.
Ella lo miró con brillo travieso.
—Procure no acostumbrarse demasiado… podría empezar a hacerlo a propósito.
Y mientras se sentaban juntos frente a los papeles, Eveline pensó que, tal vez, su mala suerte no era un castigo.
Tal vez era solo la excusa perfecta para caer exactamente donde quería estar.
me encanta súper bien narrada
nunca perdió el hilo narrativo
ella con su suerte y el siempre ahí al lado