Emanuel lo tiene todo… menos la libertad de ser quien realmente es.
El mejor alumno de la universidad, el hijo perfecto, un secreto que pesa demasiado.
Una cita equivocada lo lleva a conocer a Sasha y a su hermano Héctor, alguien que vive sin esconderse y despierta en él lo que siempre negó.
Entre miradas prohibidas, decisiones difíciles y una verdad que amenaza con salir a la luz, Emanuel deberá elegir entre seguir fingiendo o amar sin miedo.
Porque hay silencios que duelen más que cualquier verdad.
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Capítulo VII — Celos que no saben callarse
Héctor caminó varias cuadras más de las que necesitaba.
No porque no supiera a dónde ir, sino porque volver a cualquier lugar implicaba pensar. Y pensar era justo lo que estaba evitando. Las luces de la calle pasaban una tras otra, borrosas, mientras su mente volvía siempre al mismo punto: la expresión de Emanuel cuando su madre los llamó “novios”.
Ese gesto.
Esa mezcla de pánico, vergüenza y silencio.
Héctor apretó la mandíbula.
Yo sabía, pensó.
Lo había sabido desde el principio. Desde la forma en que Emanuel se tensaba cuando alguien hablaba de parejas. Desde cómo miraba… no a Sasha, sino a él. Miradas breves, rápidas, como si fueran errores.
No había sido una sorpresa.
Había sido una confirmación.
Cuando llegó a su departamento, la bronca seguía ahí. Se quitó la campera de un tirón, tiró las llaves sobre la mesa y se pasó las manos por el cabello. No podía quedarse quieto. Caminó de un lado a otro, como un animal enjaulado.
El golpe en la puerta fue seco.
—No —murmuró—. Hoy no.
Pero el golpe volvió.
—Héctor, abrí —dijo una voz firme—. O voy a romperla.
Sasha.
Abrió con brusquedad.
—¿Qué querés?
Ella entró sin pedir permiso, lo recorrió con la mirada y cerró la puerta detrás de sí.
—Estás peor de lo que pensé.
—No estoy para charlas motivacionales —respondió él.
—Perfecto —dijo ella—. Porque no vine a mimarte. Vine a decirte la verdad.
Héctor soltó una risa sin humor.
—¿Ahora sí?
Sasha lo miró fijo.
—Mentí —dijo—. Sí. Pero no fue por capricho. Fue por Emanuel.
—¿Y yo qué? —explotó él—. ¿No importo?
—Claro que importás —respondió ella—. Por eso estoy acá.
Héctor se dejó caer en el sillón, agotado.
—Decime una cosa —dijo—. ¿Desde cuándo estás fingiendo?
—Desde que su madre empezó a presionarlo —respondió Sasha—. Desde que vi que se estaba rompiendo por dentro.
Héctor cerró los ojos.
—Lo sabía… —murmuró.
—¿El qué?
—Que Emanuel no es heterosexual —dijo—. Y que no me miraba como a cualquier otro.
Sasha no se sorprendió.
—Entonces no te hagas el engañado.
—Me engañé solo —admitió—. Porque era más fácil.
Sasha se sentó frente a él.
—Y porque te daba miedo admitir que te llamaba la atención.
Héctor levantó la mirada, molesto.
—No empieces.
—No voy a quitarte los celos —dijo ella—. Son tuyos. Pero no los descargues en él.
—No son celos —gruñó.
—Claro que sí —respondió—. Celos de verlo confiar en mí. Celos de no haber sido vos su refugio.
El silencio se volvió pesado.
—¿Sabés lo que más me duele? —dijo Héctor—. Que él crea que tiene que mentir para estar a salvo.
—Eso no lo aprendió solo —dijo Sasha—. El mundo se lo enseñó.
Héctor recordó a su padre. Recordó la conversación, años atrás. La voz firme, pero cálida.
“Mientras seas honesto con vos mismo, yo estoy de tu lado.”

—Papá nos apoyó —dijo—. Siempre.
—Sí —respondió Sasha—. Pero Emanuel no tuvo esa suerte. No todavía.
Héctor apretó los puños.
—Cuando su madre se entere… —murmuró—. Esto va a empeorar.
—Por eso necesita tiempo —dijo Sasha—. No presión. No enojo. Mucho menos tu distancia.
—Estoy furioso —confesó él—. Con la mentira. Con la situación. Conmigo.
—Entonces dejame decirte algo —dijo ella, firme—. Emanuel no te debe explicaciones todavía. Apenas está aprendiendo a decir su verdad en voz baja.
Héctor se levantó de golpe.
—¿Y qué hago con lo que siento?
Sasha se levantó también.
—No lo sé —respondió—. Pero no lo conviertas en un castigo para él.
—Necesito espacio.
—Tomalo —dijo ella—. Pero no lo pierdas.
Héctor respiró hondo.
—No quiero ser como los que lo hicieron callar.
—Entonces no lo seas —respondió Sasha—. Sé mejor.
El silencio volvió a caer, pero distinto. Más claro.
—No seas celoso —dijo ella, más suave—. Sé valiente, como siempre fuiste.
Héctor cerró los ojos.
Cuando Sasha se fue, quedó solo con un pensamiento imposible de ignorar:
No estaba enojado con Emanuel.
Estaba asustado…
porque le importaba más de lo que quería admitir.
Y esa verdad ya no podía esconderla.
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En la casa de Emanuel todo estaba tenso miro a su madre agachó la cabeza y se dirigió a su cuarto, no podía creer lo que había ocurrido y tampoco sabía cómo solucionarlo, pero sabía que Héctor estaba roto y él se sentía igual... Cuando siente que golpean la puerta
_Hijo te encuentras bien _ ella se sentía preocupada _Desde que llegaste te siento muy callado
_Estoy bien
_Seguro
_Madre necesito descansar mañana hablamos
Emanuel sabía que ya no sería lo mismo con Héctor y tenía que solucionar el dilema en el que se había visto envuelto antes de que sea más tarde. Para ello sabía que debía tomar una decisión importante y ser más abierto con Héctor. Además de buscar la manera de confesarle la verdad a su madre, aunque ello le duela era inevitable, o más que eso ¡indispensable ! Porque de lo contrario sentía en su pecho que perdería algo importante.
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Espero que les esté gustando, cada vez se está poniendo mejor...¿ Emanuel se atreverá a mostrar sus sentimientos ? y ¿enfrentará a su madre ? ¿que pasará en el próximo capítulo ? no te lo pierdas 😘 déjame tu mensaje, que te pareció, pon me gusta y plis sigueme 🥰😍😘