Abandonado en una raid urbana, Cael fue dado por muerto.
En las profundidades de una mazmorra oculta, despertó un Sistema prohibido que el mundo jamás debió conocer.
Mientras la ciudad sigue sus reglas…
él aprende a romperlas.
Y cuando regrese, no cambiará el ranking.
Cambiará el sistema.
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Capítulo 2 — La Cámara del Umbral
Las antorchas azules flotaban sin humo, suspendidas a distintas alturas, como recuerdos que se negaban a apagarse. Su luz no calentaba. Solo delineaba las curvas irregulares de la piedra y proyectaba sombras demasiado largas.
Cada paso de Cael resonaba.
El eco volvía tarde, deformado.
Demasiado vacío.
Demasiado consciente de que estaba solo.
El costado le punzaba con cada respiración. La herida seguía abierta bajo el chaleco, pegajosa. No era un dolor insoportable. Era persistente. Un susurro constante:
No eres invencible. No ahora.
Los paneles del Sistema flotaban en su campo visual.
[Estado: Estable.]
[Misión activa: Sobrevive a la Cámara del Umbral.]
[Objetivo: Encuentra la salida o derrota al Guardián.]
Cael soltó una exhalación áspera.
—Sobrevive… claro.
Avanzó.
El pasillo desembocó en una cámara circular amplia. El techo se perdía en la penumbra. Las paredes estaban cubiertas por runas apagadas, como venas fosilizadas que alguna vez transportaron energía.
En el centro, un pedestal de piedra negra latía con una luz irregular.
Un latido débil.
Enfermizo.
Cael dio un paso hacia el centro.
El aire cambió.
No fue un ruido.
Fue una compresión.
Como si algo enorme hubiera decidido prestar atención.
Desde el techo descendió la figura.
No cayó.
Bajó con control.
Placas de obsidiana superpuestas formaban un cuerpo alto, angular, demasiado rígido para ser orgánico. De su espalda sobresalían fragmentos afilados, desordenados, como alas rotas que nunca aprendieron a abrirse.
En su pecho, una grieta luminosa vibraba en azul violáceo.
Inestable.
El Guardián tocó el suelo.
La piedra vibró bajo las botas de Cael.
Su garganta se secó.
El miedo no fue inmediato.
Fue lento.
Subió desde el estómago hasta el pecho como agua fría.
—No aquí… —murmuró—. No ahora.
El Guardián avanzó.
No rápido.
Seguro.
Cael se movió primero.
Corrió hacia la derecha, buscando ángulo. Lanzó un tajo lateral.
La hoja chocó contra la obsidiana con un chirrido seco.
No penetró.
La vibración le sacudió el brazo hasta el hombro.
Se le adormecieron los dedos.
El Guardián respondió con un barrido amplio.
Cael se dejó caer, rodó por el suelo. El golpe pasó a centímetros de su cuello y partió una columna detrás de él. Fragmentos de piedra llovieron como proyectiles.
El corazón le golpeaba las costillas con fuerza desordenada.
No había nadie que lo distrajera.
No había escudo que interviniera.
Era él.
Y eso.
El Sistema parpadeó.
[Análisis en curso…]
[Debilidad detectada: Núcleo expuesto en el pecho.]
[Recomendación: Ataques de precisión.]
Cael dejó escapar una risa corta.
—Genial. Solo tengo que atravesar eso.
El Guardián dio un paso más.
Cael cargó.
No directo.
En el último instante cambió trayectoria, se deslizó bajo el brazo extendido y lanzó un corte ascendente hacia la grieta del pecho.
La hoja penetró.
Un segundo.
Luego el mundo se volvió hielo.
Una descarga recorrió la espada y le trepó por el brazo como electricidad viva. El dolor fue inmediato, violento. Cael gritó sin contenerse.
Salió despedido contra el suelo.
El Guardián retrocedió un paso.
Emitió un sonido bajo, vibrante, como roca desplazándose bajo toneladas de presión.
Los fragmentos de su espalda se desprendieron.
Se transformaron en lanzas negras.
Cael apenas alcanzó a girar. Una se clavó en el suelo junto a su cabeza. Otra le abrió el costado, reabriendo la herida. La tercera impactó en su hombro y lo volteó.
El aire se le escapó.
Quedó tendido boca arriba, mirando el techo oscuro.
La visión le temblaba.
No puedo levantarme.
La idea fue clara.
No dramática.
Clara.
[Tenacidad del Caído: activa.]
El calor no fue espectacular.
Fue firme.
Como una mano sosteniéndolo desde dentro.
No le quitó el dolor.
Le dio margen.
Cael cerró los ojos un segundo.
Recordó la lluvia.
El silencio.
El portal cerrándose.
—Levántate —susurró—. Levántate.
Se apoyó en la espada.
Las piernas le temblaron.
Pero se sostuvo.
El Guardián avanzaba de nuevo.
Lento.
Imparable.
Cael miró alrededor.
Columna rota.
Escombros apilados.
Altura.
Distancia.
Respiró.
Una vez.
Dos.
Corrió hacia los restos de la columna. Trepó por la piedra suelta, ignorando el tirón en el costado y el ardor del hombro. El Guardián alzó el brazo para interceptarlo.
Cael no dudó.
Saltó.
En el aire no hubo épica.
Hubo miedo.
Un miedo puro que lo obligó a apretar los dientes.
Gritó al descender.
No de rabia.
De pura voluntad.
La espada bajó con todo su peso.
La hoja atravesó el núcleo.
La grieta se abrió por completo.
La luz azul violácea se desbordó.
No explotó.
Se desmoronó hacia dentro.
El Guardián se fracturó desde el pecho. Las placas de obsidiana se separaron en silencio y se convirtieron en polvo oscuro que cayó como ceniza.
La cámara quedó inmóvil.
Cael aterrizó mal.
Rodó.
Se quedó de rodillas unos segundos antes de dejarse caer de espaldas.
El techo giraba ligeramente sobre él.
Su pecho subía y bajaba con respiraciones irregulares.
—Sigo… vivo…
No sonó heroico.
Sonó sorprendido.
El Sistema apareció.
[Guardián del Umbral derrotado.]
[Misión completada.]
[Desbloqueando Sistema de Progresión…]
[Nivel 1 alcanzado.]
[Habilidad activa desbloqueada: Filo de Energía (Nv. 1).]
La espada vibró suavemente.
Un resplandor azul pálido envolvió la hoja.
No brillante.
Controlado.
Cael la levantó.
La luz reflejada en la piedra no era deslumbrante.
Era promesa.
—Entonces esto… recién empieza.
Al fondo de la cámara, un arco de luz comenzó a formarse.
Una salida.
Temporal.
Cael dio un paso.
El aire se hundió.
No vibró.
Se volvió pesado.
Dos ojos dorados se abrieron en la oscuridad del techo.
No pertenecían al Guardián.
Eran más antiguos.
Más conscientes.
La voz no resonó en el aire.
Se instaló en su mente.
—El Núcleo Caído ha elegido a un portador.
Cael se quedó inmóvil.
La espada vibraba débilmente en su mano.
—¿Qué eres?
Silencio breve.
—Un testigo.
Una pausa.
—Y, si sobrevives… algo más.
Los ojos se cerraron.
La presión desapareció.
El arco brilló con mayor intensidad.
Cael tragó saliva.
No sabía si estaba regresando al mundo que lo descartó.
O si acababa de ser marcado por algo que lo observaba desde antes de que él naciera.
Apretó la espada.
Y cruzó la luz.