Después de su único novio a los 26 años, no ha tenido suerte en el amor, y aunque luego se enamoró de un compañero de trabajo, él solo se burló de sus sentimientos, por lo que decidió dejar al amor en el último puesto de su lista para ser feliz.
Actualmente, con cuarenta años, Aldana quiere sentir lo que jamás ha tenido; un sentimiento complejo y lleno de placer, pero no tiene con quién.
Para conseguir lo que desea, le pedirá ayuda a su mejor amigo; ahora bien, ¿qué será lo que necesita de él? ¿consejos, contención, ayuda, o algo más?
NovelToon tiene autorización de Tamara Gallo para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.
Ardiendo juntos
La parejita ve como Leticia es forzada a salir y Aldana espera a que desaparezcan de su visión para levantarse, un poco irritada por la actitud que presentó la madre de Ton.
—¿Cuándo iniciaste el trámite de adopción?— cuestiona el bombero sonriendo.
— Hablé con Aarón hace unos días y me presentó a su colega. Un joven que está haciendo pasantías, así que le dan los casos más sencillos para que inicie. —resume resoplando, ya que todavía está enojada.
—Claro— responde él
— Te lo iba a decir más adelante, cuando tenga todo listo para darle mi apellido— mira al techo un poco frustrada y vuelve a mirarlo acercándose a paso lento— Quería que fuese sorpresa, pero la insistencia de tu ex me hizo actuar antes, perdón.— acaricia su mejilla y le da un casto beso.
—Me hace feliz y sí, fui sorprendido— admite— Aunque hay algo que me enloqueció
—¿Qué es?— las manos del pelirrojo se sitúan en su cintura y se levanta de su lugar, ejerciendo fuerza en su agarre para alzarla y sentarla en su escritorio.— ¿Qué haces? ¡Nos van a ver!— expresa tímida sabiendo que las "paredes", en realidad solo es cristal transparente y cualquier persona podría degustar visualmente un acto pervertido.
—Leticia no solo quiere a Ton, sino que a mí también; y tú, con tu posesividad, le dejaste claro que no nos tendrá.— susurra contra sus labios.
—Si quieres, puedes irte con ella— responde celosa creyendo que él se está burlando.
—Mi amor, jamás te cambiaría por otra mujer— abre las piernas de su novia y se mete entre ellas, regando besos en su cuello.
—¡Nos verán! ¡ahhh!— repite gimiendo.
A regañadientes, él se aparta de su mujer y va hasta la puerta de ingreso, pasando la llave para que nadie pueda interrumpir. Después, camina hacia la cuerda que baja las persianas interiores, dejando así cualquier cristal obstaculizado visualmente, y vuelve con ella.
La pelirroja no se ha movido ni un solo centímetro del escritorio, estando todavía sobre él, como la ha dejado su bombero.
Él posa sus grandes manos en los muslos de Aldana y hace pequeñas caricias que apenas son percibidas por culpa del pantalón.
—Listo, cariño. Ahora podré hacerte mía— confiesa muy seguro de su idea.
— Es un poco difícil —bromea viendo su prenda inferior.
—Nada lo es con la postura correcta— Gonzalo le guiña el ojo y la baja del escritorio, haciéndola voltear.
La ayuda a recostar su pecho en la madera y sube ebuzoso; acaricia su espalda, el borde de su torso y por último, pasa sus manos hacia adelante, consiguiendo amasar sus deliciosas montañas.
Los besos son repartidos sobre la mejilla de la pelirroja, al lóbulo de su oreja, su cuello, sus omóplatos y su espalda completamente. Siguiendo, con la yema de su dedo índice, el recorrido de su columna vertebral, logrando que se erice.
—Gonzalo...— gime.
—Me encanta escuchar mi nombre siendo pronunciado por esa deliciosa boca y saboreado con tus rosados labios.— juguetea mientras desabrocha el botón de su jeans y baja el cierre.
—Amor, puede surgir un incidente— trata de detenerlo con algo coherente, ya que están en la estación de bomberos.
Obviamente, desea a su hombre, solo que no le parece el lugar ideal para dejarse llevar por todas las sensaciones que le provoca.
— Pedí dos horas libres para la reunión— responde roncamente, adentrando su mano por la parte frontal del pantalón, rozando la intimidad de su colo— Y de ese tiempo, todavía nos quedan treinta minutos.
—Entonces no podemos perder el tiempo— jadea animándose a todo.
Este hombre es capaz de derrumbar cualquier muro que se interponga entre ellos o incluso, la barrera que quiera imponerse a sí misma, dejando que su razón se vaya de viaje y se entregue completamente a él.
—Te aseguro que hoy, será la primera vez de muchas, en esta oficina.— le baja el jeans con lentitud y se sienta en su silla, teniendo a la altura ideal, la intimidad de su mujer.
Antes de enterrar su lengua en ella, disfruta la imagen que tiene y la cual, seguramente, recordará toda su vida.
Amasa su trasero y se acerca lo suficiente como para golpear con su aliento el punto más sensible de Aldana, haciéndola reprimir un gemido, ya que no desea ser escuchada por nadie.
— No permitas que escuchen tu voz excitada— ordena celoso, apretando sus redondos y disponibles glúteos, para pasear su lengua por allí y llevarla al punto que la está esperando, bebiendo su néctar.
El cuerpo de la pelirroja desparramado sobre el escritorio, su pelo ya despeinado, sus piernas abiertas a merced de su novio, su pantalón abajo de sus rodillas y los gemidos que ahoga mordiéndose la mano, son dignos de un acto jamás pensado para ella.
Nunca, ni en sus más húmedos sueños, creyó estar haciendo este tipo de posición, hasta que ha conocido la intimidad con Gonzalo, dispuesta a aprender todo lo que quiera enseñarle y a entregarse absolutamente a él.
Un fabuloso clímax la ataca y es sostenida con fuerza al sentirse tambalear por las piernas temblorosas; su bomberito está para rescatarla de cualquier accidente, así que la vuelve a poner de frente, sentándola nuevamente en el escritorio, quita su calzado y su pantalón para más acceso y baja el suyo junto a su ropa interior, liberando a su entusiasmado amigo.
Aldana sonríe amorosamente, sabiendo que dejarán marca y grandes recuerdos allí, acaricia el pecho de su novio aún vestido con su uniforme de Jefe y lo acerca sugerentemente, besándolo sin más demora, ya que el tiempo es corto.
Entre besos y leves caricias que apenas se pueden dar por la falta de acceso a sus pieles, él se adentra en el paraíso, sonriendo satisfecho por las emociones que lo embargan.
El vaivén de sus cuerpos chocando, junto a la adrenalina del momento, producen cierto placer indescriptible que aumenta cuando la puerta es golpeada por el capitán de bomberos.
—Señor, su hijo ha llegado— notifica sabiendo que el jefe está dentro, tal vez procesando la información de la reunión que tuvo anteriormente.
—Distráelo— pide Gonzalo con su voz más seria, aunque sin disminuir los movimientos que aseguran la pronta explosión.
—Sí, señor— acepta la orden y se aleja volviendo con sus compañeros, quienes lo observan con curiosidad porque está solo.— Gastón, tu padre está viendo unos importantes documentos, así que mientras tanto te daremos unas vueltas en el camión, ¿quieres?
Sus colegas alientan esa invitación y siete de ellos proceden a prepararse para las siguientes vueltas que darán.
Los otros se quedarán por las dudas de que activen las alarmas o llegue alguien de imprevisto, necesitando ayuda.
Gastón disfruta de ese recorrido, escuchando e imaginando, las tantas anécdotas que tienen para contar, ya que su padre ahora sólo presencia las catástrofes más grandes y no tiene que bajar gatitos traviesos de ningún árbol. Sin embargo, las historias trágicas no se las comenta porque sabe que pueden llegar a ser traumáticas. Incluso para el mismísimo bombero.
Mientras tanto, Aldana y Gonzalo se visten, arreglan sus cabellos y pertenencias; pareciendo personas decentes.
—Debo irme, mañana llega un nuevo compañero y mi jefe ha pedido que arregle sus siguientes trabajos— avisa la pelirroja agarrando su cartera.
— Gracias por venir y darme tan lindo regalo— le sonríe haciéndola sonrojar— No pienses mal, pervertida. Estoy hablando de la adopción— bromea viendo como se pone aún más colorada.
Sin duda, hablaba en doble sentido, pero obviamente, que todo lo que ella pueda brindarle, será un regalo muy grato.
—¡Tonto, peleador!— insulta levemente, acercándose a besarlo como despedida.
—Te quiero, cariño— dice acariciando su mejilla—¿Quieres cenar algo especial?
—No te preocupes por eso; saldré de trabajar e iré a cocinar— avisa.
—No quiero que lo hagas, estarás muy cansada. Yo puedo comprarlo al terminar.
—Entonces, quiero lasagña de carne.
—Será lo que compraré— asegura volviendo a besarla.
Luego de unos minutos, ella sale por su puerta y él aprovecha a levantar todas las persianas, antes de que aparezca Ton.
Aldana pasa por la sala de descanso donde están todos los bomberos, hombres y mujeres; saluda con simpatía y es correspondida, sinceramente, de igual manera.
—Ahora entiendo la larga reunión del jefe— bromea uno de los hombres— Con una mujer así, le invento cualquier tema de conversación con tal de que no se vaya.
—Como si solo estuviesen hablando— agrega otro con picardía.
—No sean atrevidos— regaña una joven mujer— Ella es la mujer del jefe y lo que hagan en la oficina es su problema.
—Cariño, no seas celosa— bromea nuevamente el primero— También puedo darte amorcito en cualquier lugar.
—No puedo creer que esté casada contigo— alza los ojos y golpea su frente.—¿Quién me mandó a drogarme ese día?— ataca irónicamente tratando de herirle el ego.
Ellos se respetan entre sí y también a su jefe, solo que el aburrimiento los hace buscar cualquier tema para bromear o hacer malos chistes. Como si fuesen viejas chismosas.