Luego de 10 años sin verse, Hanna se reencontró con un viejo compañero de la preparatoria. Pero para su sorpresa, aquella persona que estaba frente a ella era totalmente diferente al muchacho que había conocido. Hanna intentará descubrir qué le ocurrió durante todos esos años de ausencia y quizás ablandar ese duro corazón. ¿Podrá hacerle frente a su oscuro pasado?
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Un par de tragos
—Gracias a Dios apareciste. Realmente no sabía que hacer, no quería hacer un espectáculo.
—¿Dónde diablos te habías metido? ¿Acaso no entiendes cuando te digo que te quedes junto a mí?
—Lo lamento, pero no pude encontrarte. Además, ¡no estaba haciendo nada malo! Todo lo que dijo ese hombre fue mentira. Yo solamente estaba comiendo y él se acercó a mí. ¿Y cómo es eso que soy tu mujer? ¿Estás loco? ¿Acaso no eres consciente de que si eso llega a los medios nos vamos a meter en un serio problema?
—Al diablo los medios, son un completo fastidio. Vamos a pedir comida. Porque para eso son los meseros. No había necesidad de ir al mesón a comer. Esto es increíble...
—¡Oye! Te agradezco que no me critiques. Nunca he venido a este tipo de reuniones. Porque te recuerdo que soy una mortal común y corriente. Así que no sé como funcionan las cosas. Cuando llegué, nadie me abordó ni me llevó a una mesa. ¡Mucho menos me entregaron algún menú! Y tú no aparecías por ningún lado. No iba a esperar a que te acordaras de mi existencia—Yahír respiró profundo.
—En fin. Todo está bien ahora. Fue mi error no estar pendiente de ti—levantó levemente su mano para llamar a un mesero. Él se acerca, les saluda y toma su pedido.
—¿Y usted señora Fedrerich? ¿Qué desea pedir?—Hanna ríe con gracia al oír como el hombre le llamó.
—No soy la señora Fedrerich. Simplemente soy su acompañante. Pero me gustaría un platillo de langostas con ensalada.
—Entiendo, señorita. Me disculpo por calificarla de ese modo.
—No hay problema. Oye. ¿De casualidad no preparan raciones de papas fritas?
—¿Disculpe?—preguntó desorientado el mesero. Yahír se acariciaba la cien. Estaba perdiendo la paciencia.
—Yo me encargo de la comida de mi acompañante—informó el hombre. Dijo unos cuantos nombres de platillos que nunca Hanna había escuchado en su vida.
—¿Te gusta el vino?
—Si, si me gusta.
—Perfecto. Entonces trae una botella del mejor vino que tengas.
—Por supuesto que si, señor Fedrerich. Y disculpe las molestias. Si me lo permiten, me retiro.
—Adelante—respondió Yahír. Una vez que el mesero se fue, la chica se dirigió a él.
—¿Todo eso que pediste es comestible? ¿O planeas envenenarme?
—Obviamente es comestible. Es comida sumamente costosa y con buen sazón. ¿Cómo se te ocurre pedir papas fritas?
—¿Los ricos no comen eso?—Yahír niega con la cabeza.
—No en una fiesta de esta magnitud.
—Qué aburrido son los ricos. No saben de lo que se pierden.
Estuvieron hablando por unos minutos. Yahír parecía más relajado y menos a la defensiva. Su pedido pronto llegó y comenzaron a comer. Hanna estaba más que maravillada. Si las degustaciones eran magníficas, los platillos eran cosa de otro mundo.
Pronto terminaron de comer, ella disfrutaba del ambiente y contemplaba a los invitados. Había cierta tranquilidad, pero rápidamente se acabó. A lo lejos, Hanna veía acercarse a un par de mujeres, muy hermosas, cabe destacar.
—Yahír...
—¿Hmm?
—Vienen unas tipas. ¿Qué hago? Debería irme...
—Tú te quedas aquí. Actúa normal.
—Señor Fedrerich. Buenas noches—saludó una de las mujeres.
—Buenas noches—respondió muy distante.
—Queríamos pasar por aquí para saludarlo y saber como estaba. Nos ha tenido abandonadas últimamente—Hanna casi se ahoga son el vino. Las mujeres voltearon a verla, pero rápidamente la ignoraron, colocando sus exuberantes traseros casi en su rostro.
—Me disculpo por eso. Pero he estado ocupado.
—Siempre es lo mismo— se queja una.
—Ya debemos irnos, Señor Fedrerich —Interviene la otra—si desea nuestros servicios no dude en contactarnos.
—Lo tomaré en cuenta.
Las mujeres se fueron y entre Yahir y Hanna hubo un silencio incómodo. Pero ella decidió romper el hielo.
—¿Era necesario quedarme?
—No veo el inconveniente.
—Es asqueroso escuchar sus insinuaciones.
—Creo que estamos hablando de cosas diferentes.
—Yo creo que no. Claramente, escuché como esas dos mujeres coqueteaban con usted. "Nos ha tenido abandonadas últimamente"—repite ella con voz chillona.
—Ah. Ya entiendo todo. ¿Estás celosa?—Hanna se ríe.
—Ya quisieras. Simplemente, te estoy pidiendo algo de respeto.
—Uh. Si, claro. —Yahír bebe de su copa—no te confundas. Ellas manejan una cadena de Spa y hace rato no he ido a solicitar sus servicios. Eso es todo—Hanna se avergüenza un poco.
—Es justamente lo que estaba pensando—intentó mentir.
—No. No es eso lo que creías. Sé perfectamente que eres una mujer bastante sucia y mal pensada. Estoy seguro que considerabas que esas dos eran algún tipo de prostitutas a las que acudo en mis tiempos de ocio. ¿No es así?
—No. No lo es—Yahír sonríe levemente. Se entretenía molestando a la chica.
—Ya te he dicho que no soy así. No hago nada con ninguna mujer si ella no está de acuerdo. Y no apoyo para nada que deban vender su cuerpo.
—Tú a mí no me engañas—dice ella ya más o menos ebria—tú eres de esos babosos que tienen hasta mujeres VIP en su casa para que cubran sus necesidades carnales.
—¿Es así como me ves?—Escucha con atención.
—Por supuesto. Siempre fuiste un fuckboy. Todo el tiempo estabas rodeado de las chicas más lindas de la preparatoria. Es por eso que no me agradaba estar cerca de ti. Y lo sigo pensando. Para empezar. Ni siquiera entiendo por qué me pediste justamente a mí que te acompañara a esta fiesta. O sea, ¿tengo cara de ser una mujer fácil? Ni siquiera he empezado a trabajar en tu clínica. ¿Para qué relacionarnos?
—Eres muy sincera cuando se te suben los tragos.
—Cierra la boca. Aún estoy en perfecto estado.
—Bien—termina de tomar lo que quedaba de vino en su copa—, ya que descubriste mis verdaderas intenciones, ¿por qué no bailamos?—le brinda una mirada bastante seductora.
—Créeme. No conseguirás nada de mí.
—¿Tú crees?—pregunta levantándose de la mesa y acercándose a la chica—No pienso que sea así—Yahír hala a Hanna del brazo, obligándola a levantarse de la silla. Los tragos le hicieron una mala jugada, pues le perdió un poco el equilibrio, ocasionando que ella chocara con el musculoso tórax del hombre.
—Pero que atrevida—él la toma por su barbilla—¿no se supone que tienes novio? Opino que eres tú la fuckgirl—Hanna le veía directamente a los ojos. Quizás era efecto del vino, pero su cuerpo comenzaba a calentarse.
—Un baile no le hará daño a nadie, ¿verdad?— Se justificó la chica. Era ella quien ahora arrastraba a Yahír a la pista de baile. La música era bastante movida. Hanna movía sus caderas como una diosa. Yahír intentó acercarse a ella, pero una mano delicada lo detuvo. Era Jade, quien comenzó a bailar con él muy pegada a su cuerpo. A Hanna le incomodó la situación. Él la había dejado allí sola mientras disfrutaba con otra. Pero eso no evitó que la chica gozara el momento, al contrario. Empezó a moverse con mucha más sensualidad, atrayendo a todos los hombres que estaban a su alrededor.
—Tu amiga llama mucho la atención. No esperaba menos de ti, Yahír—el tuteo le perturbó al hombre.
—¿Disculpe?
—No seas tan formal conmigo. ¿Por qué mejor no vamos a un lugar más privado?
—No. Lo siento mucho, eso no sería correcto.
—Anda, Yahír. Yo sé que lo quieres.
—No, no lo quiero.
En ese momento, se acercó Hanna aún moviendo sus caderas.
—¿No lo oíste? No quiere irse contigo. Porque ya tiene a una mujer para complacerlo. Él no necesita de zorras.
—Mucho cuidado con tu tono y vocabulario, niña. De lo contrario te saco de mi fiesta.
—No es necesario, corazón. Yo sólita me voy—Hanna dio media vuelta y a toda prisa regresó a la mesa para buscar su cartera. Sin que Yahír pudiera decirle nada, ella salió de la gran mansión como murciélago del infierno.
—¡Oye! ¡Espera!—gritaba Yahír para llamar la atención de la chica. La siguió hasta las afueras de la mansión, en donde la chica se detuvo y se agachó. Él se fue acercando a ella, descubriendo que estaba llorando.
《¿Ahora que bicho le picó?》