En un mundo de magia, deseo y secretos, una chica en la era moderna despierta en el cuerpo de la villana de su juego de harem inverso +19 favorito. Piel blanca como la nieve, cabello y ojos tan oscuros como la noche: su belleza era tan temida como deseada. Pero ahora, conociendo su trágico final, Arien está decidida a evitar la trama original. Desde su niñez, planea cambiar su destino y alejarse del caos que traerá la heroína original.
Sin embargo, todo da un giro cuando tres de los protagonistas masculinos—un salvaje hombre lobo con un deseo incontrolable, un elegante y perverso vampiro que susurra promesas en la oscuridad, y un cazador tan peligroso como seductor—quedan irremediablemente cautivados por ella. No solo quieren su amor… quieren su cuerpo, su alma, su rendición.
Y cuando la dulce heroína original aparece, algo inesperado sucede: no la odia, la adora.
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El ataque del ducado
El viento helado azotaba con violencia las montañas que se alzaban como colosos de hielo y roca. Cada paso el frío inmenso se colaba en los huesos. Arien caminaba al frente, envuelta en su capa gruesa, con los cabellos oscuros escapando en mechones que el viento helaba en segundos. Detrás de ella avanzaban Kael, Elric y Nyr, cada uno soportando el crudo clima con distintos gestos: Kael con la mandíbula tensa, Elric como si nada le afectara y Nyr quejándose con media sonrisa, intentando aligerar la carga.
Cuando finalmente hallaron una cueva lo bastante amplia como para resguardarse del frío, todos respiraron aliviados. El lugar estaba oscuro, pero al menos los protegía del viento cortante. Kael encendió una fogata pequeña con ramas secas recogidas en el camino, y pronto el calor comenzó a llenar el refugio.
Arien se dejó caer sobre una roca lisa, frotándose las manos frente al fuego. El agotamiento se acumulaba en sus hombros, pero no dejaba que se notara. Estaba decidida a llegar al bosque donde se encontraba la reliquia, aun si eso significaba atravesar el filo de la muerte misma.
Fue entonces cuando notó que el amuleto colgando de su cuello empezó a brillar con un resplandor azulado, pulsando como si tuviera vida propia. El corazón de Arien dio un salto. Con manos temblorosas lo sostuvo entre sus dedos y, al hacerlo, una imagen comenzó a materializarse frente a ella.
La silueta luminosa de la profesora Yselia apareció, translúcida, pero clara. Los ojos de la maestra mostraban una urgencia inusual.
—¡Arien! —exclamó su voz, vibrando en la cueva.
Arien se levantó de inmediato.
—Profesora Yselia… ¿qué sucede?
Los demás dejaron lo que hacían y se aproximaron, reconociendo que aquello no era un mensaje cualquiera.
—Escúchame bien —dijo Yselia con severidad—. Melody está en peligro. No… peor aún, ya no es ella.
Arien sintió que su respiración se detenía.
—¿Cómo que no es ella? —preguntó con un hilo de voz.
La profesora apretó los labios antes de soltar la verdad.
—Un ente oscuro tomó su cuerpo. Su nombre es Sareth, uno de los siervos más peligrosos del Señor Oscuro. Tiene la habilidad de poseer cuerpos y usarlos como marionetas. Melody ya no tiene control de sí misma.
Un silencio sepulcral se apoderó de la cueva. Nyr abrió los ojos de par en par, Kael frunció el ceño y Elric permaneció en silencio, aunque un destello letal brilló en sus pupilas rojas.
Arien sintió un nudo en la garganta, como si las palabras hubieran sido cuchillas. Su amiga, la chica que había dejado a cargo de su familia y de todo el ducado… ahora estaba atrapada en manos del enemigo.
—El Señor Oscuro… —susurró Arien, con los puños apretados—. Sabía que estaba detrás de esto.
—Debes mantener la calma —advirtió Yselia, con tono firme—. Melody aún puede ser salvada, pero cada momento que pasa, Sareth afianza más su control sobre ella.
Arien asintió, aunque el frío le recorría cada fibra del cuerpo.
—La salvaré… —dijo con voz baja, pero cargada de determinación—. No importa lo que cueste, la traeré de vuelta.
El holograma empezó a parpadear, la conexión estaba debilitándose por la distancia. Antes de desvanecerse, Yselia dejó un último mensaje:
—Ten cuidado, Arien. El ataque ya comenzó.
Y con esas palabras, la figura luminosa desapareció.
A kilómetros de allí, en el corazón del ducado Valemira, la mansión estaba envuelta en una quietud inquietante. El cielo sobre la ciudad se tornaba grisáceo, como si una tormenta de sombras se avecinara.
En la terraza central de la mansión, Melody —o más bien Sareth en su cuerpo— se encontraba arrodillada sobre el piso de mármol. Con las manos manchadas de ceniza y sangre de un ave sacrificada, trazaba un complejo círculo de invocación. Las runas brillaban en un tono púrpura enfermizo, expandiéndose con cada palabra de poder que escapaba de sus labios.
Los ojos de Melody estaban completamente negros, sin pupilas ni iris. Su voz no era la dulce y cálida que todos conocían, sino un murmullo gutural que parecía provenir de muchos labios al mismo tiempo.
—Oh, hijos de la penumbra… criaturas olvidadas por la luz… acudan a mi llamado, crucen este umbral y alimentense de la carne de los vivos.
El aire en la terraza se volvió espeso, vibrante, como si la realidad misma se desgarrara. Una grieta oscura comenzó a abrirse en medio del círculo, y de ella emergieron garras, alas membranosas y cuerpos deformes cubiertos de humo. Eran seres de la oscuridad, demonios menores creados para destruir sin piedad.
Los primeros sirvientes que notaron la presencia en la terraza gritaron horrorizados.
—¡Monstruos! ¡El ducado está siendo atacado!
La alarma se extendió rápidamente. Guardias armados con lanzas y espadas corrieron hacia la terraza, pero los seres los embistieron con una fuerza brutal. El choque metálico y los gritos de dolor comenzaron a resonar en toda la mansión.
Los padres de Arien, protegidos en sus habitaciones, escucharon el estruendo con el corazón encogido. No entendían lo que pasaba, pero sabían que algo terrible estaba ocurriendo.
En el centro del caos, Sareth —aún en el cuerpo de Melody— observaba la masacre con frialdad. Su sonrisa era una mueca cruel.
—Perfecto… que este lugar caiga primero. Así, cuando Arien regrese, no tendrá un hogar al cual volver.
Levantó la mano, y las criaturas obedecieron, extendiéndose como una plaga hacia los muros y los jardines del ducado.
En la cueva, el eco de las últimas palabras de Yselia aún retumbaba en la mente de Arien. Ella se levantó de golpe, con la respiración entrecortada, mirando a sus tres compañeros.
—¡Tenemos que regresar! —exclamó, con la voz quebrada por la angustia—. Melody… mis padres… ¡todo el ducado está en peligro!
Kael frunció el ceño, cruzándose de brazos.
—Arien, no puedes volver ahora. Estás demasiado lejos y tu misión es prioritaria. Si abandonas la búsqueda de la reliquia, el Señor Oscuro habrá ganado.
—¿Y debo dejar que todos mueran? —gritó ella, con los ojos llenos de lágrimas.
Nyr se levantó, poniéndose frente a ella.
—No, Arien. Nadie está diciendo eso. Pero tienes que pensar con claridad. Yselia aún está en la academia, y ella moverá lo que sea necesario para resistir el ataque. Tú no puedes estar en dos lugares a la vez.
Elric habló finalmente, con esa calma inquietante que siempre lo acompañaba.
—Si Sareth ha poseído a Melody, entonces ella no es un enemigo al que puedas destruir con la espada. La batalla es distinta. Necesitas fuerza, sí, pero también sabiduría.
Las palabras calaron en Arien. Sus manos temblaban, pero entendía lo que decían. Su corazón la empujaba a correr de regreso al ducado, pero la razón le susurraba que la mejor forma de salvarlos era seguir adelante.
Se llevó la mano al pecho, donde brillaba débilmente el amuleto de Yselia.
—Resistan un poco más… —susurró entre lágrimas—. Prometo que volveré.
Mientras tanto, en la mansión Valemira, el ataque arreciaba. Las criaturas de la oscuridad se multiplicaban, destrozando muros y arrasando con los guardias. El cielo se oscureció aún más, y los gritos de la población resonaban en las calles.
En medio del caos, Yselia, que había abandonado temporalmente la academia, apareció en los límites del ducado envuelta en un manto de luz. Sus ojos reflejaban la gravedad de la situación.
—Sareth…
Alzó su báculo, trazando un círculo de sellado alrededor de la mansión, intentando contener la invasión. El choque de la luz contra la oscuridad iluminó el cielo como un rayo.
En la terraza, Sareth levantó la cabeza y rió a carcajadas desde el cuerpo de Melody.
—¿Crees que puedes detenerme, vieja bruja? Este cuerpo me pertenece ahora… y pronto, todo el ducado también.